Etiqueta: intervención estatal

  • Revueltas varias: la clave es la educación

    Hemos observado episodios bochornosos de presidentes que avanzan al Parlamento con fuerzas militares para clausurarlo o amedrentarlo cuando no les gustan sus legislaciones. En ningún caso el asunto es agarrárselas con los legisladores ni con el Poder Judicial que las más de las veces quien encarna el Ejecutivo tiene inclinaciones peores que las que critica de los otros poderes. Incluso quienes con razón señalan las barrabasadas del Legislativo por promulgar normas incompatibles con el derecho, siempre el asunto estriba en comprender cabalmente que aquellos surgen directamente del sufragio popular y la Justicia indirectamente puesto que son propuestos por el Ejecutivo con aprobación parlamentaria. Si esto es así debemos centrar la atención en las causas del problema y no en sus consecuencias, por lo que la cuestión de fondo reside en lo que les ocurre en la cabeza a los ciudadanos, por tanto el tema de fondo reside en la educación.

    Este tema de la educación se pone de manifiesto en las urnas, luego no tiene sentido quejarse. Para tomar el toro por las astas es imperioso revisar toda la noción que habitualmente se tiene del proceso educativo, de lo contrario seguiremos apuntando a lados equivocados. Cuando se publican libros tipo El ocaso de la democracia de Anne Appelbaum y equivalentes en realidad no es el ocaso de la democracia sino su palmario incumplimiento para internarse el los caminos de la cleptocracia, es decir, en lugar de priorizar el aspecto medular de la democracia tal como apuntan los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto al respeto y la garantía de los derechos individuales se opta por borrar este valor esencial para reemplazarlo por el aspecto secundario, mecánico y accesorio de la democracia cual es el recuento de votos. Esta idea degradada conduciría a pensar que, por ejemplo, el asesino serial de Hitler era demócrata porque ganó con la primera minoría de los votos y así sucesivamente con otros dictadores que se mantienen en el poder asfixiando a los gobernados en sus derechos.

    El tema medular entonces es de educación. Días pasados expuse en el evento organizado por Atlas Network y el Centro de Estudios para el Desarrollo donde resumí el tema educativo en diez puntos. Primero, la educación está inserta en un proceso de prueba y error en un contexto evolutivo puesto que el conocimiento se traduce en corroboraciones provisorias sujetas a refutación. El conocimiento no es un puerto sino una navegación permanente ilustrada magníficamente por el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

    Segundo, esto exige sistemas abiertos y competitivos en un clima contestatario y de espíritu crítico. Tercero, por lo dicho resulta una bofetada a la inteligencia el establecimiento de ministerios de Educación y Cultura que pretenden imponer estructuras curriculares. Cuarto, debemos dejar de lado la hipocresía de hablar de “educación pública” puesto que la privada es también para el público, ergo se trata de educación estatal, una palabreja que se intenta ocultar ya que es tan chocante como literatura estatal o periodismo estatal. Quinto, no se trata de sostener que todos los profesores de instituciones estatales se desempeñan mal, más aún los hay de gran dedicación y esmero (personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera lo contrario puesto que fui profesor titular en cinco carreras de la Universidad de Buenos Aires: Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras y fui Director del Doctorado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata). El tema es de incentivos como nos han enseñado autores como Douglass North, Ronald Coase y Harold Demsetz. En otros términos la forma en que tomamos café y encendemos las luces no es la misma cuando pagamos las cuentas respecto a cuando obligamos a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos. La manera de administrar activos fijos y gastos corrientes es sustancialmente distinta en uno y otro caso.

    Sexto, por lo dicho es necesario vender todas las instituciones estatales de educación preferentemente al mismo claustro que las administran o incluso en un rapto de urgencias regalárselas, pero al momento siguiente todos los incentivos operarán en sentido distinto para la administración, la limpieza de los edificios, la sindicalización, el adoctrinamiento y demás asuntos.

    Séptimo, a los candidatos que tienen las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes pero no cuentan con los ingresos suficientes como una medida de transición se les entregará vouchers para que apliquen de todas las privadas la que le resulte mejor. Esto quiere decir que se financia la demanda pero no la oferta con los problemas señalados. No se diga entonces que los de menores ingresos serán excluidos puesto que no es para nada el caso. Si se insistiera en mantener la educación en el área de las botas y la consiguiente politización es debido a otros intereses non sanctos. Es de interés prestar atención a los estudios que revelan el costo por año por graduado en instituciones estatales y las pruebas de rendimientos si estuvieran bien evaluadas y dieran bien es equivalente a zanahorias estatales de gran calidad evaluadas por verduleros experimentados, el asunto es percatarse que haría la gente libremente con el fruto de su trabajo, si es lo mismo no tiene sentido recurrir a la fuerza estatal para imponerlo.

    Octavo, debe resultar claro que la llamada igualdad de oportunidades es del todo incompatible con la igualdad ante la ley. Si juego al tenis con un profesional, para que me den igualdad de oportunidades habrá que encadenarle una pierna al contrincante con lo que se habrá afectado la igualdad ante la ley. La igualdad es ante la ley no mediante ella. En una sociedad libre todos tienen más oportunidades pero no iguales.

    Noveno, la educación no es un bien público puesto que no calza en los principios de no rivalidad y no exclusión. Además debe subrayarse que en los mal llamados sistemas “gratuitos” son los más pobres los que financian vía la contracción en sus salarios en términos reales debido a las disminuciones en las inversiones por parte de los contribuyentes de jure. Y décimo, las instituciones estatales de educación incurren en los mismos problemas de las mal llamadas “empresas estatales” ya que una empresa arriesga recursos propios y no a la fuerza con los de otros y dicho sea de paso en la actualidad las expresiones geográficas de “derecha” e “izquierda” son tan confusas y anodinas como aludir a lo que está arriba, abajo, atrás o adelante, sugiero se utilicen los términos más claros y precisos de estatista o liberal en distintos grados para definir ideas clave.

    En resumen nada se gana con despotricar contra los efectos si no se encaran las causas. Como he dicho antes por más que un gobierno pueda abrir las puertas para convertir a todos los habitantes en multimillonarios si continúa la politización de algo tan delicado como la educación, harán quienes salgan furiosos en manifestaciones eventualmente con el librito de Mao en la mano.

    No es que no hayan problemas en la educación privada, la perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata es de abrir de par en par puertas y ventanas para que entre el mayor oxígeno posible y evitar que la capacitación de docentes se lleve a cabo en áreas estatales, todo a los efectos de lograr el mayor nivel de excelencia posible en competencia. Recién entonces dejaremos de endosar los problemas al Parlamento, al Judicial o al Ejecutivo puesto que se habrá sacado la educación del área de la violencia, con lo que los representantes gubernamentales estarán forzados a encaminarse en la dirección al respeto recíproco.

    Por último, el cambio es imperioso entonces es indispensable sacarse de encima las telarañas del espíritu conservador en cuanto a estar anclado en el statu quo y las falacias del ad populum en cuanto a que si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal con lo que no hubiéramos salido del taparrabos y el garrote pues todo lo demás era nuevo y hasta el momento no ensayado. El asunto es argumentar y no quedarse estancado en lo que fue en el pasado. Como ha señalado Aldus Huxley no en vano la posición opuesta conculca toda posibilidad de establecer climas que dan principal cabida al desarrollo individual, de allí es que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano lo primero que abolieron fue el método individualista de Montessori. El liberalismo es un peligro para los tiranos, como también apunta Huxley “Si la meta es la libertad entonces hay que enseñar el arte de ser libre para que cada cual se gobierne a sí mismo”.

  • Pausar el desarrollo avanzado de Inteligencia Artificial: ¿precaución o exageración?

    Más de mil CEOs y académicos han firmado una carta abierta pidiendo una pausa de seis meses en el desarrollo de sistemas avanzados de inteligencia artificial (IA). La carta detalla los posibles riesgos para la sociedad y la civilización de la circulación de sistemas de IA competitivos entre humanos en forma de interrupciones económicas y políticas. La petición se produce después del lanzamiento de la cuarta versión del programa de inteligencia artificial GPT-4 de OpenAI, respaldado por Microsoft.

