Categoría: Cultura y Sociedad

  • Acuerdos libres y voluntarios, el caso SpareFare

    Desde tiempos inmemoriales, el ingenio humano ha superado los límites del statu quo: frente a rígidas regulaciones o situaciones imprevistas, las personas inventan soluciones, pactos y mecanismos que responden a nuevas demandas, aportando valor y flexibilidad a la sociedad. Esta “acción humana”, en palabras de Mises, es el motor del progreso: es a través de miles de acuerdos libres y voluntarios que se construyen mercados, instituciones y redes de cooperación.

    La plataforma SpareFare es un claro ejemplo contemporáneo de esta dinámica. Su objetivo es simple pero potente: conectar a personas que tienen reservas de vuelos, hoteles o paquetes vacacionales —no reembolsables y que ya no pueden usar— con otras que desean comprarlas a precios significativamente inferiores a los del mercado convencional.

    Fundada en 2016 y con sede en Londres, SpareFare se presenta como el mercado secundario más grande, seguro y confiable para la compraventa de reservas de viaje. Vendedores y compradores se conectan directamente, pero con la plataforma funcionando como intermediario tecnológico y garante: los primeros listan sus reservas, los segundos hacen ofertas o pujas, y si ambas partes aceptan, hay un intercambio dentro de un plazo de 48 horas, que culmina con la transferencia del dinero o del billete según el rol.

    Aquí emergen con fuerza los elementos distintivos de los acuerdos libres y voluntarios: autonomía, cooperación espontánea y beneficio mutuo. El vendedor recupera una parte del gasto que de otro modo perdería; el comprador accede a una oferta inesperada, a menudo con descuentos de hasta 50‑60 %. Todo ello sin necesidad de regulación coercitiva ni intervención estatal.

    Además, la plataforma ofrece mecanismos de seguridad —como protección contra fraude— que permiten minimizar el riesgo, facilitando la confianza entre personas que de otro modo no se conocerían. El mercado se autorregula mediante reputación, reseñas y sistemas de valoración.

    No obstante, los mercados voluntarios no están exentos de crítica o desafíos. Algunas opiniones de usuarios señalan problemas relacionados con la experiencia de usuario, estructura de comisiones, lentitud en ventas o atención al cliente. Esto demuestra que, aunque el mercado es creativo y espontáneo, también es perfectible: requiere retroalimentación, ajustes y mejora constante impulsada por quienes participan.

    SpareFare en la economía colaborativa: comparativa con otros modelos

    La economía colaborativa ha transformado sectores enteros al facilitar el encuentro directo entre oferta y demanda. SpareFare se inscribe en esa lógica, pero con características singulares. Veamos:

    Airbnb (alojamiento)

    • Similitud: conecta personas con recursos subutilizados (una casa o habitación vacía, en Airbnb; una reserva no reembolsable en SpareFare) con quienes desean aprovecharlos.
    • Diferencia: Airbnb crea experiencias repetibles, donde el anfitrión puede “profesionalizar” su servicio; SpareFare, en cambio, suele operar en transacciones únicas (un vuelo, un hotel, un paquete puntual).
    • Reflexión: SpareFare se acerca más a rescatar “valor perdido” que a generar un flujo constante de ingresos.

    BlaBlaCar (transporte compartido por carretera)

    • Similitud: ambos aprovechan un recurso ya adquirido. En BlaBlaCar, es un asiento en un coche que ya iba a viajar; en SpareFare, un billete o reserva ya comprada.
    • Diferencia: BlaBlaCar es preventivo (se organiza antes del viaje), mientras SpareFare es correctivo (aparece cuando la persona ya no puede usar lo comprado).
    • Reflexión: ambos reducen desperdicio y permiten ahorro, mostrando cómo la cooperación voluntaria mejora la eficiencia.

    Wallapop / Vinted (compra-venta de segunda mano)

    • Similitud: ponen en valor lo que alguien ya no usa, evitando que se pierda y generando beneficio para comprador y vendedor.
    • Diferencia: los objetos físicos en Wallapop pueden revenderse infinitas veces; en SpareFare, la reserva es perecedera y única (fecha fija, vuelo único).
    • Reflexión: SpareFare es un mercado “urgente”, donde el tiempo es determinante y donde la plataforma debe garantizar agilidad.

    StubHub / TicketSwap (entradas de conciertos y eventos)

    • Similitud: permiten revender un bien perecedero (entrada con fecha y lugar definidos).
    • Diferencia: las entradas tienen más estandarización; en viajes, cada reserva implica datos personales y cambios de nombre con reglas específicas según aerolínea u hotel.
    • Reflexión: aquí se ve la verdadera innovación de SpareFare: no basta con transferir un “código”, sino con crear un entorno seguro para trámites más complejos.

    En síntesis, SpareFare se distingue en la economía colaborativa porque no parte de un recurso disponible por diseño, sino de un una contingencia personal: una reserva no reembolsable que, en el esquema tradicional, solo genera pérdida. La plataforma lo convierte en oportunidad, conectando inteligentemente oferta y demanda ejemplificando lo señalado por Kirzner sobre el emprendedurismo.

    SpareFare no es solo una plataforma comercial: es un microcosmos de mercado libre en acción. Demuestra que, cuando se permite a los individuos interactuar voluntariamente y responder creativamente a desafíos, surgen soluciones valiosas sin necesidad de regulaciones rígidas. La cooperación voluntaria —basada en la acción humana, el ingenio y la autonomía— genera estructuras eficientes, equitativas y evolutivas.

    En tiempos donde se debate tanto sobre regulación, paternalismo o subsidios, ejemplos como SpareFare reafirman que gran parte del progreso no proviene de arriba, sino de acuerdos espontáneos libres y voluntarios entre personas que buscan mejorar su bienestar y el de los demás. Y ese, en definitiva, es el mejor tributo a la libertad práctica.

  • Sharifeh Mohammadi: libertad, disidencia y el espejismo de los “derechos positivos”

    La historia de Sharifeh Mohammadi, ingeniera, sindicalista y activista, es un espejo donde vemos con nitidez el conflicto entre el individuo y el Estado. Arrestada en diciembre de 2023, fue condenada a muerte en julio de 2024 por “baghi” (rebelión armada), pese a que su “delito” real fue apoyar la autoorganización obrera y derechos de mujeres y trabajadores. La condena fue anulada por la Corte Suprema en octubre de 2024 por “defectos” del proceso; sin embargo, en febrero de 2025 un tribunal revolucionario volvió a imponer la pena capital, y el 16 de agosto de 2025 la propia Corte Suprema la ratificó, dejando su vida en manos del capricho estatal.

