Etiqueta: intervención estatal

  • El encarcelamiento de Julian Assange es una vergüenza para el mundo occidental

    En estos días, el Ministerio del Interior del Reino Unido recibe  miles de cartas, correos electrónicos y llamamientos a la ministra del Interior, Priti Pate, para la liberación del periodista australiano. Actualmente, ella tiene la clave del futuro destino de Julian Assange. Ella decide si este hombre puede ser extraditado o no a los Estados Unidos, al estado cuyos crímenes de guerra en Irak y Afganistán fueron publicados por Julian Assange en la plataforma WikiLeaks en 2010.

    Si bien WikiLeaks se volvió una palabra peligrosa para los gobiernos del mundo debido a la gran cantidad de documentos filtrados elaborados por sus embajadas (incluso la de Panamá) y que pusieron al descubierto sus estrategias e intereses en diferentes países, una de sus publicaciones más serias fue, sin duda, los llamados “Papeles de Afganistán” que dejaron al descubierto las prácticas en la guerra en ese país, así como también en Iraq y en el centro de detención de Guantánamo. Desde entonces, Estados Unidos ha estado persiguiendo ferozmente al hacker periodista.

    Yendo un poco atrás, los hechos que están a punto de resolverse en pocas semanas más, son acerca de la extradición o no a los Estados Unidos por parte de Reino Unido. El problema, especialmente para los que estiman que en el caso Assange se está juzgando el derecho a la información, es que el Tribunal inglés denegó la extradición exclusivamente por los problemas de salud y las condiciones de las prisiones estadounidenses, pero no porque considerara que los hechos que se le han imputado a Assange no son delitos en el Reino Unido. Por el contrario, la sentencia afirma que la condición de periodista no lo exonera de la responsabilidad penal por violar las leyes, lo cual ha generado un enorme rechazo y crítica contra la sentencia, que representa un gran fracaso ante la libertad de información.

    Para el internacionalista Francisco Belaunde Matossian, esta última situación «es más complicada porque tiene que ver con el derecho a la libertad de prensa, pues él se puso en contacto con los medios más importantes del mundo para que se publicaran documentos considerados secretos de Estado». Para el internacionalista, este asunto es el más complejo pues derivará en una larga discusión sobre la libertad de expresión y podría llegar hasta la Corte Suprema estadounidense.

    ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Como es de público conocimiento, Wikileaks publicó en octubre de 2010 miles de documentos del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que evidenciaban claramente la inutilidad de la invasión de Irak y sobre todo, revelaba las cifras reales de muertos, en especial, entre la población civil en ese país y en Afganistán. Esa información había sido hackeada y filtrada por la ex analista del Ejército norteamericano Chelsea Manning. Un Tribunal militar condenó a Manning a 35 años de prisión, pero tras cumplir siete años fue indultada por el Presidente Obama. El indulto de Manning sin embargo, no alcanzaba a Assange, acusado de diversos delitos, entre ellos, la conspiración para acceder a la información confidencial y clasificada (se afirma que fue él quien instruyó a Chelsea sobre cómo hackear al sistema), conducta que se encuadra en la Ley de Espionaje de 1917, que contempla incluso la pena de muerte; pero a su vez,  hubiera sido imposible aplicarla sin la presencia de la indultada Manning, que fue su vía de acceso a la documentación.

    No parece coherente que Manning fuera indultada del delito de sustracción por hackeo de documentos oficiales mientras que la acusación contra el divulgador de lo sustraído ha permanecido invariable durante todos estos años. Esa grave doble vara solo puede explicarse por el posible interés de la Administración americana en mantener su jurisdicción, dar un poderoso escarmiento público y en luchar contra la existencia misma de una fuente de información como Wikileaks, lo cual va, lógicamente, más allá del caso Manning.

    Este caso también ha elevado a discusión pública sobre si existe el legítimo derecho de los Estados a tener secretos en nombre de su seguridad. Al igual que en el otro caso Snowden, ¿qué sucede cuando ese mismo estado comete acciones reprobables, a veces contra sus mismos gobernados y para ocultarlas acude a la figura de secreto de Estado?. El Estado debe ser transparente hacia sus ciudadanos, no a la inversa como nos están queriendo forzar a creer. Especialmente en Panamá lo venimos sufriendo a partir de los Panama Papers (obtenidos a partir de un hackeo/robo a un ente privado), que ha impuesto una narrativa sobre la transparencia de los ciudadanos hacia el gobierno. Pues no. Es exactamente al revés: quien maneja fondos del público, quien compromete a los ciudadanos en nombre del estado debe ser transparente en sus actuaciones.

    Los hombres nacen libres, tienen derecho a su vida, propiedad y perseguir sus sueños y su felicidad siempre y cuando no dañen a terceros. El gobierno se erige para garantizar ese disfrute: ningún funcionario nunca podrá estar por encima de esta ley natural ( «las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados».). Por cientos de años el mundo occidental se ha encargado con mayor o menor éxito, de perpetuar estos valores. Por lo mismo, lo que contemplamos hoy día, y no sólo con Julian Assange, es una vergüenza para el mundo occidental: un estado que controla la vida de sus ciudadanos, espía sus cuentas, accede a sus condiciones de salud, lo fuerza a poner su cuerpo por encima de su propio y privado interés; en fin, el lector podrá pensar y tener una idea mínima de cuántas cosas sobre él, sabe, controla y diseña el estado, y siempre en nombre de un bien superior que vaya uno a saber quién lo ha definido, siempre otros, menos uno mismo. Foucault nos contó sobre vigilar y castigar; Assange nos mostró sólo una parte de lo que se cuece en oficinas oscuras con funcionarios más oscuros aún que no rinden cuentas a nadie sobre su actuar.

