Categoría: Disrupción

  • Probarse ropa con una foto: Google revoluciona la moda online

    Comprar ropa online es una de las actividades más populares del comercio electrónico actual, pero también una de las más frustrantes. ¿La talla será la correcta? ¿Cómo me quedará realmente esta prenda? ¿Qué pasa si me queda mal y tengo que devolverla? Estas preguntas han perseguido a los consumidores desde que las tiendas virtuales comenzaron a ofrecer ropa. Sin embargo, Google está dando un paso gigante para terminar con estas dudas, con una propuesta que podría transformar para siempre nuestra experiencia de compra: la posibilidad de “probarse” ropa virtualmente a partir de una sola foto.

    En su blog oficial, Google ha anunciado una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que permitirá a los usuarios «probarse ropa» y visualizar cómo se vería una prenda sobre su propio cuerpo, simplemente subiendo una imagen. Este avance no es sólo cosmético: es una solución técnica a un problema estructural del e-commerce de moda, y responde a una demanda creciente por parte de los consumidores.

    ¿Cómo funciona esta tecnología?

    A través del motor de búsqueda de Google, al buscar una prenda específica —por ahora disponible sólo con camisetas de marcas estadounidenses como H&M, Everlane, Anthropologie y Loft— los usuarios podrán acceder a una herramienta de prueba virtual. Usando inteligencia artificial generativa, el sistema superpone digitalmente la prenda seleccionada sobre una imagen del usuario, ajustándola a su fisonomía, tonalidad de piel, cuerpo y proporciones.

    Para esto, Google ha entrenado sus modelos con imágenes de personas reales, no con modelos estilizados ni cuerpos idealizados. Esta inclusión de cuerpos diversos —en términos de complexión, altura, edad y tono de piel— marca un avance también desde el punto de vista de la representación: no sólo se mejora la experiencia técnica, sino también la emocional y psicológica de quien compra.

    ¿Qué cambia realmente con esta innovación?

    Uno de los principales motivos de devolución de ropa en las tiendas online es que el producto no cumple con las expectativas de ajuste o apariencia. Al ofrecer una visualización personalizada y realista al «probarse la ropa», Google no sólo mejora la experiencia del usuario, sino que también reduce costos logísticos para los vendedores (menos devoluciones, menos transporte innecesario) y hace más sostenible la industria.

    Esta herramienta representa un claro ejemplo de cómo la IA generativa no sólo tiene aplicaciones en texto, imagen o audio, sino también en soluciones prácticas y cotidianas. Al democratizar el “probador virtual”, Google acerca una experiencia que hasta ahora era limitada a aplicaciones específicas o costosos entornos de realidad aumentada.

    ¿Cuáles son los desafíos?

    Claro que este tipo de avances también abre nuevas preguntas. ¿Qué pasa con la privacidad de las fotos que los usuarios suben? ¿Cómo se almacenan esas imágenes? ¿Qué garantías existen de que los datos corporales no serán utilizados con otros fines? Como en todo desarrollo tecnológico impulsado por IA, el dilema ético y de uso responsable sigue vigente. Google asegura que las imágenes se utilizan sólo para generar la vista previa y no se almacenan, pero habrá que seguir monitoreando cómo evoluciona esa política con el tiempo.

    Reflexión final

    En un momento en el que las fronteras entre lo físico y lo digital se vuelven cada vez más difusas, propuestas como esta redefinen no solo cómo compramos, sino cómo nos relacionamos con nuestra propia imagen. Probarte ropa con una sola foto podría sonar a magia, pero en realidad es el resultado de una conjunción de datos, visión computarizada e inteligencia artificial aplicada al servicio del usuario.

    La compra online de moda está entrando en una nueva era, y Google quiere estar al frente. ¿Será este el inicio del fin del probador tradicional? Lo que es seguro es que, de aquí en adelante, mirar una prenda en la pantalla y saber cómo nos quedará está mucho más cerca de ser una realidad cotidiana.

  • Bitcoin y la escasez programada: ¿el próximo gran shock de demanda?

    En un contexto de creciente inestabilidad financiera global y evolución tecnológica acelerada, el mercado de Bitcoin vuelve a cobrar protagonismo. El último informe del banco suizo Sygnum, publicado en junio de 2025, alerta sobre una combinación explosiva: una oferta en contracción y un entorno favorable a un shock de demanda. Las implicaciones podrían ser determinantes para el precio de BTC en los próximos meses.

