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  • Brexit: a diez años, el balance que la mirada liberal no puede evadir

    Brexit: a diez años, el balance que la mirada liberal no puede evadir

    Hoy se cumplen exactamente diez años del referéndum del 23 de junio de 2016, y la fecha llega cargada de simbolismo: Keir Starmer, el séptimo primer ministro británico desde aquel día, presentó su renuncia apenas 24 horas antes del aniversario. Una década de inestabilidad en Downing Street —seis cambios de liderazgo, cinco conservadores y un laborista— resume mejor que cualquier discurso lo que el Brexit ha sido en términos políticos: una herida que no termina de cerrar. Conviene, en este aniversario, hacer un balance sin trampas, desde una perspectiva liberal que valore tanto la soberanía democrática como los costos reales de las decisiones, y que esté dispuesta a la autocrítica cuando los hechos lo exijan.

    La cuenta económica: más cara de lo prometido

    El dato más citado en estos días proviene de un estudio elaborado por el economista Nick Bloom, de Stanford, junto con economistas del Banco de Inglaterra, que tuvieron acceso a datos internos de la institución. Su conclusión, publicada justo antes del aniversario: los datos a nivel de empresa apuntan a una pérdida del PIB del 6% en diez años, mientras que estudios más amplios sugieren un promedio del 8%. El propio gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, ha admitido en público que el nivel de actividad y crecimiento de la economía fue menor a causa de la salida del mercado único. Bloom añade un matiz importante para cualquier liberal honesto: el Reino Unido crecía con fuerza antes del Brexit y podría haber mantenido, al menos en parte, el ritmo de Estados Unidos de no haber salido de la UE.

    Las nuevas relaciones comerciales prometidas como compensación tampoco han llegado a la magnitud anunciada. Según las propias estimaciones del gobierno británico, el acuerdo con Australia añadirá apenas un 0,08% al PIB a largo plazo, el de Nueva Zelanda un 0,03%, y el acuerdo con India, presentado como una gran victoria estratégica, apenas un 0,13%. El ingreso al CPTPP, celebrado como prueba de la nueva «Global Britain», entra en la misma categoría: simbólicamente relevante, económicamente marginal.

    La promesa incumplida que más duele: la inmigración

    Si hay un terreno donde la autocrítica liberal debe ser más severa, es la inmigración, precisamente porque era la bandera con la que el Brexit ganó el referéndum. Las cifras oficiales muestran que, lejos de reducirse, la migración neta alcanzó cerca de un millón de personas en 2023 antes de descender a 308.000 en 2025, con un cambio de composición —menos europeos, más migración extracomunitaria— pero no necesariamente con el control prometido en aquel autobús de campaña. Para un liberal clásico, esto no debería sorprender: el problema nunca fue Bruselas como tal, sino la falta de una política migratoria coherente, algo que la soberanía recuperada no resolvió automáticamente. Recuperar la capacidad legal de decidir no equivale a ejercerla bien.

    Soberanía regulatoria: la autonomía que pocos usan

    Aquí está, quizás, la autocrítica más incómoda para el liberalismo que defendió el Brexit en nombre de la desregulación. El Reino Unido recuperó, en teoría, plena capacidad para legislar fuera del marco de Bruselas. En la práctica, gran parte del tejido empresarial británico sigue alineándose voluntariamente con los estándares europeos, porque la UE sigue siendo, con diferencia, su mayor socio comercial y el costo de divergir resulta mayor que el beneficio. La soberanía formal existe; la revolución desreguladora que muchos brexiters de inspiración libertaria imaginaron, no. El llamado «efecto Bruselas» demostró ser más fuerte que la retórica de la independencia regulatoria.

    Geopolítica: de potencia continental a potencia media

    Desde la óptica geopolítica, el Brexit obligó al Reino Unido a redefinirse como una potencia media que apuesta por la angloesfera, los acuerdos de defensa bilaterales y un acercamiento estratégico al Indo-Pacífico, en lugar de actuar como ancla atlántica de un bloque continental de 450 millones de habitantes. Ha recuperado asientos propios en foros donde antes hablaba a través de Bruselas, pero también ha perdido el peso negociador que solo da formar parte del mercado único más grande del mundo. Los acuerdos recientes con la UE sobre Gibraltar, electricidad y cohesión territorial —todavía en negociación en este 2026— sugieren, de hecho, un lento proceso de realineamiento técnico que contradice la narrativa de ruptura total.

    Lo que de verdad piensan los británicos

    Y aquí aparece la paradoja que ninguna mirada liberal honesta puede ignorar: el malestar con los resultados del Brexit convive con un giro hacia el populismo euroescéptico más duro. Dos encuestas de Ipsos citadas por Associated Press muestran que el 52% de los británicos querría volver a unirse a la UE, frente a un 33% que se opone, y sin embargo Reform UK, el partido de Nigel Farage —el rostro histórico de la campaña por el Brexit—, encabeza las encuestas nacionales con cerca de un 27% de intención de voto. El electorado británico no está pidiendo más liberalismo de mercado ni más apertura: buena parte del malestar se canaliza hacia un nacionalismo proteccionista en torno a la inmigración y la identidad, no hacia la agenda de libre comercio y desregulación que muchos liberales esperaban del «Brexit bien hecho».

    El veredicto liberal sobre el Brexit, sin coartadas

    Una valoración intelectualmente honesta no puede limitarse a decir «yo lo advertí» desde ningún bando. Quienes defendieron el Brexit como ejercicio de autodeterminación democrática tenían razón en el principio —ningún liberal debería sentirse incómodo con que un pueblo decida, en referéndum, los términos de su asociación política—, pero deben reconocer que la promesa de una Gran Bretaña más libre, más desregulada y más próspera no se ha cumplido ni de lejos en la magnitud anunciada. Quienes se opusieron tenían razón en el diagnóstico económico, pero a menudo ignoraron, y siguen ignorando, que el malestar democrático con un bloque percibido como distante y opaco era legítimo y no se resuelve solo con cifras de PIB. El Brexit no fracasó por exceso de soberanía, sino por defecto de un programa liberal que la aprovechara. Diez años después, el Reino Unido tiene más control formal sobre sus leyes y menos crecimiento, más fronteras simbólicas y casi la misma inmigración, más discursos de independencia y menos margen real de maniobra frente a sus vecinos. Esa es la cuenta que ningún bando puede maquillar.

