La “ilusión” nos llega del latín illusîo, que se refiere a una imagen, idea o ideología que surge de la imaginación y que típicamente es engaño alejado de la realidad. Tristemente, hay muchos ilusos a punto que, según Gallup, en los EE.UU. el 65%% de los llamados “democrats” y el 39% de los estadounidenses favorecen la doctrina socialista, en mayor o en menor grado. Pero el hecho de que muy pocos puedan definir lo que es el socialismo nos lleva a concluir que se trata de una ilusión.
Un caso ilustrativo, que nos cuenta David Boaz del instituto CATO, es el caso del senador Bernie Sanders quien, al defender su socialismo manifestó que desearía que los EE.UU. fuesen más como Dinamarca. Curioso que el primer ministro de Dinamarca rápidamente aclaró que “Dinamarca está lejos de tener una economía planificada. Que Dinamarca tiene una economía de mercado.”
Antes de proceder, veamos mejor lo que es el socialismo. De salida, el socialismo es lo contrario al liberalismo; a pesar de que lo contradiga la enciclopedia filosófica de Stanford al decir que se trata de libertad individual. La realidad es que hablar de libertad individual o personal (de la persona) es hablar de libertad económica; es decir, quien economiza es la persona y no el estado y sus gobiernos. Economía de mercado es la división del trabajo que se logra con el mercado; pero no cuando éste es torcido por gobiernos infectados con politicastros.
Otro aspecto interesante que define las diferencias entre la mentalidad o ilusión socialista del liberalismo la tenemos en que el dinero es producido del mismo modo que se producen los demás productos y servicios en un mercado desembarazado; vale decir, que una banca central jamás debe controlar e imprimir dinero al infeccioso y destructivo antojo policastrense. Y no busques la definición de “policastrense” pues la acabo de inventar.
Para discutir con los acólitos de Bernie Sanders sobre lo que es el socialismo, comencemos por aclarar que se trata del control gubernamental sobre los medios de producción; lo cual aflora con bastante claridad en la constitución panameña en los artículos 282 y 284, que dicen cosas como: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará y creará…” según sea el interés del maleante de turno. Y el 284, que dice: “El estado intervendrá en toda clase de empresas… para hacer efectiva la justicia social… Regulará… las tarifas, los servicios y los precios, los artículos. Exigirá la debida eficacia… calidad… Coordinará los servicios de la producción.” Y luego de eso, un arroz con pollo y medio tamal.
La otra es la nacionalización de las industrias, tal como en Panamá que tenía su línea aérea y otras empresas que no corresponden al propósito de gobernación y, que aún en el 2023, siguen existiendo empresas cuyo accionista es el gobierno; quien sea que es el Sr. Gobierno. Es la centralización de hospitales, escuelas, y mucho más. O, más allá en el camino hacia la servidumbre, encontramos entuertos gubernamentales que, supuestamente, distribuyen los ingresos; es decir, los reparten “equitativamente”. Y ni hablar del nombrecito: “Estado benefactor”. En el fondo no es otra cosa que el igualitarismo irreal y destructivo; ya que no se logra igualdad repartiendo lo que otros producen.
En fin, creer que destruyendo al productivo vamos a ayudar el improductivo no le llega ni cerca a la bobería; y, sin embargo, por allí andan los oleajes de esas ilusiones. Otra cosa es enfrentar el juega vivo y la corrupción; lástima que los líderes socialistas, y ni hablar los comunistas, siempre hacen compinche con los empresarios coimeros. Y, como todo ello es ilusión, todo el que se queje se convierte en aguja que puede romper la absurdas pompas de jabón y debe ser eliminado.
Cuando se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania, la realidad se esfuerza por recordarnos la crueldad de la guerra. Desde que el presidente Putin diera la orden de invadir Ucrania, un número indeterminado de personas (110 000, según la ONU y 200 000 según Estados Unidos, de los cuales 40 000 son civiles) han perdido la vida en este conflicto.
El número de personas que ha tenido que abandonar su casa (15 millones) duplica al de la Segunda Guerra Mundial. Si nos centramos en los niños, las cifras son aún más devastadoras: los muertos superan los mil, los desaparecidos son más de 300 y unos 12 000 han sido raptados por las fuerzas rusas.
Con esta apocalíptica situación entramos en el segundo año de guerra, fecha muy adecuada para hacer un balance de lo que ha ocurrido desde el 24 de febrero de 2022.
Maniobras militares previas
Si bien es cierto que la invasión de Ucrania no comenzó hasta 2022, los ejercicios militares llevados a cabo por Rusia durante el otoño de 2021 y durante los primeros meses de 2022 no fueron más que un preparativo para la guerra. De hecho, entre el 10 y 20 de febrero de 2022 en el marco de los ejercicios “Determinación Aliada”, Rusia y Bielorrusia desplegaron un volumen de fuerzas militares (30 000 hombres) que, según Estados Unidos, suponían el 70 % de lo necesario para invadir Ucrania.
Los efectivos humanos movilizados en la frontera, el despliegue de misiles S-400, los aviones Su-25 y Su-35 (traídos del este de Rusia), así como los 15 buques de guerra desplegados en el Mar Negro, no hacían presagiar nada bueno.
Sin embargo, en defensa de los que no anticiparon la invasión, hay que decir que este tipo de ejercicios habían sido habituales en los años anteriores y, de hecho, en septiembre de 2021 los ejercicios ZAPAD fueron mucho más masivos, con la movilización de hasta 200 000 soldados rusos.
Entre el 17 y el 21 de febrero, los líderes de las autoproclamadas repúblicas de Luhansk y Donetsk denunciaron ataques por parte de Ucrania y solicitaron formalmente ser reconocidas como independientes.
El 21 de febrero Putin dio un discurso al pueblo ruso en el que afirmó que la creación de Ucrania había sido un error y que se había convertido en un régimen nazi y rusófobo.
Para revertir “esta situación” Putin solicitaba al Consejo Federal el uso de la fuerza para “desnazificar” Ucrania. Dos días más tarde, a las 6 de la mañana, las fuerzas rusas acumuladas en la frontera con motivo de los ejercicios militares lanzaban “una operación especial” en Ucrania.
Fase 1: Guerra relámpago – cambio de Gobierno (24 de febrero–6 marzo)
El plan del Kremlin era lanzar una triple ofensiva (desde Rusia hacia Kiev, desde el Donbás hacia Jarkiv y desde Crimea hacia Jersón) que debería haber hecho colapsar el país en poco más de 15 días. Una vez depuesto el gobierno ucraniano, situaría al frente del mismo a un títere (probablemente a Viktor Medvedchuk) quien, siguiendo el modelo de Crimea, solicitaría la adhesión de Ucrania a la Federación Rusa.
Si bien es cierto que las experiencias pasadas en Georgia y Crimea hacían pensar que podría ser posible, la reacción del presidente Zelensky y la numantina resistencia de la población ucraniana impidieron que el plan pudiera consumarse con éxito.
