Categoría: Opinión

  • ¿Quién y para qué es él policía y la Policía?

    A través del tiempo y la costumbre hemos desfigurado el término y concepto del “policía” o de la “Policía”. El vocablo “policía“, del latín ‘politia’, se refiere a una fuerza estatal que se encarga de mantener el orden público y promover la seguridad. Desgraciadamente, la ciudadanía ha perdido la noción no sólo de lo que es ‘el policía’ sino de lo que debe y puede hacer él o ‘la Policía’.

    La tergiversación de lo que es y puede hacer el policía ha sido inadvertidamente o maliciosamente propagada por protervos políticos y protervos gobiernos y gobernantes. Por ejemplo, si eres agredido y el policía no te salva de la paliza, no lo puedes demandar. Los policías no tienen el don de la omnipresencia; con lo cual debía ser obvio que el primer policía eres tú mismo, junto a los tuyos y los vecinos. Tal realidad dicta el ejercicio de la autodefensa o vecino vigilante; para lo cual se requieren los medios del caso. Aún en nuestra defectuosa constitución ello está contemplado: “El delincuente sorprendido in fraganti puede ser aprehendido por cualquiera persona y debe ser entregado inmediatamente a la autoridad.”

    ¡Ajá!, ¿y cómo vamos a “aprehender”, ¿será con palillos de dientes? Pero el asunto es más complejo. ¿Qué hemos de entender por “in fraganti”: acaso la amenaza con un arma o será que debemos esperar que el maleante nos hunda el puñal en el cuerpo? Triste que hemos tergiversado la función y límites de la acción policial, dándole atribuciones y alcances que no tiene, mientras que el ciudadano ya ni advierte que “el policía soy yo”. Más aún, la politiquería barata, con aviesos propósitos, ha monopolizado el poder. Ante una amenaza ¿cuántos no marcan el 911 y luego mueren?

    Quizá la mejor opción que, desgraciadamente ha sido vilipendiada y descartada, es la opción del mercado; vale decir, la policía privada. Igual vemos con el IDAAN, el NODUCA, y otras empresas estatales que hacen de empresas comerciales.

    Pero, antes de la policía privada está la persona, el barrio y la comunidad contigua, las cuales tienen la función básica de la seguridad pero, poco la ejercitan; porque, entre otras, la torcida Policía y más arriba, han hecho ver lo que no es; que podemos delegar todo a la policía. No, la misma sólo es accesoria.

    En todo caso, si la policía uniformada fuese contratada por el barrio, la misma estaría más y mejor familiarizada con sus clientes y por lo tanto sería mucho más cortés y efectiva. Se reduciría por completo el relajo de la coima. Se disminuirían los impuestos; y lo más probable los golpes de estado.

    Regresando al tema de los medios de defensa, tal como las armas de fuego; las políticas de control de armas sirven más para controlar al probo que al ímprobo; ¿o es que no se han fijado que a los maleantes no les hacen falta las armas de fuego? En mi caso, que fui citado a la fiscalía porque un arma mía había aparecido en manos de maleantes; como le dije a la fiscal: “El arma estaba en la armería de la Policía… ¡vaya a ver como llegó de allí al maleante”.

    Pero más aún, el artículo constitucional 310 lee: “Todos los panameños están obligados a tomar las armas para defender la independencia nacional…” ¿Cómo interpretamos esto?, si consideramos que el término “independencia” está asociado a libertad. ¿Libres de qué o quién? ¿Acaso de Colombia o Costa Rica? Creo que más bien de quienes están dispuestos a hacernos daño. En fin, policía somos todos y dicha responsabilidad es apenas parcialmente delegable.

  • Gobiernos de gorrones

    “Gorrón” es aquel que se aprovecha consumiendo o utilizando bienes que otras personas producen, sin ofrecer ninguna compensación o devolver favores; de dónde emana la pregunta: ¿acaso ello no guarda relación con la forma en que los gobiernos y sus funcionarios, que poco o nada funcionan, desempeñan sus labores? Lo peor del gobierno de gorrones es que ocurre gracias a la complacencia o peor, el contubernio de la población en general y de empresarios en particular que toleran semejante insensatez.

    En su momento, quien bien destacó el fenómeno del gorroneo gubernamental fue Ayn Rand, en su obra La Rebelión de Atlas, en dónde saca a relucir que sean tantos los que en vez de oponerse de forma contundente contra el autoritarismo castrante, se doblegan y adaptan a los gorrones en detrimento a la actividad de sus negocios y del bienestar común.

    A muchos les cuesta entender que el llamado al amor del prójimo no es una contundente obligación que emplaza a unos a socorrer a otros sin mayor contemplación a las dificultades inherentes en el socorro. Por ejemplo, si ves que alguno se está ahogando, no te tires al agua a salvarlo si no sabes nadar. Pero, más allá, cada persona tiene todo el derecho de usar su mente para satisfacer sus necesidades propias, luego de lo cual podrá asistir a otros en la medida de sus posibilidades y no de manera obligada; tal como ocurre con las normas de asistencia social impuestas por gobiernos que, en muchos casos, ni siquiera convienen o asisten de manera definitiva.

    Gran parte del andamiaje gubernamental existente termina abrazando la mediocridad o peor, en nombre de un falso y imprudente igualitarismo colectivista. ¿De dónde sacan que es obligación de unos servir a otros, no a través de una sensibilidad personal sino a través de una intervención centralizada?

    Muchos no realizan que cada día hay más personas emprendedoras que están cansadas de que el fruto de su trabajo sea arrebatado para fondear una disfuncionalidad gubernamental cada vez mayor. Y es que a menudo olvidamos que la actividad emprendedora no prospera en un ambiente infértil en libertad. Emprender es harto complejo y peor cuando cargamos al emprendedor con normas abusivas y sin sentido.

    Y ¿qué mejor ejemplo de lo que señalo en el párrafo precedente que lo visto con el COVID, dónde las medidas normativas obligadas no sólo fueron infructíferas sino que causaron y seguirán causando inmensos daños a futuro.

    ¿Acaso somos tan irreflexivos que no rechazamos una gobernanza tiránica? O como algunos suelen decir: que el gobierno deriva su autoridad del consentimiento de los gobernados. No más veamos lo que ocurre en nuestro patio en dónde los agentes de tránsito hacen retenes delictivos con el fin de asaltar a los conductores y luego alegar que “nos están cuidando”.

    Pero, peor aun cuando los politicastros, siguiendo el ejemplo de tantos mandatarios, vilipendian al empresario o rico, acusándolo de acaparador y falto de compasión. Sí, por supuesto que los hay, pero la generalización es falaz y odiosa.

    En fin y tal como lo señala Jon Miltimore, “no es solamente los impuestos exagerados que afectan sino otros, tales como: costos, moralidad, sociedad, cultural y tal; conjuntamente con la violación de los derechos de propiedad y peor, cuando se celebra el pillaje.

