Sin Emoción no hay Educación

educación emoción

¿Crees que en las escuelas MEDUCA (Ministerio de Educación) se aprende con emoción?

En el artículo anterior sostuve que la educación corresponde primero a la familia y que el Estado, al asumir por intermedio de sus gobiernos la administración directa de las escuelas, viola el principio de subsidiariedad. Hoy quiero ir un paso más allá: al corazón mismo del acto de aprender.

Curiosamente, la Madre Naturaleza ha sabido algo que se le olvidó a los humanos y es que las crías, incluyendo las humanas, aprenden jugando; y la pregunta es ¿por qué? Pues, porque divierte; es emocional en sentido sano; pues en el malsano también. Aún recuerdo el reglazo que me dio una profesora en el Javier. Y, curiosamente, desde primaria a secundaria saqué las peores notas, ya que no me agradaba estudiar.

No fue hasta que mis padres me mandaron a una internado en los EE.UU. que se me prendió la mecha emotiva. Llegué unas semanas antes del inicio de clases y mis padres le dijeron al dueño de la inmensa escuela de madera, que nos pusieran a mi hermano y a mí a trabajar limpiando toda la escuela. Luego fui lavaplatos, mesero hasta llegar a ser el mesero jefe y el chef hasta me dejaba cocinar. Años más tarde tome curso de cocina.

Graduado de secundaria estudié dos años para ser médico y nada. Pero, lo que me prendió la mecha de la emoción fue surcar los aires. En eso, logré una beca y me fui a estudiar aviación en la Fuerza Aérea del Brasil; pero mis años de mal aprendizaje también trabajaron en mi contra. Regresé a Panamá y mi padre me mandó a estudiar aviación a los EE.UU.; y es allí cuando comenzó el romance emotivo que me disparó por senderos mágicos que se me fueron abriendo en las lejanas tierras de aires encantados, como lo diría el poete tocayo John Keats.

El resto de mi historia es de estudios impulsados por la emoción. Aviación, investigación de accidentes aéreos, música, poesía, pintura, pesca, buceo, cacería, escribir y hasta llorar. Y en ello me pregunto… ¿dónde y cómo se perdió la verdadera escuela, no sólo en Panamá sino por todos lados?; y he allí la razón que hoy les escribo.

Los grandes sistemas centralizados han olvidado casi por completo la naturaleza del aprender. Se dedicaron a instalar estructuras burocráticas, reglamentos rígidos, escalafones automáticos y un interés que va más por la ruta de pérfidos caminos de horrible politiquería. El resultado ha sido un ambiente frío, desmotivador y, en demasiados casos, indulgente con la mediocridad o peor.

Y, en todo ello aparecen los sindicatos magisteriales, entre otros; que responden ante intereses que poco o nada tienen que ver con educar sino con el clientelismo político. Las consecuencias son visibles y dolorosas. Se bajan los estándares para que nadie quede mal. Se debilita la disciplina porque sancionar o exigir se vuelve costoso políticamente. Se inflan las calificaciones. Se protege al docente incompetente o desmotivado con más firmeza que al estudiante que necesita ser desafiado.

Los alumnos más capaces se aburren y se desconectan; los que tienen mayores dificultades no reciben la exigencia paciente y personalizada que realmente los sacaría adelante. Los padres, que deberían ser los principales interlocutores, son relegados a un papel secundario o meramente formal y quedan delegando a centralismo corrupto aquello que es indelegable.

Más aún, hoy día que nos encontramos en la antesala del mañana ya tenemos a mano las herramientas para convertir a todos los estudiantes en genios; pero, triste y horriblemente, los mantenemos presos en las mazmorras del NODUCA. Como bien decía la letra del grupo Pink Floyd en su canción “Another Brick in the Wall” –otro ladrillo en la pared.

En el próximo y último artículo de esta serie examinaré las cifras que confirman este diagnóstico —el escaso porcentaje de estudiantes destacados en matemáticas en Estados Unidos frente a los de China o India— y las lecciones concretas que nos ofrece el trabajo de James Tooley en The Beautiful Tree. Porque los números, cuando se miran con honestidad, también tienen algo que decir sobre la emoción y la libertad.

Nota: Ensayo 2/3

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