    Una de las observaciones más relevantes del informe es la caída drástica del suministro líquido de Bitcoin: se ha reducido en un 30 % en los últimos 18 meses. Esta contracción no es accidental. Se explica, en parte, por un fenómeno creciente en los mercados financieros: el ingreso sostenido de actores institucionales, ya sea a través de fondos cotizados (ETFs), tesorerías corporativas o vehículos de inversión alternativos. Estos actores compran y luego retiran sus bitcoins de los exchanges, transfiriéndolos a carteras frías o custodia privada, sacando del circuito monedas que antes eran fácilmente comerciables.

    Desde finales de 2023, aproximadamente 1 millón de BTC ha desaparecido del flujo habitual de oferta en exchanges. Esta cifra, en un mercado donde la oferta total está limitada por diseño a 21 millones de monedas, tiene un peso enorme. El ecosistema de Bitcoin se caracteriza por su naturaleza deflacionaria y su resistencia a la intervención externa: no hay bancos centrales que puedan “emitir” más monedas, lo que convierte a cada unidad en un recurso escaso y cada vez más preciado.

    Pero esta dinámica interna se amplifica por factores externos. La situación macroeconómica actual es inestable: altos niveles de deuda en Estados Unidos, erosión de la confianza en las monedas fiat tradicionales y un entorno geopolítico convulso. Algunos gobiernos y jurisdicciones empiezan a considerar seriamente el uso de Bitcoin como parte de sus reservas. El caso de varios estados en EE. UU. que ya han aprobado legislación para permitir la tenencia de BTC como activo de reserva es significativo. Incluso países con sistemas financieros frágiles, como Pakistán, evalúan propuestas para integrar criptomonedas en sus economías.

    Sygnum también subraya otro punto relevante: la maduración del mercado. En los últimos tres años, la volatilidad alcista ha superado consistentemente a la bajista, sugiriendo que el mercado de Bitcoin ya no es solo un casino especulativo, sino un activo cada vez más asimilado por instituciones serias, con perspectivas de largo plazo.

    El panorama que se dibuja es, al mismo tiempo, fascinante y desafiante. La lógica económica es clara: una oferta menguante combinada con una demanda en aumento solo puede conducir a una mayor apreciación del precio, salvo disrupciones imprevistas. Bitcoin está en la antesala de un nuevo ciclo alcista, no necesariamente por entusiasmo especulativo, sino por fundamentos tangibles: su escasez programada y su creciente adopción.

    Esto nos conduce a una pregunta clave para inversores y analistas: ¿estamos preparados para una posible sacudida en el mercado, un shock de demanda derivada no de pánico, sino de confianza? Si los flujos de capital institucional se intensifican y la adopción soberana se vuelve más común, Bitcoin podría dejar de ser solo “oro digital” para consolidarse como la piedra angular de una arquitectura financiera alternativa.

    En ese contexto, los que ya están dentro del ecosistema cripto no solo observan, sino que se preparan. Como toda revolución silenciosa, el avance no se da con estruendo, sino con retiros silenciosos de oferta, cambios legislativos dispersos y la creciente intuición de que el sistema tradicional podría estar acercándose a su límite funcional.

    El Bitcoin del futuro quizás no será el activo más volátil del mercado, sino uno de los más codiciados por su simple y brutal verdad económica: cada vez hay menos.

  • Guy Sorman abre el debate: una respuesta liberal a la IA

    En su reciente artículo publicado en ABC,  el pensador liberal francés Guy Sorman propone una reflexión provocadora y mesurada sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA), anclada firmemente en los principios del liberalismo clásico. Frente al alarmismo apocalíptico y al entusiasmo sin matices, Sorman traza una tercera vía: aceptar el avance tecnológico, pero con conciencia de sus impactos y con propuestas desde la libertad.

    La nota arranca con una anécdota reveladora: un libro supuestamente escrito por un autor chino fue en realidad producido por una IA. Este experimento ficticio sirve para introducir una primera idea central: la IA, en su forma actual, no “crea”, sino que ensambla lo ya existente. Así, para Sorman, la IA no es aún una amenaza a la creatividad humana, pero sí plantea interrogantes sobre la autenticidad, el estilo y el juicio, elementos que todavía escapan a los algoritmos.

    A partir de allí, Sorman avanza con una comparación histórica poderosa. La IA sería, según él, comparable en impacto potencial a la Revolución Industrial. Y recuerda cómo ese cambio, en el siglo XIX, dio origen tanto a la revuelta ludita como al nacimiento del socialismo, entendidos ambos como reacciones ante el temor (justificado o no) de ser desplazados por las máquinas.

