Categoría: Politica y Actualidad

  • Znamkamarada: Cómo la Iniciativa Ciudadana en Chequia Derrotó la Corrupción

    La corrupción es un mal que afecta a numerosas sociedades, minando la confianza pública y desviando recursos que podrían destinarse al bienestar común. Sin embargo, existen ejemplos inspiradores de cómo la ciudadanía puede enfrentar y superar estas prácticas corruptas. Uno de estos casos es el evento checo conocido como Znamkamarada, que ofrece valiosas lecciones desde una perspectiva liberal sobre la importancia de la iniciativa privada y la participación ciudadana en la lucha contra la corrupción.

    Contexto y Surgimiento de Znamkamarada

    En 2020, el gobierno checo adjudicó un contrato para desarrollar un sistema de venta de viñetas electrónicas para autopistas, con un costo estimado en cientos de millones de coronas checas. Este monto fue ampliamente criticado por ser excesivo y por la falta de transparencia en el proceso de licitación. Ante esta situación, Tomáš Vondráček, CEO de la empresa WMC Grey, decidió tomar cartas en el asunto. A través de una iniciativa cívica, organizó un hackathon con el objetivo de desarrollar una alternativa al costoso proyecto gubernamental.

    El hackathon, denominado #znamkamarada, reunió a 200 profesionales de TI durante un fin de semana. En tan solo 48 horas, estos voluntarios lograron programar un e-shop funcional para el sistema de peaje de autopistas, demostrando que era posible crear una solución eficiente y económica sin incurrir en gastos exorbitantes.

    Lecciones desde una Perspectiva Liberal

    El caso de Znamkamarada ofrece varias lecciones valiosas desde una óptica liberal:

    1. Iniciativa Privada y Eficiencia: La capacidad de la sociedad civil y del sector privado para ofrecer soluciones más eficientes y menos costosas que las propuestas gubernamentales quedó demostrada. Este evento subraya la importancia de fomentar un entorno donde la iniciativa privada pueda prosperar y contribuir al bien común.
    2. Transparencia y Rendición de Cuentas: La falta de transparencia en el contrato original fue un catalizador para la acción ciudadana. La respuesta de la comunidad tecnológica evidenció la necesidad de procesos gubernamentales abiertos y responsables, donde las decisiones estén sujetas al escrutinio público.
    3. Participación Ciudadana Activa: Znamkamarada es un ejemplo de cómo los ciudadanos, cuando se organizan y participan activamente, pueden generar cambios significativos en la administración pública. Este tipo de participación es esencial para una sociedad libre y democrática.
    4. Limitación del Poder Gubernamental: El evento pone de relieve los peligros de otorgar demasiado poder y recursos al gobierno sin mecanismos adecuados de control. La intervención ciudadana sirvió como un contrapeso necesario, evitando el despilfarro de fondos públicos.

    Impacto y Consecuencias

    La repercusión de Znamkamarada fue significativa. La iniciativa no solo llevó a la cancelación del contrato original y a la dimisión del Ministro de Transporte, sino que también impulsó cambios en la legislación relacionada con las contrataciones de TI en el sector público checo. Además, revitalizó la creencia de que los ciudadanos tienen el poder de influir en las decisiones gubernamentales y promover una gestión pública más transparente y eficiente.

    Un ejemplo a seguir

    Znamkamarada es un testimonio del poder de la iniciativa privada y la participación ciudadana en la lucha contra la corrupción. Desde una perspectiva liberal, este evento destaca la importancia de limitar el poder gubernamental, promover la transparencia y fomentar un entorno donde los individuos y las organizaciones puedan contribuir activamente al bienestar de la sociedad. Es una lección inspiradora de cómo la acción colectiva puede superar la ineficiencia y la corrupción, construyendo una sociedad más justa y próspera. Sigamos esos buenos ejemplos y actuemos en nuestro entorno para demostrar que la iniciativa privada siempre será mejor y más eficiente que cualquier diseño gubernamental que por defecto, llama a la corrupción.

  • El Salvador Cede al FMI Cambios Clave en la Ley Bitcoin

    El Salvador ha dado un giro significativo en su política de adopción de Bitcoin, cediendo ante las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para asegurar un préstamo de 1.4 mil millones de dólares, haciendo cambios claves en la Ley Bitcoin. Esta decisión marca un cambio drástico desde que el país se convirtió en el primer estado del mundo en aceptar Bitcoin como moneda de curso legal en 2021.

    Contexto de la Reforma

    La Asamblea Legislativa de El Salvador, dominada por el partido Nuevas Ideas del presidente Nayib Bukele, aprobó rápidamente una reforma a la Ley Bitcoin, que ha estado vigente desde septiembre de 2021. Esta reforma fue impulsada por la necesidad de cumplir con los requisitos del FMI, que ha expresado su preocupación por los riesgos asociados con el uso de criptomonedas en la economía del país. Con 55 votos a favor y solo 2 en contra, los legisladores eliminaron la obligación para las empresas de aceptar Bitcoin, convirtiendo su uso en algo voluntario.

    Cambios Clave en la Ley Bitcoin

    Los cambios introducidos en la ley son significativos:

    • Aceptación Voluntaria: Las empresas ya no están obligadas a aceptar Bitcoin como forma de pago, lo que representa un cambio fundamental respecto a la legislación anterior.
    • Eliminación del Rol Estatal: Se suprime el papel del gobierno en la promoción y facilitación del uso de Bitcoin, lo que incluye la eliminación de referencias a la criptomoneda como moneda de curso legal.
    • Limitaciones en el Uso: Las transacciones con Bitcoin ahora se limitarán a interacciones entre ciudadanos y empresas privadas, excluyendo a las instituciones públicas.