Frente a esta estrategia rusa, Kiev preparó una estrategia interna y otra para el exterior.
En el plano interno, el 25 de febrero, el gobierno de Kiev publicaba un vídeo en el que sus miembros, vestidos de militar, anunciaban su voluntad permanecer en sus puestos, lo que provocó que la población se alzara en armas contra el invasor.
Además, en el plano internacional, Zelensky se dirigió a los principales parlamentos del planeta haciendo que la causa ucraniana se convirtiera en la causa de todos los demócratas del mundo.
Así, 15 días después del comienzo de la invasión y a pesar haber ocupado el 25 % del territorio ucraniano, Rusia no pudo seguir avanzando.
Residentes de Irpin abandonan sus hogares el 9 de marzo de 2022 mientras las tropas rusas bombardean la ciudad. Shutterstock / Drop of Light
Fase 2: Primera ofensiva ucraniana (7 marzo–6 mayo)
Una vez Kiev recibió las primeras remesas de armas, Ucrania pasó de la defensa al ataque. Partiendo de la capital, los ucranianos avanzaron por las dos orillas del Dniper liberando ciudades como Bucha o Irpin, donde la salida de los rusos hacía visibles los crímenes contra la humanidad que allí habían cometido.
En esta fase se produjeron las primeras visitas de líderes extranjeros, lo que debe ser interpretado como el inicio del apoyo decidido a Ucrania.
Por otro lado, tanto en el este como en el sur se produjeron avances importantes de los ucranianos, llegando el 7 de mayo a expulsar a los rusos de Jarkiv y estabilizando el frente en el Donbás y en el ur (Oblast de Jersón y Zaporiya).
Mención especial merece la resistencia de Mariupol, ciudad que con su sacrificio drenó muchos recursos humanos y materiales de Rusia.
Refugiados ucranianos de Mariupol en la estación de tren de Lviv esperando para escapar a Europa el 24 de marzo de 2022. Shutterstock / Ruslan Lytvyn
Fase 3: Avance ruso – entrenamiento ucraniano (7 de mayo – 25 de agosto)
Entre mayo y septiembre los rusos cosecharon algunas victorias, esencialmente en el Donbás. Los avances rusos venían precedidos de ataques con artillería sobre el territorio que posteriormente ocupaban. Los ucranianos se limitaron a mantener las posiciones ganadas en la fase anterior, mientras soldados ucranianos se entrenaban, en lugares como Alemania, Reino Unido, Estados Unidos y España, sobre el funcionamiento de las armas que posteriormente iban a usar en la siguiente fase: los HIMARS y los AGM 88 HARMS
Fase 4: Segunda ofensiva ucraniana (25 agosto – 11 de noviembre)
A finales de agosto comenzó la segunda ofensiva ucraniana. Si bien es cierto que los HIMARS habían centrado su acción en el frente sur, sobre todo en Crimea y en las líneas de suministro que salían de sus bases, Kiev apostó por una ofensiva en el noreste, algo que cogió por sorpresa al Kremlin. Este hecho propició que Rusia reforzara sus líneas moviendo 25 000 hombres de la zona del frente norte al sur.
Con las defensas debilitadas en el noreste, el ejército ucraniano hizo uso de los AGM 88- HARMS, un misil que actúa contra los radares limitando la capacidad de detección de movimientos de tropas, que permitió que la caballería ucraniana penetrara en las líneas enemigas. Una vez dentro, los ucranianos embolsaron a las tropas enemigas que no tuvieron más remedio que rendirse.
Con esta táctica, Ucrania recuperó un total de 60 572 kilómetros cuadrados y ciudades tan importantes como Liman o Jersón.
Fase 5: Estancamiento generalizado y castigo a la población civil (12 noviembre – hoy)
La segunda ofensiva ucraniana provocó la ira de Putin, quien reaccionó, por un lado, movilizando a 300 000 hombres y, por el otro, atacando con misiles a la población ucraniana, un hecho que jurídicamente es un crimen de lesa humanidad.
Ucrania se vio obligada a concentrar sus esfuerzos internacionales en la consecución de baterías antiaéreas con las que proteger a su población.
En el campo de batalla, en esta quinta fase, Rusia ha concentrado sus esfuerzos en Soledar, Bajmut y Vuhledar (Donbás), donde, si bien casi no ha logrado recuperar territorio, sí que ha registrado muchas bajas, las más elevadas desde el comienzo de la invasión.
Ahora mismo el futuro de la guerra se está jugando fuera del campo de batalla, en los despachos y en los centros de entrenamiento.
Si los ucranianos logran convencer a los europeos de que lo que está en juego es algo más que el futuro de Ucrania, Europa seguirá siendo el continente de la libertad. De lo contrario, el viejo continente volverá a un periodo tan oscuro como la Edad Media.
Vale la pena analizar un comentario en Twitter que lee: “La vieja excusa del libre mercado para torcer leyes y evitar regulaciones que interfieran con el objetivo medular: la máxima ganancia. Una forma de organización social centrada en la acumulación del capital, no en el bienestar humano con el equilibrio natural del que dependemos”.
Al leer, releer y analizar lo escrito, logramos un atisbo a una lúgubre realidad cultural panameña y de muchos otros lares; en donde aflora la falta de entendimiento de lo que es libertad y mercado. Pero, quien dijo lo anterior tiene un cachito de razón al decir “la vieja excusa…” Sí, no cabe duda de que los malos gobernantes y sus acólitos se valen de lo bueno y lo tuercen hacia sus putrefactos propósitos. Ahondemos en lo dicho.
Al decir “la vieja excusa del libre mercado”, leo que la autora admite una de dos cosas: a) Que el mercado no es libre; o b) Que la ideología del libre mercado se presta para torcer las cosas.
Seguidamente habla de “…evitar las regulaciones que interfieran con el objetivo medular: la máxima ganancia.” ¡Epa! Ese no es el objetivo medular del mercado libre. Pero aún aquí lo autora no se pronuncia expresamente en contra de la liberad del mercado; lo cual queda a la luz de “la vieja excusa”.
Pero, en el siguiente párrafo el perico se cae de la percha al decir: “Una forma de organización social centrada en la acumulación del capital, no en el bienestar humano con el equilibrio natural del que dependemos”.
La libertad, no sólo del mercado sino de todo lo demás está inscripta en la misma Creación del Universo. Los humanos, en la Creación engendramos el albedrío, el don del bien y del mal. Sin ello la humanidad zozobra. La libertad social de intercambios voluntarios no está centrada en la “acumulación del capital”; al menos no como parece inferir la autora. Primero, debemos entender lo que es el capital, que definitivamente no sólo dinero; dado que el mayor “capital” humano no llega por intermedio del vocablo derivado de capitalis que es cabeza. Y, la buena cabeza debía entender que el mayor capital humano es la acumulación del conocimiento del universo. En economía hablamos de la productividad y no del dinero; siendo este último sólo un medio.