  • La Gran Convergencia: cuando Wall Street se pone el disfraz de Satoshi

    La Gran Convergencia: cuando Wall Street se pone el disfraz de Satoshi

    Jay Jacobs, jefe de ETF de renta variable de BlackRock, lo dijo sin sonrojarse en el podcast Chain Reaction: tres cuartas partes de los compradores del IBIT nunca habían tenido un ETF antes. La frase suena a victoria para el bitcoiner casual. Léase de nuevo. No dice que TradFi entró en Bitcoin. Dice que Bitcoin está metiendo gente nueva en TradFi, y que una vez dentro, esos inversores acaban comprando el S&P 500 de BlackRock, el oro de BlackRock y, por qué no, el ETF de inteligencia artificial de BlackRock. En la gestora más grande del planeta a esto lo llaman, sin ironía, la «Gran Convergencia».

    Conviene tomarse en serio el nombre, porque describe con precisión lo que está ocurriendo: la disolución deliberada de la frontera entre cripto y el sistema que cripto nació para esquivar. Jacobs lo resume con una frase que cualquier minarquista debería subrayar en rojo: cada vez se va a hablar menos de TradFi contra DeFi y mucho más de TradFi y DeFi. No es una predicción neutral. Es un programa corporativo. Y como todo programa corporativo bien diseñado, no necesita prohibir nada: solo necesita volverse indispensable.

    El embudo, no la puerta

    El relato oficial desde 2024 era que el ETF al contado abriría las puertas de Bitcoin a los inversores tradicionales, demasiado prudentes o demasiado regulados para tocar una wallet. Jacobs admite ahora que el flujo es bidireccional, pero la dirección que a BlackRock le interesa de verdad es la otra: usar el imán de Bitcoin para atraer capital hacia su catálogo completo de productos indexados. El IBIT no es un servicio que BlackRock presta a los bitcoiners. Es un anzuelo con el que BlackRock pesca clientes nuevos para sí misma. Con 48.000 millones de dólares en activos y más de 765.000 BTC bajo su paraguas, ya no hablamos de un experimento de nicho: hablamos de la mayor operación de captura narrativa que ha sufrido el dinero digital desde su nacimiento.

    El cypherpunk original quería eliminar al intermediario de confianza. La Gran Convergencia hace exactamente lo contrario: instala al intermediario de confianza en el centro de la ecuación y le pone un wrapper de ETF para que parezca progreso. El propio Larry Fink llamó una vez a Bitcoin un «índice de lavado de dinero»; hoy lo vende como cobertura frente a la inestabilidad de la deuda soberana que sus propios fondos ayudan a sostener. La conversión no es ideológica. Es comercial. Y eso, para quien crea en la coherencia de los principios, debería ser motivo de alarma, no de celebración.

    La paradoja que nadie quiere nombrar

    Aquí está la trampa que el optimismo institucional prefiere no mirar de frente: para que Bitcoin alcance la escala que sus defensores siempre soñaron, tiene que pasar por las manos de las mismas estructuras centralizadas que estaba diseñado para volver irrelevantes. Cuantas más acciones de IBIT se venden, menos claves privadas se generan. Cuanto más cómodo resulta el ETF, menos gente aprende a custodiar lo propio. El bitcoiner que compra IBIT no posee Bitcoin: posee un derecho contractual sobre Bitcoin que custodia un tercero, sujeto a las mismas reglas, los mismos reguladores y los mismos riesgos de contraparte que el sistema bancario que Satoshi quiso esquivar en 2008. Es la diferencia exacta entre tener la llave y tener el recibo de quien tiene la llave.

    El ejemplo de la OPI de SpaceX, citado por el propio Jacobs, ilustra hacia dónde apunta todo esto: futuros perpetuos pre-OPI y acciones tokenizadas que llevan el volumen de operaciones de mil millones a veintidós mil millones de dólares en semanas. No es democratización del capital privado. Es la tokenización de los privilegios de Wall Street, envuelta en jerga blockchain para que la absorba sin resistencia una generación que asocia «cripto» con libertad. Convergencia, en efecto. Pero convergencia hacia el centro, no hacia los márgenes.

    Lo que está realmente en juego

    Nada de esto significa que el precio no vaya a subir, ni que la adopción institucional carezca de mérito como hecho de mercado. Significa que el éxito medido en dólares bajo gestión y el éxito medido en soberanía individual son, cada vez más, dos métricas que avanzan en direcciones opuestas. BlackRock no necesita destruir el ideal cypherpunk para neutralizarlo: le basta con financiarlo, empaquetarlo y cotizarlo en bolsa. Es la vieja lección minarquista aplicada a la era digital: el Estado y sus grandes operadores financieros rara vez prohíben aquello que pueden absorber y rentabilizar.

    La autocustodia sigue siendo, hoy como en 2009, el único acto que distingue a un propietario de Bitcoin de un accionista de BlackRock con extra de marketing. Todo lo demás —el ETF, el podcast, la «Gran Convergencia»— es Wall Street aprendiendo a hablar cypherpunk para vender, una vez más, la misma dependencia de siempre.

  • ¿Capitalismo de compinches?¿O “socialismo de compinches”?

    ¿Capitalismo de compinches?¿O “socialismo de compinches”?

    Todo gobierno obeso, sea de izquierda o derecha, deja de ser capitalismo; que es lo que ocurre en nuestra querida Panamá. El socialismo es perverso esté donde esté. También podemos llamarle Socialismo de Compinches , porque el problema con hablar de “capitalismo de compinches” es que no tiene sentido ya que si es de “compinches” entonces deja de ser capitalismo dado que, de una forma u otra, se trata de rechazo de lo que realmente es el mercado. En otras palabras, si mezclas al capitalismo con el socialismo, deja de ser capitalismo ya que no hay tal cosa como un capitalismo con aderezo de socialismo ya que sería análogo a una mujer levemente embarazada.

    Yuri, que es profesor de economía en la universidad en Carthage en Wisconsin, trabajó en el gobierno soviético en un puesto de investigación y se escabulló de la Unión Soviética en 1989; habiendo participado en la comisión del presidente Gorbachev en su programa de reforma conocida como perestroika.