    Estos cambios reflejan una respuesta directa a las preocupaciones del FMI sobre la estabilidad financiera y la integridad económica del país. El organismo internacional había advertido sobre los riesgos asociados con la volatilidad del Bitcoin y había instado al gobierno salvadoreño a reconsiderar su política.

    Implicaciones Económicas

    El acuerdo con el FMI no solo proporciona un alivio financiero inmediato, sino que también abre las puertas a otros préstamos y financiamiento por parte de instituciones como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Se estima que el acuerdo podría desbloquear hasta 3.5 mil millones de dólares adicionales en financiamiento para El Salvador. Sin embargo, este cambio también refleja una realidad más amplia sobre la adopción de criptomonedas en El Salvador. A pesar de ser pionero en la adopción de Bitcoin, encuestas recientes indican que aproximadamente el 92% de la población no utilizó Bitcoin para transacciones durante 2024. Esto sugiere que la aceptación y uso real de la criptomoneda han sido limitados entre los ciudadanos.

    Reacciones y Futuro

    La reacción a estos cambios ha sido mixta. Mientras que algunos sectores ven esto como una medida necesaria para estabilizar la economía del país, otros critican al gobierno por retroceder en su ambiciosa agenda de innovación financiera. Stacy Herbert, directora de la Oficina Nacional de Bitcoin, ha afirmado que aunque Bitcoin seguirá siendo considerado un activo legal, su uso se limitará principalmente a inversiones privadas. Además, se ha anunciado que la billetera gubernamental Chivo Wallet será «vendida» o «descontinuada», lo que pone fin a uno de los principales mecanismos estatales para facilitar transacciones en Bitcoin.

    La reforma a la Ley Bitcoin en El Salvador representa un cambio significativo en la estrategia económica del país y una clara respuesta a las presiones internacionales. Al hacer que el uso de Bitcoin sea voluntario y limitar el papel del estado, El Salvador busca equilibrar sus ambiciones innovadoras con las realidades económicas y las exigencias impuestas por el FMI. Este desarrollo plantea preguntas sobre el futuro del Bitcoin en el país y su capacidad para cumplir con sus objetivos económicos sin depender excesivamente de esta criptomoneda.

  • Cuál Justicia Social?

    Lo que llamamos constitución en Panamá, desde su preámbulo, habla de “exaltar la dignidad humana, promover la justicia social…” y tal, pero, le pregunto al lector ¿sabes lo que es la justicia social? La llamada constitución no lo aclara; y digo “llamada constitución” ya que no estoy solo al opinar que dicho mamotreto no constituye sino el desorden económico y social; tal como está en el Artículo 78 que intenta establecer que:

    La Ley regulará las relaciones entre el capital y el trabajo, colocándolas sobre una base de justicia social y fijando una especial protección estatal en beneficio de los trabajadores.”

    ¿Tienes la mínima idea de la complejidad y magnitud de lo que son las “relaciones entre el capital…” ¿Quién rayos es don Capital y quien es el señor trabajo? ¡Nadie! Son los que se les ocurra y convenga a los nefastos “gobernantes” de turno. Son palabras y frases comodín que abren el camino a una discrecionalidad sin límites. Y es embuste total decir que “beneficia a los trabajadores”; no, a quien beneficia es a los ladrones del estado profundo.

    Más adelante la incoherente constitución en su Artículo 91 vuelve a la carga en el al decir que:

    La educación es democrática y fundada en principios de solidaridad humana y justicia social”.

    Y menos mal que aclararon que se trataba de “solidaridad humana”; imagínense si fuese solidaridad entre caimanes o mapaches. ¿Y qué quisieron decir que la educación sería democrática? La democracia supone ser el gobierno por el pueblo a través de los gobiernos electos; lo cual no tiene nada que ver con la educación. ¿Será la excusa para que el gobierno centralice la educación para mejorar su capacidad de adoctrinamiento y centralización? ¿Educar no es gobernar? Lo que compete a los gobiernos del estado es ver que no se hagan trampas en el mercado educativo y no ser ellos los tramposos.

    Y, finalmente, la tortuosa farándula de hemorragia verbal termina en el Artículo 284 que es una oda que enaltece el carácter comunista de la misma:

    El Estado intervendrá en toda clase de empresas, dentro de la reglamentación que establezca la Ley, para hacer efectiva la justicia social a que se refiere la presente Constitución y, en especial, para los siguientes fines:

    1. Regular por medio de organismos especiales las tarifas, los servicios y los precios de los artículos de cualquier naturaleza, y especialmente los de primera necesidad.

    2. Exigir la debida eficacia en los servicios y la adecuada calidad de los artículos mencionados en el aparte anterior.

    3. Coordinar los servicios y la producción de artículos. La Ley definirá los artículos de primera necesidad.

    Hay que ser osado, ingenuo o no sé qué para montar una empresa en un país en el cual la mafia gubernamental puede dictarte tarifas, los servicios y precios, exigir lo que el burrócrata cree es la eficacia de los servicios y la calidad; y, que pretenda coordinar los servicios y la producción… ¿Se da cuenta el lector el grado de desquicio al cual llegó el constituyente y quienes firmaron semejante mamotreto? Y ni hablar que aún hoy, en el 2025, habiendo reconocido lo terrible que es la constitución que padecemos, muchos estamos temerosos de que terminar con una peor de la actual, que lo único que constituye es el desorden; tanto así que ni han intentado cumplir a cabalidad con semejantes mandatos constitucionales.