    Desde una perspectiva libertaria, el caso es paradigmático: el Estado se arroga la potestad de definir qué asociaciones son “peligrosas” y qué ideas merecen castigo. La coacción jurídica se disfraza de “seguridad” para legitimar la censura y el control social. Para colmo, los cargos se apoyan en afiliaciones pasadas a organizaciones legales de trabajadores o en actividades de difusión, desde artículos hasta grupos de mensajería, lo que convierte la libertad de asociación y de expresión en papel mojado. Varias organizaciones de derechos humanos han subrayado el carácter político de la causa y las violaciones de debido proceso: confesiones bajo coacción, ambigüedades probatorias, juicios de excepción.

    Este choque evidencia una confusión frecuente en el discurso contemporáneo: creer que la libertad se deriva de “derechos positivos”, prestaciones, favores, cuotas administrados por la burocracia. El feminismo libertario recuerda lo contrario: mujeres, hombres y personas trans o no binarias  o de cualquier opción de género escogida, poseen derechos por el hecho de ser individuos. Esos derechos naturales —vida, propiedad, libertad ( dentro de las cuales se dan la asociación o expresión) no “se conceden” desde el estado; se reconocen y se protegen, ante todo, limitando el poder coercitivo estatal. Cuando el Estado se erige en tutor, convierte a los ciudadanos en súbditos: primero condiciona, luego selecciona, y al final decide quién merece hablar, reunirse, protestar o, como en el caso de Mohammadi, quién merece vivir.

    Lejos de la retórica de despacho, hay experiencias que encarnan un feminismo de base, centrado en la agencia personal y la autodefensa comunitaria. Las mujeres de Rojava (noreste de Siria) han construido estructuras horizontales —consejos paritarios, casas de mujeres (Mala Jin), justicia comunitaria— y milicias de autodefensa como las YPJ, que fueron clave contra ISIS. Su ideario, conocido como jineolojî, pone la libertad femenina y la autonomía local en el centro, sin esperar permisos de ningún ministerio. No es un “falso feminismo” de privilegios concedidos desde arriba, sino un ejercicio directo de libertad y responsabilidad compartida.

    En esta clave, el caso de Sharifeh no es una excepción trágica, sino el recordatorio de que la emancipación no se negocia con el poder: se ejerce. Quien defiende un feminismo libertario no pide trato preferencial ni nuevas cadenas “bienintencionadas”, pide que el Estado quite las manos de la garganta: que no criminalice la asociación, que no castigue la crítica, que no convierta tribunales en patíbulos. El pluralismo —mujer, hombre, trans, gay, o como cada quien se defina— se defiende protegiendo al individuo concreto, no creando castas jurídicas.

    ¿Qué hacer? Primero, claridad moral: condenar sin matices la pena de muerte y la criminalización de la disidencia. Segundo, solidaridad práctica con los presos de conciencia y con las redes que documentan abusos y ofrecen defensa legal. Tercero, coherencia intelectual: el feminismo que delega su fuerza en “derechos positivos” administrados desde arriba termina rehén de la misma maquinaria que hoy ejecuta a las disidentes. La alternativa libertaria es más austera y más exigente: límites estrictos al poder, garantías procesales reales, y un principio indeclinable de no agresión.

    Sharifeh Mohammadi nos interpela desde el lugar exacto donde la libertad deja de ser eslogan: cuando cuesta. Su vida pende de una resolución dictada por jueces que responden a la razón de Estado. La nuestra, en cambio, puede responder a la razón de la libertad: defender a cada individuo, sin apellidos ideológicos ni prebendas, porque ahí —y sólo ahí— empieza la justicia.

  • El individuo por encima del Estado: la amenaza a la libertad en tiempos del veredicto Storm

    Desde una perspectiva libertaria, la máxima de Jorge Luis Borges, “Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos”, refleja una esperanza fundamentada más en la maduración moral humana que en el rechazo simplista del Estado. No es un capricho literario, sino una aspiración profunda: llegar a un futuro donde las personas sean lo suficientemente civilizadas para convivir sin estructuras coercitivas.

    Esta idea cobra fuerza en un contexto donde el Estado, por su propia naturaleza expansiva, parece más una amenaza que una garantía. Como sostiene el fallo reciente contra Storm, el Estado no siempre está al servicio del individuo. Al contrario, cuando ampara o amplía su aparato coercitivo, pone en riesgo las libertades fundamentales.

    Los valores libertarios descansan en la convicción de que el individuo posee derechos inalienables: vida, libertad, propiedad y que éstos deben estar protegidos frente a cualquier invasión del poder estatal. El Estado, en cambio, por definición, tiende a priorizar los propios intereses de una mayoría circunstancial ejerciendo el gobierno, expandir su control y reglamentar las acciones de los ciudadanos aunque sea bajo el velo del “bien común”.

    El veredicto contra Storm, que destruye, sin matices, el ejercicio genuino de esas libertades, confirma esta peligrosa dinámica. La justicia, en este caso, se convierte en herramienta de represión. El Estado actúa como acusador, juez y verdugo, sin distinción entre roles ni contrapesos efectivos. El individuo, así, queda subordinado a una máquina estatal rígida y deshumanizada.

    Por eso, afirmar que “el gobierno no es tu amigo” no es una frase retórica vacía: es reconocer que la protección real de la libertad está en los límites que los ciudadanos imponen desde su autonomía. La verdadera defensa de los derechos surge cuando el Estado reconoce su rol limitado y cede el protagonismo al individuo responsable.

    Pero esto no implica caer en el nihilismo. El objetivo no es abolir el Estado hoy, sino replantear su naturaleza. Requiere reglas mínimas, claras y concretas, donde el poder estatal sea transparente, accountable y subsidiario. Un Estado que cumpla funciones imprescindibles: seguridad, justicia, defensa, sin invadir los espacios del individuo.

    La cita borgiana, entonces, ilumina una senda esperanzadora: mereceremos un futuro sin gobiernos, no porque los despreciemos, sino porque habremos alcanzado un grado de civilización tal que ya no los necesitaremos para convivir con respeto, ética y responsabilidad individual.

