Etiqueta: intervención estatal

  • Estados Unidos se viene latinoamericanizando

    La degradación conceptual que ha penetrado en algunos de los máximos referentes políticos de los Estados Unidos le da la espalda a una larga tradición que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales de la historia de la humanidad.

    En otra oportunidad he recurrido a lo que ahora apunto en el título de esta nota para describir lo que viene sucediendo en el otrora baluarte del mundo libre. Esta vez, como una muestra más del declive estadounidense que viene operando desde hace un tiempo, una de las manifestaciones recientes y más contundentes tuvo lugar en la sala de prensa en la Casa Blanca a raíz de una expresión de Jen Psaki, la vocera presidencial de Joe Biden. Respondiendo a una pregunta periodística afirmó que “los precios suben debido a la codicia de empresarios”. Una conclusión alarmante por su insensatez, digna de republiquetas africanas o las peor ubicadas de la región latinoamericana.

    ¿Cómo es posible que en Estados Unidos puede deslizarse una tropelía de esa magnitud nada menos que en el centro del poder gubernamental y con el natural aval de las autoridades del caso? Este desbarranque mayúsculo sólo puede tener lugar debido a una degradación conceptual de características exponenciales que han penetrado en mentes de un modo sumamente peligroso para la supervivencia de la sociedad libre a contracorriente de los sólidos valores y principios de los Padres Fundadores de esa nación.

    En su momento destacamos con enorme preocupación el persistente incremento del gasto público, el déficit y el endeudamiento generado por el anterior presidente Donald Trump. También subrayamos su desgraciado e inaceptable rol en el rechazo de los resultados electorales según normas por él aceptadas en la contienda y certificadas por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (ocho de los cuales designados por el propio Trump) y por su vicepresidente Mike Pence. Luego el sucesor Joe Biden se decide por acentuar los antes mencionados guarismos de gasto, déficit y deuda junto con expansiones adicionales en la base monetaria lo cual se traduce en la inflación mayor de los últimos treinta y nueve años.

    En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos detallo la referida declinación en materia de relaciones exteriores, de varios aspectos en la Justicia, de la educación, de la economía, el federalismo, los problemas con las drogas alucinógenas para usos no medicinales, las trabas migratorias, las fuerzas paramilitares y los servicios de inteligencia, el terrorismo, la estructura fiscal y en general los límites al poder. Cierro aquella obra con un pensamiento de Ronald Reagan con la advertencia que “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

    En algunos ámbitos ha penetrado en suelo estadounidense la idea atrabiliaria que los precios dependen de la voluntad empresaria en lugar de percatarse que si fuera así no habría techo alguno en los precios puesto que todo comerciante intenta embolsarse con lo máximo que pueda del mismo modo que todos los que trabajan desean ser retribuidos con los mayores salarios. Si fuera así el vendedor de caramelos colocaría su producto a un millón de dólares la unidad pero las cosas no son ni remotamente de ese modo, hay algo que se conoce como la ley de la oferta y la demanda por una parte, y por otra cuando la llamada autoridad monetaria expande la cantidad de dinero el poder adquisitivo se derrite puesto que hay más billetes persiguiendo la cantidad de bienes y servicios disponibles.

    No es una treta que de resultado en mentes medianamente despiertas el endosar la responsabilidad de los procesos inflacionarios a los comerciantes con la idea de desviar la atención de los manotazos gubernamentales que imponen esa carga tributaria no legislada que conocemos con el nombre de inflación para no recurrir a la verdadera expresión que es una estafa legal en el contexto del abuso de poder.

    Como lo han señalado una y otra vez economistas de renombre, la inflación es consecuencia de la expansión en la cantidad de dinero que imponen las bancas centrales y las llamadas “expectativas” nada tiene que ver puesto que si un comerciante eleva los precios más allá de lo que absorbe la demanda simplemente verá contraerse sus ventas. Para que tenga lugar el aumento de precios más allá de las condiciones de mercado, es indispensable que sean convalidados por expansión de moneda.