    La actual constitución panameña no instituye el libre mercado sino la intervención del mercado por parte de la Cosa Nostra; lanzando a quienes se aventuran en la actividad productiva formal a las fauces de la jauría burrocrática del estado profundo.

  • De Remover a Reemplazar: El Liberalismo de Milei en Davos

    El liberalismo clásico pone énfasis en limitar el poder estatal a sus funciones esenciales: garantizar la seguridad y la justicia. Esto implica «remover» cualquier intervención estatal que exceda esos roles, dejando espacio para la autonomía individual y el desarrollo espontáneo de la sociedad civil. En cambio, las ideologías colectivistas tienden a «reemplazar» estructuras existentes con nuevas que reflejen su propia visión del mundo, imponiendo una hegemonía ideológica que puede sofocar la diversidad de pensamiento. En su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos 2025, Javier Milei adoptó una postura que resulta polémica dentro del marco del liberalismo que dice defender.

    Calificar al «wokismo» como un «virus» y un «cáncer» que debe ser «extirpado» no solo implica una retórica combativa y polarizadora, sino que también plantea dudas sobre la coherencia de sus declaraciones con los principios fundamentales del liberalismo. El liberalismo no busca imponer un pensamiento único, sino promover un terreno fértil donde las ideas compitan libremente en un mercado abierto de perspectivas.

    La cultura «woke» tiene su origen en un contexto específico: la lucha por visibilizar las injusticias sociales y raciales. Aunque su evolución y algunas de sus expresiones han generado controversia, descalificar todo el movimiento como un mal que debe erradicarse es una simplificación que ignora la riqueza y la complejidad de las dinámicas sociales. Además, el tono mesiánico de Milei, al presentar su postura como una «cruzada global», lo coloca en un rol de salvador que contradice el principio liberal de que los cambios auténticos deben surgir de abajo hacia arriba, es decir, de la sociedad civil y no como imposiciones desde el Estado o, en este caso, desde una figura política con aspiraciones globales.

    El discurso de Milei en Davos también revela un entendimiento limitado del rol del Estado dentro del marco liberal. El verdadero liberalismo no se compromete con batallas culturales diseñadas para reemplazar una ideología con otra, sino que se enfoca en limitar el poder del Estado y garantizar las condiciones para que cada ciudadano ejerza sus libertades individuales. Emprender una cruzada ideológica contra el «wokismo» sugiere la intención de utilizar las herramientas del poder para moldear la sociedad según un modelo específico, lo cual no difiere, en esencia, de las tácticas de los regímenes totalitarios que Milei critica.

    Un ejemplo concreto de esta incoherencia en el discurso es la forma en que Milei sugiere que Occidente debe alinearse en su lucha contra el «wokismo». Este llamado contradice el principio del pluralismo liberal y la idea de que cada individuo y cada comunidad tienen derecho a decidir su propio camino. El intento de suprimir una corriente ideológica particular mediante la intervención estatal o el liderazgo global no respeta la diversidad de pensamiento ni el principio de autonomía que el liberalismo defiende.

    Es importante subrayar que la verdadera amenaza al liberalismo no radica en la existencia de ideologías como el «wokismo», sino en el uso de los mecanismos del poder para controlar el discurso público y limitar las expresiones individuales. Si Milei realmente aspira a liderar un movimiento liberal coherente, debería concentrarse en fortalecer las instituciones de seguridad y justicia, y dejar que el debate ideológico ocurra en el ámbito privado y social, sin interferencias estatales ni cruzadas impuestas desde arriba.

  • Ross Ulbricht: Un Símbolo del Triunfo de la Libertad y la Justicia

    La reciente decisión del Presidente Donald Trump de otorgar un perdón total e incondicional a Ross Ulbricht, creador de Silk Road, ha generado una ola de celebración entre la comunidad libertaria y defensores de las criptomonedas. Tras más de 10 años en prisión cumpliendo dos cadenas perpetuas más 40 años, Ulbricht camina libre, convirtiéndose en un símbolo de justicia restaurada y una victoria para la libertad individual.

    Un Caso de Exceso Judicial

    Ross Ulbricht fue arrestado en 2013 y condenado en 2015 por múltiples cargos relacionados con la operación de Silk Road, una plataforma de comercio en la dark web que usaba bitcoin para facilitar transacciones, incluidos bienes y servicios ilegales. Aunque la plataforma promovía un enfoque de mercado libre y prohibía explícitamente actividades que generaran víctimas, como la explotación infantil, la narrativa judicial lo trató como un capo de la droga, aplicando la llamada «ley del jefe» destinada a líderes de cárteles y organizaciones criminales violentas.

    El castigo desproporcionado impuesto a Ulbricht, un primer ofensor no violento, se convirtió en un emblema del exceso del sistema judicial estadounidense. Su caso mostró cómo el sistema puede castigar severamente actos de innovación tecnológica y principios libertarios, mientras deja a otros perpetradores de crímenes violentos con penas más indulgentes.

    El Contexto Libertario y Bitcoin

    Desde su encarcelamiento, la comunidad libertaria y de criptomonedas ha abogado por la liberación de Ulbricht, destacando su papel como pionero en la adopción de bitcoin y su defensa del comercio libre. Para el espectro libertario, Silk Road fue un experimento en libertad de mercado, no un espacio para promover actividades ilegales. Ulbricht se convirtió en un mártir de los ideales libertarios: la creencia en la autonomía individual, la privacidad y la descentralización del poder.