    El mundo está actualmente esperando la decisión de la Ministro del Interior británico, a quien ahora le toca el turno en el largo y muy complicado procedimiento legal y quien anunciará su decisión a la esfera global a mediados de este mes.

    Si desea adherirse al movimiento global en contra de la extradición de Assange a los Estados Unidos, los mismos solicitan se les envíen cartas y/o correos electrónicos pidiéndoles que rechacen la extradición:
    1. Correo electrónico firmado a Priti Patel (y Boris Johnson): dontextraditeassange.com
    2. Carta a Priti Patel (franqueo: 1,10 €):
    Rt Honorable Priti Patel
    Secretaria del Interior
    2 Marham Street
    London
    SW1 P4 D7
    UK

  • Impuestos a los ricos y subsidios a los pobres?

    Quiera que no, el subsidio es una forma de intervención confiscatoria gubernamental ya que sólo existe por vía de los impuestos. El problema es que no podemos subsidiar a todos para siempre, pues los numeritos no salen.

    ¿Cuán a menudo cuestionamos la eficacia de los subsidios, así como su sostenibilidad en el tiempo? Si lo hiciésemos a conciencia, lo más probable es que caeríamos en cuenta de que no contribuye a la solución de la pobreza sino todo lo contrario.

    El subsidio supone ser una asistencia dada a personas o sectores necesitados que, idealmente, será productiva para quienes reciben la asistencia y no para el dadivoso político. En inglés se usa el término «entitlement» que no tiene vocablo único en el castellano pero que está asociado a la palabra «titular» o documento jurídico en el que se otorga un derecho, pero cuidado que tal derecho podrá ser legal pero no real; es decir, no devienen de los derechos intrínsecos del ser humano, sino inventado por irreales actores políticos.

    Quiera que no, el subsidio es una forma de intervención confiscatoria gubernamental ya que sólo existe por vía de los impuestos. El problema es que no podemos subsidiar a todos para siempre, pues los numeritos no salen. Estas «benevolencias» politiqueras siempre crecen y terminan con aumentos impositivos y con bien se ha dicho: «el Estado es esa entidad ficticia mediante la cual todos quieren vivir a costillas de los demás».

    Debemos tener presente que toda confiscación de la propiedad va por el camino del socialismo del parte y reparte, en dónde siempre los más vivos se quedan con la mejor parte. Desafortunadamente la opinión popular se inclina a creer que el quitarles a ricos mediante los impuestos no les afecta es andar por buen camino. ¡Más equivocados no pueden estar!.

    La dura realidad es que la inmensa mayoría de “ricos” apenas utiliza para su vida y diversión una mínima parte de sus patrimonios; eso, si es que quiere seguir siendo rico; ya que, si no ahorra e invierte, los más probable es que quede pidiendo subsidio junto a los pobres. Pero, a todo ello, ese ahorrar e invertir es el motor de la economía esencial para dar trabajo al resto de la población.

    Y no es que los impuestos sean malos. El mal está en los impuestos exagerados que no sólo confiscan capitales productivos sino los desvían hacia actividades poco o nada productivas. O peor, al despilfarro y hasta el pillaje.

    A los demagogos les fascina decir que «los ricos tienen que pagar». Si se tratase de políticos honestos, deberían decir, «esto nos saldará caro a todos». El secreto del buen gobierno es usar lo menos posible del ahorro ciudadano para cumplir con las funciones esenciales de gobierno. Lo contrario siempre conlleva la disminución de los salarios y la elevación del costo de vida.

    El subsidio, sea eléctrico, gas, viejitos y demás, sólo se justifica como medida provisional de urgencia, pero jamás debería perpetuarse y los ejemplos del por qué no, abundan. Los vemos hoy en el aumento de los precios de todo. Y lo más triste y siniestro es escuchar a tantos despistados que al ver esos aumentos acusan de que el empresario se aprovecha y vuelve más rico. Mis estimados, lo que conviene al rico no es una población de pobres sino una de ricos; y los únicos despistados que no parecen entenderlo o no les importa son los pervertidos politicastros.

  • Abierto de Australia: una victoria con asterisco para Nadal

    No podemos decir “como nunca antes”, pero convengamos que, por muchos años, un evento deportivo con un asombroso triunfo en una final para el infarto, no generaba tanta controversia. El Abierto de Australia con el victorioso Nadal está generando discusiones que van más allá de lo deportivo. Es una discusión que no debería haber existido. Claro, si no fuera por el elemento político que arruina una vez más, la sana competencia deportiva.

    Lastimosamente, no aprendemos de la historia y ésta vuelve y repite, como diría Marx, «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa».