    El Future of Life Institute, organización sin fines de lucro, emitió la carta pidiendo una pausa en el desarrollo avanzado de la IA hasta que expertos independientes desarrollaran, implementaran y auditaran protocolos de seguridad compartidos para tales diseños. Los sistemas de IA poderosos solo deben desarrollarse una vez que estemos seguros de que sus efectos serán positivos y sus riesgos manejables, dice la carta.

    La Union Europea (UE) se une al coro de preocupaciones éticas y legales sobre el desarrollo de inteligencia artificial (IA) avanzada como ChatGPT, advirtiendo sobre el posible uso indebido del sistema en intentos de phishing, desinformación y ciberdelincuencia. Mientras tanto, el gobierno del Reino Unido dio a conocer propuestas para un marco regulatorio «adaptable» en torno a la inteligencia artificial. El enfoque del gobierno dividiría la responsabilidad de gobernar la IA entre sus reguladores de derechos humanos, salud y seguridad y competencia, en lugar de crear un nuevo organismo dedicado a la tecnología.

    La IA de ChatGPT de OpenAI ha llevado a los rivales a acelerar el desarrollo de modelos de lenguaje similares y a las empresas a integrar modelos de IA generativa en sus productos. La semana pasada, OpenAI anunció que se había asociado con alrededor de una docena de empresas para incorporar sus servicios en su chatbot, lo que permite a los usuarios de ChatGPT pedir comestibles a través de Instacart o reservar vuelos a través de Expedia.

    Aunque el desarrollo de inteligencia artificial  y sistemas IA han avanzado mucho en los últimos años, todavía hay preocupaciones éticas y legales en torno a su uso y desarrollo sostienen los firmantes de la carta. Del otro lado, desarrolladores que son más escépticos ante lo que puede hacer la regulación, han acusado a los firmantes de la carta de promover la «exageración de la IA». Ha argumentado que las afirmaciones sobre el potencial actual de la tecnología han sido muy exageradas. La carta destaca la necesidad de trabajar con legisladores y autoridades reguladoras para garantizar que la IA se desarrolle de manera responsable y ética. Es destacable que Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, no ha firmado la carta, dijo a Reuters un portavoz de Future of Life.

    Este debate sobre la necesidad de algún tipo de regulación al desarrollo de la inteligencia artificial recién comienza e indica una creciente preocupación en torno a su uso y desarrollo. Aunque hay preocupaciones éticas y legales en torno a la IA, también hay un gran potencial para la tecnología y el progreso humano. Por lo tanto, es importante estar alertas ante legisladores y autoridades reguladoras para garantizar que la IA se desarrolle de manera autónoma, libre, responsable y ética, lejos de los políticos, para que podamos aprovechar al máximo sus beneficios mientras minimizamos sus riesgos como sociedad adulta.

    La carta completa, que puede ser encontrada en original aquí:

    «Los sistemas de Inteligencia Artificial (IA) con inteligencia humana-competitiva pueden plantear riesgos profundos para la sociedad y la humanidad, como lo demuestra una extensa investigación y es reconocido por los principales laboratorios de IA. Como se establece en los Principios de IA de Asilomar, ampliamente respaldados, la IA avanzada podría representar un cambio profundo en la historia de la vida en la Tierra, lo cual debe planificarse y administrarse con el cuidado y los recursos correspondientes. Desafortunadamente, este nivel de planificación y gestión no está ocurriendo, a pesar de que en los últimos meses los laboratorios de IA han entrado en una carrera fuera de control para desarrollar e implementar mentes digitales cada vez más poderosas que nadie, ni siquiera sus creadores, pueden entender, predecir o controlar de forma fiable.

    Los sistemas de IA contemporáneos ahora se están volviendo competitivos para los humanos en tareas generales y debemos preguntarnos: ¿Deberíamos dejar que las máquinas inunden nuestros canales de información con propaganda y falsedad? ¿Deberíamos automatizar todos los trabajos, incluidos los que nos placen? ¿Deberíamos desarrollar mentes no humanas que eventualmente podrían superarnos en número, ser más inteligentes y reemplazarnos? ¿Deberíamos arriesgarnos a perder el control de nuestra civilización? Tales decisiones no deben delegarse en líderes tecnológicos no elegidos. Los sistemas potentes de IA deben desarrollarse solo una vez que estemos seguros de que sus efectos serán positivos y sus riesgos serán manejables. Esta confianza debe estar bien justificada y aumentar con la magnitud de los efectos potenciales de un sistema. La declaración reciente de la empresa OpenAI con respecto a la inteligencia artificial en general, establece que: “En algún momento, puede ser importante obtener una revisión independiente antes de comenzar a entrenar sistemas futuros, y los esfuerzos más avanzados para acordar limitar la tasa de crecimiento de la computación utilizada para crear nuevos modelos”. Estamos de acuerdo. Ese punto es ahora.

    Por lo tanto, hacemos un llamado a todos los laboratorios de IA para que pausen de inmediato durante al menos 6 meses el entrenamiento de los sistemas de IA más potentes como GPT-4. Esta pausa debe ser pública y verificable, e incluir a todos los actores clave. Si tal pausa no se puede promulgar rápidamente, los gobiernos deberían intervenir e instituir una moratoria.

    Los laboratorios de IA y los expertos independientes deberían aprovechar esta pausa para desarrollar e implementar mancomunadamente un conjunto de protocolos de seguridad compartidos para el diseño y desarrollo avanzados de IA que son rigurosamente auditados y supervisados por expertos externos independientes. Estos protocolos deben garantizar que los sistemas que se adhieren a ellos sean seguros más allá de toda duda razonable. Esto no significa una pausa en el desarrollo de la IA en general, simplemente un paso atrás de la carrera peligrosa hacia modelos de caja negra impredecibles cada vez más grandes con capacidades emergentes.

    La investigación y el desarrollo de IA deben reenfocarse en hacer que los sistemas potentes y de última generación de hoy en día sean más precisos, seguros, interpretables, transparentes, robustos, alineados, confiables y leales.

    Paralelamente, los desarrolladores de IA deben trabajar con los legisladores para acelerar drásticamente el desarrollo de sistemas sólidos de gobierno de IA. Estos deben incluir como mínimo: autoridades reguladoras nuevas y capaces dedicadas a la IA; supervisión y seguimiento de sistemas de IA de alta capacidad y grandes conjuntos de capacidad computacional; sistemas de procedencia y marcas de agua para ayudar a distinguir las fugas reales de las sintéticas y rastrear modelos; un sólido ecosistema de auditoría y certificación; responsabilidad por daños causados por IA; financiación pública sólida para la investigación técnica de seguridad de la IA; e instituciones bien dotadas para hacer frente a las dramáticas perturbaciones económicas y políticas (especialmente en la democracia) que provocará la IA.

    La humanidad puede disfrutar de un futuro floreciente con la IA. Habiendo tenido éxito en la creación de poderosos sistemas de IA, ahora podemos disfrutar de un “verano de IA” en el que cosechamos las recompensas, diseñamos estos sistemas para el claro beneficio de todos y le damos a la sociedad la oportunidad de adaptarse. La sociedad ha hecho una pausa en otras tecnologías con efectos potencialmente catastróficos en la sociedad. Podemos hacerlo aquí. Disfrutemos de un largo verano de IA, no nos apresuremos a caer sin estar preparados.»

  • Pésima aplicación de la suma cero

    En última instancia los mayores errores en economía obedecen a una aplicación muy desacertada de lo que en teoría de los juegos se denomina “la suma cero”, esto va desde la parla habitual en muchos medios a representantes de la Iglesia, hasta el keynesianismo y el estatismo en general.

    El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos. En el siglo XVI, Michel Montaigne -a pesar de buenas contribuciones en otras materias- concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas las transacciones.

    Éste es el punto de partida de una equivocación garrafal que ha teñido buna parte del discurso que pretende explicar aspectos clave de la economía. Al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, en estos casos inexorablemente lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco. Curiosamente los patrocinadores de la suma cero en transacciones libres y voluntarias imponen esa modalidad en lo que defienden, es decir, el estatismo en sus diversas variantes.

    Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros, que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo disparate. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

    En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

    La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

    No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy, salvo raras excepciones, resulta en verdad tristes los espectáculos que ofrecen candidatos a ocupar la escena política en todas partes del llamado mundo libre: compiten en una carrera desenfrenada de promesas para ver quién saquearía más los bolsillos de los que tienen recursos para entregárselos graciosamente a los que tienen menos patrimonios.

    Resulta triste a la luz de los postulados de los Padres Fundadores quienes consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución estadounidense, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. También en nuestro medio el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi, se preguntaba y respondía: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía a Alejandro: que no le haga sombra.”

    ¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes incluso en Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retornar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

    Por su parte una de las pocas sentencias acertadas de John Maynard Keynes con razón estampó que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

    El párrafo no puede ser más ajustado a la realidad. Sin embargo Keynes ha tenido y sigue manteniendo la influencia más nefasta de cuantos intelectuales han existido hasta el momento. Mucho más que Marx, quien debido a sus inclinaciones violentas y a su radicalismo frontal ha ahuyentado a más de uno. Keynes, en cambio, patrocinaba la liquidación de la sociedad abierta con recetas que, las más de las veces, resultaban de una mayor sutileza y difíciles de detectar para el incauto debido a su lenguaje alambicado y tortuoso.

    Es del caso repasar los pensamientos de Keynes en este contexto de la suma cero que navega en sus escritos. Los ejes centrales de su obra más difundida (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurrir a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” ya que nos dice en ese libro que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.

    Tal vez los trabajos de mayor lucidez sobre Keynes estén consignados en el noveno volumen de las obras completas del premio Nobel en Economía F.A. Hayek (The University of Chicago Press, 1995) y en el meduloso estudio de H.Hazlitt traducido al castellano como Los errores de la nueva ciencia económica (Madrid, Aguilar, 1961). Numerosas universidades incluyen en sus programas las propuestas keynesianas y no como conocimiento histórico de otras corrientes de pensamiento, sino como recomendaciones de la cátedra. Personalmente, en mis dos carreras universitarias y en mis dos doctorados tuve que estudiar una y otra vez las reflexiones keynesianas en el mencionado contexto. Todos los estatistas de nuestro tiempo han adoptado aquellas políticas, unas veces de modo explícito y otras sin conocer su origen. Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo más crudo durante las presidencias de Roosevelt: eso era su “New Deal” que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas donde se abandonó la disciplina monetaria.

    Las terminologías y los neologismos más atrabiliarios son de su factura. No quiero cansar al lector con las incoherencias y los galimatías de Keynes, pero veamos sólo un caso, el que bautizó como “el multiplicador”. Sostiene que si el ingreso fuera de 100, el consumo de 80 y el ahorro 20, habrá un efecto multiplicador que aparece como resultado de dividir 100 por 20, lo cual da 5. Y préstese atención porque aquí viene la magia de la acción estatal: afirma que si el Estado gasta 4 eso se convertirá en 20, puesto que 5 por 4 es 20 (sic). Ni el keynesiano más entusiasta ha explicado jamás como multiplica ese “multiplicador”.

    En definitiva, y aquí es una de las instancias en que se filtra de contrabando la suma cero, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”.

    En resumen, la incoherencia de la suma cero en la cooperación social en libertad está presente en todas las exposiciones estatistas que empobrecen moral y materialmente por más que como queda dicho estén en boca de no pocos sacerdotes muy escasos de conocimientos elementales en ciencias sociales de muy diversa jerarquía eclesiástica y de expositores cacofónicos dignos de una torpeza de dimensiones colosales que alardean de proteger a los más vulnerables con lo que los extienden por doquier.

  • Decálogo fiscal para cualquier país civilizado

    Luego de mencionar los diez puntos que a continuación se exponen, consigno los aspectos que estimo clave al efecto de proceder a una necesaria reforma fiscal que se ejemplifica con reducciones en el gasto público para permitir que se engrosen los bolsillos de la gente.

    Primero, la idea central por la que se cobran impuestos es la de financiar el gasto gubernamental que demanda la estricta y limitada función de proteger los derechos de las personas que habitan el suelo bajo esa jurisdicción estatal, por tanto los tributos no solo deben resultar lo más bajos posibles sino que no deben gravarse objetos imponibles fuera de esa jurisdicción, abandonando entonces el llamado principio de nacionalidad en materia tributaria debido a que el gobierno local no se ocupa de garantizar derechos de quienes están fuera de sus fronteras.

    Segundo, en un sistema republicano los ingresos fruto de los respectivos gravámenes no pueden ser menores a los egresos debido a la política de endeudamiento y financiamiento monetario. En este contexto la deuda pública externa debe estar prohibida ya que está reñida con la democracia pues compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda. En esta línea argumental, no es permisible establecer un correlato con lo que ocurre en los ámbitos privados donde tiene sentido la decisión voluntaria y libre de establecer plazos para contraer deudas y reembolsos. En este sentido, debe destacarse que constituye una contradicción en los términos la expresión “inversión pública”, puesto que la inversión es por su naturaleza un acto subjetivo que estima mayor valor en el futuro que en el presente por lo que el sujeto en cuestión se abstiene de consumir para ahorrar cuyo destino es la inversión. Por ende, en el presupuesto nacional los rubros de gastos deben dividirse en corrientes y en activos fijos pero nunca “inversión” que en ningún caso cabe cuando se recurre a la coerción. En esta misma línea argumental, la financiación vía procesos inflacionarios queda descartada puesto que una sociedad libre requiere la eliminación de la banca central y el curso forzoso.

    Tercero, los ratios como la participación de los aparatos estatales en la renta nacional o los tributos sobre el producto nacional bruto no deben apuntar a que crecimientos en la riqueza justifican incrementos en el gasto o en la recaudación. La presión fiscal debe consignarse en valores absolutos y cuando excede lo necesario resulta saludable la rebelión fiscal, tal como ocurrió en el origen de la revolución estadounidense como marca y límite a lo que el gobierno pude succionar de la población. Este enfoque de simplificación y unificación fiscal complementado con los puntos que siguen liberan a los llamados “expertos fiscales” para que se dediquen a actividades útiles.

    Cuarto, la curva Laffer muestra que a mediada que las tasas fiscales se incrementan aumenta la recaudación hasta que en un punto -debido al debilitamiento y fractura de la estructura productiva- la recaudación disminuye a medida que la presión impositiva se eleva. Esto hace aparecer como que hay un punto óptimo fiscal de máxima presión tributaria que permite una máxima recaudación, pero a lo que originalmente apuntaba Arthur Laffer con su curva (ya insinuada por Adam Smith en 1776) es el establecimiento de un punto de mínima presión fiscal necesario para cumplir con la antedicha misión gubernamental en una sociedad abierta.

    Quinto, no hay tal cosa como impuestos al consumo puesto que todos los gravámenes son al patrimonio: cuando se dice que se aplica un tributo al consumo es que se grava una empresa que vende productos clasificados como de consumo pero esa empresa se hace cargo del impuesto con su patrimonio, por tanto todos los impuestos afectan las tasas de inversión y, como consecuencia, reducen salarios e ingresos en términos reales ya que esa es la única causa que permite elevarlos al incrementarse el ritmo de capitalización.

    Sexto, todos los impuestos deberían eliminarse con excepción del impuesto al valor agregado con la máxima base imponible al efecto de aprovechar el sistema de impuestos a cargo e impuestos a favor que permite ese gravamen con lo que se ahorran controles en un contexto donde no deben operar exenciones fiscales que siempre significan que otros deben hacerse cargo de la diferencia con lo que se dejan de lado no solo las dobles imposiciones sino que no se aplican impuestos directos -los que gravan la manifestación directa de la capacidad contributiva- que obligan a preguntas e inquisiciones insolentes sobre el origen y destino de los recursos por parte de los agentes de recaudación.