    A todo ello, poco reparamos en aquello de la pendiente resbaladiza; es decir, que el malandar no es estacionario sino que va en aumento. Ello es análogo al alcoholico o drogadicto cuya adicción aumenta y lo lleva al desastre. Es el fenómeno que vemos en nuestro patio de una rebatiña de pillaje que va en aumento.

  • El papel de los bancos centrales y los tipos de interés explicado de manera sencilla

    La estabilidad en los precios es comúnmente aceptada como un elemento primordial para el funcionamiento adecuado de la economía. Por ello, el principal objetivo de la política monetaria es alcanzar dicha estabilidad. De eso se encargan los bancos centrales a través de la acción o inacción deliberada de determinadas operaciones que les permiten modificar la cantidad, la disponibilidad o el coste del dinero en la economía, que no es otro que el tipo de interés.

    Instrumentación y transmisión de la política monetaria

    Los bancos centrales instrumentan su política monetaria influyendo en el tipo de interés (generalmente a corto plazo) y la liquidez del sistema. Para ello disponen de diferentes instrumentos, entre los que destaca la oferta de créditos y depósitos al sector bancario.

    Por un lado, conceden a los bancos créditos (o financiación) a muy corto plazo, cobrándoles un determinado tipo de interés. A su vez, les ofrecen también depósitos en los que invertir sus excedentes, remunerando estos a una tasa determinada.

    Cuando la intención del banco central sea inyectar liquidez en el sistema financiero, buscará incrementar el volumen de créditos concedidos a la banca, para lo que reducirá el tipo de interés cobrado (es decir, abaratará el coste del crédito o del dinero).

    Por el contrario, cuando su intención sea drenar liquidez del sistema financiero, buscará aumentar el volumen de depósitos de los bancos en el banco central, elevando la tasa de interés con la que los remunera, para así reducir el excedente de liquidez del sistema bancario y evitar que este se traslade a la sociedad.

    El objetivo de los bancos centrales no es obtener beneficios en sus operaciones sino conseguir la estabilidad de los precios y, en última instancia, de la economía y del sistema financiero. Al igual que los bancos comerciales, los bancos centrales ofrecen a los depósitos que remuneran un tipo de interés diferente (más bajo) al que cobran por los créditos que dan.

    Por ejemplo, el 22 de marzo de 2023, los tipos oficiales del Banco Central Europeo (BCE) se fijaron como sigue:

    • Para financiación (crédito) a una semana en el 3,50 % (este es el tipo que mayormente se conoce como tipo oficial del dinero).
    • Para financiación a un día, en el 3,75 %.
    • Para depósitos a un día en el 3,00 %.

    Estos tipos de interés contrastan enormemente con los que el BCE fijó hace tan solo diez meses (el 27 de julio de 2022) en el 0,50 % y 0,75 % para financiación a una semana y un día respectivamente, y en el 0 % para el depósito diario. Y si nos vamos más atrás en el tiempo (septiembre de 2019), el tipo oficial de los depósitos diarios en el BCE llegó a estar incluso en negativo: -0,50 %.

    Estos tipos de interés, fijados por el BCE en sus operaciones de crédito y depósito y denominados tipos de interés oficiales, son muy relevantes en la economía porque, a partir de ellos, se forman los restantes tipos de interés.

    El euríbor, que es el interés al que se prestan dinero a corto plazo los bancos entre ellos mismos, suele situarse muy cerca de los tipos de interés oficiales.

    A su vez, los tipos de interés que cobran los bancos a sus clientes por los créditos están con frecuencia referenciados al euríbor.

    En función del riesgo que el banco perciba que tiene el cliente, sea este un hogar o una empresa, establecerá un diferencial mayor o menor sobre el euríbor (es lo que se llama prima de riesgo, que es uno de los componentes del tipo de interés).

    También a mayor plazo de vencimiento del crédito, mayor diferencial impondrá el banco, ya que, debido a la incertidumbre sobre el futuro, mayor riesgo de impago hay.

    Por el lado contrario, si el crédito tiene asociado un activo colateral que lo garantice (sería el caso de las hipotecas), menor será el diferencial por riesgo, pues en caso de impago el banco podrá cubrir este a través de la venta del activo colateral.

    La financiación de las empresas

    Las empresas, especialmente a partir de cierto tamaño, tienen una alternativa para financiarse –más allá de la solicitud de un crédito bancario– que los hogares no tienen y es la posibilidad de emitir deuda en los mercados (pagarés, bonos, etc.).

    Pero, como los bancos, el tipo de interés que necesitan ofrecer (en función de su nivel de riesgo) para conseguir inversores que adquieran los títulos de deuda que emitan, debe tener relación con los restantes tipos de interés vigentes en ese momento en la economía. Por ello se habla de primas de riesgo con relación a la deuda soberana de referencia.

    Por ejemplo, si una empresa tiene un riesgo elevado, debido al sector en el que opera o el nivel que ya tiene de deuda, y quiere emitir un bono a 10 años, deberá ofrecer un interés superior al que ofrecen los bonos del Estado de referencia a dicho plazo, ya que, de no ser así, los inversores preferirán adquirir estos últimos.

    ¿Cómo se establecen los tipos de interés de los bonos del Estado?

    Como en cualquier mercado, su precio es, en gran parte, el resultado de la oferta y la demanda. Si un Estado necesita emitir deuda pero tiene un déficit elevado que financiar o un riesgo político alto, habrá poco interés en adquirirla, debido al riesgo percibido. Por tanto, dicho Estado deberá emitir su deuda a un tipo de interés más alto para atraer a los inversores.

    Por el contrario, si el riesgo de un país se considera bajo porque su déficit está controlado y disfruta de una gran seguridad jurídica, podrá ofrecer una tasa de interés inferior al emitir su deuda. Este razonamiento, basado en el riesgo percibido, explica las diferentes tasas de interés que observamos en la deuda soberana emitida por distintos países, así como en la deuda corporativa.

    Los bancos centrales también pueden ejercer influencia en los tipos de interés de la deuda publica a través de uno de los instrumentos de política monetaria de los que disponen: la compraventa de deuda pública en los mercados. Cuando quieren reducir las tasas de interés de la deuda emitida por los países, compran deuda de estos. Al contribuir a incrementar la demanda, no es necesaria una remuneración tan alta y el tipo de interés cae.

    En cambio, cuando quieren elevar las tasas de interés de la deuda, la venden. La oferta de un mayor volumen de deuda en el mercado hace que deba hacerse a un tipo de interés más elevado para acaparar el interés de un mayor numero de inversores.

    Como puede observarse, el impacto de las variaciones de la demanda y la oferta de deuda sobre el tipo de interés es inverso. Si la demanda de deuda aumenta, su tipo de interés se reduce al haber más interés por adquirirla; si la oferta de deuda se incrementa, su tipo de interés bajará para atraer más compradores.

    Así pues, a través de los dos mecanismos comentados, operaciones de crédito o depósito a corto plazo y compraventa de deuda pública, se produce la transmisión de la política monetaria orquestada por los bancos centrales al conjunto de los mercados, influyendo en el nivel de las tasas de interés.

    ¿Cómo influye el tipo de interés en la inflación?