    Uno de los eventos más trágicos de la historia, donde el deporte fue intervenido, contaminado y finalmente utilizado como propaganda política fueron los Juegos Olímpicos de Berlín, en la Alemania nazi de 1936.  Los nazis querían utilizar el deporte para lavar sus cada vez más oscuras intenciones. Fue Goebbels quien le hizo ver a Hitler la inigualable ocasión propagandística que un acontecimiento de esa trascendencia podía suponer para el Tercer Reich.

    Para ese momento, Daniel Prenn tenista judío alemán estaba en la cima de su juego, ocupando el puesto número uno en Alemania durante cuatro años consecutivos, desde 1928 hasta 1932, cuando se le prohibió competir en 1933 cuando los nazis llegaron al poder. A pesar de su gran éxito en la cancha, la Federación Alemana de Tenis aprobó estas resoluciones (en parte) en abril de 1933: “1. Ningún judío puede ser seleccionado para un equipo nacional o la Copa Davis. 2. Ningún club o asociación judía o marxista puede estar afiliado a la Federación Alemana de Tenis. 3. Ningún judío podrá ocupar un cargo oficial en la Federación.” Y, agregaron, con nombre propio: “El jugador Dr. Prenn (judío) no será seleccionado para el equipo de la Copa Davis en 1933”.

    En abril de 1933, se instituyó una política de “Sólo arios” en todas las organizaciones deportivas alemanas. Los atletas “no arios” eran sistemáticamente excluidos de las instalaciones y asociaciones deportivas alemanas. Se prohibía el acceso a las instalaciones a perros y judíos citaban los carteles.

    Como uno podría concluir que sucede ahora, ante estas medidas discriminatorias, que nada tenían que ver con el deporte, existían partidarios de participar de los juegos y otros que no. Del lado de los partidarios del boicot, uno de los más activos era Jeremiah Mahoney, presidente de la Federación Estadounidense de Atletismo. Mahoney sostenía que Alemania había quebrado el espíritu Olímpico al imponer discriminaciones raciales y religiosas; participar, según él, implicaba apoyar a Hitler. Las llamadas al boicot de Mahoney fueron particularmente escuchadas por la comunidad católica de Estados Unidos. Ernst Lee Jahncke, otro de los activistas favorables al boicot fue expulsado de Comité Olímpico Internacional por manifestarse en contra de la participación de Estados Unidos en los juegos.

    Las propuestas de boicot fueron enérgicamente discutidas en otros países, especialmente en el Reino Unido, Francia, España, Suecia, Checoslovaquia y en Holanda. Los alemanes exiliados por motivos políticos también se manifestaron a favor del boicot. Sin embargo, con la excepción de España, todos estos países terminarían por participar, pese a que atletas, tanto judíos como no judíos, de varias delegaciones se negaran a asistir, o fueran excluídos, como Marty Glickman y Sam Stoller.

    Aunque Alemania argumentaba que el desempeño atlético era el único argumento a la hora de realizar la selección del equipo deportivo olímpico, el Comité Olímpico Internacional (COI) mantenía la preocupación, posiblemente más estética que ética, sobre la total ausencia de atletas judíos en el equipo alemán. Finalmente, el gobierno de Hitler tuvo que ceder y pactó con el COI la inclusión de una cuota judía simbólica en el equipo. La elegida fue Helene Mayer, una esgrimista alemana judía en el exilio que aceptó regresar al país que la había despreciado por judía, para defender la bandera nazi. El hecho es que Mayer llegó a Berlín, compitió y ganó la medalla de plata.  Después vino la ceremonia del podio, el brazo en alto haciendo el saludo nazi y una imagen que aún hoy resulta perturbadora.

    El régimen hitleriano explotó las Olimpíadas para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen lavada de una Alemania pacífica y tolerante. Y les funcionó.

    La mayoría de las fuentes de información se hicieron eco de un artículo publicado por el New York Times que señalaba que las Olimpíadas habían devuelto a Alemania a «la comunidad mundial» y le habían restituido su «humanidad». Sólo unos pocos periodistas, entre ellos William Shirer, pensaban que el brillo alemán era una fachada que ocultaba un régimen racista y opresivamente violento.  Los esfuerzos y la máquina propagandística se extendieron mucho más allá de las Olimpíadas con el lanzamiento mundial, en 1938, de “Olympia”, el controvertido documental sobre las Olimpíadas dirigido por la cineasta alemana y seguidora nazi Leni Riefenstahl. El régimen nazi la escogió para realizar esta película sobre las Olimpíadas de Verano de 1936.

    Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. A tan sólo tres años de las Olimpíadas, el «hospitalario» y «pacífico» anfitrión de los Juegos Olímpicos desató la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que causó una de las mayores pérdidas de vidas humanas de la historia y una destrucción edilicia y sobre todo ética y moral incalculable.

    No puede soslayarse ni negarse. El triunfo de Nadal es impresionante. La remontada del juego ante Medvedev es épica. Este encuentro entrará en la historia al ser la primera remontada en una final del Abierto de Australia en la era Open, en la que el ganador del título remonta en la final dos sets a cero. Quienes disfrutan del deporte, quienes son aficionados al tenis, no pueden evitar la emoción de semejante partido.