    Séptimo, el referido impuesto se traducirá en alícuota proporcional ya que todos los progresivos implican regresividad puesto que los contribuyentes de jure contraen sus inversiones con lo que, como queda dicho, reducen salarios e ingresos en términos reales. Este es el motivo por el que las constituciones liberales prohibieron los gravámenes progresivos y también los directos. Además, la progresividad altera las posiciones patrimoniales relativas, es decir, contradice las posiciones patrimoniales que había establecido la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines con lo que hay derroche de capital lo cual agudiza la antes referida baja en los salarios e ingresos de la población. También la progresividad bloquea la indispensable movilidad social en el asenso y descenso en la pirámide patrimonial.

    Octavo, en materia fiscal es indispensable contar con un sistema federal para no solo descentralizar el poder sino para establecer competencia entre las provincias y municipios puesto que en este esquema los gobernadores e intendentes administran sus recaudaciones locales al efecto de que los pobladores no se muden a otra jurisdicción y para atraer inversiones, lo cual tiende a la prudencia en materia del gasto, y la coparticipación al gobierno central debiera ser exclusivamente para atender a la justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa.

    Noveno, la denominada redistribución de ingresos llevada a cabo por los aparatos estatales no es función gubernamental puesto que la distribución queda en manos de la gente que pone de relieve con sus preferencias y necesidades en los procesos de mercado lo cual hace que los comerciantes que atienden esas necesidades y preferencias obtienen ganancias y los que yerran en ese objetivo incurren en quebrantos, lo cual excluye toda posibilidad de empresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios que en toda ocasión atentan contra el bienestar de sus semejantes.

    Y décimo, la eliminación de todas las cargas arancelarias y no arancelarias que siempre obligan a desembolsar mayor erogación por unidad de producto con lo que el nivel de vida de los locales empeora, en lugar de liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. Esto significa no limitar el comercio libre a zonas de integración regional sino la integración al mundo en un contexto donde se acepte que el monopolio legal constituye una seria amenaza para la población y el dumping destructivo es el realizado compulsivamente con los recursos de terceros, por ejemplo, a través de las “empresas estatales” deficitarias.

    Como anunciamos al comienzo, aquí refiero sumariamente algunos ejemplos de reducción en la dimensión del aparato estatal a los que he dedicado mayores espacios en otras oportunidades, en este caso para poder aplicar el decálogo que antecede.

    En primer lugar, la importancia vital de abrir el proceso educativo a la competencia sin la existencia de ministerios de educación o de cultura que se arroguen la facultad de dictaminar sobre estructuras curriculares y exento de instituciones estatales que inexorablemente perjudican a los más pobres que se hacen cargo de los costos debido a la contracción de inversiones por parte de los contribuyentes de jure.

    Es imperioso eliminar todas las embajadas puesto que a diferencia de lo que tenía lugar en la época de las carretas, las comunicaciones y teleconferencias de la actualidad hacen que resulten del todo superfluas las lujosas mansiones, los pasaportes diplomáticos y los nutridos séquitos del caso.

    Debe contarse con mercados laborales libres sin las concepciones fascistas de representaciones coactivas y “agentes de retención” que echan mano al fruto del trabajo ajeno al efecto de liberar recursos humanos y materiales al introducirse innovaciones tecnológicas que incentivan a los empresarios a sacar partida de nuevos arbitrajes para lo cual requieren capacitaciones en los nuevos destinos.

    No tiene sentido mantener a las mal llamadas “empresas estatales” puesto que en toda circunstancia implica asignar los siempre escasos recursos en áreas que no son prioritarias para la gente y si se constituyen en las que demanda la población resulta superflua la intervención con el consiguiente ahorro en gastos administrativos en un contexto donde no cabe la impostura de jugar al empresario que siempre es arriesgando fondos propios, todo lo cual naturalmente empeora si la “empresa” en cuestión arroja déficit.

    En el Poder Ejecutivo habría que eliminar todos los ministerios y convertirlos en secretarias de relaciones exteriores, defensa, interior y una vinculada a las finanzas públicas, todas trabajando en la casa de gobierno al efecto de poder vender los inmuebles que hasta el momento albergaban esas y otras muchas reparticiones que habría que borrar del organigrama.

    En el ámbito del Poder Legislativo se debería reducir drásticamente la representación en diputados y contar con un senador por jurisdicción provincial, y en ambas cámaras que todos trabajen tiempo parcial con severas limitaciones temporales para legislar lo cual significa restringirse al estudio y promulgación del presupuesto y a la estricta protección a los derechos de las personas.

    Es urgente reformar el mal llamado “sistema de seguridad social” -en verdad sistema de inseguridad antisocial- que para cualquiera que haya explorado algo de análisis actuarial se percata de que el sistema de reparto obligatorio estafa a los pensionados que han aportado durante su vida activa para recibir montos inaceptables. Hay quienes sostienen la insensatez de que si los aparatos estatales no obligan a prever para la vejez el titular no lo hará, sin tener en cuenta los ejemplos de inmigrantes paupérrimos que llegaban a costas desconocidas y ahorraban de sus trabajos para adquirir departamentitos y terrenitos que luego fueron esquilmados por demagogos que instauraron el referido sistema vergonzoso. Por otra parte, si fuera cierta la irresponsabilidad mencionada, habría que destacar una estructura policial para asegurarse que el pensionado no dilapide su ingreso. El fruto del trabajo ajeno es sagrado y cada uno debería darle el destino que considere mejor.

    En la jurisdicción de la Justicia debería fortalecerse el sistema de árbitros privados sin ninguna limitación para generar procesos abiertos y competitivos en el descubrimiento del derecho y no como resultado del diseño y la ingeniería social. En cuanto a las cárceles, deberían privatizarse, en cuyo contexto el delincuente trabaja para resarcir a la víctima y para financiar su alojamiento y no dejar desamparada a las víctimas y además imponer cargas fiscales a toda la sociedad para mantener criminales.

    En lugar de criticar las formas arbitrarias de distribución de la pauta publicitaria por parte de un organismo oficial, habría que cerrarlo y tercerizar lo que el Gobierno considere pertinente anunciar o hacerlo a través de conferencias de prensa.

    Asimismo, las oficinas estatales de construcción de estadísticas habría que sustituirlas por entidades privadas en un contexto de auditorias cruzadas y competitivas para asegurarse la calidad de las mismas según sean los requerimientos de la población.

    Como tantas veces he escrito, es necesario reafirmar que el voto es un derecho y no una obligación en el contexto de la eliminación de las llamadas listas sábanas y equivalentes para sustituir por procedimientos compatibles con el sistema republicano para que resulte claro que el proceso electoral es el aspecto formal de la democracia y su aspecto sustancial es la protección de los derechos individuales.

    Por último en este resumen telegráfico, junto con la arriba mencionada prohibición de contraer deuda pública, es imperioso subrayar la también referida necesidad de liquidar la banca central ya que cualquiera de los tres caminos que elija para operar, sea expandiendo la base monetaria, contrayéndola o dejándola inamovible, en cualquiera de las tres variantes estará necesariamente distorsionando los precios, que son los únicos indicadores para asignar recursos eficientemente con lo que la población se empobrece. Como queda consignado, es indispensable que la gente pueda elegir los activos monetarios que sean de su preferencia sin la imposición del curso forzoso. En la medida en que se vayan adoptando estas políticas pueden irse introduciendo reformas fiscales compatibles con un sistema genuinamente republicano sin interferencias de un Leviatán desbocado que aniquila las libertades individuales tan ponderadas por todos los grandes maestros de la ciencia jurídica y la economía.

  • ¿Son inteligentes los servicios de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre.

    En los últimos tiempos observamos con cierta alarma que los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por los derechos de los gobernados son en realidad atacantes y en la materia de esta nota periodística espían a la gente con lo que se invade su privacidad. Como ha escrito Milan Kundera “si se pierde la privacidad se pierde todo”. Es sumamente curioso que el ciudadano se vea obligado a financiar con impuestos acciones que lo persiguen y aplastan. Antes he escrito sobre este tema de los llamados servicios de inteligencia, pero en vista que vuelva a surgir el asunto es del caso reiterar lo dicho.