    En la universidad de Carthage Yuri dejó de asistir a las reuniones de docentes porque como dice Yuri, “eran tan molestas como los parquímetros”. En ello, el presidente de la universidad le pidió que, por favor, asistiese a las reuniones docentes pues el futuro de la civilización del oeste estaba en juego. Y es que en la actualidad en los EE.UU., y particularmente el partido que osa llamarse “demócrata” ha dado un giro brusco y terrorífico hacia el comunismo; y al decir esto me salté el vocablo “socialismo” por la razón que ya señalé: «que no hay tal cosa como mujeres medio embarazadas» a lo cual añado que, en carreteras de dos vías en sentido contrario uno no debe conducir en el medio de los dos carriles.

    Hoy día gran parte de los medios informativos auspiciados por la naciente tendencia comunista gringa, tienen gran dominio; en el cual han llegado al extremo de vilipendiar al nacimiento de la democracia estadounidense, alegando que no fue virtuoso sino perverso. Y Yuri llega a comentar que parecido a los medios “informativos”, los cuales parecen más programas de comediantes, lo mismo está ocurriendo en los EE.UU.

    Y un parte de la explicación de la realidad que está contribuyendo o facilitando el deslizamiento gringo a la izquierda, camino al comunismo, es la misma mentalidad que dio alumbramiento o, diría ya, oscurecimiento, a la ideología del “centro de la carretera” o comunismo leve o, o como originalmente acuñaron la frase los cómicos mejicanos Los Polivoces en la década de 1970: “ni con la izquierda ni la derecha sino todo lo contrario”. Y es que tomar semejante posición no conduce a un pueblo a buen destino.

    Decir que el “socialismo” o la pendiente resbalosa hacia el comunismo no es resbalosa y conduce al comunismo es tontería; tal como ocurre con tantos drogadictos. Hoy día son muchos despistados que dicen algo como: “tranquilo, prueba esta pastillita que te pondrá feliz y no es tan mala como dicen.” Y, sostengo yo, que lo que señalo nace con el rechazo a lo que llamamos “capitalismo o extrema derecha”; ya que son muchos los que no ven ni entienden que en tantos sitios, tal como en Panamá, lo que padecemos no es de capitalismo sino de socialismo de compinches. Es un rechazo a algo muy perverso. ¡Sí!, estoy de acuerdo, pero es desconocer la el origen de la patología.

    En fin, y como bien dice Yuri que tantos cacarean por allí: “Y sé que te disgusta la putrefacción gubernamental de derecha que tenemos, y lo que te propongo es: ¿Por qué no probar el socialismo…” tal vez no sea tan malo.

  • 16,5 BTC recuperados. Responsabilidad y cooperación voluntaria

    16,5 BTC recuperados. Responsabilidad y cooperación voluntaria

    El 16 de junio, el especialista argentino Marcelo R. Bianchi (@marcebit) anunció algo que pocos en el ecosistema bitcoiner se atrevían a dar por descontado: una wallet de Bitcoin Core cifrada en 2013, con 16,5 BTC dentro —hoy más de un millón de dólares—, había sido recuperada después de más de un año de convocatoria pública. La solución llegó apenas cinco días después de que Bianchi trasladara el caso de un grupo cerrado de Facebook a Reddit y X. Un colaborador anónimo, ajeno al grupo de Telegram que coordinaba los intentos organizados, dio con la contraseña: «pera5durasnopera5lus». Bianchi lo recompensó con 0,5 BTC, unos 32.500 dólares.

    Es una historia pequeña en apariencia, casi anecdótica. Pero condensa, mejor que cualquier manifiesto, los tres pilares que hacen de Bitcoin un experimento político y no solo financiero: la cooperación voluntaria, la descentralización radical y la responsabilidad ineludible que implica ser dueño absoluto de algo.

    Cooperación sin mandato

    Nadie obligó a nadie a participar en este caso. Bianchi no tenía autoridad sobre el colaborador anónimo, no firmó un contrato, no medió ningún tribunal ni regulador. Hubo un problema, un incentivo claro —0,5 BTC— y una convocatoria abierta a quien quisiera intentarlo. Eso es todo. La coordinación emergió de community Telegram, hilos de Reddit y publicaciones en X: arquitectura horizontal, sin jerarquía formal, sostenida únicamente por el interés mutuo de las partes.

    Esto no es un detalle técnico, es el corazón de la ética cypherpunk: las soluciones no necesitan venir de una institución con poder de coerción. Pueden surgir del intercambio voluntario entre desconocidos que jamás se verán las caras. El mercado de recompensas por resolver problemas criptográficos funciona porque no depende de la confianza en una autoridad central, sino del cálculo racional de incentivos entre individuos libres.

    Descentralización: ni rescate ni intermediario

    Ningún banco, ninguna casa de cambio, ningún Estado pudo —ni tuvo que— intervenir para que esos 16,5 BTC volvieran a manos de su propietario. No hubo «atención al cliente» que restableciera el acceso, ni proceso judicial, ni siquiera una empresa privada de recuperación con jurisdicción reconocida. La solución fue puramente criptográfica y social: alguien con el conocimiento adecuado encontró la clave correcta para un candado que solo el propio sistema, sin permiso de terceros, puede validar.

    Esa es precisamente la promesa —y la dureza— de Bitcoin. No hay un libro de reclamos. No hay un «olvidé mi contraseña» que active un protocolo de verificación de identidad respaldado por el Estado o entidad centralizada. El protocolo no negocia, no empatiza, no hace excepciones. Lo que cifra, permanece cifrado hasta que la matemática lo permita, sin importar cuán legítimo sea el reclamo de quien perdió el acceso.

    El precio de no tener intermediarios

    Aquí está el costado incómodo que muchos evangelistas prefieren minimizar: la autocustodia es libertad, pero también es responsabilidad total, sin red de contención. Según Chainalysis, cerca del 20% del suministro circulante de bitcoin está permanentemente perdido por errores de gestión de claves. Ariel, el propietario de esta wallet, pasó más de una década sin acceso a su propio dinero por una contraseña que ni él mismo recordaba con precisión.