    La inflación, o nivel general de precios, es consecuencia del equilibrio entre la oferta y la demanda de bienes y servicios. Si la demanda crece y la oferta permanece invariable, los precios suben. Si la oferta se ve reducida por cualquier razón y la demanda permanece constante, los precios suben también.

    Cuando los tipos de interés están bajos se potencia el crédito y, por tanto, la demanda de consumo, a la vez que el ahorro resulta menos interesante porque no se remunera. Por el contrario, cuando los tipos de interés están en niveles elevados, el crédito sale más caro, lo que desincentiva la demanda e incentiva el ahorro, al estar mejor remunerado. Este es el mecanismo a través del que los tipos de interés impactan en los precios, influyendo en la demanda de bienes y servicios.

    Es cierto que la inflación que se está experimentando en Europa desde finales de 2021 es, en gran parte, una inflación ocasionada por restricciones en la oferta provocadas por la política china de covid 0, que ha paralizado su producción, y la invasión rusa a Ucrania, que está generando una guerra geoestratégica con repercusiones en la oferta y en los precios de las materias primas y energéticas.

    Pero también es cierto que entre 2009 y 2021 los tipos de interés se situaron en torno al 1 %, llegando a ser incluso negativos en el periodo 2016-2021, como consecuencia de una política monetaria expansiva que buscaba fomentar el consumo para paliar los efectos de la crisis financiera primero y de la pandemia –de efectos económicos descomunales– después.

    Las altas tasas de inflación registradas en la eurozona en 2021 y 2022 (5 % y 9,2 % respectivamente, medidas por el IPCA o IPC armonizado), y que continúan en 2023, hicieron saltar las alarmas. Inició entonces un cambio radical en la política monetaria del BCE, que trata ahora de al menos no alimentar los procesos inflacionistas por el lado de la demanda.

    Los efectos de la subida de tipos

    La subida de la tasa de interés oficial del dinero (que a través de los mecanismos ya discutidos se traslada al mercado) frenará la inversión de las empresas en activos productivos debido al encarecimiento de los créditos. Esto, a su vez, generará una disminución en la demanda de materias primas y energéticas, ayudando a la contención de sus precios.

    Ciertamente, esta menor inversión tendrá repercusiones en la generación de puestos de trabajo, lo que reducirá el consumo de las familias, que también se verá desincentivado por el incremento del coste de los créditos. Todo ello, en conjunto, contribuirá a frenar la escalada de precios, a costa de ralentizar el crecimiento económico y la creación de empleo.

    Y los tipos de interés, ¿volverán a bajar o seguirán subiendo?

    Parece razonable esperar variaciones en los tipos de interés oficiales dependiendo del contexto económico. No obstante, también resulta coherente que estos se muevan en torno a cierto rango y que solo ante coyunturas muy adversas, y de forma temporal, se salgan de él. Esto es así porque, en última instancia, los tipos de interés oficiales, establecidos por las autoridades monetarias, suponen una intervención en el funcionamiento del libre mercado regulado por la oferta y la demanda. Por supuesto, dicha intervención está justificada para corregir los fallos del mercado y conseguir un equilibrio más eficiente que maximice el bienestar social.

    Para delimitar ese rango adecuado, debemos pensar que el tipo de interés es el precio de equilibrio entre la demanda y la oferta de dinero. Un préstamo de dinero debe tener un precio (el interés que el prestamista recibe) que debe compensarle por tres conceptos:

    1. El coste de oportunidad por prestar ese dinero, ya que mientras lo presta no puede usarlo.
    2. El coste de la inflación, ya que esperará que la capacidad adquisitiva de ese dinero, cuando se lo devuelvan, sea al menos la misma que cuando lo presta.
    3. El coste por el riesgo asumido, pues el hecho de prestarlo hace que pueda que no se lo devuelvan. Por ello, a mayor riesgo percibido en el prestatario, mayor prima de riesgo en el tipo de interés.

    En un mercado donde se intercambia un bien con un valor, el precio de dicho bien rara vez será cero. Y esto es lo que ha pasado en el mercado del dinero en la última década: el precio del dinero ha sido cero, o incluso negativo, debido (en parte) al contexto de baja inflación del que ha disfrutado Europa, pero también a la política monetaria expansiva, que hizo que el precio del dinero estuviera por debajo de su equilibrio natural. Esto puede justificarse en un periodo corto y bajo unas circunstancias extremadamente adversas, pero no durante un periodo tan largo.

    Por tanto, no parece probable que el tipo de interés vuelva a los niveles de la última década sino más bien que siga elevándose progresivamente o que, en el mejor de los casos (si se produce una reducción drástica de la inflación, algo que parece poco probable) se estabilice en torno a su nivel actual. Debemos por tanto incorporar a nuestras expectativas, unas tasas de interés normalizadas más elevadas.The Conversation

    Laura Núñez, Directora del Observatorio del Ahorro Familiar de Fundación IE y Fundación Mutualidad Abogacía y Profesora de Finanzas, IE University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Es perversa la desigualdad?

    Para reducir la desigualdad vía el apparatchik se requiere violencia. Y los resultados siempre han sido Venezuelas o Cubas. Los rusos asesinaron millones para lograr igualdad sin saber que sería en la pobreza.

    Si la igualdad fuese una virtud Dios no habría creado un mundo desigual; lo cual nos deja cavilando acerca de la sensatez o insensatez de dictaminar la igualdad por la vía coercitiva gubernamental. ¿Cuántos jugadores de basquetbol pueden igualarse con Michael Jordan? Es fatal arrogancia pensar que se puede dictar igualdad por intermedio de la ley del hombre; lo cual se torna evidente cuando vemos a tantos que entienden la “igualdad” como “igualdad de resultados” y creer que se puede lograr repartiendo lo que otros producen. Vale decir, confunden igualdad de oportunidades y trato ante la ley con igualdad de resultados.

    La “riqueza” no se puede redistribuir. La riqueza es aquello que es rico o sabroso, tal como la felicidad, inteligencia, el buen ánimo y tal. Decir que el dinero es riqueza conduce a la pobreza; aquella en la cual a pesar de tener muchos billetes te sientes miserable. El “problemita” es que si un político dice estas cosas la gente no vota por él.

    Más allá, delegar al gobierno, con sus diputados y tal, para que estos creen aquello que ni Papá Dios dispuso hacer, es mucho más que absurdo; es pecaminoso y creador de pobreza. Si prestásemos atención al mundo que nos rodea veríamos que la naturaleza es más que aleccionadora. Veríamos que Papá Dios está en su creación. Veríamos que la prosperidad hace mancuerna con la desigualdad. Fácil es crear igualdad de pobreza. Igualdad de riqueza no es nada fácil.

    El dinero mal nacido crea pobreza, más no así cuando es bien habido. Los pérfidamente ricos son minoría y quien no lo ve es pobre de entendimiento. A través de la historia ilustres personajes han destacado que el progreso siempre fue acompañado por una desigualdad. Mucho peor es creer que se puede distribuir riqueza de inteligencia por intermedio de los NODUCAs del mundo.