    El adagio consigna que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

    Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

    Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano a fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

    Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio y en otros partes del mundo se agregan asesinatos, sabotajes y en la mayor parte de los casos lados seguimiento de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añade la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

    En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

    El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds puso en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la célebre invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

    Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades, como ocurría con la policía secreta de Sha de Persia, incluso con Ben Laden y en la CIA.

    Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” que inspira el título del presente texto. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a lo que fue nuestra SIDE creada por Perón, luego SI y hoy AFI. Cambios de nombres pero con una alarmante y persistente continuidad de procedimientos aberrantes que incluyen casos espantosos y muy sonados en todos los rincones del planeta como es el del fiscal Alberto Nisman.

    David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

    En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán, China e Indonesia. Asimismo, el ex presidente estadounidense Harry S. Truman 15 años después del comienzo de la oficina de inteligencia declaró a la prensa: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

    Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

    No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político si puede deslizarse por la puerta trasera todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

    Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

    Ahora se informa que miembros del servicio de inteligencia del gobierno anterior en Brasil ayudaron en los actos de vandalismo a la sede de los tres poderes, tomando como ejemplo el bochorno de Donald Trump que además de alentar el ataque al Capitolio con el apoyo logístico de algunas reparticiones de los servicios, desconoce los resultados electorales a pesar de estar certificados por los cincuenta estados, por sesenta y un jueces federales y locales y su propio Vicepresidente.

    En conexión con la llamada “inteligencia” menciono cuatro áreas adicionales al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa denominada “ley patriótica”.

    En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

    El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencia para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos a que nos hemos referido la semana pasada en este mismo medio y que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder.

    Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

    Un comentarista de la televisión mexicana proclamó: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”. En este sentido es recomendable la lectura de gruesos volúmenes como The Fearful Master, A Second Look at the United Nations de Edward Griffin en su época el periodista radial de mayor audiencia en CBS Network y UN: Planned Tyranny del profesor de economía de la Universidad de Harvard Orval Watts donde se detallan las ideas de planificación socialista de los organizadores originales de la institución en 1945 y sus propósitos de extender sus idearios a los países miembros confirmadas luego en algunas de las entidades que han surgido de esa fundación como es el caso resonante de la CEPAL que ha propiciado el estatismo en América Latina, una tendencia en otros casos consignada en estatutos a veces apoyados en distintas operaciones por servicios de inteligencia. Todo lo cual no significa desconocer que algunos de los miembros han denunciado políticas a contramano aquellas medidas muchas de las cuales intensifican los problemas que se anuncia se quieren resolver.

    De todos modos, al efecto de ilustrar preocupaciones justificadas con un ejemplo extremo, el dictador de Uganda Idi Amin Dada -”el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros, además de hacer alarde de sus servicios de inteligencia criminales- el autor relata minuciosamente en el libro de referencia que el primero de octubre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas le brindó una ovación de pie por parte de todos los delegados cuando llegó al podio el dictador y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, en el contexto de las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde ahora el régimen de la tiranía cubana ocupa un sitial de peso.

    Entonces, en nuestra línea argumental de fondo, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los graves inconvenientes de este tipo de organizaciones. A esta altura del partido y en vista de los antecedentes truculentos de estos llamados servicios, tal vez debiera abandonarse el uso de la expresión “inteligencia” y sustituir esos departamentos por otros bajo auditorias y controles solo para evitar ataques a los derechos en diversas manifestaciones pero nunca provocar atropellos a las libertades individuales, que como queda dicho constituyen actos contra los principios más elementales de la civilización.

  • La naturaleza de la bestia gubernamental

    Nos dice la Wikipedia que el estado profundo (“deep state”) es aquella gobernanza compuesta por redes potencialmente secretas y que, sin la debida autorización, operan independientemente del liderazgo oficial estatal; y que dichas redes persiguen agendas y fines propios, a las cuales también se les apoda de “gobiernos-sombra” (“shadow governments”) o estado dentro del estado. Sin embargo, habiendo yo trabajado 14 años en funciones gubernamentales, en las cuales dirigí, con rango de autoridad, dos veces una institución estatal, formé otra visión de lo que es el estado profundo o, como preferiblemente suelo llamarle el “gobierno profundo”.

    La definición de la Wikipedia tiende a sugerir que se trata de algo así como una red de conspiración; pero yo lo veo de otra forma. Veo al gobierno profundo como el resultado propio y natural del ejercicio del poder centralizado; realidad que es imperativo conocer y controlar para evitar el mal rumbo que llevamos. Que no se trata solamente de corrupción y conspiración sino de la realidad de las flaquezas humanas que se traducen en aprovecharse del puesto de poder. Pero, también entra en juego la inmensa dificultad de lidiar con una inmensa organización gubernamental centralizada pero disgregada en dónde cada órgano se centra en sus objetivos; o, lo que cree que son sus objetivos, sin la debida coordinación con los demás órganos estatales y sin la debida atención a los límites constitucionales.

    Pero, aún más allá y mucho más insidioso, hay otros factores sociales que también inciden en la formación o deformación del ente gubernativo; vale decir, hablo de aquellas culturas de la población que se han acostumbrado a la gobernanza corrupta y corrompedora. Que, es de esta realidad cultural de dónde se forman los partidos políticos, que luego quedarán encargados de gobernar; no con apego a los mejores intereses de la población sino del partido o peor, de las cúpulas del partido.

    Y más insidioso aún es el que no sólo sean las clases populares las que prohíjan la desordenada gobernanza sino que la patología hace metástasis al resto del organismo de la nación. He trabajado o lidiado con diversas organizaciones empresariales y sindicales en las cuales he sido testigo de los males que saco a relucir. Por ejemplo, a un consejo empresarial que se vende a bastardos intereses del poder central. O sindicatos dominados por espurios intereses ideológicos que quedan por encima del bienestar de sus asociados y de la comunidad. En resumen, el problema es mucho mayor e insidioso.

    Tomemos el caso del llamado MEDUCA, con sus 65,000 funcionarios, al cual “le” asignamos educar a nuestros hijos y que, supuestamente, debía regirse con apego a los fundamentos constitucionales de libertad de pensamiento, tránsito, propiedad y tal. ¿Es eso lo que promueve al MEDUCA? ¿Quién realmente manda en el MEDUCA? ¿Cuánto del poder y decisión lo ejercen los sindicatos y los intereses económicos mezquinos? En fin, el poder central le sustrae la savia económica a la población para darles a cambio un producto inservible.

    En conclusión, no estamos hablando de conspiraciones sino de lo que ocurre abiertamente ante nuestras narices, a ciencia y paciencia de todos. Pero, como bien en su momento señalara Bastiat: es la ley puesta al servicio de los inescrupulosos para proteger a los pillos de los probos. Para castigar a quienes osan advertir que el rey va desnudo en la procesión y aún así todos lo aclaman diciendo: “Robó pero dio”. No estamos hablando de una democracia sino de algo mucho más siniestro y peligroso.

  • Celebremos la Resurrección

    Una estimada amistad, Richard Rahn, presidente de “Institute for Global Economic Growth”, economista y escritor más que prolijo, quien nos acompañó en Panamá en 1917 en ocasión del foro Pathways, en artículo del Washington Times, nos recuerda de que estamos en época de esperanza, de renovación en la resurrección. Es así ya que la humanidad no aprende y avanza sino a través de las tormentas de locura y corrupción que ponen en evidencia el mal camino y nos ayudan a retomar el bienandar.

    Es muy cierto que vivimos tiempos de líderes incompetentes, de tranques y baches en las calles. Pero, más que nada, de contratiempos económicos a causa de políticas económicas alocadas o, mejor dicho, completamente corruptas en malgasto. Nos endeudamos para sostener al gobierno desmedido cuyo principal objetivo apunta a perpetrarse en la papa. ¡Qué ingenuidad!, cuando lo que hacen les traerá todo lo contrario.

    La realidad es que vivimos tiempos de cambio y adaptación. Tiempos en los cuales se dará avances en la medicina, a punto que lograremos vencer a la mayoría de las enfermedades y prolongar nuestras vidas. Avances que, con el tiempo, reducirán los costos de vida de forma inimaginable.