    Sin embargo, lo que empaña este triunfo en el Abierto de Australia , es que no se sabrá nunca cómo se hubiera desarrollado el torneo con un jugador como Djokovic disputando la competencia. Es una victoria amarga, siempre quedará la duda sobre el curso del torneo; y por lo mismo debería leerse con una marca, un asterisco que a pie de página explique que por motivos puramente políticos y no por condiciones deportivas se privó a un competidor jugar y disputar un título.

    Quizá la final hubiera sido otra. Quizás el ganador hubiera sido otro. O quizá no…por eso, esa duda que invade la gesta deportiva del Abierto de Australia lo afea. Esa duda de que el deporte sirve y es usado, una vez más, como vehículo para propagar una narrativa política que lastimosamente no podemos decir “como nunca antes había ocurrido”.

  • Estados Unidos se viene latinoamericanizando

    La degradación conceptual que ha penetrado en algunos de los máximos referentes políticos de los Estados Unidos le da la espalda a una larga tradición que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales de la historia de la humanidad.

    En otra oportunidad he recurrido a lo que ahora apunto en el título de esta nota para describir lo que viene sucediendo en el otrora baluarte del mundo libre. Esta vez, como una muestra más del declive estadounidense que viene operando desde hace un tiempo, una de las manifestaciones recientes y más contundentes tuvo lugar en la sala de prensa en la Casa Blanca a raíz de una expresión de Jen Psaki, la vocera presidencial de Joe Biden. Respondiendo a una pregunta periodística afirmó que “los precios suben debido a la codicia de empresarios”. Una conclusión alarmante por su insensatez, digna de republiquetas africanas o las peor ubicadas de la región latinoamericana.

    ¿Cómo es posible que en Estados Unidos puede deslizarse una tropelía de esa magnitud nada menos que en el centro del poder gubernamental y con el natural aval de las autoridades del caso? Este desbarranque mayúsculo sólo puede tener lugar debido a una degradación conceptual de características exponenciales que han penetrado en mentes de un modo sumamente peligroso para la supervivencia de la sociedad libre a contracorriente de los sólidos valores y principios de los Padres Fundadores de esa nación.

    En su momento destacamos con enorme preocupación el persistente incremento del gasto público, el déficit y el endeudamiento generado por el anterior presidente Donald Trump. También subrayamos su desgraciado e inaceptable rol en el rechazo de los resultados electorales según normas por él aceptadas en la contienda y certificadas por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (ocho de los cuales designados por el propio Trump) y por su vicepresidente Mike Pence. Luego el sucesor Joe Biden se decide por acentuar los antes mencionados guarismos de gasto, déficit y deuda junto con expansiones adicionales en la base monetaria lo cual se traduce en la inflación mayor de los últimos treinta y nueve años.

    En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos detallo la referida declinación en materia de relaciones exteriores, de varios aspectos en la Justicia, de la educación, de la economía, el federalismo, los problemas con las drogas alucinógenas para usos no medicinales, las trabas migratorias, las fuerzas paramilitares y los servicios de inteligencia, el terrorismo, la estructura fiscal y en general los límites al poder. Cierro aquella obra con un pensamiento de Ronald Reagan con la advertencia que “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

    En algunos ámbitos ha penetrado en suelo estadounidense la idea atrabiliaria que los precios dependen de la voluntad empresaria en lugar de percatarse que si fuera así no habría techo alguno en los precios puesto que todo comerciante intenta embolsarse con lo máximo que pueda del mismo modo que todos los que trabajan desean ser retribuidos con los mayores salarios. Si fuera así el vendedor de caramelos colocaría su producto a un millón de dólares la unidad pero las cosas no son ni remotamente de ese modo, hay algo que se conoce como la ley de la oferta y la demanda por una parte, y por otra cuando la llamada autoridad monetaria expande la cantidad de dinero el poder adquisitivo se derrite puesto que hay más billetes persiguiendo la cantidad de bienes y servicios disponibles.

    No es una treta que de resultado en mentes medianamente despiertas el endosar la responsabilidad de los procesos inflacionarios a los comerciantes con la idea de desviar la atención de los manotazos gubernamentales que imponen esa carga tributaria no legislada que conocemos con el nombre de inflación para no recurrir a la verdadera expresión que es una estafa legal en el contexto del abuso de poder.

    Como lo han señalado una y otra vez economistas de renombre, la inflación es consecuencia de la expansión en la cantidad de dinero que imponen las bancas centrales y las llamadas “expectativas” nada tiene que ver puesto que si un comerciante eleva los precios más allá de lo que absorbe la demanda simplemente verá contraerse sus ventas. Para que tenga lugar el aumento de precios más allá de las condiciones de mercado, es indispensable que sean convalidados por expansión de moneda.

    El efecto central del daño inflacionario es que distorsiona los precios relativos, esto es desdibuja las únicas señales con que cuenta el mercado para guiar a los operadores económicos respecto al uso de los siempre escasos factores de producción e inducir al despilfarro que al consumir capital hace que los salarios e ingresos en términos reales se contraigan.