    Su liberación ha sido celebrada como una reivindicación de estos principios. Instituciones como el Instituto Satoshi Nakamoto han señalado que Ulbricht demostró cómo bitcoin podía facilitar un comercio más pacífico y libre de intermediarios, sentando las bases de su adopción global. Su caso también subraya los desafíos éticos y políticos de criminalizar tecnologías que promueven la privacidad y el anonimato.

    El Rol Decisivo de Trump y Lyn Ulbricht

    El perdón de Trump representa más que una simple medida política; es una declaración de que la justicia puede corregir errores pasados. Durante su campaña de reelección, Trump prometió indultar a Ulbricht, cumpliendo finalmente su palabra en un gesto que sorprendió incluso a los más optimistas. Además, el perdón total, en lugar de una conmutación de la pena, absuelve a Ulbricht de las consecuencias legales de su condena, dándole una nueva oportunidad para contribuir a la sociedad.

    Un factor clave en este resultado fue la incansable campaña liderada por Lyn Ulbricht, madre de Ross, quien durante más de una década dedicó su vida a abogar por la libertad de su hijo. Lyn se convirtió en un símbolo de perseverancia y determinación, inspirando a miles a unirse al movimiento #FreeRoss.

    Un Camino Hacia la Libertad y la Justicia

    La liberación de Ross Ulbricht no solo es una victoria personal, sino un paso hacia una sociedad más justa. Es un recordatorio de que la lucha por la justicia y la libertad debe ser constante, abarcando casos similares como los de Julian Assange y Edward Snowden, entre muchos más, así como la eliminación de leyes que criminalizan actividades sin víctimas.

    Además, la decisión impulsa el debate sobre el futuro de las criptomonedas y su relación con el gobierno. La creación de una «reserva estratégica de bitcoin» y la eliminación de barreras regulatorias ahora parecen más posibles, lo que podría consolidar a Estados Unidos como líder en la adopción y regulación de criptoactivos.

    Un final feliz 

    El perdón a Ross Ulbricht es un triunfo de la libertad sobre la opresión y la esperanza de que los ideales de justicia y mercado libre aún pueden prevalecer. Sin embargo, la lucha no termina aquí. Este momento debe servir como catalizador para reformas más amplias que promuevan la libertad individual, la innovación tecnológica y un sistema judicial más humano y equilibrado. Ross está libre, pero la causa de la justicia apenas comienza.

  • Trump vs. Bastiat: El Error del Proteccionismo

    El proteccionismo ha sido una de las piedras angulares de la política económica de Donald Trump bajo el lema “America First”. Desde la imposición de aranceles a productos chinos hasta la renegociación de tratados como el NAFTA, su enfoque busca proteger a las industrias estadounidenses de la competencia extranjera. Sin embargo, al analizar las ideas del economista clásico Frédéric Bastiat, podemos entender por qué esta visión proteccionista es un error fundamental que, lejos de fortalecer la economía, termina empobreciendo a los propios ciudadanos.

    Bastiat explica en su ensayo célebre Lo que se ve y lo que no se vé, sobre el proteccionismo, que restringir la importación de bienes más baratos no genera riqueza, sino que la redistribuye de manera ineficiente. Tomemos como ejemplo los aranceles impuestos por Trump al acero y el aluminio en 2018. Si bien estas medidas benefician a los productores nacionales de dichos materiales, obligan a los consumidores estadounidenses a pagar precios más altos, tanto en productos terminados como en bienes intermedios que utilizan estos materiales. De manera similar al caso del “Sr. Prohibidor” de Bastiat, esta política enriquece a un grupo reducido (los productores de acero) a expensas de la mayoría (los consumidores y otras industrias).

    Un punto clave que Bastiat subraya es que la riqueza no se genera por medio de la violencia, ya sea directa o legal, sino a través de la libre colaboración en el mercado. Los aranceles son una forma de “violencia legal” que limita la capacidad de los consumidores para elegir. Cuando se impide la compra de bienes extranjeros más baratos, los consumidores deben gastar más para obtener los mismos productos, lo que reduce su poder adquisitivo y les impide gastar en otros bienes y servicios. Este desajuste tiene consecuencias en toda la economía. Por ejemplo, si una fábrica automotriz en Michigan tiene que pagar más por el acero debido a los aranceles, también subirá el precio de los autos, afectando la competitividad de las exportaciones estadounidenses y el bolsillo de los compradores.

    El proteccionismo también ignora los efectos en el “tercer personaje” que Bastiat menciona. En el caso de los aranceles de Trump, no solo se perjudica al consumidor, sino también a sectores que dependen de bienes importados. Las empresas que fabrican productos finales utilizando insumos extranjeros (como electrodomésticos o maquinaria) ven afectadas sus cadenas de suministro y, en muchos casos, pierden competitividad en el mercado global. Esto demuestra que el proteccionismo no crea empleo de manera neta; simplemente redistribuye recursos de una industria a otra, a menudo destruyendo más riqueza de la que genera.

    Por último, el enfoque de “America First” pasa por alto un principio fundamental del comercio: su naturaleza colaborativa. Al comprar bienes extranjeros, los países no solo obtienen productos más baratos o de mejor calidad, sino que también fomentan relaciones económicas que benefician a ambas partes. Restringir estas relaciones bajo la ilusión de proteger a las industrias nacionales aísla al país y reduce las oportunidades de crecimiento.