    Y, a todo ello, nos daremos cuenta de la forma torcida en que muchos intentan torcer realidades; tal como la del cambio climático, que pintan como un fenómeno nuevo y destructivo, cuando la naturaleza del mismo Universo es una de cambio. Cuando se acaben los cambios se acaba el Universo. Pero, el mayor de los peligros y maldades que nos asedian están en la locura de tantos que adversan los verdaderos derechos humanos de libertad y autodeterminación; sin los cuales la humanidad no puede acceder a su destino de un mañana en el cual podremos mover montañas.

    Ya la ciencia asoma a la energía de fusión, limpia, segura, ilimitada y económica. Y tal como lo advierte Rahn, “ló único que hace falta es que la clase política comience a actuar como adultos y nos den el permiso…” permiso de administrar nuestras vidas y nuestro futuro. Rahn también nos habla del desastre de nuestros sistemas que osamos llamar “educativos”. De lo triste que es mantener a toda una juventud sumida en mazmorras como las del MEDUCA.

    También por el lado oscuro de la Fuerza vemos el movimiento “woke”, que traduce a “estar al tanto y activamente atento a las realidades sociales, en particular a las del racismo.” Suena medio bonito pero debajo de todo ello subyacen los efectos que nos trae la mala educación, la politiquería de arrabal y entro otras más, la Babel idiomática en la cual pretenden cambiar la forma en que hablamos y pensamos; es decir, asignar nuevos sentidos a las palabras, con lo cual llegaremos a tal punto que unos y otros no podremos comunicarnos.

    La realidad es que la verdadera prosperidad no nos llegará por la vía de los partidos políticos tradicionales y corroídos; sino, a través de mercados desembarazados que permitan que sean los ciudadanos los que marquen el compás de su andar. De ciudadanos cuya única esperanza de vida no sea la de un jamón en Navidad.

    En fin, y vuelvo a citar a Rahn: “La buena nueva es que la locura del momento pasará, tal como ha ocurrido siempre.” Debemos estar atentos a las nuevas oportunidades que se presentan y van en aumento. Oportunidades de dejarles un mundo mejor a nuestros hijos. Un mundo cuyo objetivo será viajar a nuevos puertos; de manera que una vez más tomemos conciencia de que el mundo no es plano… el mundo no tiene límites.

  • Intervencionismo castrante

    Castrante, más allá de su sentido genital, lo definen en diccionarios como aquello que “limita la originalidad y libertad de ideas. Es la actuación de personajes y entidades políticas que, a través de meterse en lo que no deben, intervencionismo,  debilitan el poder llevar a cabo el curso normal y productivo de la sociedad. Es el padre o la madre autoritaria cuya actuación limita el desarrollo de sus vástagos. En fin, es una actuación contraria a la misma naturaleza del Creador que nos hizo libres para actuar, aprender, errar o tener éxito, como único camino de evolución.

    Desdichadamente, proponer a la politiquería burlesca y corrupta que deje de intervenir en lo que no le compete ni conviene a la sociedad, es caer en el desfiladero; caer en desgracia y correr riesgos de ser anulado por los personajes de mezquinos y procaces intereses. Lo que necesitamos es menos intervención central para ver si aún estamos a tiempo para evitar fatales colapsos, como lo de la CSS. O, tal vez me equivoco y resulta que el colapso es la única vía de solución que nos queda.

    Cuando dejamos que sean los actores del mercado los que, al compás de sanas limitaciones constitucionales, simples y claras, sean las que nos conduzcan por los mejores senderos del desarrollo, es que vamos por mejores caminos. Debemos evitar el proteccionismo estéril, los subsidios castrantes y los mercados sobre regulados que terminan logrando todo lo contrario al interés común o “social”, tal como sediciosamente fue plasmado en la actual constitución panameña.

    Imaginemos una familia en la cual el padre y/o la madre no permitan que sus hijos se desarrollen en experiencias, en criterio y en la sana búsqueda de un nuevo y mejor mundo. Una familia que produzca hijos castrados, incapaces de valerse por sí mismos.

    Alrededor del mundo, igual que en Panamá, el intervencionismo central, a través de malévolas leyes, de una castrante intervención educativa, del malgasto, sistemas de transporte viciados y tanto más. Y, ni hablar de un poder legislativo que se usa y se aprovecha de la autoridad para ser autores del mal.

    Casos como las vedas de pesca marina en épocas de desove, que sólo las cumplen las empresas pesqueras serias y fáciles de controlar; mientras que a los desordenados se les da rienda suelta para violar a sus anchas. O todos esos desordenados que en las vías conducen por los hombros, mientras se castiga a los respetuosos de las normas de tránsito que se resignan a los tranques. Una y otra vez la intervención es castrante y no edificante.

    Entre los grandes secretos y retos que aún asoma entre nuestros disparates constitucionales vemos, en el Preámbulo constitucional, lo siguiente: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad, asegurar la democracia… exaltar la dignidad humana…” Pero… ¿cómo vamos a lograr estos nobles fines cuando más adelante leemos cosas como: “El Estado intervendrá en toda clase de empresas… para hacer efectiva la justicia social…”.

    En su momento, altos personeros de la dictadura militar que se tomó, por la vía no democrática la facultad del intervencionismo castrante, declararon que ellos ya tenían el control de las armas, pero que les faltaba el controlo económico. Tristemente y desde entonces, poco saben y entienden qué hicieron con esos pérfidos poderes.

  • Un libro indispensable para nuestro tiempo

    «Dedico estas líneas a escribir sobre el último de los libros mencionados de Gottfried Dietze con lo cual no pretendo hacer del todo justicia en este resumen pero sí llamar la atención sobre este libro.»

    Antes de entrar en materia abro esta nota periodística con una muy atinada reflexión que se vincula estrechamente a lo que vamos a comentar a continuación. Se trata de Niall Ferguson en su monumental obra titulada Civilization. The West and the Rest: “Algunas personas cometen el error de utilizar la idea de la democracia por lo que imaginan que cualquier país la pude adoptar simplemente por llamar a elecciones. En realidad, la democracia es el coronamiento de un edificio que tiene su fundamento en el estado de derecho, para ser preciso en la santidad de la libertad individual y la seguridad del derecho de propiedad privada.”

    De más está decir que muchos son los libros que resplandecen en las bibliotecas cuya influencia perdura por generaciones y generaciones, pero hay obras como las del profesor Gottfried Dietze que exigen ser leídas y estudiadas una y otra vez si es que se desea entender lo que viene ocurriendo en el llamado mundo libre.

    Dietze obtuvo tres doctorados: uno en derecho en la Universidad de Heidelberg, otro en ciencia política de Princeton y el tercero en ciencia jurídica en la de Virginia. Enseñó durante décadas en la Universidad Johns Hopkins. Su triada más difundida está compuesta por Amercia´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy, The Federalist. A Classic on Federalism and Free Government y In Defense of Property, libro éste último traducido al castellano y publicado por mi padre en Buenos Aires hace ya más de cuarenta años, con el título de En defensa de la propiedad, obra que tuvo notable difusión en Argentina (la tradujo mi padre al castellano). Antes he escrito sobre otra de las obras de este autor pero ahora me concentraré en la última de las mencionadas.

    Lo conocí al profesor Dietze con motivo de mi conferencia en la reunión anual de la Foundation for Economic Education en New York, en mayo de 1981, y luego tuve la ocasión de escucharlo personalmente con motivo de su visita a ESEADE. Ahora dedico estas líneas a escribir sobre el último de los libros mencionados de Gottfried Dietze con lo cual no pretendo hacer del todo justicia en este resumen pero sí llamar la atención sobre este libro.

    Antes de esto hago una breve introducción bifronte. Por un lado consigno que la existencia de la institución de la propiedad privada se debe a la escasez de bienes en relación a las necesidades que hay por ellos. Si estuviéramos en un mundo sobreabundante donde habría de todo para todos todo el tiempo no será necesaria aquella institución ya que con solo estirar la mano se obtendría lo necesario. Pero como la naturaleza de las cosas no es así y no pueden simultáneamente utilizarse los mismos bienes (sean de consumo o de factores de producción) deben asignarse derechos de propiedad (el origen está explicado por la secuencia Locke-Nozick-Kirzner) y a partir de allí cada uno debe servir al prójimo para incrementar su patrimonio y si no lo logra incurre en quebrantos.