    En el caso de la conferencia de prensa a la que aludimos en este artículo también se dijo que la inflación “significa el aumento general de precios” lo cual no es correcto ya que si fuera de ese modo no habría problema con la inflación en cuanto a que no se produciría el desequilibrio entre precios e ingresos puesto que todos los precios galoparían al mismo ritmo y tengamos en cuenta que los salarios también son precios. En ese caso una inflación del treinta por ciento anual, mensual o semanal no provocaría el antes mencionado desequilibro. Habría eso si eventualmente que transportar el dinero en carretillas, habría que corregir las columnas en los libros de contabilidad y modificar los dígitos en las calculadoras, pero como queda dicho la distorsión precios-salarios no tendría lugar. El problema central entonces con la inflación monetaria es la desfiguración de los precios relativos.

    El rol del empresario en una sociedad libre se circunscribe a que para mejorar su situación patrimonial no tiene más remedio que ofrecer bienes y servicios que demandan sus congéneres: si acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados hace de guía para la utilización de los fondos disponibles al efecto de otorgarle el mejor uso posible dadas las circunstancias imperantes.

    Por otro lado, los prebendarios que operan en alianza con el poder de turno en base a privilegios y mercados cautivos son la máxima expresión de la explotación a sus semejantes y lo contrario de lo que significa un empresario en una sociedad abierta.

    En resumen, la codicia que hay que combatir con toda la fuerza de la ley es la que llevan a cabo funcionarios con el fruto del trabajo ajeno. Como ha señalado Thomas Sowell “no entiendo cómo se condena el uso y la disposición de lo propio como un acto de codicia y se exculpa el echar mano coactivamente a los recursos de otros en nombre de la denominada justicia social”. Por último, en este sentido Freidrich Hayek explica que “el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo: derechos sociales, constitucionalismo social, economía social y justicia social” puesto que esto último solo puede tener dos acepciones: o es una redundancia ya que la justicia no puede ser vegetal o mineral o significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarlo a otros lo cual contradice la definición clásica de justicia en cuanto a “dar a cada uno lo suyo”.

    Hoy aparece un peligro adicional en Estados Unidos además de lo antes señalado sobre el marcado deterioro de guarismos clave que incluyen una inflación creciente y es el denunciado en CNN por el ex comandante general Paul Eaton que se concreta en la constante presión a integrantes de las Fuerzas Armadas por parte de ciertos líderes políticos que acompañan la antes mencionada idea atrabiliaria del fraude electoral en al última contienda, lo cual -concluye el mencionado general también en nombre de otros camaradas de armas- pone en grave riesgo la continuidad institucional de la república. Afortunadamente hay destacados miembros del Partido Republicano como el anterior candidato a la presidencia y actual Senador Mitt Romney y distinguidos colegas que condenan enfáticamente la posición alimentada por Trump y el intento por desconocer el último resultado electoral sin atender las antedichas certificaciones.

    Para bien del mundo libre, hacemos votos para que merced a los múltiples y muy meritorios esfuerzos que se llevan a cabo en muy diversas fundaciones privadas y equivalentes para rectificar el rumbo en Estados Unidos puedan producirse resultados acorde, de lo contrario la libertad corre riesgos grandes. Muchos son los que advierten acerca de este declive pronunciado pero se destacan David Stockman y Ron Paul con sus libros y reiteradas apariciones en televisión con reflexiones muy atinadas y documentaciones sumamente detalladas, junto a valiosos consejos para apartarse de la degradación en su país en varios frentes por darle la espalda a lo mejor de la tradición estadounidense que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales en lo que va de la historia de la humanidad.

  • Descentralicemos la educación

    Descentralicemos la educación

    Me aflige ver como una y otra vez las noticias destacan el bochornoso fracaso de la educación en Panamá, pero, según parece, pocos proponen soluciones. ¿Será que no conocen de alternativas o será que no se atreven a proponerlas? Y digo que no se atreven a proponer alternativas porque las obvias van en contracorriente; lo cual es lastimoso ya que la corriente va por un rumbo equivocado y tenebroso, que es el rumbo del centralismo castrante del servilismo a las mafias políticas.

    Y, no hago semejante acusación de manera temeraria sino en base a toda la abundante evidencia, consistente no sólo en el fracaso del NODUCA sino en el tropel de asaltos al erario y temas puntuales, tales como la actuación delictiva de los agentes de tránsito, la cual es apadrinada por el andamiaje administrativo estatal.

    Dicho lo anterior, reenfoco el tema del fracaso educativo y de sus soluciones; y la pregunta medular es si nos seguimos estancados en el lodazal del repudio al fracasado sistema o si vamos a procurar auténticas reformas.

    En los EE.UU., la parte buena de la supuesta “pandemia” es que ha causado un despertar que ha llevado a decenas de miles de padres de familia a repensar la educación de sus hijos, luego de dos años de tenerlos en casa y de ver la pobre calidad de una enseñanza pagada a precio de primera calidad.

    En los EE.UU., muchos padres optaron por la educación en casa, mientras otros optaron por ir a las reuniones de juntas académicas a ver y opinar; lo cual produjo una reacción de reflejo estatal que acusó a los padres de ser “terroristas domésticos.” Al menos en Panamá nuestra pobre constitución dice que los padres tienen el magnánime derecho de participar.