    El efecto central del daño inflacionario es que distorsiona los precios relativos, esto es desdibuja las únicas señales con que cuenta el mercado para guiar a los operadores económicos respecto al uso de los siempre escasos factores de producción e inducir al despilfarro que al consumir capital hace que los salarios e ingresos en términos reales se contraigan.

    En el caso de la conferencia de prensa a la que aludimos en este artículo también se dijo que la inflación “significa el aumento general de precios” lo cual no es correcto ya que si fuera de ese modo no habría problema con la inflación en cuanto a que no se produciría el desequilibrio entre precios e ingresos puesto que todos los precios galoparían al mismo ritmo y tengamos en cuenta que los salarios también son precios. En ese caso una inflación del treinta por ciento anual, mensual o semanal no provocaría el antes mencionado desequilibro. Habría eso si eventualmente que transportar el dinero en carretillas, habría que corregir las columnas en los libros de contabilidad y modificar los dígitos en las calculadoras, pero como queda dicho la distorsión precios-salarios no tendría lugar. El problema central entonces con la inflación monetaria es la desfiguración de los precios relativos.

    El rol del empresario en una sociedad libre se circunscribe a que para mejorar su situación patrimonial no tiene más remedio que ofrecer bienes y servicios que demandan sus congéneres: si acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados hace de guía para la utilización de los fondos disponibles al efecto de otorgarle el mejor uso posible dadas las circunstancias imperantes.

    Por otro lado, los prebendarios que operan en alianza con el poder de turno en base a privilegios y mercados cautivos son la máxima expresión de la explotación a sus semejantes y lo contrario de lo que significa un empresario en una sociedad abierta.

    En resumen, la codicia que hay que combatir con toda la fuerza de la ley es la que llevan a cabo funcionarios con el fruto del trabajo ajeno. Como ha señalado Thomas Sowell “no entiendo cómo se condena el uso y la disposición de lo propio como un acto de codicia y se exculpa el echar mano coactivamente a los recursos de otros en nombre de la denominada justicia social”. Por último, en este sentido Freidrich Hayek explica que “el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo: derechos sociales, constitucionalismo social, economía social y justicia social” puesto que esto último solo puede tener dos acepciones: o es una redundancia ya que la justicia no puede ser vegetal o mineral o significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarlo a otros lo cual contradice la definición clásica de justicia en cuanto a “dar a cada uno lo suyo”.

    Hoy aparece un peligro adicional en Estados Unidos además de lo antes señalado sobre el marcado deterioro de guarismos clave que incluyen una inflación creciente y es el denunciado en CNN por el ex comandante general Paul Eaton que se concreta en la constante presión a integrantes de las Fuerzas Armadas por parte de ciertos líderes políticos que acompañan la antes mencionada idea atrabiliaria del fraude electoral en al última contienda, lo cual -concluye el mencionado general también en nombre de otros camaradas de armas- pone en grave riesgo la continuidad institucional de la república. Afortunadamente hay destacados miembros del Partido Republicano como el anterior candidato a la presidencia y actual Senador Mitt Romney y distinguidos colegas que condenan enfáticamente la posición alimentada por Trump y el intento por desconocer el último resultado electoral sin atender las antedichas certificaciones.

    Para bien del mundo libre, hacemos votos para que merced a los múltiples y muy meritorios esfuerzos que se llevan a cabo en muy diversas fundaciones privadas y equivalentes para rectificar el rumbo en Estados Unidos puedan producirse resultados acorde, de lo contrario la libertad corre riesgos grandes. Muchos son los que advierten acerca de este declive pronunciado pero se destacan David Stockman y Ron Paul con sus libros y reiteradas apariciones en televisión con reflexiones muy atinadas y documentaciones sumamente detalladas, junto a valiosos consejos para apartarse de la degradación en su país en varios frentes por darle la espalda a lo mejor de la tradición estadounidense que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales en lo que va de la historia de la humanidad.