    En el segundo punto reiteramos que sin propiedad privada no hay precios ya que estos surgen como consecuencia de arreglos contractuales en los que se ponen en evidencia las respectivas valorizaciones (si el Leviatán pretende controlar precios, estos se convierten en simples números sin relevancia ya que no reflejan las antedichas valorizaciones). Pues bien, en la media en que se debilite la propiedad privada (para no decir nada si se la elimina) los precios dejan de expresar las apreciaciones de cada bien o servicio con lo que se dificulta (o se imposibilita según el grado de entrometimiento de los aparatos estatales) la evaluación de proyectos, la contabilidad y el cálculo económico en general.

    Como es sabido carece de sentido sostener que se procederá en tal o cual dirección “según marquen las razones técnicas” puesto que de nada sirven si no se las pondera por los precios. Por eso es que he ilustrado tantas veces este dilema diciendo que donde no hay precios no se sabe si conviene construir carreteras con oro o con asfalto.

    Vamos ahora muy sucintamente a la obra de Dietze con comentarios “a vuelo de pájaro”. Comienza su trabajo con un largo desarrollo de la idea natural de la propiedad en las plantas que necesitan de territorio para subsistir, los animales que reconocen su lugar y las comunidades primitivas en un proceso de prueba y error los condujo a la necesitad de la propiedad para evitar “la tragedia de los comunes” tal como señaló Aristóteles en contraposición a la idea de Platón, lo cual fue reafirmado en Grecia y, sobre todo, en Roma.

    El autor muestra las influencias decisivas de Cicerón, Hugo Grotius, Pufendorf, la escolástica tardía, Sidney, Locke, la Escuela Escocesa y todos sus múltiples derivados contemporáneos y también las tendencias contrarias a la propiedad del tipo de las de Rousseau (en su trabajo de 1755, aunque después se haya retractado parcialmente, pero manteniendo su idea de la democracia ilimitada), Hans Kelsen, Marx y sus muchos imitadores con versiones enmascaradas con versiones más suavizadas pero en el fondo más contundentes (tipo Keynes).

    Se detiene a subrayar un aspecto crucial: el error de santificar las llamadas “libertades civiles” (por ejemplo, votar) como independientes de las libertades económicas como si la propiedad privada no fuera la libertad civil por antonomasia, es decir, el sostén de la civilización (de donde proviene la expresión “civil”). Como he marcado en otra ocasión resulta por lo menos curioso que se adhiera al las libertades políticas, es decir el continente, y se reniega de las posibilidades de cada uno a hacer lo que estime pertinente con los propio, es decir, el contenido.

    Se lamenta que se haya arraigado la expresión “libertad negativa” con las consiguientes connotaciones, para aludir a la libertad en el contexto de las relaciones sociales, a saber, la ausencia de coacción por parte de otros hombres, cuando, en verdad, esa libertad genera efectos positivos.

    Se explaya en el origen de los parlamentos como administradores de las finanzas del rey o el emperador y no como legisladores, puesto que esta función estaba en manos de árbitros-jueces en competencia para descubrir el derecho y no con la pretensión de diseño o ingeniería social. Además, en este contexto, refleja la evolución histórica de los parlamentarios como dique de contención a las inclinaciones de los gobernantes a aumentar impuestos.

    En definitiva, los “juicios de manifestación” de los fueros españoles (antes que el habeas corpus inglés), la Carta Magna, la Petición de Derechos, la Declaración de la Independencia estadounidense y su Constitución, la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (antes de la contrarrevolución francesa), las Cortes de Cádiz y todas las constituciones que se basaron en estos pilares, fueron elaborados en torno al derecho de propiedad junto al derecho de resistencia cuando el poder despótico se torna irresistible.

    Luego de muchas otras consideraciones, concluye Dietze revelando su preocupación por la declinación del respeto a la propiedad en el baluarte del mundo libre: Estados Unidos (la primera edición de su libro es de 1963), lo cual comenzó ya en la época de Woodrow Wilson con “la revolución del año 13″ con la implantación del impuesto progresivo y el establecimiento de la banca central que requirieron dos enmiendas constitucionales y siguió con el denominado “New Deal” para continuar en una senda regresiva hasta nuestro días.

    Termina su libro afirmando que “hemos perdido el sentido de la importancia de la propiedad”. Y agrega: “La relevancia de la propiedad de logró a través de sucesivas luchas y ahora se observa su continuo recorte y limitaciones. Ya que esta situación ocurrió en el seno de lo que se reconoce como “democracia”, la cuestión surge en cuanto a preguntarnos si esa forma de gobierno [la democracia ilimitada] no ha perdido legitimidad puesto que ha destruido los pilares de la civilización, es decir, la propiedad privada”.

    Sin duda que Gottfried Dietze suscribe plenamente el ideal democrático (tal como lo pone una y otra vez de manifiesto en otra de sus ya referidas obras: America´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy), pero describe cómo ese ideal ha degenerado en su contrario. En esta instancia del proceso de evolución cultural, urgentemente se requiere pensar en nuevos límites para el Leviatán si es que se perciben las ventajas insustituibles en de la propiedad privada que está siendo corroída por mayorías sin freno, lo cual comenzó en nuestra era con el gobierno criminal de Adolf Hitler.

    En otras oportunidades nos hemos referido en detalle a algunas de las propuestas realizadas para limitar el poder al efecto de mantenerse en el ideal democrático, propuestas realizadas por Hayek, Leoni y las que han pasado inadvertidas formuladas por Montesquieu y las expuestas por Randolph y Gerry en la Convención Constituyente estadounidense. Si estas sugerencias no fueran aceptadas, hay que pensar en otras, puesto que de lo contrario los aparatos estatales desbocados terminarán con la sociedad abierta.

    Finalmente es del caso citar la fenomenal contribución de Ludwig von Mises en 1920 respecto a la imposibilidad de cálculo económico en el sistema socialista puesto que al no haber propiedad (recordemos que Marx y Engels concluyeron en 1848 que toda su filosofía “puede resumirse en la abolición de la propiedad privada”). Al no existir propiedad privada no hay precios ya que estos son el resultado de transacciones sobre derechos de propiedad. A su vez, al no tener lugar los precios no hay manera de saber que reglón es rentable y cuál no lo es. En otros términos, no existe tal cosa como la economía socialista puesto que no resulta posible economizar. Como muchas veces he ilustrado en ese contexto no se sabe si conviene fabricar caminos con asfalto o con oro y si alguien denuncia el derroche de hacerlo con el metal aurífero es porque recordó los precios relativos antes de la socialización de la propiedad. En esta línea argumental es también del caso tener presente lo que en ciencias políticas se conoce como la tragedia de los comunes, es decir, lo que es de todos no es de nadie. Este análisis bifronte está presente en el estudio de Dietze que hemos comentado telegráficamente.

  • Educación en libertad: el potenciador de la persona como centro del progreso

    La gobernanza en la educación no puede ser distante, ni centralizada.

    Cuando tratamos de conectar los conceptos de progreso económico y social con la persona como centro y protagonista de ese proceso, observamos que diversos conceptos se hacen presentes inmediatamente:

    •  En primer lugar la idea que el desarrollo dinámico y vigoroso de Panamá sólo puede pensarse en un esquema de integración al mundo que implica un desafío de productividad y competitividad claro. La autarquía es impensable.
    • Para poder competir es imprescindible incorporar tecnología y contar con gente en las empresas y en la sociedad preparadas para poder elegir la tecnología adecuada y poder usarla.
    •  Para contar con esta capacitación en la población, es imprescindible que la educación desde los primeros años de formación sea la adecuada.
    •  Por otra parte, se tiene la percepción de que la educación en Panamá no es de la calidad que se espera o exigen los nuevos desafíos.
    • Por último se suma la necesidad de reducir los niveles de pobreza y mejorar las tasas de capitalización para generar riqueza, traducido en más y mejores empleos para todos.