    Eso no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado. Cuando uno elige prescindir de bancos, custodios y reguladores, también prescinde de sus mecanismos de rescate. No hay un «frase de recuperación» institucional cuando la propia persona es la única institución. La soberanía financiera plena —ser tu propio banco— no es un eslogan de marketing: es una transferencia completa de riesgo desde el sistema hacia el individuo.

    El caso de los 16,5 BTC terminó bien, casi por casualidad: un archivo conservado, una contraseña parcialmente recordada, una comunidad dispuesta a colaborar a cambio de un incentivo razonable. Pero el final feliz no debería oscurecer la lección estructural. La propiedad sin intermediarios es la forma más pura de libertad económica disponible hoy. También es, sin matices, enteramente tuya para perder. Y por eso mismo es, quizás, el ejercicio de responsabilidad individual más exigente que existe: la contrapartida inevitable de toda libertad real.

  • El Estado no es tu hincha: reflexiones sobre el decreto mundialista

    El Estado no es tu hincha: reflexiones sobre el decreto mundialista

    El presidente José Raúl Mulino firmó este martes el Decreto Ejecutivo N.° 19, lo llamaremos el decreto mundialista, mediante el cual ordenó el cierre de todas las oficinas públicas nacionales y municipales a partir de las 2:00 de la tarde del miércoles, para que los servidores del Estado puedan ver el debut de la Selección Nacional en el Mundial 2026. El Ministerio de Educación fue un paso más allá: suspendió también las clases vespertinas y nocturnas en colegios oficiales y privados.

    Nadie discute el orgullo legítimo que genera ver a Panamá en una Copa del Mundo. Es un logro deportivo real, merecido y celebrable. Pero una cosa es que los panameños festejen —como individuos libres que son— y otra muy distinta es que el Ejecutivo convierta el entusiasmo colectivo en un decreto con fuerza de ley, que suspende procedimientos administrativos, paraliza trámites y afecta plazos legales bajo la Ley 38 de 2000. Ahí es donde la celebración termina y el análisis debe comenzar.

    El tiempo del Estado no es tiempo libre

    Existe una confusión conceptual que este decreto hace explícita: el supuesto de que el tiempo de los funcionarios públicos puede ser redistribuido a voluntad del Ejecutivo según las circunstancias del momento. Pero los servidores públicos son pagados por los contribuyentes para prestar servicios específicos durante horarios definidos. Cada hora que no se trabaja tiene un costo real: el ciudadano que necesitaba renovar un documento, la empresa que aguardaba una resolución, el trámite judicial que quedó suspendido. Ese costo no desaparece porque el decreto no lo mencione.

    Desde una perspectiva liberal clásica, el Estado existe para garantizar condiciones mínimas de orden, seguridad y justicia —no para gestionar el estado de ánimo de la población. Cuando el Ejecutivo firma un decreto ordenando a todo el aparato burocrático pausar sus funciones para ver un partido de fútbol, no está siendo cercano al pueblo: está confundiendo su rol con el de animador social, y lo hace a expensas del contribuyente.

    El populismo de la euforia

    Este tipo de gestos no son neutrales. Tienen una lógica política clara: identificar al gobierno con el sentimiento popular más inmediato y visible. El presidente no pierde nada firmando ese decreto —al contrario, gana aplausos fáciles— pero la factura la pagan quienes dependen de los servicios suspendidos y quienes financian con sus impuestos cada hora improductiva del aparato estatal.

    El liberalismo clásico advierte precisamente sobre este mecanismo: el uso del poder público para construir legitimidad emocional en lugar de institucional. Una administración que respeta genuinamente al ciudadano no necesita decretar que se detenga el país para parecer humana. Le basta con cumplir su función con eficiencia y dejar que cada panameño decida cómo y con quién ver el partido.

    Libertad sin decreto

    Nada en este análisis implica que el fútbol sea irrelevante o que la selección no merezca respaldo. Lo que se cuestiona es el mecanismo. Un Estado respetuoso de la libertad individual no necesita decretar el entusiasmo: lo permite. La diferencia no es menor. En el primer caso, el gobierno actúa como tutor que concede permiso para celebrar. En el segundo, el ciudadano es un adulto que organiza su tiempo como considera conveniente.

    Si un empleado privado quiere salir temprano del trabajo para ver el partido, negocia con su empleador. Si un funcionario quiere hacer lo mismo, debería tener el mismo derecho —como individuo—, sin que el presidente de la República tenga que paralizar con un decreto toda la maquinaria del Estado para hacer posible lo que debería ser una decisión personal.

    Panamá en el Mundial es motivo de alegría. Pero la alegría no necesita decreto. Y cuando el Estado empieza a legislar sobre cuándo y cómo celebrar, algo esencial sobre la relación entre el gobierno y el ciudadano se ha invertido silenciosamente.

  • El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición

    El talento en el fútbol: un viaje neuronal con parada en la emoción y la cognición

    En los deportes colectivos como el fútbol, no solo rueda el balón. También se conjugan la empatía y la sincronización cerebral para desarrollar estratégicamente el trabajo en equipo.

    “La técnica es pasar el balón con un toque, en el momento adecuado, al lugar correcto”. Johan Cruyff

    Del cerebro al músculo

    Si bien dependen de recursos individuales, las habilidades y destrezas en el fútbol reflejan además la capacidad de una sincronización colectiva. En ella se contrastan emociones complejas, como la cooperación, la solidaridad y la empatía.

    Esta ruta neuronal se expresa como un “arco reflejo” (respuesta automática del organismo) que involucra aspectos sensoriales. Estos se traducen y jerarquizan en la corteza cerebral humana para generar respuestas motrices planificadas que involucran elementos biomecánicos, movimientos de fuerza y resistencia, motricidad fina, coordinación y precisión en el toque ejecutivo del balón.

    La red de movimientos deriva de un proceso de entrenamiento sistemático que conjuga la emoción y la cognición para realizar los cálculos precisos en el efecto cinético.

    Esta respuesta interactúa con aspectos motivacionales de muy diversa índole: ego, reconocimiento, recompensa, beneficio económico, hedonismo… También está presente un componente público de carácter emotivo, identitario y afiliativo. En la cancha juega la vinculación con los seguidores del equipo (aficionados, hinchas o barras), que eventualmente se convierten en los más apasionados y autonombrados defensores del honor de su equipo.