Al hablar de “bienestar y equilibrio natural del cual dependemos”, habría que ver que quiere decir. Para mí, el “equilibrio natural” se logra mediante la libertad, mientras que las “regulaciones”, si son buenas, son el medio para un buen derrotero.
Todo lo anterior lo leía en Twitter y es precisamente allí dónde podemos encontrar un atisbo de cómo la putrefacta gobernanza va infectando y trastocando el libre mercado. Menos mal que Elon Musk tuvo el coraje de invertir 40 millardos para rescatar a dicha empresa que había sido secuestrada por los bastardos apetitos del estado profundo.
Y, en Panamá tenemos un monopolio de la podredumbre gubernamental; particularmente cuando en la cuna de la libertad de pensamiento, palabra y expresión de fe, vemos lo que ocurre hoy día, cuando las agencias de gobierno se han puesto al servicio de los más torcidos.
Mucho peor es ver que en EE.UU. tanto como en nuestro patio, demasiados empresarios andan chuecos, ya que si no lo hacen pierden hacha calabaza y miel. Me consta, pues los gobiernos quebraron mi empresa cuando rehusamos pagar coimas. Algunos “empresarios me han dicho: “John, lo que pasa es que no sabía hacer “negocios”. Y sí, lo admito.
Hemos sido ingenuos al pensar que con las nuevas tecnologías de la información y comunicación sería más fácil ver todo. ¡Sorpresa!, y más vale que pongamos atención… los adelantos tecnológicos han servido para aumentar la capacidad no sólo del bien sino del mal.
Hace buenos años camino a casa escuché en la radio a un ciudadano que se refería a algo de dijo un tal John Bennett por la TV, acerca del libre mercado. La crítica del ciudadano era que en un libre mercado los más ricos siempre llevaban ventaja; lo cual es cierto, pero lo que obviamente no entendía el ciudadano es que la manera de nivelar el campo de juego no es por intermedio de los zorros del gallinero estatal. Y, sí, el gobierno existe para evitar los crímenes y abusos; lástima que ese mandado lo tuercen al punto de que son los gobiernos que se vuelven abusadores.
Se trata de una crítica basada en la falsa premisa de que quitando al que más tiene se ayuda al que menos tiene. O, visto con otro enfoque: se trata de una crítica más existencial que ética; lo cual se derrama al campo del vacío cuando la persona no encuentra sentido a su vida.
Es en el campo del ‘dejar hacer’ o “laissez faire” o mercado, que nos topamos con el rechazo de quienes no saben hacer. Y, lo que debíamos enfocar es la mejor manera de enseñar a hacer; lo cual no se logra por intermedio de más instituciones estatales, esas que no dejan hacer. Es el caso del padre que no deja al hijo montar la bici. ¿Cómo va el pobre a salir del pozo de la pobreza sin las herramientas del caso? Lo cual, definitivamente no sería por medio de la intervención gubernamental en MEDUCA y mucho más.
La pervertida Constitución panameña en su preámbulo inicia llamando a la defensa de la libertad; para luego contradecirse con “peros” y la intromisión gubernamental en materias que no son propias de la buena gobernanza. Fue durante la Dictadura lo que los milicos querían, ya que habían logrado el poder de las armas, pero no el económico.
Y sí, el mercado libre es una jungla que al internarnos en ella nos lanza inmensos retos; pero así es la vida y la solución no es intervención castrense ni castrante. No se aprende a ser buen cazador si por delante va un politicastro ladrón disque abriendo camino con machete ajeno. Para ser exitoso hay que ser productivo y rara vez veremos instituciones gubernamentales productivas.
El “éxito” de la mayoría de funcionarios gubernamentales se basa en su habilidad en complacer favores políticos; lo cual muy poco o nada tiene que ver con favorecer al ciudadano. En la buena ferretería, el éxito, aquel del cliente que regresa, depende del buen servicio del dueño y sus vendedores; lo cual me consta habiendo trabajado como vendedor en Novey por mucho tiempo. Lo curioso y triste es que, por un lado, los ciudadanos vean al gobierno como un ente cuasi divino, una Santa Claus, mientras, al mismo tiempo dicen que nada lo hacen bien; es una contradicción fatal.
Se logra buena economía cuando valoramos acertadamente las funciones económicas, tanto de parte del estado como de los ciudadanos. Pero, cuando nuestras valorizaciones son irreales, tal como creer que Papachú estado o tal o cual político ladrón es la solución, ciertamente vamos para Patacón.
Cuando la mayor parte de una población no cree en, ni practica la unión conyugal y deja en manos de ladrones la esposa o cosa pública; nada raro el desastre. Quien cree ciegamente que los gobiernos pueden, saben y quieren educar a sus hijos, va por el camino del mal. En fin, no podemos ser morales cuando no somos libres para decidir lo que está bien o mal.
Algunos asumen que hay tanta gente pervertida a punto que se requiere un hombre fuerte que ¡MANDE! El problemita es que si en verdad son tantos los perversos y elegimos a un perverso al puesto de MANDAMÁS, entonces vamos “patrás”.
El lenguaje resulta esencial para pensar y para comunicar pensamientos, por lo que su uso inapropiado conduce a conclusiones erradas y en su caso peligrosas. No solo el tema se aplica a la mal llamada “inteligencia artificial”, sino también a la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro.
Sin duda la tecnología ha prestado, presta y prestará inmensos beneficios a la humanidad. Desde las herramientas rudimentarias de nuestros ancestros de las cuevas referidas al simple garrote y el arco y la flecha, pasando por el taladro, la licuadora y la cortadora de césped, hasta la informática y la robotización.
En todos los casos se libera trabajo para atender nuevas necesidades, ya que, como es sabido, los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, y el recurso por excelencia es el trabajo indispensable para concebir la producción de bienes y la prestación de servicios. El empresario deseoso de obtener ganancias está muy especialmente interesado en sacar partida del arbitraje correspondiente, para lo cual se ve obligado a capacitar al efecto de lograr su cometido.
Todos los cambios tecnológicos introducen cambios laborales, que van desde la desaparición del hombre de la barra de hielo al aparecer la heladera; los fogoneros de las locomotoras al irrumpir los motores diésel; la disminución de los carteros cuando se generalizó el mail; los trabajos de cableados, cuando se comenzó a recurrir al teléfono inalámbrico, y así sucesivamente. Este es el progreso, que, naturalmente, implica cambio, por lo que progresar y mantenerse estancado en lo mismo constituye una contradicción en los términos. Por supuesto que se ponen palos en la rueda si legislaciones laborales no permiten la adecuada asignación de personas y recursos, con lo que se perjudica muy especialmente a los más vulnerables.