    Pero lo que distingue a Sorman de los pesimistas tecnológicos o de los planificadores sociales contemporáneos es su apuesta por una respuesta desde el liberalismo. En lugar de combatir el progreso, propone acompañarlo con herramientas propias del pensamiento liberal: en particular, la renta mínima universal. Esta idea, originalmente esbozada por Milton Friedman como “negative income tax”, consiste en garantizar a cada ciudadano una suma básica para vivir, sin condicionar su uso ni imponer burocracias.

    Sorman subraya que esta propuesta no implica un Estado paternalista, sino una política de redistribución equitativa, no intrusiva y acorde a los valores de una sociedad libre. Frente a la alternativa del “socialismo general” o la “violencia reaccionaria”, la renta mínima aparece como la única utopía liberal que permitiría encarar el cambio tecnológico sin dejar víctimas en el camino.

    Es relevante que Sorman no niega los riesgos: enumera profesiones enteras amenazadas (secretariado, traducción, redacción, análisis médico), pero se cuida de caer en el catastrofismo. Su optimismo está condicionado a que la transición sea bien gestionada, y a que las sociedades liberen sus energías creativas en vez de encerrarse en la defensa de lo conocido. Se pregunta: «¿Deberíamos, como los luditas, aplastar estas máquinas antes de que nos deshumanicen? Imposible, porque la inteligencia artificial no es una máquina, sino un algoritmo que no puede destruirse a martillazos.».

    El artículo deja abierta una invitación al debate: ¿es compatible el liberalismo con un ingreso garantizado? ¿Puede una política así ser financiada sin derivar en un Estado hipertrofiado? ¿Cómo se define una renta “mínima” en términos dignos? ¿Cuál es el límite entre una ayuda y una renta de ocio permanente?

    Guy Sorman no impone respuestas. Su virtud está en plantear el dilema con honestidad intelectual y coherencia doctrinaria, sin esconder los costos de la transición ni idealizar la tecnología. A fin de cuentas, como él mismo insinúa en una de sus reflexiones más agudas: si la IA no puede generar ironía, tal vez allí esté todavía nuestra frontera humana.

  • El mito del gobierno protector

    ¿Gobierno protector o estado controlador? A veces la promesa de protección solo encubre un exceso de poder.

    La niñera haitiana de B.K. Marcus le dijo, “entre al auto,” un viejo sedán que paró cuando la niñera hizo señas. Marcus quedó alarmado porque el auto carecía de identificación, y le dijo a la niñera, “pensé que íbamos a tomar un taxi.” “Este es un taxi,” respondió la niñera empujando a Marcus adentro. “Pero no parece taxi,” susurró Marcus. “Sr. Marcus, los taxi oficiales no entran a estos barrios; este es un taxi gitano”. Luego, al leer los medio y escuchar la radio me percaté que nuestra niñera me había empujado en una versión del mercado negro; esa que en Panamá llamamos “pirata”. ¡Qué lindo!, ¿no? Si no pagas coima, eres pirata. Lo cierto es que esa fue la primera experiencia de Marcus con este modo de transporte en un gueto de Nueva York en 1970, cuando sólo era niño.

    Hoy día el Marcus adulto se pregunta: “¿Cómo es que ahora uso Uber y otros gitanos sin pensarlo dos veces?” ¿Cómo es que prefiero un transporte gitano sin cupo a los taxis municipales? Es asunto de experiencia, cuenta Marcus. La tecnología ahora permite efectuar arreglos de tú a tú entre ciudadanos a través de enlaces que garantizan una seguridad y confianza que jamás podrán proveer esos cupos logrados por medio de coimas. El conductor de Uber tiene mucho más incentivo para satisfacer a su cliente los demás; entre otras porque su calificación y gratificación depende de ello. No se trata de un cartel de políticos y sus compinches sino de arreglos voluntarios entre ciudadanos.

    Quien tiene un cupo no se preocupa por la calidad de su servicio porque cuenta con un monopolio; al menos hasta la aparición de lo que llaman “competencia desleal”, pero sin señalar a quienes deben esa lealtad. ¿Será al cliente o a quienes les patrocinan la coima? El conductor de Uber no conduce como desquiciado porque de inmediato ello se reflejará en su calificación y no le llamarán.

    Pero esto no es sólo asunto de los taxis sino de todos esos servicios de licenciamiento mediante los cuales el llamado Estado dice protegernos. ¿En realidad creemos en esa protección? Antes de comprar la carne en palito, ¿le pides al vendedor que te muestre el certificado de salud? ¿Cuántas veces le ha pedido a un médico que le muestre su “licencia” o doctorado? ¿Usted escoge al médico por su licencia o por su reputación? ¿Porque tiene un papel o porque ha demostrado que sabe curar?