    No es extraño que estos grupos, además, puedan contener entre sus filas perfiles sociopáticos encubiertos, que pueden desbordar y dar lugar a conductas antisociales, violentas y extremistas.

    Cognición y coordinación neuronal

    Volviendo al terreno de juego, una clave del talento futbolístico es la coordinación motriz: por sí sola, resulta fundamental para desarrollar el toque del balón con la precisión, fuerza y dirección magistral para lograr el pase. También permite orientar, con una sintonía orquestal, el movimiento que alterna carrera, conducción y disparo.

    Durante mucho tiempo se consideró que el cerebelo, una región del encéfalo ubicada en la parte posterior e inferior del cráneo, era estrictamente responsable de sus funciones. Desde este planteamiento, habría intervenido singularmente a la hora de fortalecer nuestra postura en bipedestación y el desarrollo de la marcha del Homo sapiens. Incluso resultaría determinante en la coordinación de movimientos que transformaron la expresión gutural de la laringe. Es decir, sería la base del lenguaje expresivo con códigos que denominamos palabras.

    Sin embargo, ahora sabemos que el cerebelo no es un mero regulador mecánico, sino también un modulador de procesos mentales más complejos. La interpretación sobre cómo funciona este órgano ha evolucionado hasta entenderlo como parte de una estructura conectada con la cognición humana.

    Así, las células del cerebelo operan como la estación de una ruta intelectual que vincula el movimiento con procesos de aprendizaje, preservación de la memoria y habilidades creativas y ejecutivas que requieren de planificación. Es esta la razón por la cual el movimiento coordinado es fundamental para desarrollar habilidades inteligentes, más allá del escenario lúdico.

    Sus efectos en la práctica clínica son los que sustentan la recomendación de que la danza es recomendable para el control del párkinson o que la caminata contribuye a funciones cognitivas de la memoria en el caso de la demencia.

    La neurociencia del pase largo

    La otra región clave, como vimos más arriba, es la corteza cerebral humana, donde existen vecindarios neuronales especializados en determinadas funciones. Pero también resulta innegable que los tractos que conectan esos territorios a través de “cableados” bajo la superficie de la corteza explican una integridad funcional.

    Sólo de esta manera podemos entender por qué dos hemisferios cerebrales funcionan como un encéfalo. Las conexiones del cuerpo calloso y otras fibras confieren la posibilidad tanto de una función especializada como de una respuesta emocional y cognitiva más holística.

    De esta forma surge la orden de patear un balón desde la parte motora en la región media del cerebro izquierdo (en el caso de un individuo diestro), pero se planea el toque, la fuerza y la dirección del impulso con el apoyo del cerebelo y otras estructuras conocidas como “relevo motor”, así como con la ayuda del sistema extrapiramidal. Por si fuera poco, planeamos las coordenadas de la trayectoria y la evolución cinética con la cognición y el “GPS intelectual”. Y ejecutamos la orden final con la corteza frontal.

    El balón como eje emocional

    El balón representa el centro de una serie de emociones individuales y sociales. No es extraño que con frecuencia se plantee usarlo como una prescripción terapéutica para tratar las frustraciones y la ansiedad cotidiana. Igualmente, puede validarse en el escenario del disfrute desde la perspectiva de las masas. Pero también puede ser motivo de duelo confrontativo, hostilidad, acoso y violencia.

    Esa perspectiva lúdica, en un entorno social de disfrute como puede ser un Mundial de fútbol, requiere fortalecer los lineamientos básicos de empatía y comportamiento respetuoso con los demás. De este modo se preserva la magia colectiva de un deporte popular que ha prevalecido en la historia como fuente de sana diversión.

    Rodrigo Ramos-Zúñiga, Neurocientífico, Universidad de Guadalajara

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Bitcoin como coartada: cuando el Estado ensucia la moneda de los libres

    Bitcoin como coartada: cuando el Estado ensucia la moneda de los libres


    Hay momentos que duelen de una manera particular. Es el dolor de ver algo que amaste, algo que construiste con convicción filosófica y esfuerzo técnico, convertido en el argumento de quien representa exactamente lo que quisiste combatir. Esto es lo que ocurrió esta semana en Argentina, con Bitcoin, cuando el estado ensucia gratuitamente.

    El jefe de Gabinete Manuel Adorni formalizó su declaración jurada patrimonial de 2025 junto a un conjunto de rectificaciones que alteran de forma notable los números de sus finanzas familiares informados desde 2020, en el marco de expedientes que tramitan en Comodoro Py por presunto enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. El núcleo de su defensa, el escudo elegido, fue Bitcoin.

    El componente más relevante del patrimonio rectificado son los 513.000 dólares vinculados a inversiones en Bitcoin. Según la reconstrucción oficial, Adorni y su esposa operaron entre 2013 y 2018 mediante ocho billeteras virtuales, con una inversión inicial de alrededor de 200.000 dólares.

    La frase que lo resume todo, pronunciada con una tranquilidad desconcertante ante las cámaras: «Ahorramos en negro, como todos los argentinos.»

    Deténganse un momento en esa oración. Un funcionario público, jefe de Gabinete de una nación, investigado judicialmente, justifica activos no declarados invocando la conducta de evasión generalizada de sus conciudadanos como argumento moral. Y para blindar esa justificación, invoca Bitcoin.


    Lo que Bitcoin fue, y lo que este hombre pretende que sea

    Quienes estuvimos cerca del movimiento cypherpunk en sus años formativos sabemos con precisión quirúrgica para qué fue diseñado Bitcoin. No fue diseñado para que un ministro con mansión en country esquive una causa penal. Fue diseñado para que los individuos, personas comunes, activistas, disidentes, trabajadores sin acceso al sistema bancario, pudieran conservar y transferir valor fuera del alcance del Estado y de sus estructuras de coerción.

    El manifiesto cypherpunk de Eric Hughes de 1993 era explícito: la privacidad es necesaria para una sociedad abierta. Pero la privacidad no es secrecía. La privacidad es el poder del individuo de revelar selectivamente lo que es de él. Lo que Adorni llama «privacidad» es otra cosa: es la ocultación de un funcionario público, servidor del Estado, pagado con fondos expropiados de sus conciudadanos, respecto de los bienes que acumuló en el ejercicio de ese poder.