    En Panamá el asunto es mucho más lúgubre, ya que pocos padres se preocupan en averiguar qué les enseñan a sus hijos, si es que les enseñan algo más que la sumisión al dios estado. Pero la pregunta que gime ser formulada a gritos es: ¿Acaso la educación es algo que puede o debe ser delegada a los gobiernos? ¿Acaso los panameños no se dan cuenta lo chambona que es su estructura gubernamental? Que si no pueden siquiera mantener las calles y regular en tránsito ¿qué chance tienen de educar a los niños?

    La solución debía ser obvia… ¡DESCENTRALIZACIÓN! Es decir, que el NODUCA sólo se dedique a la función propia estatal de velar que no estafen a los ciudadanos en vez de lo que hace hoy día que es ser el estafador en jefe.

    El gran secreto de una buena educación está en cosas como la diversidad de ofertas educativas y, particularmente, en promover la emoción y amor por el aprendizaje. Pensar que el NODUCA puede hacer estas cosas es absurdo. Y ello sin considerar que una institución estatal panameña no tiene la capacidad de administrar una planilla de más de 60,000 funcionarios y mucho menos el presupuesto que ello requiere. Sólo hay que ver la penosa situación de las infraestructuras académcias por todos lados.

    Si no abolimos el abismal rol político estatal en la educación seguiremos atascados en el lodazal de la ignorancia y la pobreza, con todas esas cacareadas desigualdades resultantes del pérfido sistema. Y lo más triste de todo es que despilfarramos más en la deseducación central que lo que gastan las escuelas privadas. Bien podríamos dar los fondos directamente a los padres, a través de vales o cuentas educativas y que estos decidan dónde educan a sus hijos. Con ello se potenciaría la independencia de los ciudadanos y no el servilismo.

  • Nuestro corrupto gobernar

    Alguno dijo por allí: “El problema no está en los gobernantes sino en quienes los eligen para gobernar”. Sí, y el problema tiene profundas y larguísimas raíces, ancladas en un pasado en el cual la hoy Panamá y entonces Castilla de Oro, no era más que la finca del rey de España, quien no mandó a Cristóbal Colón a asentar nuevas tierras de libertad sino a buscar tesoros para saciar las ingentes necesidades de Su Majestad.

    De hecho, en las carabelas de Colón sólo viajaron hombres; es decir, no venían a quedarse. Muy diferente fue con los colonos ingleses que llegaron a los hoy EE.UU. con sus familias, escapando la tiranía de su rey. Allá se desarrolló una sociedad que dio luz a una constitución única en la historia humana; una constitución que consagró el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y cuando hablo de “propiedad” no me refiero sólo a bienes materiales, sino a la propiedad de nuestro cuerpo y de sus facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación no violenta.

    A diferencia de los EE.UU., en la finca del rey, conocida como Castilla de Oro, los súbditos no tenían libertad para comerciar sino con anuencia y licencia del rey; dado que no era lícito comerciar dentro de la finca del soberano a menos que éste, a través de sus Pedrarias, diesen las licencias que hoy llamamos “cupo” y tal. El comercio entre quienes no tenían licencia, era una actividad “informal”, tolerada por las “autoridades” a cargo de gobernar. Poco ha cambiado desde entonces; con ya cerca del 60% de la actividad económica en Panamá informal y el resto más o menos en la formal. Pero, adonde voy es al análisis del grado de desorden que vemos en nuestro medio.

    Hoy, sentado cerca de la puerta cochera de consultorios médicos esperando que mi hija me pasara a recoger, le comenté al seguridad el escándalo de cláxones en la calle; y como para hacer énfasis, llegó un sujeto y se estacionó en la puerta cochera y comenzó a sonar su claxon, fututo, pito, bocina. ¿Qué clase de ser humano se comporta así? Y no era el primero que hacía lo mismo. El conserje salió a indicarle que la puerta cochera era para recoger y no estacionarse y que por favor no pitara ya que, entre otras, estaba en área hospitalaria. Ello dio lugar a insultos, gritos y tal; mientras afuera las bocinas sobaban el desespero de desconsiderados conductores.

    De regreso a casa, mi hija conduciendo, le fui mostrando y comentando las razones del desorden. En síntesis, un desorden orquestado por la corruptela e incompetencia de las “autoridades del tránsito” encargadas de gobernar. Duele llamarles “autoridad”. Y, por casualidad, en esos momentos le respondía un chat a quien en un tiempo estuvo a cargo en la Dirección el Tránsito, y fue despedida porque intentó mejorar las cosas.

    Comentaba la exdirectora de los desórdenes viales en Panamá Norte y el caso de la estación del Metro en San Isidro, la cual ya lleva unos 3 años terminada su modificación y no la ponen a funcionar: «Nadie sabe la razón ni las autoridades las dan». Mi contestación fue simple: “El propósito de esas mejoras era resolver el tránsito $ y no el vial.

    En fin, cualquier persona algo versada en el manejo del tránsito vial puede conocer y mejorar notablemente el asunto; pero, no interesa, ya que la política y los políticos no están para eso, sino recoger el oro y regresar a España.

  • La solidaridad desvirtuada

    El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

    El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

    El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

    En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

    La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

    Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

    La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

    A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

    Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.