    Para reducir la desigualdad vía el apparatchik se requiere violencia. Y los resultados siempre han sido Venezuelas o Cubas. Los rusos asesinaron millones para lograr igualdad sin saber que sería en la pobreza. Lo peor es que no lograron eliminar a los ricachones corruptos; esos como Putin, que van al frente del pérfido desfile. Sin embargo, países como Suecia y Dinamarca, que tanto cacarean como “igualitarios,” están entre los que tienen mayor libertad económica en el mundo.

    El “laissez faire” o dejar hacer, sigue siendo la voz de la razón; no como en Panamá, en dónde cada día los gobiernos metiches crean pobreza. Cuando la igualdad resulta de la coerción la misma es inmoral. La otra confusión es llamar “derecho humano” a lo torcido.

    El mercado no nos hace iguales pero sin él todos seríamos mucho más iguales, en la pobreza, esa que era la realidad en la historia humana hasta que fuimos adoptando la división del trabajo a través del mercado; pero no el intervenido por politicastros. Más allá, si ponemos atención, veríamos que decretar salarios mínimos, vacaciones y otros llamados “derechos laborales” producen votos pero no riqueza. Es así ya que semejante intervencionismo no nace en la nobleza de espíritu sino en la pobreza de bastardos intereses sindicales.

    En resumen, la izquierda ama la igualdad de resultados o redistribución que sólo se puede lograr a través de una coerción gubernamental. Pero el intervencionismo centralizado sólo crea más desigualdad; dado que los gobernantes controladores son más iguales en su caudal económico, que los gobernados en su pobreza económica. Simplemente, el atajo intervencionista, ése que sólo se da por intermedio de torcidas autoridades, siempre conducirá a una igualdad en la pobreza.

  • Sobre un escritor de imaginación superlativa

    Se trata de Giovanni Papini (1881-1956), mi cuentista favorito de una imaginación y una cultura enciclopédica volcada en una parla exquisita. Tengo en mi biblioteca en seis gruesos tomos sus obras completas donde trata los temas más variados que constituyen un deleite y un inmenso alimento para el espíritu.

    También tengo una de sus bibliografías de su amigo Victorio Franchini donde relata la obsesión que desde chico lo embargaba a Papini por el conocimiento, su vida en Florencia que tuvo que abandonar en la Segunda Guerra por las aldeas de Sergiano y Bulciano, la estrecha relación con sus dos hijas (influido por el marido de la mayor quien era doctor en leyes y muy compenetrado en literatura clásica) y sus dos nietas (una de las cuales fue su secretaria), su amistad con el gran músico Vito Frazzi y tantas otras facetas del célebre florentino.

    En esa biografía Franchini detalla el modo meticuloso de las lecturas y las notas en carpetas abiertas que manejaba el autor de marras quien repetía que “el verdadero escritor no trabaja para los críticos ni para ganar dinero, trabaja para manifestar lo que tiene dentro de su alma” y “es innegable el hecho de que el artista no está nunca contento de la propia obra, porque persigue un ideal inalcanzable”, son “vibraciones íntimas” ya que “todo sustantivo, todo adjetivo y todo verbo es una marca de su mosaico espiritual”.

    En otras oportunidades he escrito sobre Papini en direcciones distintas de las que aquí consigno como una manera de rendirle homenaje: esta vez apunto quince de sus ocurrencias estampadas en sus múltiples trabajos y puestas en mis palabras para así mínimamente ilustrar la marcha de la mente de este coloso de la pluma.

    1. Un diálogo entre el primer hombre que habitó el planeta y el último antes de la extinción de la especie revela una degradación que, sin solución de continuidad, ha carcomido a la humanidad. En el último hombre queda reflejado el prototipo de la masificación. Había en él una pérdida tan radical del yo que ni siquiera tenía nombre. Se lo conocía por un número. Mantenía que al pretender “jugar a Dios” sentó las bases de la arrogancia y la soberbia que condujo a la sociedad masificada y guiada por líderes obnubilados por el poder que no conoce límites.

    2. Se indaga acerca de porqué es que el hombre cubre todo su cuerpo con vestimenta, incluso las manos con guantes y, sin embargo, no se cubre la cara a pesar de que esto le podría reportar grandes ventajas. El uso sistemático de máscaras permitiría mostrar rostros alegres cuando uno está triste, gestos interesados cuando uno esta semidormido de aburrimiento o reflejos adustos cuando uno está de humor distinto. Quitarse las máscaras podría estar reservado para las relaciones íntimas, igual que el quitarse la ropa.

    3. Es habitual que la gente se refiera al lodo como sinónimo de lo desagradable y de lo perverso. Sin embargo, el escultor lo usa antes del bronce o del mármol, los edificios lo usan en todos los ladrillos, muchas de las vajillas son de ese material y estamos parados sobre esa materia prima. Entonces, paradójicamente, resulta que la humanidad le debe mucho al lodo y, al mismo tiempo, se refiere peyorativamente a él.

    4. En un reportaje imaginario a Frank Lloyd Wright, este describe las viviendas del futuro. Explica que no hay porque desfigurar la naturaleza. Que resulta posible construir viviendas de gran confort embutidas en las montañas y disimuladas en los bosques sin necesidad de apiñarse en cajones de cemento. Tal vez esto se revalorice en vista de los notables progresos de la tecnología ya que en el futuro no habrá que “ir al trabajo” debido a que las reuniones, transferencias, compras, comunicaciones y estudios se harán a través de otro modo y, por ende, no habrá más necesidad de ciudades en el sentido tradicional de la expresión.

    5. En una conversación con el diablo este se queja amargamente porque dice que sus servicios ya no se solicitan en el mundo moderno. Reclama que la gente modere un poco sus inclinaciones pecaminosas y deje de mostrar tanta iniciativa y entusiasmo en esa dirección, puesto que de ese modo su intervención se torna innecesaria. Maldice esta situación porque lo hace sentir inútil y fracasado.

    6. Todas las mañanas, después de celebrar misa, un sacerdote se dedicaba al estudio y la meditación. Un día irrumpió apresuradamente uno de los feligreses diciendo que debía realizar una consulta urgente con el sacerdote. Dijo que toda la vida le habían enseñado que el buen cristiano debía sacrificarse. En este sentido puso de manifiesto que él se consideraba una buena persona con buenas inclinaciones y que por eso últimamente se había estado esforzando por cometer actos malos que en verdad le producían las mayores tribulaciones. Insistió que en esos momentos se había propuesto realizar actos que le reportaran mayores sacrificios y dolores personales. En medio de sus reflexiones se abalanzó sobre el sacerdote y lo mató, cosa que le produjo dolores imponderables. Pensó que este sería el más grande de los sacrificios ya que lo conduciría al infierno que es, precisamente, el sacrificio eterno que según él pensaba es lo mejor para un buen cristiano consistente con la teoría del sacrificio. Después de cometer el crimen el feligrés comenzó a arrepentirse pero estimó que el arrepentimiento lo salvaría del sacrificio eterno. Entonces, para evitar la consumación del arrepentimiento, se arrojó por la ventana de la vivienda del sacerdote.