    Mientras tanto, el fallo contra Storm pone en evidencia cuánto queda por recorrer. La libertad no es una concesión estatal: es un activo que es anterior al estado, son derechos self-evident por el mero hecho de ser seres humanos, derechos fundamentales que debemos defender y resguardar con firmeza. El individuo debe velar por sus derechos siempre ante cualquier forma de autoridad que los desmerezca. Y nunca pedir permiso por ejercerlos siempre que respetemos a los mismos derechos en nuestros semejantes.

    Este fallo contra Storm refuerza una enseñanza clara: el individuo no debe delegar su soberanía en un Estado con intereses propios de quienes gobiernan. Debe vigilar, cuestionar y, sobre todo, actuar libremente. Los libertarios compartimos la convicción de que el Estado no es nuestro amigo; reconocerlo no es derrotismo, sino una advertencia necesaria para defender lo que realmente importa.

  • Algunos creen que la familia es un mal social

    Ryan McMaken en el Mises Wire transcribe una citación terrorífica de parte de la Conferencia Socialista 2025 en su panel sobre la familia, y en ello resalta lo siguiente:

    “Cómo puede la izquierda relacionarse a la familia? El análisis socialista deja claro que la familia nuclear es una forma inherentemente represiva, racista, e institución hetero-sexista que refuerza de forma funcional y reproduce el capitalismo”.

    ¡A la gran flauta! Y por los comentarios adicionales que cita McMaken uno puede ver con claridad que los zurdos creen que todas las necesidades de la sociedad pueden lograrse por intermedio del colectivo. Que la familia es lo mismo que una cárcel; y la pregunta que surge en mi al ver esto es ¿cómo llegan tantos a semejantes conclusiones?.

    Marx sostenía que la familia era la burguesía, la cual había que destruir para dar paso a la utopía socialista. Y veo que el asunto va por esos laberintos pantanosos cuando tantos se rebelan contra el sexo limitado entre el marido y la esposa; que llaman “sexo acomodaticio”; es decir, que el sexo debía tener una función económica… ¡viva la prostitución! Y es que los zurdos ven al matrimonio como esclavitud sexual represiva… que es violación de la pareja. Inclusive en la conferencia se dijo que…

    “La única diferencia entre el matrimonio y la prostitución es el precio y la duración del encuentro.” ¡Meto!

    Imagínense un Panamá en el cual le entregamos nuestros hijos al MEDUCA para que los críe desde el destete en adelante a imagen y semejanza de nuestra casta politiquera. Que el amor debe ser con el llamado “Estado” y no con la familia. Lo que pocos en Panamá parecen advertir es que ya, en buena medida, esto funciona así.

    Pero la sola existencia de un MEDUCA que se toma el mercado educativo como actividad gubernamental deja bastante clara la creencia totalitarista de que la familia nuclear es un obstáculo al poder estatal. Y quienes piensan así también adversarán la empresa privada por ser una actividad económica elitista.

    Lo que debemos tener presente es que la familia es una institución humana que ha estado presente mucho antes a los estados y a sus gobiernos. Y es increíble que los centralistas no vean que si la empresa privada tiende a ser oligárquica, ¿cómo será con el comunismo centralizado y supra oligárquico. Sólo imaginar que es posible amar a los gobiernos del estado es absurdo. Y lo que no soportan los zurdos es la independencia empresarial; que, si ellos se toman la molestia de armar un gobierno central, hay empresas y empresarios que no se dobleguen ante las absurdas ordenanzas gubernamentales.

    Y en los señalamientos del párrafo anterior volvemos sobre la realidad poco comprendida, de que la riqueza humana anda dispersa en la muchedumbre; a la cual no hay que arrear como ganado sino dar rienda suelta. Así, cuando pienso en la Cuba de hoy en la cual el pueblo y la familia han quedado reducidas a una horrible dependencia y pobreza, no puedo imaginar como eso supera el capitalismo que ha logrado las sociedades más prósperas del mundo y la historia, con reducciones increíbles de la pobreza. El problema en países como Panamá, que tienen una gran brecha entre ricos y pobres no es síntoma de capitalismo sino de centralismo totalitario y corrupto.

    Que digan los socialistas que el matrimonio y la familia es análogo a la esclavitud lo único que deja claro es el grado de distorsión al cual han llegado los comunistas; sean estos al 100% o los socialistas al 50%; siendo estos últimos los que sólo están levemente preñados de la locura.

  • ¡Ni! El honor más británico: Monty Python estampado en sellos

    “And now for something completely different…” Y vaya si lo es: la famosa compañía Monty Python ha encontrado una nueva forma de invadir nuestros sobrecitos. El Royal Mail británico ha anunciado una colección de 10 sellos conmemorativos que rinden homenaje a los sketches más fantásticos de Monty Python’s Flying Circus y al 50.º aniversario de su película más querida, Los caballeros de la mesa cuadrada (1975).

    Los héroes de tinta y papel

    Seis sellos capturan momentos inmortales como La Inquisición Española, El Ministerio de Andares Tontos, El loro muerto, Nudge, nudge, Spam y ¡sí!, el organista desnudo. Los cuatro restantes transportan al mundo de Camelot: el imperturbable Caballero Negro, gritando “No es más que un rasguño” mientras pierde brazos, junto a Arturo y compañía, inmortalizados en toda su gloria pythonesca.

    Del sketch al buzón

    Estos pequeños trozos de papel no solo son divertidísimos, sino que también son un guiño a la libertad creativa. Monty Python rompió moldes con su humor surrealista, absurdo y libre de ataduras —algo así como si enviaran cartas a la monotonía del humor tradicional, diciéndole: “¡Ni!”. Ahora, esos mismos trozos de irreverencia vuelan en buzones, recordándonos que la risa puede ser un arma poderosa contra lo aburrido y lo oficial.

    Disponibles ya… casi

    Los sellos pueden reservarse desde el 7 de agosto, y estarán oficialmente a la venta el 14 de agosto en correos del Reino Unido. Perfectos para coleccionistas, fans del absurdo o cualquiera que quiera enviar una carta digna del más culto humor británico.

    Michael Palin comparte estampado

    Sir Michael Palin —sí, él mismo— dijo con ese toque seco que lo caracteriza: “Estoy muy contento de compartir un sello con el organista desnudo”. No se puede pedir una bendición más pythónica para esta colección.

    ¿Por qué importa esto… o no?