  • La intervención económica del gobierno

    El sentido del término “intervención” apunta al hecho de dirigir asuntos que corresponden a otra persona o entidad social. La intervención, como casi todo en la vida, tiene su momento y cantidad, pero hay que ser muy cauto con exagerar; comenzando con meterse en la vida de nuestra pareja, hijos, vecinos y más allá. El caso de los hijos es muy ilustrativo, ya que intervenir en sus vidas más allá de cierto punto puede destrozarlas. Una cosa es darles amor, darles las herramientas para navegar en la vida, y otra, muy diferente y perjudicial es, no dejarles que monten su bicicleta aduciendo que se pueden caer. En mi caso ¡vaya si me di tremendas matadas!

    En lo económico se da el mismo fenómeno, pero con alcances que afectan a toda la sociedad a punto de su destrucción. No hay sistemas más interventor y destructivo que el socio-comunismo en todas sus gamas. Unas destruyen más rápido y otras menos. La de Venezuela es ejemplo de rápido. Y es risible que los comunistas y sus afiliados alegan que el “capitalismo salvaje” es destructivo. Pocos se dan cuenta que lo que llaman “capitalismo” no es tal. Panamá tiene una constitución guacha, que en momentos es tan comunista como el más comunista. Lean el Título X. Lo peor es que muchos que lo leen no advierten las barbaridades que allí pretenden santificar los “honorables”.

    Lo que igualmente pocos advierten es que, en países como Panamá, la intervención no viene tanto por el lado de la ideología de izquierda sino de sistemas plagados de un intervencionismo sinvergüenza. ¿Qué más claro queremos que en nuestra Asamblea? Y lo peor es que se trata de zorros con vestimenta de corderos. Da pena escuchar a quienes nos representan hablando mal de los ricos, cuando más acaudalados que ellos no hay muchos.

    El otro caso que desconcierta es el de los EE.UU., en dónde se han pasado décadas amenazando con guerra a los comunistas y, ahora, supongo que tendrán que declararse la guerra a ellos mismos. Las herramientas que usan estos zorros del patio son las del regalierno de subsidios que no subsidian, de planillas en metástasis, y de la falsificación oficial de su propia moneda; y ni hablar del endeudamiento alocado. Quien lo dijo muy bien es Tho Bishop, editor asistente del Mises Wire: “El único freno al estado viene de parte del ánimo de un público que se lo aguante, y de otros gobiernos que buscan salir adelante en la competencia para atraer inversión financiar y capital humano.”

    Y, por los desórdenes de gobierno que vemos, todo apunta a que la pandemia le vino a pelo a los interventores. Con el cuento de la salud pública nos encerraron en el gallinero, nos enmascararon, dificultaron la respiración, y llegaron hasta el extremo de detener y multar sin sentido. En fin, han destruido la economía, a punto que están dejando tachuelas al miso Cuco.

    Y no dejemos atrás la tergiversación burda del cambio climático; la sobrepoblación, desinformación, y ¿para que seguir? En el fondo se trata de violar y hasta acabar con la propiedad, hasta de nuestras propias vidas; tal como en los EE.UU. que ya una autoridad educativa dijo que los padres de familia no deben meterse con la educación de sus hijos, pues ello corresponde al estado; es decir, a los zorros de gallinero.

  • ¿Qué y para qué es la economía?

    Mi definición lega de la economía es: “Cómo poner la paila con lo poco que ganamos.” Buenos economistas señalan que economía es economizar; es decir, evitar el gasto innecesario y mucho más el malgasto que ocurre cuando los gobiernos exceden las tareas y mandatos que les ha sido encomendadas. Otra definición de economía es: “La administración de la casa”; y esta definición la tergiversamos cuando hablamos de “la administración del país”, dado que el país y la casa no son lo mismo. El país no se administra, se administra la gestión del gobierno y no la vida y economía de los ciudadanos; lo cual sería caer en el socialismo o peor.

    El tema economía es complejo y fácilmente derrama el alcance de un escrito como este. Pero es importante dar un pantallazo que pocas veces o jamás vemos. Por ejemplo, el gobierno de Panamá se ha tomado la administración del transporte, incluyendo carreteras y tal. ¿Corresponde eso al gobierno? ¿Está siendo administrado de buena forma económica y social?

    Ya señalé que economía es ahorrar, ya que sin ahorros no hay inversión, emprendimiento y desarrollo. Pero la economía también es la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades; y vuelve la pregunta: ¿Satisfacemos nuestras necesidades de transporte, salud, educación y tal dejando que el aparato politiquero se encargue? Luego vemos que los encargados salen a decir que la solución es confiscar para repartir; para lo cual quitan al rico (léase productivo) para dar al pobre (léase improductivo). Pero, pocos nos preguntamos por qué uno es rico y el otro pobre. Digámoslo crudamente: “Rico es el industrioso y pobre improductivo. Y, ¿de dónde el improductivo? Pues, de las escuelas gubernamentales y de la corruptela politiquera que mantiene al pueblo burlado y drogado en ignorancia y desgobierno.

    La “industria” es del “industrioso”; y una de los sentidos de este término, que se ha perdido, es el de “hábil” o “ingenioso”. U… ocupado, diligente, que se toma el tiempo y el trabajo para lograr metas. La economía y la industria se ocupan del futuro, de prever lo que viene y tener no sólo mecanismos, sino reservas. El problema es que todas estas cosas requieren autodeterminación y no arreo central.