    Por tanto, podemos afirmar que las políticas proteccionistas de Trump, inspiradas en su lema “America First”, cometen el error de creer que la riqueza se genera al cerrar las puertas al comercio exterior. Tal como argumenta Bastiat, la verdadera prosperidad surge de la libertad económica y la colaboración internacional. Restringir el comercio no es una solución; es un obstáculo al progreso. Y como también sostuvo Bastiat, donde no pasa el comercio, pasan los soldados.

  • El Canal de Panamá y el retorno de la diplomacia de fuerza bajo Trump

    El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos viene acompañado de un giro drástico en el discurso inaugural. Sorprendiendo a quienes esperaban que reiterara prioridades de campaña como Ucrania, o incluso que mencionara a Canadá o Groenlandia, o a ningun país,  Trump se centró exclusivamente en una declaración de gran peso histórico y geopolítico: “retomar el control del Canal de Panamá”. Esta afirmación, con fuertes implicaciones, nos invita a analizar no solo su viabilidad real sino también lo que significa en un mundo cada vez más multipolar.

    El Canal de Panamá: legado, soberanía y pragmatismo geopolítico

    El Canal de Panamá fue administrado por Estados Unidos hasta 1999, cuando, tras una negociación que comenzó con los Tratados Torrijos-Carter (1977), fue transferido a Panamá. Este cambio marcó un hito de soberanía para el país centroamericano y reforzó el mensaje de que el control de las rutas comerciales clave ya no es monopolio exclusivo de las grandes potencias. Hoy, el Canal es operado de manera eficiente por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), un organismo panameño que asegura su funcionamiento en beneficio del comercio mundial.

    Sin embargo, la retórica de Trump revive un viejo temor: la percepción de que Estados Unidos todavía ve el Canal de Panamá como una extensión de sus intereses estratégicos. Al acusar a Panamá de violar el «espíritu» del acuerdo y culpar a China de una influencia indebida en la región, Trump parece apostar por un retorno a la diplomacia coercitiva, similar al estilo de la Doctrina Monroe en el siglo XIX, pero adaptada al siglo XXI.

    ¿Qué opciones tiene Trump para «retomar» el Canal?

    Desde un punto de vista práctico, las opciones para forzar una renegociación o imponer control directo sobre el Canal de Panamá son limitadas y enfrentan varios desafíos:

    1. Presión económica y sanciones: Trump podría buscar sancionar a empresas relacionadas con el Canal o amenazar con medidas económicas contra Panamá, como aranceles o restricciones comerciales. Sin embargo, esto podría ser contraproducente, afectando la estabilidad financiera de un país aliado y fragmentando aún más las relaciones diplomáticas en América Latina.
    2. Intervención militar: Si bien Trump podría insinuar una acción militar, la realidad es que esta opción sería impopular tanto a nivel interno como internacional. Además, en un contexto donde China y Rusia han expandido su influencia, una intervención estadounidense podría desencadenar reacciones diplomáticas y militares imprevistas.
    3. Negociaciones bilaterales: Una estrategia más viable podría ser presionar para renegociar los términos comerciales de uso del Canal, buscando tarifas más favorables para los buques estadounidenses. Esto, sin embargo, requeriría colaboración diplomática y concesiones mutuas, algo que no encaja del todo en el enfoque de confrontación que caracteriza a Trump.
    4. Apoyo a sectores opositores dentro de Panamá: En un escenario más indirecto, Estados Unidos podría intentar influir en la política interna de Panamá, apoyando a facciones que favorezcan una mayor apertura hacia los intereses estadounidenses. Este tipo de estrategia, aunque sutil, no está exenta de riesgos y puede alimentar el sentimiento antiestadounidense en la región.

    La postura de Panamá: un baluarte de soberanía

    Panamá tiene varios recursos para defenderse ante cualquier intento de presión:

    • Legitimidad internacional: La comunidad internacional reconoce la soberanía panameña sobre el Canal. Cualquier movimiento agresivo por parte de Estados Unidos podría ser condenado en foros como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
    • Eficiencia operativa: La ACP ha demostrado que el Canal es administrado con altos estándares, lo que refuerza la narrativa de que Panamá es un gestor competente de esta infraestructura crítica.
    • Apoyo de China y otros actores: Aunque Trump acusa a China de operar el Canal, lo cierto es que la influencia china se limita a la operación de puertos cercanos. Sin embargo, Beijing podría usar su poder económico y político para contrarrestar cualquier intento de intervención estadounidense, fortaleciendo a Panamá.

    Un análisis libertario: la soberanía frente al intervencionismo

    Desde una perspectiva libertaria, la retórica de Trump es problemática porque refuerza la idea de que un Estado, por poderoso que sea, tiene el derecho inherente de imponer su voluntad sobre otro. Este tipo de intervencionismo contradice los principios de soberanía y libre comercio, fundamentales para un orden mundial equilibrado.

    Además, el argumento de que el Canal «debería» pertenecer a Estados Unidos no solo ignora el marco legal de los tratados Torrijos-Carter, sino que también desconoce el espíritu de autogobierno que define a los Estados soberanos. ¿Por qué un país, solo por ser una superpotencia, debería tener derechos sobre un activo clave de otro?

    En un mundo globalizado, los principios de cooperación y respeto mutuo son esenciales para el progreso. Si bien Trump podría usar su retórica para movilizar su base política, sus acciones deben ser cuidadosamente calculadas para evitar socavar las relaciones con América Latina y desencadenar conflictos innecesarios.