    Los gobiernos no sólo se desbocan en tamaño sino en funciones, alegando que es para protegernos. Tú que me lees ¿de verdad crees que los cupos de taxi son herramienta de seguridad? ¿El MEDUCA educa? ¿En quien confías la seguridad de lo que comes en un restaurante, en el MINSA o en el dueño del restaurante? O como me dijo el dueño de una gran aerolínea: “A quien más le interesa la seguridad de mis aviones es a mí”. En fin, los pilotos no sólo cuidan a los pasajeros sino a su propio rabo.

    La moraleja es que está bueno el culantro, pero no tanto. Los gobiernos estatales tienen su función, pero hay que ver hasta dónde. El tema de fondo es el de la subsidiaridad, esa que nos advierte que se peca tanto por defecto que por excesos. Debemos estar atentos a cuando las funciones de los gobiernos del estado se desbocan, pues más allá de cierto punto el intervencionismo se convierte en el problema y no la solución.

    Los gobiernos no están para fregarle la vida al buen emprendedor sino para poner en jaque al juega vivo.

  • Traducción en tiempo real impulsada por la IA de Google.

    El 21 de mayo de 2025, en el marco del evento Google I/O, la compañía tecnológica anunció una funcionalidad que promete cambiar la manera en que las empresas se comunican globalmente: la traducción simultánea en tiempo real en Google Meet, potenciando sus capacidades con Gemini, su inteligencia artificial más avanzada.

    La idea de reuniones sin barreras lingüísticas, hasta ahora reservada a eventos internacionales con intérpretes costosos, está cada vez más cerca de convertirse en una práctica cotidiana. ¿Qué significa esto para las empresas? Una reducción de costos, una mayor inclusión en equipos multiculturales y una comunicación más eficiente en entornos globalizados.

    ¿Cómo funciona la traducción en tiempo real de Google Meet?

    La herramienta permite que las palabras habladas por los participantes sean traducidas al idioma del oyente en tiempo real, con una recreación por IA que mantiene la voz, el tono y la entonación del hablante original. Es decir, no solo se traduce lo que se dice, sino también cómo se dice.

    Aunque la función todavía está en fase beta y disponible solo para suscriptores de planes premium como AI Pro y AI Ultra, las pruebas iniciales han demostrado una experiencia sorprendentemente fluida. A pesar de ciertos errores ocasionales de interpretación –algo esperable en cualquier sistema de IA en tiempo real–, los beneficios son contundentes.

    Por el momento, está disponible en inglés y español, con italiano, portugués y alemán en camino.

    Beneficios tangibles para el entorno empresarial

    La utilidad de esta herramienta no es una abstracción técnica: tiene implicancias directas para el día a día de las organizaciones. Veamos algunos de los impactos más claros:

    🌍 Expansión internacional sin fricciones

    Las empresas que operan en varios países ya no necesitarán intérpretes humanos ni dependerán del dominio de un idioma común. Equipos en Latinoamérica, Europa y Asia podrán colaborar con mayor fluidez.

    💸 Ahorro de costos en traducción e interpretación

    En conferencias, seminarios o juntas de alto nivel, contratar servicios de traducción simultánea puede representar una inversión considerable. Esta funcionalidad automatizada ofrece una alternativa escalable y accesible.

    👥 Inclusión y diversidad en el entorno laboral

    Equipos con talento internacional podrán integrarse sin temor a barreras idiomáticas. La IA hace de puente, promoviendo culturas corporativas más abiertas y colaborativas.

    🎓 Formación y capacitación multilingüe

    Empresas que ofrecen formación interna o capacitación a clientes en distintos países podrán hacerlo sin duplicar esfuerzos. Una única sesión servirá a audiencias diversas.

    ¿Qué desafíos quedan por delante?

    Como toda tecnología emergente, esta herramienta aún tiene áreas por mejorar. Por ejemplo, los retrasos leves al inicio de las frases o traducciones que no siempre capturan el contexto técnico con precisión. Sin embargo, Google ha mostrado un compromiso constante con la iteración y la mejora, y se espera que estas limitaciones disminuyan rápidamente.

    Además, el costo de los planes premium podría ser una barrera para pequeñas empresas. No obstante, en sectores donde las reuniones internacionales son frecuentes, el retorno sobre la inversión puede justificarse fácilmente.