    La realidad es que las necesidades humanas van cambiando con el tiempo. El mundo que conocí de joven es muy diferente al de hoy. Recuerdo a los 9 años de edad tomaba solo el bus en San Felipe para ir a mi casa en Juan Franco; hoy Obarrio. A los niños de hoy no les dejan salir a jugar al patio. Algo parecido ocurre en la industria en general. Ya los salarios no los determina la productividad sino las maquinaciones sindicales y politiqueras; y ello no nos conduce a un mundo futuro más próspero sino todo lo contrario. Ese mundo caduco nos está llevando a un colapso apocalíptico. Tal vez no queda otra.

    El elemento vital que anda descarriado es la libertad. Libertad para pensar, hablar, transitar, usar o no máscaras o vacunarse. Y para ser propietarios del producto de nuestro ingenio. El problema surge cuando unos producen y otros quieren tener quitando al productivo mediante el juega vivo politiquero de subsidios y tal. Y ni hablar de los asaltos rutinarios al erario.

    Lo que produce el ingenioso y productivo es de su propiedad; lo cual no es el caso en Cuba o Venezuela, en dónde la propiedad ha sido abolida. En conclusión: Una sana economía requiere una diversidad que emana del aporte de todos y cada uno. Y, un sistema que no promueva la participación o competencia sana y libre, no tiene futuro.

  • La intervención estatal y los malos incentivos que genera

    La intervención, quirúrgica o gubernamental, es cosa muy delicada. Pero, en particular las gubernamentales debemos verlas con inmenso recelo, dada su propensidad politiquera y corrupta. En el caso de la intervención quirúrgica, el cirujano tiene buenos incentivos para salvar y mejorar la salud del paciente; pero, en la arena política, los incentivos se inclinan a lo negativo. Sólo a manera de ejemplo, el cirujano sigue siendo cirujano luego de las elecciones; pero, el político, si es honesto y no promete el cielo y la tierra, lo más probable es que quede fuera de la jugada. Este es un problema cultural y tema de otro escrito.

    El ciclo económico típico tiene razones propias del mercado, tales como malas inversiones, que el mercado capta en sus señales de precios, llevando a las correcciones del caso. Las depresiones profundas típicamente se deben a la intervención gubernamental, de forma tal que anula los mecanismos correctores del libre mercado, lo cual prolonga y profundiza la crisis. En tal situación es probable que se llegue al grado de “estanflación”, como en 1970. La mala intervención se manifiesta con controles de precios, incluyendo los salarios, intervención en las tasas de intereses; y, ni hablar de lo que vivimos durante los encierros vacunos del COVID.

    Luego viene el gasto gubernamental deficitario, planillas abultadas y hasta groseras, supuestamente para dar asistencia; pero… el asunto es ¿asistencia a quiénes? Obvio que a los amiguitos o buenos clientes. Luego vienen los rescates a empresas que según los “expertos” que no se puede permitir que colapsen. Y si estas cosas no alcanzan, entonces vemos, tal como en los EE.UU. de Biden, astronómicas intervenciones económicas en supuestos proyectos de infraestructura. Y parte del engaño consiste en llamar “infraestructura” al parte y reparte, que permite quedarse con la mejor parte. Entonces, cuando todos esos esfuerzos interventores no funcionan y la economía se desploma, se van en busca de chivos expiatorios.

    La virulenta noción de que un gasto, o mal llamado “incentivo gubernamental”, pueda ser buena medicina es, no sólo absurda sino ridícula. Y ni hablar cuando la politiquería gubernamental decide redirigir gastos de supuestas inversiones hacia proyectos o programas populares; lo cual no está basado en criterios de emprendimiento sino del clientelismo político.

    Y más allá aún, están los supuestos subsidios que no subsidian, sino que crean dependencia y servidumbre. Los fondos de subsidio tienen que salir de algún lado. Salen del bolsillo de empresas y personas que han sabido producir. Pero si les quitas a éstos, bajo la suposición de que tío gobierno le va a dar mejor uso, entramos en el ámbito del engaño patrañero. Y los que terminan pagando el mayor precio son, precisamente, los más necesitados.

    Todo lo señalado nos retrotrae a esas actividades politiqueras que desvían la atención e inversión hacia áreas o actividades que procuran valerse de los supuestos regalos de incentivo; que distrae de la actividad económica productiva. Los agentes gubernamentales, que saben de los negocios oscuros, pero poco de los claros, desvían los dineros de actividades productivas.

    Semejantes artimañas politiqueras caen en el área de lo azaroso moral. A su vez, lo azaroso moral, que infecta la actividad gubernamental, afecta la actividad empresarial; que prostituye creando coyundas público/privadas perjudiciales.

    Tal vez el mejor ejemplo de intervencionismo castrante lo estamos viviendo hoy con la absurda intervención estatal en lo del COVID. Es la intervención miope que sólo ve y busca la ilusa “solución” del momento, sin ver que a más largo plazo el problema ya no será el COVID sino el virus interventor de la economía; el cual es aún más mortal que aquel de Wuhan.