    Un desafío para la diplomacia contemporánea

    La declaración de Trump sobre el Canal de Panamá tiene más que ver con proyectar fuerza ante sus seguidores que con una estrategia geopolítica clara. Sin embargo, las implicaciones de este discurso son serias. Panamá deberá prepararse para enfrentar presiones crecientes, mientras que el resto del mundo observará de cerca si Estados Unidos opta por una diplomacia de fuerza o por el diálogo.

    En última instancia, cualquier intento de «retomar» el Canal sería un retroceso para el principio de soberanía y una señal de que los grandes poderes aún consideran que las reglas internacionales pueden ser moldeadas a su antojo. Como dijo el libertario Murray Rothbard: «La verdadera paz solo puede lograrse a través del respeto mutuo y la ausencia de coerción». En este caso, ese respeto comienza por reconocer que el Canal de Panamá pertenece, ante todo, a Panamá.

  • Economía y Cultura

    Hay muchas maneras de definir lo que es la economía y les dejo dos de ellas: 1) Un sistema que describe cómo hace la gente para producir, comerciar y consumir bienes y servicios y; 2) la definición mía, la economía es ver como pones la paila en casa con lo poco que te entra. En resumen, se trata de una actividad que existe en el dominio social, la cual involucra la administración de los recursos escasos con los que podemos subsistir y prosperar. Y mi intención en este escrito es la de explicar como el desgobierno, típico de la gobernanza estatal desbocada y prostituida, afecta la capacidad ciudadana productiva; veamos.

    Lo primero que debemos destacar es la importancia primordial de una cooperación voluntaria libre de interferencia política centralizada es esencial para dar riendas sueltas al corcel del desarrollo humano. Al escribir esto, de inmediato me viene a mente la coerción central de leyes de control de precios o descuentos obligados que son impuestas, no porque las mismas mejoran los resultados finales en lo económico sino porque mejoran las perspectivas de que villanos políticos logren llegar y permanezcan en puestos de poder y rapiña.

    Otro elemento natural, básico y esencial en lo económico es la una libre interacción que de lugar al florecimiento de la infinita creatividad e intelecto humano; cosas que no germinan, crecen y fructifican en los sistemas centralizados; tal como queda claro y patente en el Título X de la supuesta Constitución panameña; título que instituye el intervencionismo castrante y rapaz.

    Más aún, estos enunciados que les presento nos hablan de libertad; que es el derecho de hacer lo bueno, ya que no hay derecho de hacer lo malo o perverso, tal como intervenir en la vida ajena, no para ayudar sino para robar y pelechar. De hecho, el breve Preámbulo de nuestra perversa Constitución, esa que, más que nada, constituye el intervencionismo, instituye el “fin supremo de fortalecer la Nación garantizar la libertad…”. Pero triste que en discusiones que expertos en ley, éstos me recriminan que el Preámbulo no es parte de la Constitución; lo cual es como decir que nuestra cabeza no es parte del cuerpo.

    De hecho, y como lo dice Jesús Huerta de Soto, y digo en paráfrasis, el mercado no requiere un rescate de parte de la politiquería central; lo que requiere es que lo dejen en paz. Y digo yo, que el mercado es como el intestino, que no requiere ayuda política para digerir los alimentos. Y no, no hablo del sobrante en caca, sino de los nutrientes que entran y alimentan el cuerpo.

    Más aún, es arrogancia fatal la de políticos que creen que pueden conocer y controlar todos los procesos y actividades en un mercado. O peor, no es que se sientan capacitados de controlar, pero sí para robar y despilfarrar. La realidad es que hemos llegado al presente no gracias a la interferencia politiquera sino a los procesos naturales de interacción humana. Decidir su gastos en carnavales o en arreglar la casa no es asunto de políticos; a menos que éstos se dediquen a usar los recursos impuestos para despilfarrarlos en festejos del Rey Momo.

    Y hay muchísimas formas de rapiña, tal como la de repartir subsidios que no subsidian sino distraen a las vacas mientras las ordeñan. Y qué triste que estas cosas ya las advertían los jesuitas escolásticos en épocas olvidadas hoy. Las normas económicas nacidas con la Escuela Austríaca de Economía, están fundamentadas en la naturaleza humana y alejada del desastroso intervencionismo en el mercado que hoy nos infecta, lacera y empobrece.

  • Polonia: El Renacimiento de un Escudo Histórico para Europa

    En su artículo «El momento polaco», para el medio ABC, Guy Sorman traza un recorrido histórico y político que posiciona a Polonia como una nación clave para la defensa de los valores democráticos y liberales en Europa. El análisis de Sorman no solo destaca el papel histórico de Polonia como baluarte frente a las amenazas externas, sino que también celebra el liderazgo actual de Donald Tusk como una oportunidad única para revitalizar el proyecto europeo frente a los desafíos contemporáneos. A continuación, examinaremos los principales puntos de este texto y su relevancia en el contexto geopolítico actual.

    Polonia como baluarte histórico de Europa

    Sorman inicia su artículo recordando episodios en los que Polonia actuó como escudo de Europa frente a amenazas externas. Desde la contención de las invasiones mongolas en el siglo XIII hasta la defensa de Viena frente al Imperio Otomano en 1683, Polonia aparece como un actor central en la salvaguarda de la cristiandad y la estabilidad europea. Este hilo histórico se extiende al siglo XX con el Milagro del Vístula en 1920, cuando el ejército polaco detuvo la expansión del comunismo soviético hacia Occidente.

    Este marco histórico refuerza la idea de que Polonia, a menudo subestimada, ha jugado un papel desproporcionado en la configuración del destino de Europa. Más que un repaso nostálgico, Sorman utiliza estos ejemplos para cimentar su argumento: Polonia, una vez más, está llamada a liderar en un momento crítico para Europa.