    Una herramienta que redefine la colaboración global

    La traducción en tiempo real en Google Meet es más que una novedad técnica: es una herramienta que puede transformar profundamente la forma en que los negocios interactúan a escala global.

    Para profesionales, líderes de empresas y responsables de IT, esto representa una oportunidad estratégica. Las empresas que adopten tempranamente este tipo de tecnologías no solo optimizarán su operación, sino que también reforzarán su cultura de innovación, diversidad y apertura.

    El idioma, durante mucho tiempo una barrera natural para la expansión, empieza a desdibujarse. Y Google, con Gemini, está empujando los límites de lo que significa estar verdaderamente conectados.

  • Worldcoin y el escaneo de iris: ¿progreso o distopía digital?

    El proyecto Worldcoin, ideado por Sam Altman —sí, el mismo que está al frente de OpenAI—, vuelve a poner sobre la mesa un debate que en el mundo cripto nunca deja de ser urgente: la privacidad de los datos. La idea, al menos en su versión oficial, suena tentadora. Crear una identidad digital global, respaldada por una criptomoneda, que pueda verificar si una persona es humana sin necesidad de revelar su información personal. Pero la realidad es mucho más compleja, y más inquietante.

    Worldcoin basa su promesa en un dispositivo que escanea el iris de las personas —el famoso “Orb”— para generar una identificación única. Una especie de pasaporte digital que permitiría moverse en el futuro mundo de las inteligencias artificiales sin perder la condición humana. La justificación es clara: cuando los bots lo dominen todo, necesitaremos probar que no lo somos. Pero la solución plantea más preguntas que respuestas.

    Lo primero que salta a la vista —o mejor dicho, al iris— es el uso de datos biométricos. En la comunidad cripto, acostumbrada a pelear por cada bit de soberanía digital, entregar un escaneo ocular a una organización privada, sin un marco legal sólido que regule su almacenamiento, uso o eliminación, suena a herejía. El problema se vuelve aún más preocupante cuando se expande en países como Estados Unidos, donde no existe una legislación federal que proteja expresamente los datos biométricos. Cada estado decide por su cuenta. Un cóctel perfecto para abusos.

    Mientras tanto, Worldcoin sigue ampliando sus “centros de verificación” en ciudades como Los Ángeles, Miami o San Francisco. Prometen recompensas en tokens a quienes entreguen su iris, pero no queda claro bajo qué condiciones. ¿Qué ocurre si más adelante esa información se filtra, se vende, o simplemente se usa para otro fin? Recordemos que los datos biométricos, a diferencia de una contraseña, no se pueden cambiar. Si alguien accede a tu clave privada, la revocas. Pero si alguien accede a tu escaneo de iris, ¿qué haces?

    Muchos usuarios, especialmente en países con economías inestables, se sienten atraídos por la promesa de recibir criptomonedas a cambio de su participación. Pero el desequilibrio de poder es evidente: entregar datos íntimos a cambio de una recompensa es un modelo que recuerda más a prácticas coloniales digitales que a una verdadera descentralización. ¿Dónde queda la autonomía? ¿Dónde queda el consentimiento libre e informado?

    Amnistía Internacional y otras organizaciones ya han expresado su alarma. Y no es para menos. En lugares como Kenia o Argentina, donde Worldcoin ha operado, las autoridades han comenzado a investigar sus prácticas. Algunos países, como España y Hong Kong, han optado directamente por bloquear el proyecto por no cumplir con sus leyes de protección de datos.

    Los defensores de Worldcoin dirán que el sistema es seguro, que no almacena imágenes del iris y que todo se convierte en datos cifrados irreversibles. Pero los tecnólogos y defensores de la privacidad saben que esas promesas, sin auditorías abiertas y sin código libre, son solo eso: promesas.

    En el ecosistema cripto, donde el mantra es “not your keys, not your coins”, esta iniciativa despierta serias contradicciones. ¿Queremos una identidad descentralizada? Sí. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestros datos biométricos a una corporación global para obtenerla? Difícil de aceptar. La privacidad no es solo un lujo; es un derecho y, en el mundo de las criptomonedas, una línea roja que no se debería cruzar.

  • Guy Sorman y la inteligencia artificial: entre la libertad y la manipulación

    En su artículo titulado “Una respuesta liberal a la IA”, publicado en el periódico ABC el 12 de mayo de 2025, el economista y ensayista Guy Sorman ofrece una mirada crítica y ponderada sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad contemporánea. Desde una perspectiva liberal clásica, Sorman analiza tanto los riesgos como las promesas de esta tecnología, al tiempo que llama a evitar tanto el rechazo alarmista como la aceptación ingenua.