    7. Luego de muchos años de ausencia, una persona de edad madura visitó su pueblo natal y se detuvo ante un viejo estanque. Se quedó un largo rato mirando su rostro reflejado en el agua. Después de cierto intervalo la imagen se fue transformando en él mismo cuando era muy joven. Se inició así una prolongada conversación. El joven mostraba un provincialismo ingenuo y sano, el adulto mostraba ventaja en cuanto a su experiencia. El adulto inquiría al joven acerca de cómo veía que se había desenvuelto su vida. La escena nos recuerda que Sócrates reiteraba que una vida sin examen no vale la pena ser vivida. A criterio del joven ¿el hombre adulto debería haber hecho lo mismo que hizo o debería haber procedido de otra manera?. El diálogo invita a la reflexión y al autoexamen.

    8. Un hombre meditaba en torno a un reloj parado. Estaba detenido en las siete. Pensaba que ese viejo reloj se ajustaba al mundo dos veces por día. El resto del tiempo el reloj era un paria, iba contra la corriente, estaba apartado de lo que señalaban los demás. Al observador se le ocurrió trazar un correlato con personas distintas al resto, que tenían sus propias ideas, que pensaban por sí mismas y no a cuenta del resto. Igual que el reloj, las personalidades definidas sólo revelan coincidencias esporádicas con el resto de la gente. Miraba al viejo reloj con simpatía y desfilaban por su mente sus propias desavenencias con el mundo exterior por seguir los mandatos de su fuero interno.

    9. Un personaje desde muy chico se fue acostumbrando a mentir, a falsear los hechos, a torcer y desfigurar la realidad. No podía decir la verdad. Las simulaciones resultaban cada vez más frecuentes y más peligrosas. Finalmente se dedicó al homicidio ocultando rastros y entreteniéndose en despistar a la policía. Mentía una y otra vez para ocultar sus monstruosidades. Seguía con atención las rutas desviadas que denunciaban los periódicos. Llegó un momento que se asqueó de tanta farsa. Comenzó a ver en todas las miradas una denuncia. Su mirada interior se le tornaba insoportable. Decidió mantener un juicio en la intimidad. Él mismo hizo de acusador, defensor y juez. Le llevó un tiempo largo el juicio. Se esmeró en presentar las mejores argumentaciones posibles de cada lado. Cuando llegó la hora del veredicto no tuvo el coraje de decretarse la pena capital pero se impuso treinta años de reclusión, para lo cual vendió todas sus propiedades y adquirió una casa abandonada muy alejada de todo y la reforzó con barrotes. Le pidió a un labrador que él y su familia le proporcionaran un alimento precario a cambio de una importante suma de dinero. La clausura se hacía a diario más insoportable pero el peón contratado cumplía religiosamente su promesa de mantenerlo encerrado. En última instancia, la fuerza de la conciencia pudo más que toda la policía y los investigadores reunidos.

    10. En una contribución sobre Kierkegaard se subraya que lo que llamamos vida es una muerte constante. Desde el momento del nacimiento comienza el proceso que conduce al deterioro del cuerpo. En este sentido cada instante es una muerte parcial. Por el contrario, la llamada muerte es en realidad la vida ya que la intensidad de las vivencias son perpetuas.

    11. En una conversación imaginaria con Aldous Huxley se destaca la subordinación del hombre al Leviatán. Bajo la apariencia de mayores seguridades el hombre renuncia a la libertad, hasta que todo se convierte en un espantoso hormiguero humano con la consiguiente desaparición del individuo. Curiosamente, de este modo, el hombre se queda sin seguridad y sin libertad puesto que la primera depende de la segunda. La libertad incentiva la capacidad creadora que, entre otras cosas, proporciona mayor y mejor seguridad.

    12. Un profesor explicaba que todas las divisiones de la historia que se han efectuado hasta ahora se basan en aspectos superficiales e irreales. Hechos como el descubrimiento de América o la toma de Constantinopla por los turcos resultan irrelevantes. Sostenía que, hasta el momento, lo que el hombre ha buscado es el poder sobre otros y que el poder es la fuerza y la fuerza son los armamentos. Por tanto, concluía que la historia debiera dividirse en seis grandes capítulos. Las piedras con puntas, el metal y el hacha, la lanza y el arco, las catapultas, la artillería desde el arcabuz a la ametralladora y los cañones de largo alcance y la bomba atómica. Todo lo demás son anécdotas. La historia se ha caracterizado por la lucha desenfrenada por el poder.

    13. Un filósofo se pone a considerar en qué consiste en última instancia el yo. De qué está formado. A poco andar percibe que todo lo que se conoce se debe a la influencia de alguien. Si hay la suficiente memoria se podría fraccionar el yo en innumerables etiquetas en las que figuraría el nombre de quien proporcionó la idea original, con lo que el yo no sería más que la suma de otros. Sin embargo el yo, la exclusividad del yo, consiste en las reflexiones y consideraciones que se hacen sobre las ideas de otros y las propias contribuciones. Limitarse a repetir lo que otros han dicho hace que se pierda el yo y uno se convierta en los demás. Como se ha hecho notar, el limitarse a repetir bloquea el pensamiento, del mismo modo que nunca se aprenderá a dibujar si se calca toda la vida.

    14. Varios socios se reúnen a los efectos de fundar un instituto para la regresión humana. Sostienen que resulta imposible convertir un animal en un ser humano, pero que no resulta descabellado lo inverso. En el primer caso se requiere de la potencia creadora mientras que en el segundo solo hay que denigrar. Consideraban que este instituto podría resultar un buen negocio en vista de la cantidad de gente que les resulta molesto pensar y, al confundir los medios de vida con los fines, de hecho se embrutecen. Terminan creyendo que las tareas que realizan para el sustento son el fin de la vida, que el arbitraje en el negocio es lo supremo y lo único que hay por considerar y, así, abandonan los esfuerzos por el ensanchamiento y consiguiente enriquecimiento del alma. Por esto es que también se destaca que no siempre es cierto que primero muere el cuerpo: en algunas personas primero desaparece el alma. Este ensayo está emparentado con otro en el que se pone al descubierto las razones del embrutecimiento. Allí se dice que las noticias en gran medida se concentran en mostrar imágenes violentas y escandalosas. El cine exhibe un bestialismo feroz en el que se sustituye el pensar por el ver. Se le otorga una desmesurada importancia al deporte donde prevalece el músculo sobre el cerebro. Los bailes y la música han descendido a lo salvaje y tribal. El lenguaje moderno se limita a una serie de gestos y ruidos guturales y cuando se pretende transmitir algo es siempre en torno a un materialismo frívolo e indigno del ser humano. Por ello es que los socios del cuento consideraban que el instituto de regresión podría convertir en realidad lo que de hecho era el sueño de muchos.