    Donald Tusk: Un líder liberal en tiempos de incertidumbre

    La figura de Donald Tusk emerge como el eje central del análisis de Sorman. Según el autor, Tusk no solo representa la restauración de la democracia en Polonia tras los años de populismo de derecha, sino también un modelo de liderazgo liberal que la Unión Europea necesita urgentemente. Su programa, resumido en el lema “¡Seguridad! ¡Europa!”, combina una economía liberal dinámica con un compromiso firme con la seguridad militar y los valores democráticos.

    Polonia, bajo la dirección de Tusk, ha demostrado un compromiso ejemplar con la defensa, destinando cerca del 5% de su PIB al gasto militar, una cifra que supera con creces la de otros países europeos. Este esfuerzo no solo fortalece la seguridad frente a las amenazas rusas, sino que también responde a las críticas de Estados Unidos, que ha presionado a sus aliados europeos para aumentar sus presupuestos de defensa.

    El enfoque de Tusk, sin embargo, va más allá de la seguridad militar. Sorman lo describe como un defensor de la Europa liberal frente al iliberalismo representado por figuras como Viktor Orbán en Hungría y Marine Le Pen en Francia. En este sentido, su liderazgo se presenta como una oportunidad para revitalizar el proyecto europeo, recordando los beneficios sociales, económicos y políticos que han caracterizado a la Unión.

    Desafíos globales y el papel de Europa

    Sorman no minimiza los retos que enfrenta Tusk en su presidencia rotatoria de la Unión Europea. Con solo seis meses de mandato, las prioridades son claras: garantizar el apoyo europeo a Ucrania frente a la agresión rusa, reafirmar el compromiso con la OTAN y consolidar los valores democráticos y liberales en un contexto de crecientes tensiones internas y externas.

    En este sentido, Sorman advierte sobre el peligro del chantaje estadounidense y del imperialismo ruso, subrayando la necesidad de que Europa actúe con autonomía y determinación. La referencia a Elon Musk, a quien Sorman describe como un «delirante», introduce una dimensión contemporánea al debate, señalando cómo los actores no estatales también influyen en la dinámica global y desafían los valores europeos.

    El reto de ilusionar a Europa

    Sorman concluye su artículo con un llamado a la acción: Europa necesita líderes ilustrados capaces de devolver la ilusión a sus ciudadanos. La propuesta de Tusk, basada en seguridad y liberalismo, podría ser la chispa que reactive la confianza en un proyecto europeo que, según el autor, se encuentra en una encrucijada. Más allá de la seguridad y la economía, Sorman subraya la importancia de reafirmar los principios democráticos y liberales que han sido la piedra angular de la Unión Europea desde su creación.

    «El momento polaco» de Guy Sorman es tanto un homenaje al papel histórico de Polonia como un análisis del liderazgo de Donald Tusk en un momento crucial para Europa. Al conectar los logros pasados de Polonia con los desafíos actuales, Sorman presenta un argumento convincente sobre la importancia de este país en la defensa de los valores europeos frente a las amenazas internas y externas. Bajo la dirección de Tusk, Polonia tiene la oportunidad de demostrar que el liderazgo liberal no solo es viable, sino necesario para el futuro de Europa. En un contexto de creciente incertidumbre global, este «momento polaco» podría marcar el comienzo de un renacimiento europeo basado en los principios de libertad, seguridad y cooperación.

  • Si Groenlandia estuviera en venta, ¿cuánto valdría?

    Donald Trump ha vuelto a expresar su deseo de que Estados Unidos asuma la “propiedad y el control” de Groenlandia, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca.

    Trump planteó por primera vez la idea de que Estados Unidos comprara Groenlandia en 2019. En ese momento, argumentó, con bastante razón, que él no era el primer presidente estadounidense en tener esta idea.

    La compraventa de territorios es una operación rara en estos tiempos. Está por ver si Trump las recuperará. Pero la cuestión es: si estuviera en venta, ¿cómo se decidiría la oferta por un estado, territorio o nación?

    No es una idea nueva

    La posición estratégica de Groenlandia ha sido de gran valor para EE. UU. desde los primeros días de la Guerra Fría. En 1946, el entonces presidente Harry Truman ofreció comprar el territorio danés por 100 millones de dólares en oro. Se dice que los daneses reaccionaron a esa oferta de forma muy parecida a como lo hicieron en 2019, y de nuevo en 2025: “No, gracias”.

    El presidente estadounidense Harry Truman
    El presidente estadounidense Harry Truman intentó comprar Groenlandia a Dinamarca en 1946.
    Public Domain/National Archives and Records Administration

    Que una nación soberana compre territorio a otra puede parecer extraño hoy en día, pero hay muchos casos en los que esto ha sucedido a lo largo del tiempo.

    Sin ir más lejos, Estados Unidos compró gran parte de su expansión occidental a principios del siglo XIX. Esto incluyó la “Compra de Luisiana”, vastas franjas de tierra en Norteamérica, compradas a Francia en 1803 por 15 millones de dólares (algo así como 416 millones de dólares en cifras de 2024).

    Aproximadamente medio siglo después, Estados Unidos pagó a México por grandes extensiones de territorio tras la guerra mexicano-estadounidense. EE. UU. también adquirió Alaska a Rusia en 1867, por 7,2 millones de dólares (más de 150 millones de dólares en la actualidad).

    Y compró las Islas Vírgenes a Dinamarca en 1917 por 25 millones de dólares (más de 600 millones de dólares actuales) en monedas de oro.