    Uno de los ejemplos más llamativos que presenta Sorman es el del libro Hipnocracia, presuntamente escrito por un autor chino ficticio, Jianwei Xun. El texto, completamente generado por IA, logró burlar la vigilancia editorial y fue recibido por el público y la crítica como una obra auténtica. El caso no es anecdótico: es una muestra del poder que las inteligencias artificiales ya poseen para influir en la opinión pública, confundiendo la percepción entre lo real y lo artificial. Para Sorman, esto plantea un desafío fundamental para la democracia, basada precisamente en el acceso libre y confiable a la información.

    El autor sitúa la revolución de la IA en una línea histórica comparable a la Revolución Industrial. Así como la mecanización cambió la economía del siglo XIX, la automatización del pensamiento —o su simulación— está llamada a transformar la economía del siglo XXI. Las tensiones generadas por este cambio no son nuevas: como recuerda Sorman, los luditas destruyeron telares por miedo a perder su trabajo. Hoy, el temor se dirige al reemplazo de tareas cognitivas por algoritmos.

    Pero la analogía no termina allí. Así como la Revolución Industrial, pese a sus costos iniciales, derivó en mayores niveles de bienestar, la IA podría —si se orienta correctamente— liberar a las personas de tareas repetitivas y permitirles enfocarse en trabajos más creativos y significativos. Sorman señala ejemplos en el ámbito de la medicina, el derecho y la educación, donde la IA puede asistir, pero no suplantar, a los profesionales humanos. El problema aparece cuando la herramienta se convierte en un atajo para evitar el pensamiento, como ocurre con estudiantes que presentan trabajos elaborados por sistemas automáticos.

    El propio Sorman experimentó con una IA que generó una columna imitando sus ideas y estilo. Aunque el resultado fue técnicamente correcto, notó de inmediato la ausencia de ironía, matices y estilo personal. Esta vivencia refuerza su tesis de que la IA puede simular contenidos, pero no reemplazar el pensamiento crítico ni la subjetividad humana. Es en esos márgenes —la ambigüedad, la ironía, la creatividad— donde reside, para él, lo más valioso del pensamiento humano.

    Lejos de rechazar la inteligencia artificial, Sorman propone asumirla como parte de nuestra evolución tecnológica. Pero advierte: su adopción no puede desligarse de una ética que preserve la autonomía del individuo. La libertad, en la tradición liberal que él reivindica, no consiste solo en no ser coaccionado, sino también en actuar con discernimiento. Por eso, frente al entusiasmo ciego o el temor paralizante, sugiere una tercera vía: la de la vigilancia activa, la regulación prudente y el compromiso intelectual.

    A medida que la inteligencia artificial se integra más profundamente en nuestras vidas, la actitud que adoptemos frente a ella dirá más sobre nosotros que sobre la tecnología misma.

  • Skype: adiós a la primer gran disrupción digital nacida en libertad

    Este 5 de mayo se cierra un capítulo en la historia de la tecnología: Microsoft desconectará oficialmente el servicio clásico de Skype. Para muchos, será apenas el fin de una aplicación. Pero para quienes miramos el mundo desde la libertad y la innovación, Skype fue mucho más: fue una rebelión contra el statu quo de las telecomunicaciones globales. Y su origen en Estonia no es casualidad.

    Skype nació en 2003, desarrollado por tres programadores estonios —Ahti Heinla, Priit Kasesalu y Jaan Tallinn— en colaboración con los empresarios Niklas Zennström (Suecia) y Janus Friis (Dinamarca). Pero su historia no puede separarse del contexto único que hizo posible su creación: la radical apertura económica de Estonia tras liberarse del yugo soviético.

    Apenas recuperada su independencia en 1991, Estonia estaba devastada económicamente. Entonces, un joven de 32 años, Mart Laar, llegó al poder con un único libro de cabecera: Free to Choose, de Milton Friedman. Aplicó reformas impensables: impuesto plano o Flat tax, privatización inmediata, la reducción drástica del aparato estatal y libertad comercial plena, inspirándose abiertamente en las ideas de Milton Friedman y F.A. Hayek. En menos de una década, Estonia pasó de la ruina a convertirse en la primera sociedad digital del mundo.

    La apuesta era audaz y contracultural en un ex país soviético. Pero funcionó. Estonia se convirtió en el país más digitalizado del mundo exsoviético, con infraestructura tecnológica avanzada, acceso universal a Internet y un ecosistema fértil para la innovación. Skype fue la primera gran flor de ese jardín liberal.