    Satoshi Nakamoto no construyó una blockchain para que los burócratas guardaran su botín. Construyó una cadena de bloques precisamente para hacer visible, inmutable y auditable cada transacción. El libro contable abierto de Bitcoin, esa transparencia radical, es la antítesis de lo que Adorni pretende representar con su relato. Él no usó Bitcoin como herramienta de soberanía individual. Lo usó como pantalla.


    El daño concreto al movimiento voluntarista

    Existe una narrativa que los enemigos de Bitcoin han intentado instalar durante quince años: que la criptomoneda es el instrumento predilecto de criminales, evasores y corruptos. Durante años, la comunidad cripto, con datos, con argumentos, con paciencia, rebatió esa calumnia. Los estudios de Chainalysis, los análisis de Elliptic, la evidencia empírica: las actividades ilícitas en Bitcoin representan una fracción marginal frente al volumen del sistema financiero tradicional. El dólar en efectivo ha financiado más corrupción que todos los satoshis juntos.

    Pero los argumentos técnicos necesitan contexto cultural para aterrizar. Y el contexto que Adorni está instalando es devastador: en la Argentina de 2026, Bitcoin aparece en los titulares nacionales no como herramienta de emancipación financiera, sino como la coartada de un funcionario investigado por enriquecimiento ilícito.

    Según la denuncia que impulsó la causa, el patrimonio de Adorni habría experimentado un incremento del 500% en un único período fiscal, con omisión de activos financieros y depósitos en el exterior por sumas superiores a 16 millones de pesos. Un contratista declaró ante la Justicia que el costo de la remodelación de la vivienda del funcionario alcanzó los 245.000 dólares, con pagos realizados en efectivo. La fiscalía detectó movimientos de fondos a través de más de veinte exchanges, entre ellos Binance, Ripio, Lemon y Satoshi Tango, con operaciones de entrada y salida en BTC, ETH y USDT.

    Este es el contexto real. No el de un early adopter visionario que compró en 2013 y guardó sus llaves con disciplina austríaca. El contexto es el de un hombre sobre el que recaen sospechas serias, quien según se comenta en el propio gobierno no puede cuadrar fácilmente sus gastos e ingresos, y que elige Bitcoin como explicación retroactiva en el momento de máxima presión judicial.

    Eso contamina. Eso mancha. No a Bitcoin como protocolo, el protocolo es indiferente a la moral de sus usuarios, sino a la narrativa del ecosistema cripto ante millones de personas que aún están formando su opinión sobre estas tecnologías.


    La perversión ideológica más profunda

    Hay algo todavía más grave que el daño reputacional. Es la perversión ideológica.

    El movimiento libertario, en su rama genuina, no en su versión de marketing electoral, descansa sobre un principio que no admite excepciones: la ética de la no-agresión. El individuo libre no impone su voluntad sobre otros por la fuerza. El Estado, en cambio, es por definición un aparato de coerción: extrae recursos por amenaza, redistribuye por decreto, castiga la disidencia con violencia institucionalizada.

    Bitcoin fue concebido como una respuesta técnica a ese problema. Una moneda que no requiere permiso. Que no puede ser confiscada por decreto. Que devuelve al individuo la soberanía sobre su propio valor.

    Adorni no es un individuo libre operando fuera del Estado. Es el Estado mismo. Es el jefe de Gabinete de un gobierno que administra el monopolio de la violencia legítima sobre cuarenta y cinco millones de personas. Cuando él custodia Bitcoin, no está ejerciendo soberanía individual: está usando los instrumentos del movimiento voluntarista para proteger los frutos del poder coercitivo que él mismo encarna y administra.

    Es la inversión perfecta del propósito original. Es usar la llave de la celda para construir otra celda.


    La trampa de la política y el bitcoin-washing

    Los que llegamos a Bitcoin desde la filosofía y no desde la especulación lo sabemos: la tecnología es neutra, pero la adopción no lo es. Cuando los Estados, los bancos centrales y ahora los funcionarios corruptos abrazan el discurso cripto, no se están convirtiendo. Están capturando el relato.

    En los últimos años hemos visto a gobiernos de todo el espectro ideológico intentar apropiarse de la estética libertaria de Bitcoin para sus propios fines. El bitcoin-washing, usar la moneda como señal de rebeldía mientras se ejerce el poder de siempre, es una forma sofisticada de cooptación.

    Adorni practica una versión especialmente burda de ese juego: usar Bitcoin no como señal ideológica, sino como escudo judicial. No dice «Bitcoin porque soy libre». Dice «Bitcoin porque no pueden probar que no lo tenía.»

    Y lo más hiriente es que tiene parcialmente razón en el plano técnico. La defensa introdujo como argumento central que las operaciones pueden ser verificadas mediante las claves privadas de las billeteras, que permitirían a peritos judiciales reconstruir el histórico on-chain de cada dirección. La trazabilidad de Bitcoin, esa característica diseñada para garantizar transparencia, se convierte en su coartada.


    Lo que la comunidad cripto debería hacer

    No silencio. No complicidad entusiasta porque «es bueno para el precio.» No el tibio «no nos metemos en política.»

    La comunidad cripto argentina o latinoamericana, incluso la global, tiene una obligación intelectual y ética: separar con bisturí la adopción genuina de Bitcoin como herramienta de libertad individual, de su uso instrumental por parte de quienes administran el mismo poder coercitivo del que Bitcoin pretende emanciparnos.

    Adorni no es un cypherpunk tardío. No es un early adopter que entendió antes que los demás. Es un funcionario estatal investigado por enriquecimiento ilícito que encontró en la jerga cripto un lenguaje conveniente para una situación judicial incómoda.

    Bitcoin merece mejor compañía.

    Los que creyeron en esto cuando era una rareza técnica sin precio de mercado, cuando la elegancia matemática de la prueba de trabajo era suficiente recompensa intelectual, cuando el protocolo era una respuesta filosófica antes que una clase de activo, esos no construyeron esto para que sirva de cobertura a ningún aparato de poder.

    Lo construyeron exactamente para lo contrario.