    Tal vez pienses: “¿Sellos? ¿En serio?” Pero el verdadero encanto radica en cómo Monty Python puede convertir algo tan formal como la filatelia en una fiesta. Es casi como si el Caballero Negro enviara tarjetas diciendo “¡adelante, corta conmigo!”, o el Ministerio de Andares Tontos anunciara clases de caminata ridícula por correspondencia. Es una celebración de que el arte, la risa y la libertad pueden mezclarse con lo más cotidiano sin perder chispa.

    Un sello a la libertad creativa

    En un mundo con tantos memes digitales y correos electrónicos fríos, un sello así es una bocanada de aire libre, con una dosis de irreverencia. Además, Monty Python nos enseñó que la sátira y la tontería pueden decir más verdades de lo que aparentan.

    Así que ya sabes: si quieres enviar una carta con estilo, un guiño absurdo o simplemente haces fila en Correos por nostalgia, estos sellos son un pequeño tesoro. Porque, querido lector, en palabras pythónicas, “ni” hay mejor forma de celebrar la libertad —y el humor— que estampando un sello que grita, literalmente, “¡Ni!”.

  • Carissa Véliz, filósofa: “Muchos adolescentes ni siquiera alcanzan a imaginar cómo es vivir con privacidad”

    Asegura Carissa Véliz (Reino Unido) que aprende lo indecible en las conversaciones con sus estudiantes de la Universidad de Oxford, con los que habla del valor de lo analógico, de las relaciones personales, de qué hace que una vida sea buena. Está convencida de que solo protegiendo la privacidad podemos mantener a salvo la democracia. Y le preocupa que muchos jóvenes, acostumbrados a crecer sin ella, no se den cuenta de las implicaciones que su ausencia puede tener para su futuro.

    En alguna ocasión ha comentado que la privacidad es un instinto animal que compartimos con todas las especies y, sin embargo, últimamente vivimos como si pudiéramos prescindir de ella. ¿Son conscientes las generaciones más jóvenes de su importancia?

    Es difícil responder porque “los jóvenes” no son un grupo homogéneo: hay diferencias importantes en función de dónde nacen, dónde viven, incluso depende de si son hombres o son mujeres. Últimamente me ha sorprendido bastante que mis estudiantes son más conscientes de la importancia de la privacidad y están menos enganchados a la tecnología que muchos adultos. Aunque quizás mis estudiantes no sean lo suficientemente representativos de la población.

    En general, me preocupa el hecho de que haya muchos chavales que no han crecido con privacidad, que ni siquiera alcanzan a imaginar lo que es vivir con privacidad y, sobre todo, que no se dan cuenta de las implicaciones que su ausencia tiene para su futuro.

    La privacidad no es solo una cuestión de si permitimos o no que nos vean o sepan de nosotros. Cuando empresas y gobiernos tienen acceso a información acerca de quiénes somos, qué hacemos, si gozamos de buena o de mala salud, cuáles son nuestras tendencias políticas o religiosas o de quién nos enamoramos, eso tiene implicaciones.

    Así es. Sobre todo porque cuando has vivido siempre en una democracia es difícil imaginar que es frágil, que es vulnerable, que puede tener un fin si no la cuidamos.

    La pérdida de la privacidad puede coartar tu libertad, la libertad de poder decir lo que piensas, la libertad de juntarte con quien elijas, la libertad de poder protestar de manera pacífica. Cuando todo eso desaparece, uno empieza a tener miedo de lo que ha dicho, o de lo que puede decir, y acaba autocensurándose.

    Ocurre ya que en Inglaterra y Estados Unidos se invade la privacidad de quienes tratan de alquilar un piso: los propietarios contratan compañías de datos para obtener información sobre el posible inquilino. Y si le rechazan, si le niegan el acceso a una vivienda, no tienen que justificar por qué, no necesitan dar un motivo.

    Se vulneran, entonces, varios de los derechos que recoge el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama garantizar la protección de la vida privada, la familia, el domicilio, la reputación…

    Claro. Y lo más preocupante es que los problemas no surgen en el momento en el que se recolectan los datos, sino que suelen aparecer mucho más tarde. Es más, ni siquiera cuando surgen es fácil hacer una conexión directa entre el momento en el que un dato deja de pertenecerte y el momento en que sufrimos discriminación o exclusión por ese dato perdido.

    Los derechos son derechos justamente porque son un bien a proteger, imprescindible. Y, si la sociedad vive con una perspectiva demasiado individualista, nos arriesgamos a perder derechos y libertades.

    A veces son los propios padres quienes empiezan a compartir los datos de los chavales antes de que ellos puedan decidir, sin darse cuenta de que, en el futuro, puede tener consecuencias negativas para sus hijos.

    Sin duda. Y eso me hace pensar que todos tenemos que estar mejor informados, algo nada fácil porque muchas compañías y muchos gobiernos no tienen interés en que se conozca cómo tratan los datos.

    Pero no debemos caer en el error de poner toda la responsabilidad sobre los hombros de los individuos, que estamos sobrepasados con el actual nivel de burocracia y de trabajo, y con la cantidad de exigencias que supone nuestro día a día. Lo ideal sería que pudiéramos disponer de mejores productos, poder tener todos acceso a correos electrónicos privados y móviles que respeten la privacidad.

    La necesidad de probar cosas nuevas y la atracción por el riesgo es inherente a la adolescencia. Pero ¿qué pasa con los riesgos digitales? ¿Se asumen con la misma consciencia que, por ejemplo, un salto en paracaídas?

    Indudablemente, no. Uno de los problemas con la vida digital es que es muy nueva. No tenemos experiencia suficiente para tener reacciones viscerales de miedo al riesgo al que nos exponemos. En parte por la novedad, en parte porque es muy abstracto, y en parte porque está diseñado para ser opaco.

    Cuando escribo un mensaje que parece privado en una plataforma como X, pero en realidad está a la vista de todos, hay una incongruencia entre lo que realmente estoy haciendo y la sensación que experimento.

    Por otra parte, somos seres biológicos y, si nos lanzamos desde un avión, la sensación física de riesgo es muy tangible. Pero, si alguien te empuja a la dark web o vende tus datos a un data broker particularmente irresponsable, no hay ninguna sensación física que te alerte.

    ¿Explicar a los más jóvenes esos riesgos invisibles puede ayudarles a poner límites?