    Skype, fue la muestra concreta del potencial de la libertad. En un mundo dominado por los monopolios telefónicos y tarifas internacionales prohibitivas, Skype ofreció algo revolucionario: llamadas gratuitas a cualquier parte del mundo, sin intermediarios, sin fronteras, sin permisos.

    Más que una aplicación, fue un acto de desobediencia creativa. La industria de las telecomunicaciones tembló. Los gobiernos empezaron a preguntar cómo regular lo que no podían controlar. Y millones de personas comenzaron a hablar con familiares, clientes y colegas a través de una plataforma que, con una conexión modesta, hacía posible lo que antes costaba una fortuna.

    Skype no solo anticipó el fenómeno de las llamadas VoIP, sino que sentó las bases de muchas de las plataformas actuales de comunicación, desde Zoom hasta WhatsApp. Fue pionero en cifrado, en interoperabilidad, y en demostrar que el software podía democratizar algo tan esencial como la conversación humana.

    Fue vendido a eBay en 2005 por $2.6 mil millones, y luego a Microsoft en 2011 por $8.5 mil millones. A partir de entonces, comenzó un proceso de transformación y pérdida de relevancia, eclipsado por nuevos actores. Pero su impacto ya estaba hecho.

    Lo esencial es no olvidar lo que hizo posible a Skype: un entorno de libertad, desregulación y confianza en el individuo. No nació en una incubadora estatal ni fue producto de un plan quinquenal. Fue una creación espontánea nacida en un país libre. Estonia fue libre, por decisión política valiente. Skype fue posible, por esa libertad. Que no lo olvidemos: cuando se permite a las personas crear sin trabas, el mundo cambia.

    Skype fue la primera gran disrupción digital de este siglo. Fue el hijo directo de una Estonia libre. Su legado seguirá vivo mientras las personas éticas continúen difundiendo las ideas de la libertad.

  • Inteligencia Artificial

    La palabra “inteligencia” tiene que ver con la facultad del entendimiento, el saber y la comprensión, razón por la cual el nombrecito de “inteligencia artificial” o AI es irreal o sacado de los pelos; y, bien vale la pena ahondar en el asunto ya que casi todos, sino todos, los problemas de la humanidad surgen a partir del mal uso de las palabras. El asunto lo pintaron desde la Biblia en la parábola de la Babel, como también en el decir “Dios es Palabra”. Pero el tema se torna mucho más embrollado debido a que la llamada AI es uno de los factores más impactantes de la singularidad que deviene la humanidad hoy día. Que, si la manzana la podemos usar para bien o mal, ni se diga la AI, la cual nos puede llevar al Paraíso o al mismo Infierno. En fin, el vocablo “artificial” también es primo del vocablo “artificio”, vocablo que indica falta naturalidad.

    El asunto gira es que la AI no puede hacer conexiones mentales creativas y si usamos esa herramienta como y para lo que no es, los resultados pueden ser terribles. En resumen, los humanos no nos salvamos de ser los gestores de nuestro destino; sea brillante o lúgubre. Jamás olvido el dicho que lo dice todo respecto a las computadoras: “si les metes basura, te responden con basura”. Pero el peligro va mucho más allá porque en el juego de póker que es la vida, el pote o “pot” hoy día es más grande que jamás en la historia humana.

    La AI funciona con analogías o semejanzas y los científicos han visto que la AI no se gana al ser humano resolviendo problemas de matrices, que son formaciones numéricas u de otros objetos matemáticos, conocidos como entradas de la matriz, que requieren un sentido que no tiene la AI. El problema comienza cuando pretendemos usar la AI para lo que no es y, de salida, cuando le ponemos un nombre que tampoco es. Tal es el caso del llamado “metrobus” de Panamá, que no es tal cosa; de manera que si lo tratas de usar para resolver los problemas de tránsito y transporte, te ira muy mal… ¿o es que no lo hemos notado?

    Otro aspecto que debemos considerar cuando intentamos, erróneamente, comparar al ser humano con la AI, es que nuestras prácticas educativas en siglos recientes, ha sido terribles y la humanidad, en muchos sentidos, ha perdido capacidad intelectual. Hoy día ya contamos con el entendimiento y capacidad de tornar a todo niño en genio; pero, insistimos en delegar y centralizar la educación; más que nada, con fines de adoctrinamiento y fines politiqueros.