  • IKEA en Panamá: reglas, logística y consumidores

    IKEA en Panamá: reglas, logística y consumidores

    El desembarco de IKEA en Panamá no es una anécdota comercial: es una señal. Inter IKEA Systems B.V. otorgó a Sarton Group los derechos de franquicia para Panamá y Costa Rica, dentro de su expansión en América. Sarton ya opera IKEA en mercados como República Dominicana, Puerto Rico y las islas españolas; la fecha exacta de apertura en Panamá todavía no fue anunciada oficialmente, pero ya han iniciado el proceso de reclutamiento.

    Desde una mirada liberal, lo importante no es “qué marca llega”, sino por qué puede llegar. IKEA no aparece por patriotismo, ni por decreto, ni por relato político. Llega porque Panamá ofrece tres activos institucionales difíciles de fabricar desde un ministerio: dolarización, apertura comercial y posición logística.

    Panamá es atractivo porque combina el Canal, puertos, servicios financieros, comercio regional y una economía dolarizada. El propio informe comercial de EE. UU. describe al país como una economía estable, con baja inflación y una plataforma logística privilegiada para inversión internacional. También señala que Panamá atrae habitualmente entre 2.000 y 4.000 millones de dólares anuales en inversión extranjera directa y alberga una de las zonas francas más grandes del mundo.

    La llegada de IKEA puede tener efectos virtuosos muy concretos: más competencia en muebles y hogar, presión a la baja sobre precios, mejores estándares de diseño, logística, atención al cliente, financiamiento, entregas y comercio electrónico. El consumidor gana no porque el Estado “proteja” al comercio local, sino porque lo obliga a competir.

    También puede beneficiar al mercado inmobiliario. Panamá tiene una economía muy vinculada a expatriados, alquileres, segundas residencias, turismo residencial y movilidad regional. Una oferta de mobiliario modular, relativamente accesible y estandarizada reduce costos de equipamiento para propietarios, desarrolladores y pequeños inversores. En criollo: amueblar una vivienda para alquilar puede volverse más barato, más rápido y más previsible.

    Pero el punto más interesante es otro: IKEA trae consigo capital organizacional. No es solo vender mesas. Es introducir procesos, proveedores, inventarios, estándares, formación laboral, diseño de espacios, logística inversa y cultura de eficiencia. La inversión extranjera buena no solo trae dólares; trae conocimiento práctico. El Banco Mundial remarca justamente que la inversión extranjera directa permite absorber tecnología, gestión y participación en cadenas de suministro.

    Ahora bien, Panamá tiene una particularidad: el comercio al por menor está restringido constitucionalmente a nacionales panameños, salvo estructuras permitidas y excepciones. Esa reserva aparece recogida en guías legales y comerciales sobre el país. Por eso es probable que la operación requiera arquitectura local, franquicia, sociedad panameña o asociación compatible con la normativa. Lejos de ser un detalle menor, muestra una tensión clásica: Panamá es abierta, pero no plenamente liberal.

    Desde un liberalismo serio, la conclusión no debería ser “qué bueno que venga IKEA gracias al Estado”, sino algo más incómodo: qué bueno que venga IKEA a pesar de las barreras que todavía existen. La inversión entra donde puede calcular riesgos. Donde hay moneda estable, logística, seguridad jurídica razonable y consumidores con poder de compra. Pero cuanto más se limite la entrada de competidores, más se protege al incumbente local a costa del consumidor.

    La lección es simple: Panamá no necesita inventar campeones nacionales ni subsidiar muebles. Necesita reglas claras, impuestos razonables, apertura, puertos eficientes, libertad contractual y respeto a la propiedad. Cuando eso existe, las empresas llegan solas. Y cuando llegan, el beneficio no es para “la marca”: es para millones de consumidores que de pronto tienen más opciones.

    IKEA en Panamá es, en el fondo, una pequeña victoria de la civilización comercial: extranjeros invirtiendo, consumidores eligiendo, empresas compitiendo y capital buscando donde puede crear valor. Eso, aunque muchos no lo quieran admitir, se parece bastante más al desarrollo que cualquier plan quinquenal.

  • La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    Antes de entrar de lleno al tema implícito en el título, pensé que podría resultar interesante que el mismo es producto de mi larga trayectoria como funcionario público que en dos ocasiones estuve al frente de una institución del gobierno; o quizás de incontables artículos en dónde, a través del tiempo, he intentado descubrir la putrefacción de los gobiernos utilizando la legalidad, y la gobernanza en nuestro querido país… algo así como, “por que te quiero te aporreo”. La diferencia, de lo que hoy les derramo en estas letras, es el producto de un dame que te doy con Chat GPT. Muchos opinan que hay que ponerle bozal a la IA o AI, pero… de ser así, también lo debimos hacer con los autos, aviones y quizá hasta con el fuego, ya que todos estos son mortales. ¡Nop!, la mortalidad no está en el machete sino en el machetero.

    No más para ilustrar y dar derrotero a este tema, les cuento que se enfoca, como ya dije, en la putrefacción gubernamental que nos viene infectando a través de la historia; digamos… desde Pedrarias Dávila cuando no éramos sino la finca privada del rey de España. Pero, la pregunta que formulo es, ¿acaso hemos dejado de ser finca de… de…? ¡ajá!; allí es dónde la puerca tuerce el rabo. Antes era el rey de España… ¿hoy de quien o quienes? Para auscultar el asunto examinemos lo que supone ser el Estado y sus gobiernos y, más aún, la sociedad; ¡por supuesto!, en cortito, pues esto se podría volar en libro gordo.

    Aunque los gobiernos, a través de la historia, tuvieron sus orígenes en la conquista violenta y sanguinaria, en épocas más recientes han intentado evolucionar para convertirse en la viva voz de poblaciones que buscan la manera de vivir en pacífica y productiva sociedad y, ante todo, libertad; al menos en las verdaderas democracias, ya que en el comunismo ello no es posible, como tampoco lo es en las torcidas democracias.

    En Panamá, a través de su historia, los gobiernos más han procurado servirse que servir a quienes los eligieron o… tal vez no fueron electos sino selectos. Pero lo cierto es que la legalidad o la ley ha sido usada como escudo contra la verdad. En una sociedad saludable, la ley supone estar estructurada para favorecer una sana comunidad; sin embargo, esta no es la realidad en nuestro país, en dónde los gobiernos han sido usados como herramienta para esconder la corrupta realidad que imponen los grupos que logran apoderarse del timón de la nación; lo cual queda claro para quienes leen y logran entender nuestra Constitución.