    Considero que sí. He conocido a muchos estudiantes que evitan compartir ciertas cosas porque se preocupan por el día de mañana, por si en el futuro, cuando vayan a pedir trabajo, tienen problemas porque alguien ve aquella foto en la que habían bebido más de la cuenta, o lee aquel comentario desafortunado.

    Yo, sobre todo, animaría a los jóvenes a que participen en la construcción de su propio mundo. Es su mundo, el mundo que van a habitar, y tienen derecho a construirlo. Me gustaría ver jóvenes que programen, dedicados a crear aplicaciones mejores de las que hay, que no quieran trabajar para Google sino crear su propia compañía, con otra ética diferente y sin sesgos racistas o sexistas.

    ¿Digitalizar implica vigilar?

    No necesariamente. Según hemos diseñado lo digital, ahora mismo ambas cosas están indisolublemente unidas. Por eso hay que reinventar lo digital.

    Tal y como lo plantea, el debate no es tecnología sí o tecnología no, sino tecnología cómo y, sobre todo, con qué ética.

    En efecto, la clave es quién tiene el poder sobre la tecnología, quién la controla y hasta qué punto nos da autonomía. Un adolescente que tiene 18 años vive en un mundo en el que siempre ha existido Google, pero lo cierto es que, si lo vemos en perspectiva, Google ha existido un microsegundo en la historia de la humanidad. Las nuevas generaciones deben darse cuenta de que todo es temporal, y de que tienen la oportunidad de cambiar lo que no les gusta.

    Muchas redes sociales y apps nos ofrecen constantemente contenidos a medida, y eso nos encierra en una especie de pecera, una burbuja donde solo se muestran contenidos que coinciden con nuestra forma de pensar, mientras el resto de la realidad se diluye. Así, parece más fácil que triunfen los discursos de odio y la desinformación.

    Sí, así es. Pero la tecnología no tiene por qué colocarnos necesariamente en estos guetos de información, de ahí mi insistencia en que los propios jóvenes inventen algo diferente, algo menos personalizado. Porque todo lo personalizado nos aísla de los otros.

    Insisto en que estamos en un momento en que es necesario involucrarse en la sociedad que tenemos, hacernos responsables de ella, forjarla, cultivarla, cuidarla.

    Y eso, entiendo, va más allá de crear nueva tecnología.

    Sí. Y, aunque podemos caer en el error de pensar que en este momento, con el auge de la inteligencia artificial, lo más importante para construir el futuro son las ciencias experimentales, la realidad es que es el momento de las humanidades. Porque sin humanidades, sin un entendimiento de cómo gobernar la tecnología, podemos terminar peor que si no desarrollamos esa tecnología.

    Hace un rato leí en un artículo del Financial Times que las empresas se quejan de que sus empleados no son capaces de pensar por sí mismos. Y las disciplinas que nos enseñan a pensar son, precisamente, las humanidades.

    No sé si conoce el debate que ha habido en España hace poco, con la última reforma de la Ley de Educación, sobre si mantener o no como obligatoria la asignatura de Filosofía, si es lo bastante útil.

    Que podamos tan siquiera insinuar que la Filosofía no es útil deja en evidencia que estamos manejando un concepto de utilidad increíblemente superficial, cortoplacista, centrado solo en producir y obtener resultados que podamos cuantificar, traducir a números. Cuando lo cierto es que todos nosotros tenemos una idea bastante intuitiva de que las cosas que más importan en la vida no se pueden medir.

    ¿Qué mensaje le mandaría a los jóvenes?

    Mandaría dos. El primero, que es el momento perfecto para leer. Leer todo lo que puedas leer. Leer historia, leer filosofía, leer política, leer antropología, aprender de las generaciones pasadas, de cómo superaron los momentos más difíciles de sus vidas. Y leer en papel, porque el acto de leer es un acto de desafío a todo lo que está pasando. Es decir: no, no voy a estar en tu ordenador, ni voy a estar en tus redes sociales, voy a leer a los grandes pensadores de la historia.

    El segundo: que la vida no es digital, sino analógica… La vida es la vida de las cosas, de la cafetería de la esquina, la vida de tus amigos, de las conversaciones en persona, de la naturaleza, de salir a correr. Y mientras menos dependamos de lo digital, más robusta y satisfactoria será esa vida. Lo digital es un fantasma de lo analógico, es un second best, lo que usamos cuando no tenemos la opción de hacer algo analógico. Hablamos por Zoom cuando no podemos vernos en persona.


    Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.The Conversation

    Elena Sanz, Directora, The Conversation

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Tsunamis: qué altura pueden alcanzar las olas como las generadas por el terremoto en Rusia

    Las olas han fascinado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, tanto por su belleza como por su fuerza destructiva. Hoy, esa dualidad se manifiesta con crudeza tras el terremoto de magnitud 8,8 en Rusia, que ha desatado alertas de tsunami en todo el Pacífico y ha obligado a evacuar a millones de personas. Este tipo de fenómenos nos recuerda que, más allá de su estética, las olas pueden convertirse en fuerzas implacables de la naturaleza.

    La ola de un terremoto

    El terremoto más potente jamás registrado (terremoto de Valdivia, Chile, 1960) liberó la energía equivalente a 20 000 bombas atómicas de Hiroshima. Tal energía podría provocar un tsunami de solo 4,55 metros de altura en alta mar, pero que podría ascender hasta 1,7 kilómetros en costa. El aumento se debe al llamado efecto shoaling o asomeramiento: las olas aumentan de tamaño al acercarse a la costa.

    Sin embargo, el tamaño real fue muchísimo menor (unos 10 metros) ya que el terremoto se produjo en tierra firme y no toda la energía fue a parar a una sola ola. Eso no quiere decir que no fuera destructor: el tsunami atravesó el océano Pacífico, causando la muerte de más de 2 000 personas en Chile, Perú, Hawái y Japón.

    Animación de The Pacific Tsunami Warning Center (PTWC) muestra cómo se propagó por el océano Pacífico el tsunami que generó el terremoto de Chile y llegó a Japón.

    Donde el viento y la física chocan

    En condiciones normales, la mayoría de las olas están generadas por viento. Tienen un ciclo de formación, crecimiento y rompimiento que depende de la velocidad, alcance y duración del viento y la profundidad del agua. Sin embargo, incluso en condiciones óptimas, las olas no pueden crecer indefinidamente.