El decimonónico Frédéric Bastiat, en el capítulo 20 de su célebre Sofismas económicos, ya había ridiculizado la absurda sugerencia de destruir maquinarias y herramientas “para defender el trabajo” y establecía un correlato con las restricciones impuestas al comercio exterior por parte de mal llamados empresarios, que son explotadores, puesto que obligan a comprar más caro y de peor calidad “al efecto de proteger fuentes de trabajo”, lo cual empobrece al forzar a que se desembolsen mayores montos por unidad de producto, lo que necesariamente conduce a que haya menos productos.
Pero una cosa es celebrar con entusiasmo el progreso tecnológico que beneficia a todos y otra bien distinta es distorsionar conceptos claves. Inteligencia proviene de inter-legum, es decir, leer adentro, captar esencias y capacidad para decisiones autónomas, en otros términos, libre albedrío, lo cual contrasta con la peregrina idea de que los humanos somos solo kilos de protoplasma, en cuyo caso estaríamos determinados por los nexos causales inherentes a la materia. En ese caso no habría tal cosa como ideas autogeneradas, no tendría sentido la responsabilidad individual, ni la moral ni la misma libertad, que sería mera ficción. Entre otros muchos textos, este es el sentido del libro en coautoría del filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en Neurofisiología John Eccles, que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro para distinguir la mente, los estados de conciencia o la psique del cerebro, de neurotransmisores y de la sinapsis.
La inmensa gratitud por las maravillas de la tecnología y las extraordinarias contribuciones de algoritmos que resuelven problemas intrincados a velocidades notables, incluidos autocorrectores, no nos debe hacen caer irresponsablemente en lo que C. S. Lewis estampó como un alarido de alarma en el título de su célebre obra La abolición del hombre.
El lenguaje resulta esencial para pensar y para comunicar pensamientos, por lo que su uso inapropiado conduce a conclusiones erradas y en su caso peligrosas. No solo el tema se aplica a la mal llamada “inteligencia artificial”, sino también a la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro. Cuando nuestros bisabuelos hacían un nudo en el pañuelo para recordar algo, a nadie en su sano juicio se le ocurría referirse a la gran memoria del pañuelo. De modo semejante es pertinente subrayar que es el ser humano el que computa, la máquina opera sobre la base de impulsos eléctricos.
En otra ocasión me referí al experimento del conocido matemático Alan Turing en el que colocaba a una persona en una habitación en la que se ubicaban dos terminales de computadoras, una conectada en otra habitación con otra computadora y la otra conexión, a otro ordenador manejado por otra persona. A continuación, Turing solicitaba a la primera persona referida que formulara todas las preguntas que estimara pertinentes por el tiempo que demandara su investigación, a efectos de conocer cuál era cuál. De lo contrario, si no podía establecer la diferencia (distinguir cuál era humano y cuál, el aparato), concluía Turing que era una prueba de que no había diferencia entre el humano y el aparato en cuanto a sus cualidades de decisión.
Por su parte, el filósofo John Searle refutó las conclusiones de ese experimento con otro que denominó “el experimento del cuarto chino”. Este consistía en ubicar también a una persona aislada en una habitación y totalmente ignorante del idioma chino, a quien se le entregaba un cuento escrito en esa lengua y se le daba una serie de cartones con preguntas sobre la narración del caso y otros tantos cartones con respuestas muy variadas y contradictorias a esas preguntas. Simultáneamente, también se le entregaban otros cartones adicionales con códigos claros para que pudiera conectar acertadamente las preguntas con las respuestas correctas.
Explica Searle que de este modo el personaje de marras contestaba todo satisfactoriamente sin que hubiera entendido chino. Lo que prueba este segundo experimento es que el sujeto en cuestión es capaz de seguir las reglas, los códigos y los programas que le fueron entregados, que es la manera en que la máquina opera (desde luego no en cuanto a la capacidad de amar, autoconciencia, decisión independiente y equivalentes). Esto remite a la mera reacción de la computadora sobre la base de programas insertos (agregamos que la persona del ejemplo decidió seguir el programa, cosa que podía haber rechazado, decisión que no puede asumir la máquina). Todo esto para subrayar el rol de la programación.
Es de interés destacar la opinión del premio Nobel de Física Max Planck en el contexto del no determinismo en el ser humano y su libertad. Afirma: “Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como razón de la conducta”.
Antony Flew precisa la diferencia entre causas y motivos. Escribe: “Cuando hablamos de causas de un evento puramente físico –digamos un eclipse de sol–, empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y, dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible. Pero este no es el caso del sentido de causa cuando se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.
Debemos estar en guardia respecto de nomenclaturas modernas que se han filtrado y que degradan la condición humana, aunque sean del todo inocentes, basadas en las mejores intenciones y propósitos.
Bien hace Jordan Peterson al señalar que cuando habla o escribe: “escojo las palabras con sumo cuidado”; y es que si no entiendes el verdadero significado de un término, al usarlo bien podrías estar comunicando algo muy diferente a lo que imaginas. Más aún, es muy probable que quien te escucha no tenga buen entendimiento de lo que intentas comunicar; por ejemplo, el vocablo “disforia” ¿lo conoces y entiendes? Es más, pude ser que pienses: ¿y para qué voy a escudriñar el significado de semejantes palabras? Bueno, para conocer mejor la vida.
El meollo del asunto es que los humanos, las personas, no somos islas, es decir, no estamos aislados; lástima lo poco que entendemos acerca de los enormes beneficios que derivamos en el trato de unos con otros. Un par de los mayores valores de nuestra existencia social los tenemos en el conocimiento y en el mercado; es decir, el intercambio de ideas, sensaciones, productos, servicios y, particularmente, en el amor por el prójimo. Muy triste que poco vemos y valoramos el que la riqueza fluye de abajo hacia arriba; y no hablo de la riqueza monetaria sino la del conocimiento que da cabida al amor.
Estoy abordando el tema de las palabras y la importancia de conocerlas y usarlas correctamente para lograr mejor interactuación con los demás. Tomemos, por ejemplo, la segunda palabra del párrafo anterior (“meollo”), ¿conoces su origen y significado? ¿Las has usado o la sueles usar? Meollo, que viene del latín medullum, derivado de medulla o “médula”, se refiere al fondo de un asunto; lo primordial que define su esencia o características. Es sinónimo de núcleo, sustancia, fundamento, y base; que tal como “Adán”, en sentido antropológico es relato religioso o mitológico acerca de nuestro origen.
A su vez, las palabras, que son ideas, son simiente que recibimos en la asociación humana. Simientes que nacen, brotan y florecen en cada quien, tal como árboles cuyas ramas nunca se extienden igual que las de otro árbol que expresan nuestro ser único en todo el Universo. Nombrar es discriminar y, a su vez, “discriminar” es diferenciar, es conocer el origen, es distinguir. Y, hablando de “distinguir” llegamos a “distinto”, que tantos usan para decir que algo es diferente o que se distingue dada sus particulares características. Más aún, lástima que tanto la usan aludiendo al trato desigual y a la exclusión, por razones de género, religión, política, racismo y tal. En resumen, no entender todo esto es entrar en la Babel; tema expuesto desde el Génesis.