    Entre las entidades gubernamentales no existe coordinación ni propósito unificado, más que aquel que sea la rapiña; en dónde las empresas del gobierno central o de sus satélites supuestamente autónomos son feudos, que igual que las mafias se reparten el botín. Así, nuestra Constitución no pasa de ser un contrato anti social y anti sociedad. Una clase política dedicada a proteger su impunidad a través de falsos mecenazgos.

    El caso de los retenes de tránsito delictivos que comúnmente realizan muchos agentes de la ATTT ilustra no sólo lo señalado sino el grado de corrupción, en donde agentes del orden cometen detenciones delictivas para pescar bajo el manto de la legalidad, la comisión de faltas de tránsito, tal como placas o licencias vencidas, que dan lugar a las coimas. Y esta misma realidad está presente a través de toda la actividad de falsa gobernanza. Y, ¡por supuesto!, que todo ello produce toda clase de comportamientos aberrantes por parte de tantos a quienes les resulta más fácil robar que trabajar y producir.

  • Travala y la nueva frontera del turismo con IA

    Travala y la nueva frontera del turismo con IA

    Por años, la tarea de la inteligencia artificial aplicada al consumo fue sencilla: asistentes capaces de organizar tareas rutinarias por nosotros. Pero hasta ahora existía una barrera importante. La IA podía recomendar hoteles, comparar precios o planificar itinerarios, pero la decisión final y el proceso de pago seguían dependiendo del usuario. Eso acaba de empezar a cambiar con Travala.

    La plataforma de viajes cripto Travala anunció el lanzamiento de un protocolo que permite a agentes de inteligencia artificial buscar, reservar y gestionar hoteles utilizando USDC sobre la red Base. La noticia, difundida inicialmente por Cointelegraph, representa uno de los primeros casos reales de «comercio autónomo» funcionando sobre infraestructura blockchain.

    Una breve historia de Travala

    Travala nació en 2017 con una idea sencilla: crear una agencia de viajes online adaptada al mundo de las criptomonedas.

    Mientras gigantes como Booking o Expedia dependían completamente de bancos, tarjetas y sistemas financieros tradicionales, Travala comenzó a aceptar pagos en Bitcoin y otras criptomonedas, incorporando posteriormente su propio token AVA y programas de fidelización basados en blockchain.

    Hoy la plataforma ofrece acceso a millones de productos turísticos, incluyendo hoteles, vuelos, alquiler de coches y actividades, aceptando una gran variedad de activos digitales.

    Lo interesante es que Travala no parece conformarse con ser una simple agencia de viajes que acepta criptomonedas. Su apuesta actual es mucho más ambiciosa: convertirse en la infraestructura turística para agentes de IA.

    ¿Qué acaba de lanzar?

    El nuevo sistema, denominado Travel MCP (Model Context Protocol), conecta agentes de inteligencia artificial con el inventario de Travala mediante estándares diseñados para pagos automatizados en internet.

    En la práctica, el usuario puede mantener una conversación con una IA y decir algo como:

    «Encuéntrame un hotel en Nueva York para tres noches, cerca de Central Park, por menos de 250 dólares.»

    La IA puede buscar opciones, comparar precios, seleccionar una reserva y preparar el pago sin que el usuario tenga que navegar por múltiples páginas web.

    El pago se realiza utilizando USDC sobre la red Base, una blockchain desarrollada por Coinbase que ofrece costos extremadamente bajos y liquidación prácticamente instantánea.

    ¿La IA puede gastar tu dinero sola?

    Todavía no.

    Y probablemente eso sea una buena noticia.

    Uno de los aspectos más interesantes del sistema es que mantiene la aprobación final en manos del usuario. El agente puede realizar búsquedas, preparar la operación e incluso generar la solicitud de pago, pero la firma definitiva permanece protegida dentro de la billetera del propietario.

    Para lograrlo utilizan un mecanismo denominado ERC-7715, que permite delegar ciertas tareas al agente sin entregarle el control total de los fondos.

    Desde el punto de vista de la seguridad, esto es crucial. Investigaciones académicas recientes vienen advirtiendo que otorgar acceso directo a criptomonedas y contratos inteligentes a sistemas autónomos podría abrir nuevas formas de fraude, errores operativos o comportamientos inesperados.

    Lo importante no son los hoteles

    La verdadera noticia probablemente no sea el turismo.

    Lo importante es que estamos viendo una de las primeras implementaciones comerciales de un concepto que muchos consideran el próximo paso de internet: agentes de IA capaces de interactuar económicamente entre sí.

    Hasta ahora los asistentes de inteligencia artificial eran excelentes generando información. Ahora empiezan a ejecutar transacciones.

    La combinación de IA, stablecoins y redes blockchain de bajo costo permite construir sistemas donde los agentes no solo recomiendan acciones, sino que las llevan a cabo.

    Si este modelo funciona en reservas hoteleras, resulta fácil imaginar extensiones futuras hacia vuelos, alquileres de vehículos, logística, compras online e incluso servicios empresariales.

    Una mirada de mercado

    Desde una perspectiva liberal clásica, el desarrollo resulta particularmente interesante porque no surge de regulaciones estatales ni de planes gubernamentales de digitalización.

    Surge de la competencia empresarial.

    Una empresa privada identifica fricciones en el mercado —formularios, intermediarios, procesos manuales, costos de pago— y desarrolla un mecanismo para reducirlas. Si el sistema funciona, será adoptado voluntariamente. Si no funciona, desaparecerá sin necesidad de que nadie lo prohíba.

    Ese es precisamente el proceso de descubrimiento que describía Hayek: miles de actores experimentando soluciones distintas hasta encontrar aquellas que realmente generan valor.

    Travala puede o no convertirse en el estándar futuro del turismo digital. Pero lo que acaba de demostrar es algo más importante: la economía de agentes autónomos ya no es una teoría futurista. Está empezando a operar en el mundo real. Y, como suele ocurrir con las innovaciones más disruptivas, comenzó resolviendo un problema aparentemente simple: reservar una habitación de hotel.