    La física establece una proporción límite entre la altura de una ola y su longitud de onda: cuando esa relación supera 1/7, la ola se vuelve inestable y rompe. Es decir, la cresta se desploma hacia adelante porque ya no puede sostenerse.

    Además, hay otro factor clave: la profundidad del agua. A medida que una ola se acerca a la costa, el fondo marino frena su base mientras la cresta sigue avanzando, lo que hace que la onda se incline y eventualmente rompa. En aguas poco profundas, una ola no puede tener una altura mayor a aproximadamente 0,88 veces la profundidad local. Así, en una playa donde el agua tiene 3 metros de profundidad, la ola máxima teórica que podría romper sería de unos 2,64 metros. Este límite es observable y verificable, y se utiliza frecuentemente en ingeniería costera y en predicción de oleajes.

    Ambos fenómenos establecen algunos de los límites fundamentales a la altura de las olas en el mar.

    Gigantes inesperados: la ola Draupner

    Ahora bien, hay ocasiones en que el océano parece desafiar estas reglas. Las llamadas olas extremas o rogue waves (olas monstruo) son eventos poco frecuentes pero muy reales, en los que una ola de tamaño descomunal aparece sin aviso, duplicando o triplicando la altura típica del oleaje circundante.

    Una de las más conocidas fue registrada en 1995 por una plataforma petrolera en el mar del Norte: la ola Draupner, que alcanzó los 25,6 metros de altura. Este evento confirmó lo que hasta entonces muchos consideraban un mito marinero. Desde entonces, varios estudios han demostrado que estas olas extremas pueden formarse por la combinación constructiva de múltiples olas, la interacción con corrientes oceánicas, o fenómenos aún en estudio. Sin embargo, en la práctica, su altura no suele superar los 30 metros en mar abierto.

    Recreación de la ola Draupner para un documental de la BBC.

    Cuando la Tierra crea olas: 520 metros de altura

    Más allá de lo que el viento puede generar, existen olas de origen geológico conocidas como megatsunamis. Estas olas se producen por deslizamientos de tierra, colapsos de glaciares o impactos de meteoritos, que desplazan una enorme cantidad de agua de forma repentina.

    Un caso dramático ocurrió en la Bahía de Lituya, en Alaska, en 1958. Un sismo de 7,8 grados en la Escala de Richter provocó el desprendimiento de una montaña. Más de 30 millones de metros cúbicos de tierra y piedras cayeron en bloque al agua, desde una altura de 900 metros. El colapso provocó una ola que alcanzó una altura estimada de 524 metros.

    fiordo con montañas y lago que muestran donde se desprendión una montaña
    Esquema que muestra dónde se produjo el desprendimiento de la montaña que provocó el megatsunami en la bahía de Lituya (Alaska).
    Wikimedia commons, CC BY

    Este fenómeno, aunque real, fue muy distinto de las olas comunes puesto que no se produjo en el océano. Sólo afectó al fiordo.

    La energía necesaria para formar algo similar en mar abierto es tan colosal que solo podría producirse por eventos extraordinarios, como el impacto de un gran asteroide en el océano.

    El tamaño de un megatsunami

    ¿Existe entonces un límite físico al tamaño de un megatsunami? Es difícil responder con exactitud. Pero podemos hacer una estimación sencilla si nos centramos sólo en la energía asociada.

    Imaginemos una única “ola” que se desplaza (también llamada solitón u ola solitaria) generada por un terremoto o el impacto de un meteorito. Por simplicidad, obviaremos la fricción, el flujo turbulento y otros factores complejos. La altura que puede alcanzar dependerá de su energía cinética y potencial. Si además conocemos algunos parámetros, como su anchura o velocidad, podremos estimar un valor.

    Por tanto, vamos a introducir los datos correspondientes a algunos de los mayores fenómenos creadores de tsunamis conocidos. Así, veremos qué alturas máximas son físicamente posibles. No obstante, es importante tener en mente que sobreestiman los límites reales y muy probablemente nunca sean alcanzados.

    La caída de un meteorito

    Por otro lado, el meteorito más energético del que tenemos conocimiento, (Chicxulub), conocido popularmente por poner fin a los dinosaurios, liberó la energía equivalente a 67 000 millones de bombas de Hiroshima. Tanta energía podría haber generado una ola de no más de 16 kilómetros en costa, si bien en la literatura se estima que “sólo” habría alcanzado en torno a entre 1 y 3 kilómetros de altura.

    No hay olas infinitas

    Las olas no pueden crecer indefinidamente. Su altura está limitada por factores como la longitud de onda, la profundidad del agua y la energía disponible.

    En mar abierto, las olas generadas por viento difícilmente superan los 30 metros. Más allá de eso, entramos en el terreno de los tsunamis y megatsunamis, que pueden generar olas de cientos de metros, pero dependen de procesos geológicos violentos y muy raros.

    En cualquier caso, en la práctica, existe un límite razonable a la altura de las olas que el mar puede ofrecernos.

    Podemos ir a la playa sin miedo, siempre, claro, que no vivamos, en estos momentos, en la costa afectada por el efecto del terremoto en Rusia.The Conversation

    José Luis González Fernández, Profesor Ayudante Doctor Didáctica de las Matemáticas, Universidad de Castilla-La Mancha y Carlos Martínez-Conde Hernández, Doctorando en la UCLM, Universidad Complutense de Madrid

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Cómo se evalúa la parte oral de un examen oficial de inglés? Claves para entender la competencia pragmática

    Imaginemos la siguiente situación: dos amigas se han preparado juntas el examen C1 de inglés y, tras realizar todas las pruebas, lo comentan entre ellas. Sara dice que el “listening” le ha salido fenomenal y Carmen que la prueba escrita le resultó más fácil de lo que esperaba. Con respecto a la parte oral del examen, ninguna de las dos está muy segura de cómo les ha ido: “He hablado un rato largo sobre las imágenes y he contestado bien a las preguntas del examinador… pero ¿quién sabe?”.¿Qué busca esta prueba oral de los exámenes oficiales? Su objetivo es evaluar la producción oral (y en algunos casos, la interacción) de los candidatos, incluyendo la capacidad de usar la lengua de manera efectiva para la comunicación. Esto es lo que se conoce como competencia “pragmática”. La pragmática es la parte de la lengua que analiza cómo el contexto afecta al significado e interpreta lo que decimos.

    Chiste sobre las competencias pragmáticas.
    Elaboración propia.