Y ni hablar si abordamos el vocablo “gobierno”, término tan mal entendido y usado. Son tantos que usan “gobierno” para referirse a quien mejor usa el timón de la barca nacional. Lástima que poco lo vemos como aquellas autoridades que mejor debían discernir entre el bien y el mal. Por ejemplo, que la auténtica subsidiaridad no germina en el gobierno sino en la familia; y, por tanto, la mejor gobernanza es aquella que origina y fluye de abajo, de la familia y que llega hasta el organismo de gobierno sin haberse desnaturalizado. El buen gobierno no es ni controlador ni destructor de la familia y su diversidad sino todo lo contrario.
Más allá, es indispensable distinguir las clases de personas e inteligencias; no como las pruebas PISA con las cuales se pretende meter a todos en una misma jaula de grillos sonoramente aburridos. Y, si verdaderamente entendemos el valor de la diversidad y de dónde nace, podríamos ver cómo deberían hacer los gobernantes para promoverla. Hablo de promover la familia en contraposición a una sociedad en la cual no menos del 90% de nacimientos no originan en una formal unión conyugal. En dónde una madre da alumbre a 12 hijos engendrados por 12 machos.
En síntesis, ¿qué podemos esperar de una sociedad como la descripta en el párrafo anterior? De un Panamá u otro país en dónde la gobernanza no funciona a favor de la familia; lo cual se denota con claridad al ver la farsa de una llamada “educación” centralizada. De ver que el 99% de la población no sabe ni leer ni escribir.
di-vertir es separarse de lo importante para internarse en un paréntesis de las obligaciones y metas centrales en la vida que son el amor, la felicidad, el buen hogar, el conocimiento que alimenta el alma, el trabajo adecuado y similares, pero para que todo esto sea posible es menester que tenga lugar el respeto recíproco como valor necesario para todo lo demás.
Es realmente llamativo pero se ha filtrado de contrabando una palabreja en el vocabulario casi diario que confunde grandemente. Se suele decir que tal o cual trabajo se adopta porque “es divertido”, se ingresa a esta o aquella carrera universitaria debido a que “suena divertida” y así sucesivamente.
En verdad esta forma de analizar las cosas constituye una sandez mayúscula. El diccionario etimológico de la lengua española editado por el Fondo de Cultura Económico define divertir como “recreo, distracción, pasatiempo […] acción y efecto de desviarse o apartarse” puesto que di-vertir es separarse de lo importante para internarse en un paréntesis de las obligaciones y metas centrales en la vida que son el amor, la felicidad, el buen hogar, el conocimiento que alimenta el alma, el trabajo adecuado y similares pero para que todo esto sea posible es menester que tenga lugar el respeto recíproco como valor necesario para todo lo demás.
Lo dicho para nada descarta la importancia del divertimento, del esparcimiento, de la distracción tan necesaria para el recreo de las faenas relevantes en la vida, se trata de establecer prioridades.
En esta nota periodística nos centramos en esto último. Se trata de la obligación moral de todo ser humano a contribuir al respeto recíproco sin lo cual no cabe ningún objetivo noble. No importa a que se dedique cada uno, si a la música, la jardinería, la plomería, la arquitectura, la filosofía, el deporte, la medicina, la economía o lo que fuere, como queda dicho es indispensable el respeto para que todo esto pueda funcionar. No cabe sostener que otros son los que se deben ocupar para que tenga lugar esa consideración recíproca. No es aceptable endosar el problema a otros. No es decente hacer de free riders del trabajo de terceros o para recurrir a un argentinismo, no muestra decencia el hacer de garroneros del esfuerzo de terceros.
Y no es para nada sensato decir que hay que limitarse a portarse bien, limpiar bien el hogar, trabajar adecuadamente para el sustento, no robar, no matar, formular críticas en la sobremesa para luego de engullir alimentos, dedicarse a cuestiones personales que pueden ser muy legitimas y necesarias pero que en ningún caso pueden sostenerse si no hay respeto. Esta es una manera cínica de anestesiarse la conciencia y eludir responsabilidades. Limitándose a esos procedimientos básicos nadie entenderá los pilares filosóficos, jurídicos, históricos, morales y económicos, en otros términos del modo de vida basado en valores sustanciales para la cooperación social y actividades en común. Se requieren explicaciones y argumentos. Y no es aceptable que se diga cómodamente que otros tienen la vocación de trasmitir esos valores y principios esenciales por lo que se reclinan en sus poltronas y solo operan en dirección a los intereses inmediatos en una actitud suicida sin percatarse que a los otros también les gustaría dedicarse a lo suyo y desentenderse de lo dicho.
Como muchas veces he citado, Alexis de Tocqueville ha consignado que es común que en países donde ha habido gran progreso moral y material la gente da eso por sentado, lo cual es el momento fatal ya que los espacios serán ocupados por otros y cuando se despierten los que han dado por sentado el progreso a poco andar se encontrarán con una hecatombe moral y material.
En el cierre de una conferencia que pronuncié hace poco en el Teatro Broadway en Buenos Aires lo cité a Martin Luther King quien ha exclamado con razón que “no me asustan los gritos de los violentos, me aterra el silencio de los mansos”, mansos que al decir de Miguel de Unamuno son “mamíferos verticales”, o como refiere Giovanni Papini “almas deshabitadas” o como escribe Mario Vargas Llosa “individuos sin mayor trastienda”. Son los que solo se divierten, son los que no prestan atención a la misión central del ser humano para que pueda seguir siendo humano.
Ahora bien hay que detenerse concretamente cuáles pueden ser los caminos para contribuir a que se entiendan los fundamentos de una sociedad libre puesto que de eso se trata cuando se alude al respeto recíproco que es la columna vertebral de la sociedad civilizada. La vía más fértil es sin duda la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo, pero no todos están en condiciones de asumir semejantes responsabilidades por tanto es pertinente detenerse a considerar un camino accesible a todos.
Esta vía estriba en convocar a reuniones en casas de familia a un grupo reducido de personas, digamos entre cuatro y seis donde todos estudian un buen libro, preferentemente que recorra un abanico de temas vinculados a muy diversos aspectos de la sociedad libre. En estas reuniones por turno uno expone y los demás debaten y así de modo rotativo en los diversos encuentros que pueden ser, digamos, semanales o quincenales. Esta metodología tiene la inmensa virtud que simultáneamente permite la capacitación personal al tiempo que abre paso a la difusión. Allí donde esto se practica resulta notable el efecto multiplicador en las familias, en los trabajos y en las reuniones sociales.