    15. Esta breve antología se basa en mis recuerdos más o menos lejanos de las narraciones de Papini, pero esta última -los pensamientos del sabio- la circunscribo a la transcripción textual de una cita que tengo a mano. Entre otras muchas cosas, el sabio, después de referirse a los males causados por el patrioterismo, dijo a sus oyentes: “Y poco me importa ser gobernado por los rojos o por los negros, por los blancos o por los azules. Sé perfectamente bien, que, tanto unos como los otros arrebatan pedazos de mi libertad y sacan provecho de mis haberes. Cualquiera sea el partido dominante, el buen ciudadano está condenado a vivir en una jaula y a pagar los impuestos y tasas”.

    A pesar de sus destrezas supremas Papini era humano y como tal le correspondían las generales de la ley en cuanto al dictum de Einstein: “Todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” y nuestro escritor al no entender de los vericuetos de la política de su tiempo cuando entraba en lo específico partidario del momento frecuentemente erraba el blanco…pero quién no se equivoca, la perfección no está al alcance de los mortales.

  • El fatal y falso ambientalismo

    No es difícil determinar la perversa naturaleza de una agrupación política; para ello sólo hay que poner atención a lo que dicen y hacen. No deja de sorprender que los EE.UU. se haya convertido en uno de los mejores ejemplos de dislocadas políticas de izquierda, caracterizadas por términos tales como: “ambientalismo, verde, progresismo, cambio o calentamiento climático», etc. El solo hecho de verlos empeñados en destruir la economía más pujante que haya existido lo deja claro. Una economía que surgió del respeto a las libertades humanas básicas, de propiedad del cuerpo, del pensamiento, palabra, libertad de tránsito y de los productos del ingenio y el trabajo.

    Uso el ejemplo de los EE.UU. como punto de referencia a lo que igual ocurre en nuestro patio. Tal es el “plan de reducción inflacionaria” (IRA) que, entre otras, propone adoptar a una “energía verde”, cuando, en realidad, los costos que ellos imponen son destructivos. Ya otros países, tal como España, han demostrado que obligar una transformación energética desde palacio y a destiempo sólo conduce al desastre, a costos aumentados y a la fuga de la industria.

    Casi todos, si no todos, los subsidios, esos que suenen a rumba para los idiotas, no convienen sino a los intereses bastardos. Si la actividad vale la pena, no requiere subsidio; a no ser que tenga otros propósitos. Fíjense en los negocios espaciales de Space X y los de Elon Musk, que están abaratando y mejorando de forma impresionante la exploración y la industria espacial.

    Los subsidios, ya sean para el medioambiente o el carnaval, siempre comienzan como cosa temporal que se vuelve eterna; en Panamá sobran los ejemplos. La cruda realidad es que reverdecer la economía por la ruta de las supuestas energías renovables no solo disparará los costos sino que destruirá el actual sistema económico que depende de ‘energía económica’.

    Mucho se cacarea acerca de los males de los combustibles fósiles pero poco o nada de lo positivo; de lo cual, por lo pronto, tiene más que la energía renovable. Por ejemplo, las capacidades de los combustibles fósiles en el enfriamiento, calentadores, irrigación y tal, neutralizan sus impactos de invernadero. En resumen, por ahora los combustibles fósiles son la mejor herramienta para el ambiente. Ni hablar que la inmensa mayoría de la humanidad carece de los medios para adoptar energías renovables; las cuales requerirán el uso de las fósiles.

    Es absurdo y ridículo creer que podemos hacer una transición a energías renovables por intermedio de normativas gubernamentales. No hay el espacio en este escrito de anotar todos los impactos negativos y demenciales de forzar una transición a destiempo. No más considerando la cantidad de cobre que se necesitaría, la Minera Panamá tendría que acabar con todo Panamá y aún así no logra nada. Pero de eso no hablan los ambientalistas. No hay suficientes minas en el planeta para los metales que requeriría lograr un cambio climático favorable; si es que entendemos lo que es favorable en cuanto al clima.

    Tampoco se habla de lo que serían las necesidades de recarga de las baterías de los vehículos eléctricos. Simplemente, no existe ni cerca la capacidad de generación eléctrica para la recarga de toso los vehículos; si es que fuese posible que todos los vehículos fuesen eléctricos.

    A fin de cuentas, todo el cacareo de irse por lo verde es como estar sentado en un restaurante dónde está prohibido fumar y en la mesa siguiente están sentados chinos, indios y tal fumando tremendos habanos.

    Y, para que la cuña azoque, ¿has considerado que el calentamiento global puede ser bueno para el agro y la alimentación de la humanidad?

  • Una cosa es la teoría y otra la práctica

    Lo consignado en el título es repetido como una cantinela permanente. Tomado literalmente es una verdad de Perogrullo pero lo que en realidad se quiere decir es que la teoría no resulta relevante puesto que lo importante es la práctica. Pero resulta que las cosas son exactamente al revés. No hay acción sensata que no esté respaldada en una buena teoría, de allí lo dicho por Peter Drucker en cuanto a que “nada hay más práctico que una buena teoría”.

    Hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, más o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

    Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea de teoría en la mente de alguien.

    Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusieran un régimen democrático.

    Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen son deudores de ellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

    El premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito que “aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar”. La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública ordenada y gradualmente a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

    En todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios, el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni de la heladera y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

    Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho “nada hay más práctico que una buena teoría”. Consciente o inconscientemente detrás de toda acción hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

    Leonard E. Read en su libro titulado Castles in the Air nos dice que “contrariamente a las creencias populares, los castillos en el aire constituyen los lugares de nacimiento de toda la evolución humana; todo progreso (y todo retroceso) sea material, moral o espiritual implica una ruptura con las ideas que prevalecen”. Las telarañas mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

    Como queda dicho, afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas más burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica. Por eso resulta tan grotesca y tragicómica la afirmación que pretende descalificar al sostener aquello de que “fulano es muy teórico” o el equivalente de “mengano es muy idealista” (bienvenidos los idealistas si sus ideales son nobles y bien fundamentados, en este sentido, el presente artículo también podría haberse titulado “La importancia de los idealistas”).

    Si se desea alentar el progreso debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”.

    En política se suele decir que no resulta posible aplicar lo que aún no se ha entendido, por ende debe conformarse con una dosis menor de lo que resulta mejor lo cual para nada significa bajar la vara de lo que se estima es óptimo solo que resta tiempo para “educar al soberano”. Esa es la gran faena de los intelectuales: correr el eje del debate de los políticos vía la previa influencia en la opinión pública.

    En este contexto resulta de gran interés subrayar la capacidad y unicidad de cada persona al efecto de desarrollar sus potencialidades en busca del bien y así contribuir a la formación de teorías adecuadas para ponerlas en práctica. Lo extraordinario del ser humano es que cada uno es único e irrepetible en el cosmos aún teniendo en cuenta los pastosos experimentos con la clonación ya que el aspecto central del hombre no son sus kilos de protoplasma sino su psique que no es susceptible de clonarse puesto que excede lo puramente físico. Como hemos escrito antes, si esto último no fuera así, si estuviéramos determinados por los nexos causales inherentes a la materia, no habría tal cosa como proposiciones verdaderas y falsas, ideas autogeneradas, ni la posibilidad de revisar los propios juicios y el mismo debate sobre el determinismo carecería por completo de sentido puesto que la argumentación presupone el libre albedrío.