    ¿Cómo podemos demostrar en una prueba oral nuestra capacidad de comunicarnos de manera efectiva, teniendo en cuenta el contexto, los interlocutores y las reglas específicas de la lengua? Se trata de adaptar el lenguaje a diferentes contextos y registros, desarrollar ideas de forma coherente y cohesionada (por ejemplo, con conectores o siguiendo una estructura lógica en el discurso), intervenir en una conversación y expresar opiniones con fluidez y espontaneidad.

    ¿Qué se busca en el examen?

    La competencia pragmática es una de las competencias comunicativas que contempla el Marco Común Europeo de Referencia, estándar internacional para el aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de lenguas. Por tanto, debe formar parte de los exámenes de acreditación lingüística que certifican niveles de inglés del A1 al C2, ¿pero pueden evaluarse de manera objetiva?

    En un reciente estudio, hemos analizado cómo perciben la competencia pragmática 60 examinadores de dos exámenes de acreditación muy populares en la actualidad: Cambridge Advanced English y Aptis ESOL Advanced. El objetivo era conocer qué destrezas pragmáticas y en qué medida se tienen en cuenta en las pruebas orales de nivel C1.

    Los resultados indican que lo más valorado en el nivel C1 es la capacidad de producir y desarrollar ideas claras, siguiendo una estructura lógica. Los examinadores están de acuerdo en que un buen manejo del discurso, teniendo en cuenta la claridad y relevancia de las ideas, es esencial a este nivel.

    Por ejemplo, un examinador comentó que a veces los candidatos responden brevemente dando vueltas sobre la misma idea. En otras ocasiones, se van por las ramas porque no han entendido el tema. Otras veces, se centran en la tarea y se explayan de forma razonable, con control y estructura. Éstos últimos son los que demuestran una buena competencia pragmática.

    Estructuras gramaticales y entonación

    Es muy importante emplear distintas estructuras gramaticales de manera flexible. Por ejemplo: imaginemos que nos preguntan sobre lo que hemos hecho la noche anterior. Una posible respuesta sería: “By the time I arrived home, my husband had cooked dinner. If I had known, I would not have already eaten a sandwich at work”. En esta respuesta, el uso flexible de los tiempos pasados y del tercer condicional contribuye a la organización lógica de las ideas.

    El uso de verbos modales, como “You might be right”, o expresiones similares a “I see your point, but…” o “I guess that…” podrían ser de gran ayuda para expresar opiniones de manera educada. Es importante recordar que la entonación es clave para que se interprete de manera correcta nuestra intención. Por tanto, debemos acompañar estas expresiones de una entonación ligeramente ascendente al final para que se perciba como una sugerencia respetuosa y no una oposición tajante.

    Autocorregirse sobre la marcha: buena idea

    Si cometemos algún error durante el examen, don’t panic! Si nos autocorregimos o parafraseamos rápidamente y con naturalidad, especialmente si añadimos una frase como “What I really mean is…” o “Let me explain…”, suele valorarse positivamente.

    Conectores sin sentido: mala idea

    Sin embargo, el uso de conectores como “moreover”, “furthermore” o “nevertheless”, que muchos usan en el examen oral para causar una buena impresión, rara vez tiene el efecto deseado. Esto se debe a que a menudo se nota que son memorizados y se suelen meter con calzador en un contexto en el que no tienen mucho sentido.

    Para demostrar la capacidad de relacionar ideas, podemos dar ejemplos y razones para apoyar argumentos. El uso de sinónimos y expresiones que ayuden a seguir el argumento, comprender la relación entre las ideas y anticipar lo que vendrá a continuación, como “As you mentioned earlier…”, también son buenos recursos.

    ‘Good question’: demasiado obvio

    Ocurre algo parecido con frases, como “that’s a good question, let me think…”, que los candidatos suelen usar para tomar el turno de palabra o ganar tiempo para pensar. Aunque pueden ser útiles, no sirven como reflejo fiel de la competencia interactiva por ser demasiado mecánicas.

    Para demostrar esta capacidad de interactuar con otra persona en un examen por parejas, podemos hacer preguntas al compañero (“What do you mean by…?” o “Would you agree that…?”), interrumpiendo solo cuando sea necesario y demostrando escucha activa mediante lenguaje no verbal y contacto visual.

    Factores paralingüísticos

    No obstante, los examinadores reconocieron que evaluar aspectos pragmáticos era todo un reto. Frecuentemente, prestaban atención a “un habla natural”, lo que podría hace referencia al modelo de hablante nativo. Un estándar que resulta obsoleto en el mundo actual donde el inglés funciona, en la mayoría de los casos, como lengua franca o vehicular entre hablantes no nativos.

    Además, varios examinadores reconocieron que a menudo pueden verse influenciados por aspectos personales de los candidatos, como la inteligencia, madurez, confianza y cultura. Estos resultados alertan sobre cierta subjetividad que puede estar presente en la evaluación.

    Más allá de “saber inglés”

    En resumen, tener un nivel C1 no es solo acumular conocimientos de gramática y vocabulario, sino saber usar la lengua con intención. La competencia pragmática es compleja de determinar porque depende del contexto, pero es crucial para comunicarnos de forma efectiva. Por ello, debemos seguir investigando qué papel juega en los exámenes de acreditación lingüística para poder enseñarla y evaluarla de manera justa, objetiva y eficaz.The Conversation

    Cristina Heras Ramírez, Doctora en Lingüística , Universidad de Cádiz

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Cien años de Mein Kampf: entre el estudio crítico y los peligros actuales

    El 18 de julio de 1925 se publicó el primer volumen de Mein Kampf, la obra autobiográfica y manifiesto ideológico de Adolf Hitler. En ese momento fue un texto marginal; sin embargo, con el ascenso de Hitler al poder en 1933, se convirtió en best seller, un instrumento central del aparato propagandístico del nazismo. Y aun la pregunta flota en el aire: ¿cómo fue posible que se difundiera este libro entre la opinión pública y que se vendieran catorce millones de ejemplares?.

    ¿Se sigue leyendo?

    A cien años de su publicación, Mein Kampf mantiene un aura de radioactividad histórica. Historiadores coinciden en que rara vez se lee hoy, en gran parte por la sólida educación política posbélica en países como Alemania. Su estilo desorganizado y retórico es ampliamente criticado: se trata más de panfleto propagandístico que de obra literaria. Incluso grupos neonazis actuales lo consideran poco práctico.