Por supuesto que hay otros canales para lograr los objetivos propuestos que se entiendan y acepten los valores a los que nos venimos refiriendo pero el asunto es poner manos a la obra y no detenerse en los buenos momentos puesto que la distracción indefectiblemente retrotrae a lo malos. No en vano el marxista Antonio Gramsci ha dicho con mucha razón “tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.
También es cierto que hay mujeres que hacen de invalorable apoyo logistico a sus maridos que destinan tiempo y esfuerzo al mencionado estudio y difusión o maridos que hacen de apoyo a sus mujeres para lo propio, lo cual constituye una tarea de inmenso valor y resultado para lograr las metas mencionadas. Ese es el sentido de agradecimientos como el escrito por la filósofa de la historia Gertrude Himmelfarb en su texto más conocido en cuanto a que “once again, I am at a loss to express my debt to muy husband, Irving Kristol, who knows much more” y Mary Woolstonecraft en su libro pionero del feminismo liberal cuando agradece a los hombres que a diferencia de los acomplejados sostienen los mismos derechos de sus pares las mujeres (el único feminismo genuino, lo otro es anti-feminismo y propaganda marxista). Este es también el sentido de la ilustrativa dedicatoria del profesor Murray Rothbard a su mujer en uno de sus libros: “To JoAnn, the indispensable framework”. O la dedicatoria del historiador Paul Johnson a su mujer en una de sus obras traducidas al castellano: “A Marigold, mi colaboradora permanente, mi más sabia consejera y mi mejor amiga.” De más está decir que si ninguno de los dos hace nada al respecto el vínculo se convierte en un páramo disfrazado de seriedad abiertos a que los invada la falta de respeto que cuando se percatan del riesgo resulta tarde para la defensa.
El asunto es no dejarse estar y proceder en consecuencia pues como se ha dicho una y otra vez los valores no vienen del aire ni aparecen automáticamente. Por ello es que Thomas Jefferson ha repetido a los cuatro vientos que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia” y entre nosotros Juan Bautista Alberdi ha escrito que “siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio en las actuales ideas.” (Buenos Aires, Imprenta La Tribuna Nacional, “La nueva situación de los argentinos”, Obras completas, pág. 134).
Al margen y a título de consejo digo que en el terreno de las ideas vale la pena marcar para la mejor recepción del mensaje la trascendencia del remate final en un discurso y también en un texto escrito aunque que en este último caso tiene mayor peso las primeras líneas puesto que determinan la continuación o no de la lectura. Sin embargo, en la conferencia presencial los asistentes habitualmente no abandonan la sala porque haya un comienzo regular, como decimos en este caso resultan clave las palabras finales que motivan la intensidad del aplauso final. Por otra parte, cuando la exposición es por zoom se torna necesario tener en cuenta ambas cosas, además de las palabras de cierre como adorno final para estampar sustancia, en este caso hay que afilar la puntería en las primeras palabras pues el receptor puede desconectarse con facilidad.
Finalmente, tampoco es indistinto que se hace para divertirse al efecto de calar en la personalidad de cada cual, por eso la cantera de talento que fue José Ortega y Gasset ha transmitido con su exquisita pluma aquella muy sencilla pero inmensa verdad de “dime con que te diviertes y te diré quien eres”.
Educación, en cuanto se aplica al ser humano, es aquel proceso que nos desarrolla los procesos cognitivos desde cero en el vientre materno hasta dónde sea que podemos llegar según una inmensa amplitud de variables. Y, el buen desarrollo de la cognición implica o involucra el proceso de analizar la naturaleza de la Creación en la cuan nos encontramos inmersos. Nacemos y evolucionamos inmersos en las increíbles realidades de un complejo universo que nos llama y reta a su exploración. Y, mientras mejor lo logramos entender, mejor nos puede ir.
Visto así, la educación se inicia en el hogar en asociación con nuestros padres, hermanos y más allá; es decir, es un proceso de socialización, dado que el ser humano es un ser social, incluyendo lo emocional, cuyo desarrollo cognitivo está íntimamente relacionado con los demás miembros de nuestra especie.
En cuanto a lo “emocional”, es esencial y elemental entender que el motor de la educación está en las emociones; esas que abundan en el jugar que nos invita a sentir y disfrutar la vida y la aventura de exploración en risas junto a otros. Por ello, los claustros gubernamentales que osamos llamar “educativos” no pasan de ser una aberración; sitios en dónde se extingue el juego y la risa, y con ello el deseo de explorar el universo que nos rodea.
A todo ello, y desde muy temprano en el proceso educativo en la familia, vamos aprendiendo y adaptando en un sentido moral, vocablo que nos viene del término “moris” o “costumbres”; que abarcan nuestras valoraciones del mundo, de dónde formamos normas de subsistencia, adaptación y desarrollo que nos permiten vivir en armonía con los demás.
El problema con lo social se complica y agudiza cuando pasamos de la interacción de la familia, el barrio y, eventualmente llegamos al estado y a sus gobiernos; esos que, idealmente, procuran mejorar la seguridad del rebaño. Tristemente, los gobiernos o la gobernanza, que típicamente se traduce en ‘poder’ son sumamente corrompibles, pues como ya debíamos saber, el poder corrompe, y si es absoluto corrompe de manera absoluta. De hecho, a través de la historia, los gobiernos han surgido a través o de las invasiones y las conquistas; ¿acaso no es eso lo que estamos viendo hoy entre Rusia y Ucrania?
Y, cuando enfocamos lo moral, nos adentramos en el ámbito de lo religioso, con lo cual todo se complica aún más; o, tal vez, se simplifica, dependiendo del enfoque moral o sobrenatural. A través de la historia la educación privada fue diversa y flexible, mientras que la gubernamental tendía a ser inflexible y controladora.
Es más, desde que llamamos a las escuelas gubernamentales “públicas”, entramos en el mundo del engaño, ya que las privadas también están disponibles al público. Más aún, las escuelas gubernamentales son un afronte a la libertad humana, al derecho de escoger; particularmente cuando consideramos que las gubernamentales se financian con dinero de la gente, que si no tienen la capacidad económica para ir a las privadas quedan condenadas a las gubernamentales que suponen ser seculares.
Resulta contradictoria la educación centralizada cuando consideramos el mandato preambular constitucional que anuncia en su mismo inicio el “garantizar la libertad”. Y más aún, de “exaltar la dignidad humana”. ¿Acaso es “digno” que te quiten el dinero a punta de pistola para luego meterte forzadamente en mazmorras gubernamentales que poco o nada educan? Un sistema politiquero que lo que sí logra es empoderar a los sindicatos magisteriales cuyo enfoque primario está no está en la creación de emprendedores sino el mejoramiento de salarios y tal.
En fin, si valoramos la libertad, debíamos valorar el derecho a escoger la educación de nuestros hijos.