    Esta enumeración plantea varios desafíos a la sociedad panameña y sus responsables de política en particular. La respuesta a tales desafíos viene de la mano de marcos institucionales adecuados, en los cuales la educación definitivamente contribuye a lograr procesos de crecimiento económico y social, con mejores niveles de equidad (que no igualdad), y más estables en el mediano plazo. Tanto que puede afirmarse que la educación apoyada en la libertad de enseñanza es el basamento esencial del progreso y la riqueza y que los pueblos con poca educación están destinados a la miseria y el fracaso.

    El capital humano de un país se define básicamente por el nivel de educación acumulado en su población a través del tiempo. Diversas investigaciones muestran la relación que existe entre educación y desarrollo económico y social de los países, de tal manera que el conocimiento incorporado en las personas se convierte en un insumo estratégico para quienes gustan hablar de la competitivdad del país.

    Vistos estos fenómenos, resulta crucial entonces no sólo preocuparse por el acumulado de educación en la población sino también su distribución y junto con ésto no cualquier formación sino aquélla de calidad proporcionada desde los primeros años de escolaridad.

    Sin embargo, parecería por todas las discusiones públicas que se han venido sosteniendo por años, que el problema se reduce a qué porcentaje del PIB se invierte en el renglón contable de la Administración Pública. Aparentemente el 6 % sería el número mesurable a partir del cual la educación debería brillar. Cabe notar que para el año 2009, Panamá sí alcanzaba dicho ansiado porcentaje.

    La realidad es que el hecho de asignar contribuciones financieras importantes para educación, es una condición necesaria pero no suficiente para resolver los problemas existentes. Y la sociedad lo intuye. En efecto, dichos problemas o bien persisten o se superan con un ritmo demasiado lento. El país enfrenta la situación siguiente:

    • Baja calidad del servicio ofrecido desde los primeros años de la enseñanza. Calidad se define como conocimientos adquiridos en cada etapa de formación. Son menores que los previstos.
    • Acceso no universal a la educación media y fracaso en el intento por permanecer aún en el primario hasta cumplir con los años de escolaridad previstos como obligatorios. Alto nivel de fracaso escolar: repitencia y abandono temprano.
    • Fracaso elevado en el intento de ingresar a los estudios superiores universitarios y fracaso en el intento de permanencia y graduación.
    • Incluso estos dos puntos pueden verse como falta de calidad en la educación por cuanto el fracaso responde a las limitaciones de formación en la etapa previa de tal modo que impide abordar las exigencias que se presentan en los niveles superiores de la educación. La educación es acumulativa.
    • Los fracasos se concentran entre la población más pobre por diferentes razones entre las que podemos mencionar la urgencia por incorporarse al trabajo en edades tempranas e imposibilidad que tienen las familias de ofrecer ayudas especiales a los hijos ante la evidencia de dificultades particulares de aprendizaje.

    Entonces, qué hacer?

    En primer lugar se requiere definir políticas públicas que den las señales correctas o proporcionen los incentivos apropiados para que el sistema educativo en sí mismo funcione con mecanismos permanentes de superación de las falencias y las limitaciones.

    La experiencia internacional indica que aún cuando muchos de los países muestran índices de calidad y rendimiento mejores que los que observamos en nuestros países, no por ello abandonan su aspiración de mejora. Por esta razón encaran reformas o están en curso de implementarlas, tendiendo, en todos los casos, a introducir reglas de comportamiento, tanto para las instituciones como para los estudiantes, que los conduzca a hacerse responsables de los logros educativos, buenos o malos, que obtienen. Puede decirse que tratan de introducir mecanismos de competencia entre instituciones, reconociendo tácitamente que es una herramienta sumamente apropiada para lograr mejoras. Estas políticas pueden resumirse en las siguientes:

    Gestión y control del sistema:

    •  Todo aquello que está sucediendo en el sistema educativo, en particular el proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser controlado y auditado rigurosamente y con precisión. Evaluación de la calidad de los resultados realizada externamente al sistema y con publicación de sus resultados, sólo así los padres, alumnos y la sociedad tienen la información adecuada para demandar apropiadamente por un servicio como el país reclama.
    • Un segundo instrumento es el financiamiento de las instituciones educativas públicas. En este sentido se observan cambios sustanciales en los países cuyos sistemas educativos funcionan bien. El concepto de gratuidad necesita ser desarrollado a efectos de considerar que el financiamiento educativo debe ser proporcional a las necesidades de las personas, superando los esquemas de financiamiento igualitario en pro de sistemas equitativos.
    • Los recursos se otorgan en función del logro de objetivos educacionales cuantificables, o del número de alumnos que cada escuela logra captar, voucher o cheque educativo, el que puede diseñarse de manera tan completa como para permitir diferenciaciones sobre la base de atender el nivel socio-económico de los alumnos, premiar la obtención de buenos resultados absolutos y hasta premiar el progreso en la obtención de saberes.
    • Como puede observarse los mecanismos, tanto de control del sistema como de financiamiento mencionados, conducen a que la responsabilidad de los directivos de las instituciones educativas se evidencia con toda claridad. Por consiguiente, para que puedan asumir cabalmente esta responsabilidad es necesario que cuenten con la autonomía necesaria para gestionar las instituciones que dirigen, particularmente en lo que respecta a la gestión del personal docente y reglas bajo las cuales funcionará la institución.
    • La diversidad está presente en todas las escuelas y aulas, sin embargo se sigue enseñando como si todos los alumnos fuesen iguales, esto explica muchas dificultades de aprendizaje y participación que afectan mayormente a las poblaciones cuyo capital cultural es diferente al predominante en las escuelas. La adaptabilidad de la enseñanza puede ser favorecida mediante procesos que conduzcan a la autonomía de las escuelas, distritos, provincias y regiones para diversificar y enriquecer el currículo y para la construcción de proyectos educativos pertinentes a su realidad.

    Cómo hacerlo? Educación y subsidiariedad

    Al hablar de la provisión pública de educación, una de las primeras cuestiones por definir, si no la primera, es en qué nivel de gobierno debe llevarse la administración de los colegios. Por ello, el tema de la descentralización es ineludible en el debate educativo, pero también es ineludible, y aún más importante, entender cómo el principio de subsidiariedad debe definir las responsabilidades en la provisión de una educación de calidad.

    Entendemos por subsidiariedad en la gobernanza que aquellos temas que afectan y pueden resolverse en un nivel inferior de gobierno, no sean gestionados por un nivel superior, así por ejemplo, que los problemas que sólo afectan a los municipios sean responsabilidad de cada municipio y no del gobierno central.

    En la educación también surge la interrogante sobre qué nivel de gobierno debe gestionar el tema. Sin duda alguna, la educación es un tema nacional, pero en tanto al acceso y provisión de servicios educativos, es ante todo un tema comunitario, familiar e individual. Esto quiere decir, que el cómo y el qué se enseña, si se quiere una educación de calidad que ataje lo que de ella requieren las personas, debe contar con la participación y control de los padres, primeros responsables en el proceso educativo.

    La gobernanza en la educación no puede ser distante, ni centralizada. El presidente y el ministro de la cartera no pueden saber qué desean los padres de cada una de las comunidades del país para la educación de sus hijos, porque sencillamente no pueden recibir regularmente la retroalimentación de éstos. Si hay un nivel de gobierno que por proximidad puede recoger e incorporar la opinión de los padres –que a fin de cuentas representan a los consumidores del sistema, en tanto acudientes de los estudiantes– es el del gobierno local.

    Las reformas al sistema educativo que sugerimos representan un reto de gobernanza para los gobiernos locales, que deben asumir nuevas responsabilidades en la gestión de nuestra enseñanza pública. Es entonces la subsidiariedad en la gobernanza el gran reto político para el futuro de la educación en Panamá.

    Actualización del estudio del año 2009: LA PERSONA COMO GENERADORA DE RIQUEZA. Análisis y caracterización del sistema educativo panameño. Estudio realizado bajo la dirección de María Echart , con la colaboración de Ramón Barreiro, Irene Giménez y la asistencia de Omar Sanabria para la firma Goethals Consulting.