    Sin embargo, Mein Kampf sigue siendo objeto de estudio universitario, especialmente en historia moderna, estudios sobre totalitarismo y antisemitismo. Su versión crítica aparecida en 2016, anotada por el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich (IfZ), cuenta con más de 119 000 ejemplares vendidos. Esta edición busca desactivar su misticismo original y poner el texto en contexto académico.

    ¿Dónde se publica y se vende?

    Con un siglo transcurrido y tras expirar los derechos en 2016 en Alemania, ahora se publican versiones libres del texto original, aunque en muchos lugares se exige acompañarlas de análisis crítico. En Alemania es legal comprarlo, poseerlo y venderlo, siempre que no se distribuya como propaganda nazi; su venta en librerías es controlada y no suele exhibirse abiertamente.

    En otros países, como Colombia, puede encontrarse libremente, muchas veces sin el marco crítico adecuado, lo cual genera preocupación entre comunidades que alertan sobre los riesgos de divulgarlo sin contexto.

    ¿Por qué sigue relevante?

    Tres claves justifican su vigencia:

    1. Fuente histórica directa: ofrece una ventana al pensamiento personal de Hitler, su antisemitismo y los planes para Alemania, útiles para entender sus motivaciones y los orígenes del nacionalsocialismo.
    2. Historia de propaganda: enseña cómo las ideas pueden canalizar el resentimiento posguerra, producir misticismo nacional y alimentar políticas de odio.
    3. Documento de advertencia: en un mundo donde resurgen movimientos populistas y de ultraderecha, el libro funciona como alarma sobre la escalada de odio y autoritarismo.

    Contexto universitario y educativo

    Planes de estudio en historia contemporánea y ciencias políticas lo incluyen como texto objeto de análisis crítico. La edición del IfZ se utiliza en seminarios universitarios y programas de formación docente. Su acceso online sin anotaciones ha sido criticado, pues facilita su manipulación por grupos extremistas.

    ¿Debe restringirse o estudiarse?

    El debate público gira entre dos posiciones:

    • Prohibicionista, que teme su uso como propaganda.
    • Educativa, que apuesta por el análisis crítico como mejor antídoto.

    En Alemania, se ha optado por limitar su venta sin analisis, pero permitir versiones anotadas. Varios historiadores, como el director del IfZ Andreas Wirsching, defienden que el acceso crítico es esencial: es una defensa contra la banalización del texto y su posible reapropriación.

    A cien años, Mein Kampf sigue siendo un objeto polémico pero si uno está entrenado en el análisis académico, en un contexto de libertad, es útil como una herramienta clave para comprender el nazismo y prevenir su repetición. No tiene atractivo literario, y su lectura sin el contexto adecuado es peligrosa. Pero en versiones comentadas y bajo una mirada crítica, puede funcionar como escudo educativo y espejo histórico ante el resurgimiento de ideologías autoritarias.

  • El Intramuros y el Arrabal

    Acabo de leer un escrito de Ford Smith en el Mises Wire, intitulado “el gobierno es una estafa”, lo cual, seguramente, dejará a muchos turulatos; pero bien vale la pena prestar atención ya que como andan las cosas en nuestro y otros patios, los gallotes revolotean la carroña. ¿Cómo es que tantos “sindicatos” en Panamá creen que cerrando calles se arreglan sus problemas sociales o, aún los suyos personales? O, el caso reciente en Nueva York en dónde están cercanos a elegir un alcalde comunista y antisemita que promete un gobierno a la Cuba en la metrópolis del capitalismo. La respuesta a tal misterio les puede dejar patidifusos: Lo que hemos tenido en Panamá y tienen en tantos países, y EE.UU. no se escapa, no es “gobierno” sino una casta élite ignorante o, simplemente perversa, que ha buscado acomodo histórico en contra del Arrabal; en algunos sitios más y otros menos.

    Y sí, en Panamá me estoy refiriendo al llamado “Arrabal” que existía fuera de las murallas o “intramuros” de la antigua ciudad de Panamá en 1678, hoy conocida como San Felipe. La realidad es que hoy y siempre hemos hecho parodia del Preámbulo constitucional que comienza cacareando

    “con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…”;

    Y la pregunta que gime ser aclarada es: ¿¡A qué rayos llamamos “libertad”!?, ya que lo que hoy tenemos no es tal. ¿Creen que podemos llamar “libertad” a gobiernos enquistados hasta las coronillas en el mercado? Gobierno son unos pocos, mientras que mercado somos todos; y los dos jamás se deben confundir. Pero, ¿cómo catalogar cierres viales delictivos?, en los cuales los manifestantes se pasean con pancartas que leen:

    “exigimos que venga el gobierno a resolver nuestros problemas”.

    ¿Cómo fue que los pobladores del Arrabal, situado fuera de las murallas del antiguo “Intramuros” de la vieja ciudad de Panamá llegaron a creer que “los gobiernos” eran sus aliados? Muy triste que las gallinas llegasen a ver a los zorros como amiguitos que están dentro del gallinero para cuidarlas y resolver sus problemas. La respuesta a la pregunta planteada es penosa. Y es que, si te pasas 500 años con eso de “robó pero le dio al pueblo”, nada raro que los pobladores del Arrabal se hayan vuelto adictos a las migajas. Y… quienes no adviertan que, en Panamá, con rarísimas excepciones, lo que hemos tenido a través de nuestra historia son parodias de gobierno, viven del engaño; ya sea, hacia los demás o hacia sí mismos.

    Y quizá el caso más y penoso de esta verdad que les pinto es el del llamado MEDUCA, ese que NODUCA y que pocos ven y entienden que dicha “institución” es una herramienta en el Intramuros para mantener serviles a los del Arrabal; serviles a sus bestiales y zorrunos instintos.

    Hoy, que la humanidad se asoma a un futuro fabuloso e inimaginable, en el cual ya podemos convertir a todos los niños en genios, seguimos aferrados al bestial NODUCA; y eso es abominable. Y es que el secreto de la riqueza humana no está en la centralización, y menos cuando la misma se centra en una jauría del Intramuros que… o no entiende que la riqueza humana anda dispersa entre toda la población o peor, que lo saben e igual lo persiguen; tal como ocurre con los sindicatos.

    Y lo más triste es que el centralismo o Intramuros lo hemos grabado en Constitución; y si alguno lo duda no tiene más que leer el Artículo 284 y otros más.