En demasiadas circunstancias se vienen reiterado alarmas debido al notable avance tecnológico referido a los robots que se dice que, como cada vez abarcan más áreas, se acentuará el desempleo. Resulta sumamente curioso este razonamiento pues, si fuera cierto, no habría problema puesto que dado que todas las necesidades estarían cubiertas y no habría necesidad de trabajar. Es decir, se supone el paraíso ya que al no requerir trabajo las condiciones de vida se tornan idílicas.
Pero lamentablemente las cosas no son así, las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos y el recurso por excelencia es precisamente el trabajo. No solo por tratarse de humanos sino porque no puede concebirse la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso del trabajo.
Es menester aclarar que en un mercado libre en materia laboral nunca bajo ningún concepto y circunstancia sobra aquel factor clave que, como queda dicho, es siempre escaso en relación a las permanentes y estiradas necesidades a medida que se progresa. No importa el grado de miseria o de riqueza, nunca sobre ese factor esencial. Incluso en el caso de náufragos que llegan a una isla desierta no dirán que como no hay “fuentes de trabajo” pueden descansar. Al contrario, no le alcanzarán las horas del día y de la noche para sobrevivir. Las remuneraciones en ese caso consistirán en los intercambios: cocos recogidos por animal apresado y así sucesivamente. En la medida en que se ahorre de lo habitualmente consumido se podrá destinar tiempo para fabricar un equipo de capital lo cual permitirá elevar el nivel de vida. Por ejemplo invertir tiempo en fabricar una red de pescar lo cual habilitará recoger mayor cantidad de peces en lugar de hacerlo a los cascotazos. Esa mayor cantidad de peces por unidad de tiempo se traduce en un mejor nivel de vida y así con el resto de las cosas.
Sin duda que si la situación es miserable, serán miserables también los ingresos de cada cual en el caso de la isla retribuciones en especies en el contexto del trueque. En cambio, en lugares de altas tasas de capitalización, es decir, instalaciones, equipos, herramientas, maquinaria y conocimiento relevante, en esa media se incrementa el nivel de vida. La diferencia entre un país rico y uno pobre estriba en las tasas de capitalización y, a su vez, el ritmo de esas tasas depende de marcos institucionales civilizados, o sea respeto a los derechos individuales: la vida, la libertad y la propiedad de cada cual.
Los salarios e ingresos en términos reales no son nunca consecuencia de voluntarismos ni de decretos, son como queda dicho el resultado del volumen de inversión. Los recursos naturales, los climas y las etnias no definen el asunto, solo se trata del monto invertido. Cuando en un país rico se retribuye con seguros de salud, con automotor, con pagos a colegios, con jubilaciones, son vacaciones y con música funcional en las oficinas no es por bondad de los empleadores, por el contrario están obligados a retribuir de ese modo, de lo contrario no encuentran colaboración.
Si los aparatos estatales o grupos apoyados por los gobiernos imponen salarios superiores a los de mercado, es decir, superiores a lo que permiten las aludidas tasas de capitalización, el efecto inexorable es el desempleo involuntario. A saber, ocurre que gente se ofrece para trabajar, pero no hay demanda a ese salario artificial. Por otra parte, el desempleo voluntario no constituye un problema pues se trata de personas que no quieren trabajar dadas las circunstancias imperantes o porque viven de rentas o porque estiman que lo que se ofrece no es suficiente. La tragedia, el drama, el problema grave irrumpe cuando las mal llamadas “conquistas sociales” se imponen pues en esa situación se barren personas del mercado o, de lo contrario, se trabaja en el mercado informal al efecto de salvarse del desempleo.
En este contexto es pertinente subrayar que los sindicatos son de gran utilidad en una sociedad libre siempre que se trate de asociaciones voluntarias que, por ejemplo, informan cuanto se abona en las distintas faenas, se ofrece obras sociales y equivalentes siempre que sean competitivas y abiertas. Los aportes obligatorios, las afiliaciones compulsivas, las representaciones coercitivas y las acciones intimidatorias y violentas son incompatibles con la libertad y el respeto recíproco. Esto desde luego incluye la imperiosa necesidad de abrogar las denominadas retenciones que habitualmente llevan a cabo los empleadores forzados por legislaciones inmorales.
Ahora bien, cuando se introduce un adelanto tecnológico que produce mayor cantidad y mejor calidad, se libera trabajo para dedicarse a otras cosas ya que como apuntamos las necesidades son infinitas y cambiantes, de lo contrario otra vez debemos aludir a Jauja o al paraíso donde no habría necesidad de incurrir en el costo de trabajar puesto que todos estarían satisfechos. Entonces esa liberación se emplea en otros sectores y los empresarios y comerciantes siempre deseosos de incrementar ganancias fruto de arbitrajes son los principales interesados en capacitar al efecto de sacar partida de la situación. Es el caso del hombre de la barra de hielo antes que apareciera la heladera o los fogoneros de las locomotoras antes del los motores Diesel, el cartero antes de los mails, los mecanógrafos antes de las computadoras o los cableados antes del celular inalámbrico.
Por eso es que las referencias a los acuerdos entre el capital y el trabajo son impropias: se trata de formas distintas de trabajo, el capital está formado por aparatos que no negocian. De allí que sea una sandez mayúscula aludir a “la clase trabajadora” como si hubiera una clase que trabaja y otra que la explota. Cuando un pintor de brocha gorda se muda de La Paz Bolivia a Huston en Estados Unidos se observa que el candidato en cuestión eleva exponencialmente su salario. No es porque el estadounidense sea más generoso que el boliviano, es porque en el primer caso está obligado a pagar más para lograr el trabajo.
A veces se ha dicho que no es justo permitir que contrate un millonario con una persona que no le alcanza el sustento para llegar a fin de mes, a fin de semana o a fin del día puesto que se continúa diciendo hay una “evidente desigualdad en el poder de contratación”. Pues no hay tal cosa, el asunto está a todos luces mal analizado. Es irrelevante cuanto tenga cada uno en cuenta corriente, el nivel del salario va por otro andarivel. Como hemos visto, depende exclusivamente de las tasas de capitalización. Ilustremos esto con el ejemplo de una billonario que en cierto pueblo pregunta cuanto cuesta pintar su mansión. Supongamos que le dicen mil, entonces ese rico concluye que como su cuenta corriente está rebosante y su patrimonio es colosal pagará quinientos, el resultado indefectible es que no pintará su casa. Es del todo inatingente a cuanto asciende su riqueza, si en el mercado laboral la cifra es mil no hay salida, el que ofrece menos se queda sin el servicio y si se pretende pagar más esa persona tendrá sus días contados como comerciante y consumirá su patrimonio.