    No se trata sólo de Estados Unidos. Japón, Pakistán, Rusia, Alemania y Arabia Saudí han pagado por territorios, transfiriendo jurisdicción sobre los habitantes locales y ganando tierras, acceso a vías fluviales críticas o, simplemente, amortiguadores geográficos.

    ¿Cuál es el valor de un país?

    Valorar un país (o un territorio autónomo como Groenlandia) no es tarea sencilla. A diferencia de las empresas o los activos, los países encarnan una mezcla de elementos tangibles e intangibles que se resisten a una medición económica directa.

    Un punto de partida lógico es el producto interior bruto (PIB). En pocas palabras, el PIB es el valor de todos los bienes y servicios finales producidos en una economía en un tiempo determinado (normalmente un año).

    Pero ¿capta esto realmente el verdadero “valor” de una economía? Cuando compramos algo, los beneficios derivados de ello perduran –esperamos– en el futuro.

    Por eso, basar el precio de una compra en el valor producido en un periodo de tiempo determinado puede no reflejar adecuadamente el verdadero valor de ese objeto (en este caso, toda una economía) para el comprador. Hay que tener en cuenta la capacidad de seguir generando valor en el futuro.

    Los recursos productivos de Groenlandia incluyen no sólo las empresas, gobiernos y trabajadores existentes utilizados para generar su PIB actual (estimado en unos 3 236 millones de dólares en 2021), sino también su capacidad (difícil de medir) de cambiar y mejorar su PIB futuro. Esto dependerá de lo productivos que se espere que sean estos recursos en el futuro.

    Existen otros atributos de valor que no se reflejan en el PIB. Entre ellos se incluyen la calidad de su capital (tanto humano como de infraestructuras), la calidad de vida, los recursos naturales y la posición estratégica.

    Aerial view of skyline at port of Nuuk, the capital of Greenland
    Vista aérea del horizonte del puerto de Nuuk, capital de Groenlandia.
    Yingna Cai/Shutterstock

    Recursos sin explotar

    Más allá de lo que ya existe, desde una perspectiva de mercado, son los recursos aún sin explotar los que hacen valiosa a Groenlandia.

    Groenlandia lleva décadas extrayendo carbón, con grandes reservas confirmadas. Se ha demostrado que su subsuelo contiene tierras raras, metales preciosos, grafito y uranio. Además de la minería del carbón, hay oro, plata, cobre, plomo, zinc, grafito y mármol.

    Por último, existe el recurso de importantes explotaciones petrolíferas frente a las aguas de Groenlandia. Ninguno de estos potenciales se refleja en el PIB actual de la isla.

    Los activos nacionales son más fáciles

    Poner precio a un gran activo nacional, como el Canal de Panamá (que Trump también quiere bajo control estadounidense), es una perspectiva mucho más fácil.

    View of the Panama Canal with a ship approaching
    El Canal de Panamá conecta el Mar Caribe con el Océano Pacífico, y es propiedad del gobierno de Panamá.
    jdross75/Shutterstock

    La teoría de la valoración de activos es una parte fundamental de la disciplina financiera y se remonta al siglo XVIII.

    El “modelo de valoración de activos” ha evolucionado con el tiempo, pero fundamentalmente consiste en estimar los flujos de ingresos netos futuros de un activo, basándose en unos pocos datos.

    En el caso del Canal de Panamá, se trataría de estimar los ingresos netos que podrían generarse en el futuro, basándose en factores como las tasas generadas por su uso y el nivel de tráfico previsto.

    A continuación, se restarían los costes previstos de mantenimiento del equipamiento y cualquier daño esperado en el estado de la vía navegable. Otro factor a la hora de determinar el precio es el riesgo de obtener realmente esos ingresos netos.

    El valor o “precio” de un activo de este tipo suele determinarse calculando el valor actual de todos estos flujos de ingresos futuros (netos).

    Las ventas territoriales modernas son escasas

    El declive de las ventas territoriales está ligado a varios factores. Históricamente, estas transacciones solían beneficiar más a las élites gobernantes que a los ciudadanos de a pie. En las democracias modernas, es casi imposible vender tierras si los ciudadanos locales se oponen a la idea.

    Estas democracias se basan en el principio de que los bienes nacionales deben estar al servicio del pueblo, no de las arcas del gobierno. Vender un territorio hoy exigiría demostrar beneficios claros y tangibles para la población, una tarea difícil en la práctica.

    El nacionalismo también desempeña un papel importante. La tierra está profundamente ligada a la identidad nacional y venderla suele considerarse una traición. Los gobiernos, como custodios del orgullo nacional, son reacios a aceptar ofertas, por tentadoras que sean.

    People seen singing as part of Greenland's National Day festival
    Gente cantando en el festival del Día Nacional de Groenlandia.
    Lasse Jesper Pedersen/Shutterstock

    A esto se añade una sólida norma internacional contra el cambio de fronteras, nacida del temor a que un ajuste territorial pueda desencadenar una cascada de reclamaciones y conflictos en otros lugares.

    En el mundo actual, comprar un país o uno de sus territorios puede ser poco más que un experimento mental. Las naciones son entidades políticas, culturales e históricas que se resisten a la mercantilización.

    En teoría, Groenlandia puede tener un precio, pero la verdadera cuestión es si una transacción de este tipo podría ajustarse alguna vez a los valores y realidades modernos.The Conversation

    Susan Stone, Credit Union SA Chair of Economics, University of South Australia y Jonathan Boymal, Associate Professor of Economics, RMIT University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.