    Y para mayor ilustración del tema, tomemos el caso de el “aprendizaje de disparo cero o ‘Zero-shot learning’, que es una técnica de aprendizaje automático que permite a un modelo reconocer y clasificar objetos o conceptos sin haberlos visto previamente durante el entrenamiento, utilizando información semántica y transferencias de conocimiento. ¿Me explico o me entiende el lector? ¿No? No se preocupen, que a mí tampoco me queda muy claro el asunto.

    Y, para resumir y enredarles más, termino comentando algo sobre el razonamiento analógico. Una cosa es intentar comprensión a base de razonamiento abstracto en contraposición del atajo de resolver incógnitas basándose en conocimientos que no fueron dados durante las clases o los estudios; conocimientos que ya tenías en tu alacena mental. ¿Puede la AI resolver cuándo no le has provisto toda la información? Por ejemplo; Einstein resolvió o imaginó la Teoría de la Relatividad cuando mentalmente montó un rayo de luz en el espacio.

  • Primer Alta con un Corazón Artificial: Revolución Médica

    En un avance médico sin precedentes, un paciente australiano se ha convertido en la primera persona en el mundo en ser dada de alta del hospital con un corazón artificial total implantado. Este logro representa un hito significativo en la lucha contra la insuficiencia cardíaca terminal y ofrece esperanza a miles de pacientes que esperan un trasplante de corazón.

    El procedimiento se llevó a cabo el 22 de noviembre de 2024 en el Hospital St Vincent’s de Sídney. El paciente, un hombre de unos 40 años que padecía insuficiencia cardíaca grave, recibió el dispositivo BiVACOR como puente mientras esperaba un corazón de donante. Tras pasar varias semanas en cuidados intensivos, fue dado de alta y posteriormente, en marzo de 2025, recibió un trasplante de corazón de donante.

    El dispositivo BiVACOR es un corazón artificial total de titanio con una sola pieza móvil que utiliza tecnología de levitación magnética para replicar el flujo sanguíneo natural. Diseñado para reemplazar ambos ventrículos de un corazón que falla, este dispositivo ofrece una solución innovadora para pacientes con insuficiencia cardíaca biventricular terminal.

    El inventor de esta tecnología, el Dr. Daniel Timms, expresó su orgullo por este logro y destacó la dedicación del equipo médico y la valentía del paciente y su familia. El Dr. Paul Jansz, cirujano líder en el procedimiento, subrayó la importancia de este avance en la medicina australiana y su potencial para revolucionar el tratamiento de la insuficiencia cardíaca a nivel mundial.

    Este éxito es parte de un programa liderado por la Universidad de Monash que involucra a múltiples universidades australianas y colaboradores clínicos. El proyecto cuenta con el apoyo de una subvención de 50 millones de dólares del Fondo para el Futuro de la Investigación Médica del gobierno australiano, con el objetivo de acelerar el desarrollo de soluciones avanzadas para la insuficiencia cardíaca en los próximos tres años.

    La insuficiencia cardíaca sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. Según datos de la Fundación Británica del Corazón, en el Reino Unido hay aproximadamente 7,6 millones de personas con enfermedades cardíacas, y casi 160.000 muertes cada año se atribuyen a estas afecciones. Este tipo de innovaciones tecnológicas son cruciales para abordar la creciente carga de enfermedades cardiovasculares y ofrecer alternativas viables a los pacientes que no pueden esperar un trasplante de corazón.

    El corazón artificial total BiVACOR ha sido objeto de estudios clínicos en Estados Unidos. En julio de 2024, el Instituto del Corazón de Texas implantó con éxito este dispositivo en un paciente con insuficiencia cardíaca terminal, marcando el primer implante en seres humanos de esta tecnología. Este ensayo clínico tiene como objetivo evaluar la seguridad y el rendimiento del dispositivo como una solución de puente al trasplante para pacientes con insuficiencia cardíaca grave.

    El éxito de la implantación del corazón artificial BiVACOR en Australia y Estados Unidos representa un avance significativo en la medicina cardiovascular. Estos desarrollos ofrecen una nueva esperanza para los pacientes que sufren de insuficiencia cardíaca terminal y podrían transformar el enfoque del tratamiento de esta enfermedad en el futuro.

    La implantación exitosa del corazón artificial total BiVACOR en un paciente australiano y su posterior alta hospitalaria marcan un hito histórico en la medicina. Este avance no solo demuestra el potencial de las nuevas tecnologías en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, sino que también subraya la importancia de la colaboración internacional y la inversión en investigación médica para abordar los desafíos de la salud global.