Entonces nada hay que preocuparse por la generalización de robots y similares, solo hay que celebrar puesto que el nivel de vida necesariamente se eleva a medida que se libera nuevo trabajo para llevar a cabo nuevas tareas que dan lugar a nuevos bienes y servicios. Para no decir las muy fascinantes tareas que han desempeñado robots durante el pico de la pandemia para distribuir medicamentos sin peligro de contagios.
El principio del robot es exactamente el mismo que el de la máquina en general, antiguamente también muchos distraídos y mal informados objetaron la aparición de maquinaria como enemigo del trabajo, en realidad el verdadero enemigo del trabajo reside en las ideas atrabiliarias de regulaciones y controles ejecutadas por politicastros ignorantes del sentido elemental de la economía. El decimonónico Frédéric Bastiat en el capítulo 20 de su célebre Sofismas económicos ya había ridiculizado la absurda sugerencia de destruir maquinarias y herramientas “para defender el trabajo” y establecía un correlato con las restricciones al comercio exterior que obligan a comprar más caro y de peor calidad “al efecto de proteger fuentes de trabajo” lo cual empobrece al forzar a desembolsar más por unidad de producto que necesariamente conduce a que hayan menos productos.
Y respecto a la maquinaria no hay necesidad de circunscribirla a sofisticadas para uso industrial, la idea, como decimos asimilable al robot, va del uso cotidiano desde la máquina de coser, la licuadora, la cortadora de pasto y el taladro. Si destruimos la maquinaria y consecuentemente el robot cae precipitadamente el nivel de vida y nos retrotraemos a la cueva y al taparrabos, ni siquiera al garrote pues se trata de una herramienta. Además de todo lo expuesto debe agregarse el trabajo que demanda la fabricación de robots, maquinaria y herramientas.
Por supuesto que con robots o sin robots si se pacta una remuneración y llegado el momento se paga otra menor esto es un fraude, un engaño, una trampa que debe ser castigada con todo el peso de la ley puesto que se trata de la lesión al derecho y nada tiene que ver con mercados abiertos y competitivos donde el que sirve a sus semejantes obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. En esta línea argumental también debe insistirse que los llamados empresarios prebendarios son la antítesis del comportamiento decente ya que esos sujetos explotan a sus semejantes vía privilegios atados a inaceptables alianzas con el poder político de turno.
Lo dicho no autoriza a recurrir a expresiones equivocadas como “inteligencia artificial” puesto que inteligencia inter-legum es decir leer adentro, captar esencias es propio de lo humano y del consiguiente libre albedrío y no de un aparato sujeto a programación y por ende determinado. Como hemos consignado antes, esto es similar a cuando se pondera alegremente la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro, cuando algunos de nuestros ancestros hacía un nudo en el pañuelo para recordar algo no alabábamos “la memoria del pañuelo”. Del mismo modo son los humanos los que en verdad computan, el aparato es fruto de impulsos eléctricos. Una cosa es mostrar las inmensas ventajas del progreso tecnológico y otra bien diferente es distorsionar significados y conceptos cruciales.
Por último, en el plano de la desocupación señalo que en los casos de severos defectos físicos las consiguientes tareas filantrópicas se llevan a cabo en la medida de la libertad que tenga lugar, por eso, para ilustrar el punto si se quieren localizar obras de caridad debe mirarse a países como Estados Unidos y no a la isla-cárcel cubana.
Los menos distraídos están muy conscientes acerca, no sólo, de la avalancha del cambio, ya sean climáticos, perláticos o pancreáticos, sino de lo extraordinario de todo ello; lástima que los “menos distraídos” son inmensa minoría, mientras que los más andan totalmente perdidos en la obsolescencia de lo que el viento se llevó.
Tal vez, para muchos, uno de los ejemplos más ilustrativos e impactantes es que alguien les diga que en un futuro mucho más cercano de lo imaginado, cosas tales como la construcción de carreteras irá en mengua. O, que jamás deberíamos encargar a los gobiernos no sólo de la educación de nuestros hijos sino de la construcción de las carreteras y mucho más. Las razones de todo ello debían ser obvias y el hecho de que no lo sean es clara evidencia de caducidad; y de estar perdidos en la miasma de la corruptela política y social.
Las carreteras, igual que los negocios, sean educativos o de cualquier índole, no sólo deben responder a una viabilidad económica que podemos encontrar dispersa entre la población, pero rara vez en los gobiernos, que jamás tuvieron el propósito de los negocios. Tanto la construcción y mantenimiento de las vías de circulación como la educación, etc., son los motores de una economía pujante y adaptable; mientras que los gobiernos, particularmente cuando se sobredimensionan, tienden a lo contrario.
En el mercado, que es la plaza pública en dónde actúa la gente, encontraremos los fenómenos económicos y sociales de “aquello que se ve, y lo que no se ve”; realidades que requieren luces largas, dado que cada acción humana, desde el sexo, los hábitos, leyes, y mucho más, dan lugar a efectos; es decir, acción y reacción.
Por un lado están los efectos inmediatos y visibles, tal como la felicidad de quienes reciben jamones o subsidios. Luego vienen los menos visibles, pero sí previsibles; tal como la inflación, aumento de precios, impuestos y, en general un aumento en la pobreza debido a una interferencia politiquera; de pillos que tiran la piedra y esconden la mano.
Cuando fui presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos (APEDE), la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) nos dio una charla acerca de la expansión del Canal y al final preguntas y respuestas. Luego de varias preguntas y respuestas, yo levanté el dedito y el presentador me digo, “sí, diga Sr. Bennett”. Pregunté: “¿Qué será del Canal cuando se invente el trasbordador molecular?” Un escandaloso silencio llenó el recinto. De pronto, el presentador irrumpió en risa y dijo: “Ya entiendo su pregunta Sr. Bennett, pero tenemos previsión del Canal hasta el año 2050; luego de lo cual vino mi segunda pregunta: “¿Alguno aquí se atreve a describir el año 2050?” Otro silencio total. Y he allí el problema, que seguimos legislando, haciendo y construyendo hacia lo desconocido.
Cambios que ya están ocurriendo, tales como la robotización, sea de neveras que serán más inteligente que nosotros o de autos que volando burlarán los retenes, dejarán a los distraídos cantando: “¿Qué pasó, no sé decirte, que paso?” Y… ¡sorpresa!, hasta el mal concebido Metro, junto con el Metrobus, ese que no es tal cosa, quedarán en la obsolescencia.
Es más, el Metro y el Metrobus, fueron y son la mayor estafa de nuestra historia, y casi nadie lo ve. No sólo en sus costos de construcción y operación, sino en cuanto a que no resolvieron nuestras necesidades de transporte urbano; las cuales se hubiesen resuelto a una fracción del costo, tanto de inversión como de operación y servicio con un verdadero sistema de Transporte Rápido por Buses o BRT en inglés.
Resumiendo, el cambio es inevitable. El problema es seguir resistiéndose al cambio proponiendo soluciones arcaicas que pretenden evitarlo y claro, nunca lograrlo.