    Entonces, aquellas condiciones únicas, aquellos talentos, vocaciones y potencialidades que son característica exclusiva de cada uno, deben desarrollarse para ser esa persona especial que cada uno es. En la medida en que el hombre renuncia al cultivo de sus condiciones particulares en dirección a la excelencia para asimilarse a lo que piensan, dicen y hacen otros, está, de hecho, abdicando de su condición natural para convertirse en una impostura humana. El hombre masificado es, en definitiva, un aglomerado sin perfil propio, es un conjunto amorfo e indistinguible del grupo.

    No puede escribirse sobre este tema sin recordar a Ortega y Gasset, a Gustave Le Bon y, antes que ellos, a los horrores de la masificación señalados por Jerome K. Jerome (The New Utopia de 1891), Yevzeny Zamyatin (We de 1921). También cabe recordar las obras de Orwell, Alduous Huxley, David Reisman (The Lonely Crowd), C.S. Lewis (The Abolition of Man) y, más contemporáneamente, el trabajo de Taylor Caldwell (The Devil´s Advocate). Todos ellos desde ángulos distintos y explorando diversas avenidas, ponen de manifiesto preocupaciones múltiples de lo que ocurre cuando el hombre se deja deglutir por lo colectivo.

    Esta renuncia a ser propiamente humano, esta falsificación de nuestra naturaleza, esta grosera adulteración de la única especie conocida que posee el atributo de ser libre, conduce por lo menos a tres efectos que colocan al hombre en el subsuelo más sórdido y lastimoso que pueda concebirse. En primer lugar, se pierde a sí mismo y, por ende, no saca partida de sus potencialidades en busca del bien y, de este modo, amputa sus posibilidades de crecimiento y realización personal. En segundo término, priva a sus semejantes de disfrutar de aportes y contribuciones que reducen el espacio para la cooperación social recíproca. Y, por último, al fundirse en el conjunto, estos sujetos se embarcan en andariveles que conducen a la búsqueda del común denominador: a lo más bajo y embrutecedor, a las frases hechas, al acecho de enemigos, a la envidia y el resentimiento para con lo mejor, a la ausencia de razonamientos, a los cánticos agresivos, en suma, a la barbarie que siempre capitalizan los megalómanos sedientos de poder, todo lo cual, de más está decir, constituye un peligro manifiesto para la privacidad de quienes conservan un sentido de autorespeto y dignidad.

    En La psicología de las multitudes, Le Bon escribe que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”. Cuando lo mencionamos a Ortega en esta nota, naturalmente teníamos en mente La rebelión de las masas, pero, a nuestro juicio, los mejores escritos de este filósofo se encuentran recopilados en El hombre y la gente. Allí dice que “La gente es nadie […] Hoy se diviniza lo colectivo […] la sociedad, tiende cada vez más a aplastar al individuo, y el día que pase esto habrá matado la gallina de los huevos de oro”.

    Desde la más tierna infancia, muchas son las personas que reciben un insistente adoctrinamiento para huir de la idea de ser distinto y se inculca hasta el tuétano la necesidad de parecerse al otro. Se crea así un complejo que aleja las posibilidades de sobresalir y se crea un acostumbramiento a mantenerse a toda costa en la media.

    En gran medida nos encontramos con que hay la obsesión por aparecer “ajustado” a las conductas y pensamientos de los demás, por tanto, a convertirse en un hombre impostado que, a fuerza de imposturas, se transforma en los demás. Esa es la raíz de las crisis existenciales: la pérdida de identidad. John Dos Passos -uno de los novelistas estadounidenses más destacados del siglo veinte- sugiere que se “consulte hoy a cualquier sociólogo sobre el significado de la felicidad en el contexto social y seguramente responderá que significa ser ajustado”. La felicidad ya no sería la plena realización, sino la uniformidad con los otros y en dejarse arrastrar y devorar por el grupo en caída libre a un bulto inidentificable, antihumano y degradado. El hombre así se convierte en una caricatura grotesca, como decimos, en una lamentable impostura que amputa la posibilidad de explorar otras teorías.

  • Por qué la batalla de Ucrania es la de todos

    El artículo de Guy Sorman, titulado «Necesitamos hacer más», publicado en ABC recientemente, aborda la situación actual en Ucrania y su relevancia en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El autor comienza haciendo referencia a un encuentro histórico entre el general Franco de España y Adolf Hitler de Alemania en 1940, en el cual Franco se negó a involucrar a España en la guerra y optó por mantenerse neutral o casi neutral. Sorman atribuye esta decisión de Franco a la previsión de que Alemania no ganaría la guerra debido a la resistencia de la Royal Air Force británica durante la Batalla de Inglaterra. El autor luego establece un paralelo entre esa resistencia británica en la Segunda Guerra Mundial y la lucha actual del Ejército y el pueblo ucraniano contra Rusia.

    Sorman argumenta que en la actualidad, al igual que en 1940, se enfrentan dos ideologías y concepciones del mundo: el bando democrático, que defiende la libertad personal y la resolución de conflictos a través de elecciones internas y negociaciones externas; y el bando del despotismo, que prioriza el poder del Estado y a menudo está acompañado de una ideología, como el imperialismo ruso o el comunismo chino, y que busca negar la libertad individual. El autor sostiene que el conflicto en Ucrania es una manifestación de esta lucha entre la democracia y el despotismo, y que una victoria rusa tendría consecuencias negativas para la libertad y la prosperidad en el mundo, ya que Rusia y China se unirían para contrarrestar la democracia en todas partes.

    Sorman expone que, a pesar de que la OTAN está armando a Ucrania, lo hace con cierta vacilación, temerosa de una posible respuesta nuclear de Rusia. Sin embargo, el autor argumenta que si Rusia pudiera usar armas nucleares en el campo de batalla, ya lo habría hecho, y que estas armas son inútiles en una guerra convencional. Sorman critica la demora en la entrega de armamento a Ucrania por parte de Occidente y sostiene que los ucranianos deben dar argumentos durante semanas o meses antes de recibir el apoyo que necesitan para enfrentar la agresión rusa.

    El autor también menciona la implicación de otros países en este conflicto, como África, el mundo árabe e India, que dudan entre apoyar a la democracia o al despotismo. Sorman advierte que una victoria rusa en Ucrania fortalecería a los dictadores en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y establecería una alianza de tiranos liderada por Rusia y China, lo cual pondría en peligro las libertades, vidas, prosperidad y creencias de los europeos y de otros países.

    Sorman concluye su artículo instando a no abandonar a Ucrania, ya que este país está luchando por la democracia no solo para sí mismo, sino también en nombre de otros países que valoran la libertad. El autor hace un llamado a reconocer la importancia de este conflicto en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El artículo de Guy Sorman es una advertencia clara y contundente de las consecuencias que podría tener la victoria de Rusia en Ucrania para Europa y el mundo y llama a no permitir que el miedo a las armas nucleares detenga la ayuda a Ucrania. El artículo es un recordatorio de que la libertad, la vida, la prosperidad y las creencias del mundo occidental están en juego y de que no podemos permitir que esto suceda.

  • Una política fiscal más estricta

    Leo que un tal Nigel Chalk del FMI aboga por una política fiscal más estricta. La clase de respuesta que semejante desquicio suscita en mí, no lo debo verter en este artículo. Antes que nada ¿qué es una “política fiscal más estricta? El artículo de marras da un ejemplo: aumentar lo que les roban a los ricos, llamado impuestos. ¿Qué es un “rico”. ¿Será una persona con buen sabor, delicioso y tal? Y, en todo caso, ¿a quienes más van a desplumar, acaso a los que no tienen plumas? ¿Dónde colocas el límite entre rico y no rico? Ello es puramente especulativo y disparatado.

    Luego Chalk nos “ilumina con aquello de “contener la inflación y quietar así más peso a los bancos centrales en su política monetaria”. Dementes económicos como este nos han encauzado en la antesala de una recesión que bien podría llegar a ser la madre de todas las recesiones. Política fiscal es una bribonada gubernamental para robar más a unos para luego gastar más, disque para incentivar una economía Titanic.

    Por otro lado está la política monetaria, en dónde los bancos centrales (no Panamá) cambian la cantidad de papelitos falsificados (dólares o tal) y efectúan ajustes a las tasas de intereses bancarios; luego de lo cual se voltean y venden o compran lo que, hipócritamente llaman, “seguridades del tesoro”, para lograr un supuesto “control” inflacionario”. Curioso que eso hacen en muchos países aunque a fin de cuentas no funciona.

    Semejante demencia nos lleva a situaciones tan absurdas y ridículas como las del “Efecto Cantillon” que en 1755 Richard Cantillon sugirió que el dinero no es tan neutral nada. Que la inyección de dinero, papel o lo que sea, bien puede no tener efecto alguno a más largo plazo, y lo que sí hace es afectar de diversas maneras a diversos grupos económicos; tal como ciertos programas de “asistencia a los necesitados” que a fin de cuentas no ayudan sino todo lo contrario. Creer que la clase política típica va a asistir a los pobres es idiotez.

    Por ejemplo, cuando una banca central falsifica más papelitos y se los entrega a los bancos, esos $ van, antes que nada, a sectores más poderosos que los usan antes que la gente se de cuenta del efecto inflacionario. A medida que el dinero circula y ocurre la inflación, disminuyendo el valor de los papelitos falsificados, los menos cocotudos serán los más afectados.

    Los impuestos afectan aspectos económicos, sociales y políticos en nuestras vidas que ni siquiera vemos o entendemos. Tomemos el ejemplo de una familia que invierte en reubicar su restaurante y ello le da buenos resultados; pero con los “buenos resultados” vienen los impuestos aumentados, los cuales afecta el ahorro y la factibilidad de montar una sucursal. Y ni entremos a ver la inmensa variedad de impuestos y como producen recaudos repetidamente a través de la cadena transaccional. Te cobran cuando importas, cuando vendes, cuando declaras dividendos, cuando haces trasferencias y más. Pocos llegan a ver y entender los efectos de todo ello. Y ni entremos a ver aquello de las prestaciones, los salarios mínimos, controles de precio, vacaciones, etc.; en la formalidad, lo cual no aplica a la informalidad, que crece día a día.

    Pocos legisladores entienden o les importa lo económico, lo cual explica la cantidad de consecuencias no previstas que se generan. En muchos casos los impuestos a los ricos terminan aumentando brechas, ya que los más ricos tienen los medios para jugar la pacheca, pero no los pobres; y a todo ello los politicastros deambulan en tinieblas.

  • Los arquitectos del futuro de los niños

    Como más que bien lo señala Nicole Doyle, presidente del Dekalb Christian Home Educators (hogar de los educadores cristianos – DCHE), les zumba a los padres de familia que ellos pueden contratar los servicios NODUCA y privados que quieran pero el desarrollo mental, espiritual y académico de sus hijos recae en sus padres; quienes, si no se involucran, hacen inmenso daño a los niños.

    Es tentador y fácil delegar más de lo aconsejable la educación de los niños; pero no es sano. No sólo es vital mantenerse al tanto de lo que enseñan a tus hijos sino cómo se les enseña. Y, aún más vital es descubrir las pasiones de nuestros vástagos y ayudarlos a desarrollarlas y no como es tan común de padres que le dicen a sus hijos que quieren que estos sean médicos y tal. Como bien señaló Khalil Gibran en su obra El Profeta:

    “Tus hijos no son tus hijos. Ello son los hijos e hijas del deseo de la vida por sí misma. Vienen a través de ti pero no de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen. Les podrás dar tu amor pero no tus pensamientos; pues ellos tienen sus propios pensamientos. Podrás dar albergue a sus cuerpos pero no a sus almas, pues sus almas habitan en la casa del mañana, que tú no podrás visitar ni siquiera en tus sueños. Podrás desear ser como ellos, pero no intentes que ellos sean como tú, pues la vida avanza y no se detiene en el ayer…”

    Si es error delegar en demasía la educación de los niños a las escuelas privadas, el error se vuelve garrafal cuando la delegamos al monopolio estatal del NODUCA. No olvido y repito la anécdota de la visita de la ministra del NODUCA a la APEDE. La misma se dedicó a regañar a los empresarios de no “colaborar” con las escuelas “publicas”. Nos dijo que no las visitábamos y no ofrecíamos nuestra ayuda en charlas y tal. Sin embargo, llevo años ofreciendo a escuelas NODUCA visitas y ¡nada! Más aún, una vez que me invitaron a presentar mi libro sobre la educación en una universidad la directora me informó, con gran preocupación, que le habían llamado de la UP para amenazar que si me permitían hablar cerrarían dicha universidad.

    Lo bueno es que la desquiciada y malévola encerrona covidosa en EE.UU. le está reventando en la cara al monopolio estatal supuestamente educativo; a tal punto que más de 1.2 millones de estudiantes han abandonado las escuelas gubernamentales como resultado. En Panamá el asunto va por otro chorrillo como resultado de los encierros covidosos que llevaron a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas, dejando a dueños, empleados y a toda la cadena de mercado varada. ¡Por supuesto!, ahora el NODUCA no tiene la capacidad de atender a todos los refugiados de la insensatez.

    Lo que poco o nada entienden los del NODUCA y el resto de los zorros del gallinero gubernamental, o simplemente no les importa, es que el futuro que explota ante nosotros requiere alternativas de educación que jamás saldrán de la miasma central. En sitios tales como en Corea del Sur, la respuesta se fue por la ruta de los tutores académicos que ayudan a las familias con el diseño y ruta de la educación de sus hijos.

    El inmenso “secreto” que no logran entender los socialistas y demás centralistas, es lo imprescindible de dar con la veta aurífera de la diversidad, esa que se encuentra diseminada a través de toda la población y no enclaustrada en las mazmorras del NODUCA.