  • Descentralicemos la educación

    Descentralicemos la educación

    Me aflige ver como una y otra vez las noticias destacan el bochornoso fracaso de la educación en Panamá, pero, según parece, pocos proponen soluciones. ¿Será que no conocen de alternativas o será que no se atreven a proponerlas? Y digo que no se atreven a proponer alternativas porque las obvias van en contracorriente; lo cual es lastimoso ya que la corriente va por un rumbo equivocado y tenebroso, que es el rumbo del centralismo castrante del servilismo a las mafias políticas.

    Y, no hago semejante acusación de manera temeraria sino en base a toda la abundante evidencia, consistente no sólo en el fracaso del NODUCA sino en el tropel de asaltos al erario y temas puntuales, tales como la actuación delictiva de los agentes de tránsito, la cual es apadrinada por el andamiaje administrativo estatal.

    Dicho lo anterior, reenfoco el tema del fracaso educativo y de sus soluciones; y la pregunta medular es si nos seguimos estancados en el lodazal del repudio al fracasado sistema o si vamos a procurar auténticas reformas.

    En los EE.UU., la parte buena de la supuesta “pandemia” es que ha causado un despertar que ha llevado a decenas de miles de padres de familia a repensar la educación de sus hijos, luego de dos años de tenerlos en casa y de ver la pobre calidad de una enseñanza pagada a precio de primera calidad.

    En los EE.UU., muchos padres optaron por la educación en casa, mientras otros optaron por ir a las reuniones de juntas académicas a ver y opinar; lo cual produjo una reacción de reflejo estatal que acusó a los padres de ser “terroristas domésticos.” Al menos en Panamá nuestra pobre constitución dice que los padres tienen el magnánime derecho de participar.

    En Panamá el asunto es mucho más lúgubre, ya que pocos padres se preocupan en averiguar qué les enseñan a sus hijos, si es que les enseñan algo más que la sumisión al dios estado. Pero la pregunta que gime ser formulada a gritos es: ¿Acaso la educación es algo que puede o debe ser delegada a los gobiernos? ¿Acaso los panameños no se dan cuenta lo chambona que es su estructura gubernamental? Que si no pueden siquiera mantener las calles y regular en tránsito ¿qué chance tienen de educar a los niños?

    La solución debía ser obvia… ¡DESCENTRALIZACIÓN! Es decir, que el NODUCA sólo se dedique a la función propia estatal de velar que no estafen a los ciudadanos en vez de lo que hace hoy día que es ser el estafador en jefe.

    El gran secreto de una buena educación está en cosas como la diversidad de ofertas educativas y, particularmente, en promover la emoción y amor por el aprendizaje. Pensar que el NODUCA puede hacer estas cosas es absurdo. Y ello sin considerar que una institución estatal panameña no tiene la capacidad de administrar una planilla de más de 60,000 funcionarios y mucho menos el presupuesto que ello requiere. Sólo hay que ver la penosa situación de las infraestructuras académcias por todos lados.

    Si no abolimos el abismal rol político estatal en la educación seguiremos atascados en el lodazal de la ignorancia y la pobreza, con todas esas cacareadas desigualdades resultantes del pérfido sistema. Y lo más triste de todo es que despilfarramos más en la deseducación central que lo que gastan las escuelas privadas. Bien podríamos dar los fondos directamente a los padres, a través de vales o cuentas educativas y que estos decidan dónde educan a sus hijos. Con ello se potenciaría la independencia de los ciudadanos y no el servilismo.

  • Nuestro corrupto gobernar

    Alguno dijo por allí: “El problema no está en los gobernantes sino en quienes los eligen para gobernar”. Sí, y el problema tiene profundas y larguísimas raíces, ancladas en un pasado en el cual la hoy Panamá y entonces Castilla de Oro, no era más que la finca del rey de España, quien no mandó a Cristóbal Colón a asentar nuevas tierras de libertad sino a buscar tesoros para saciar las ingentes necesidades de Su Majestad.

    De hecho, en las carabelas de Colón sólo viajaron hombres; es decir, no venían a quedarse. Muy diferente fue con los colonos ingleses que llegaron a los hoy EE.UU. con sus familias, escapando la tiranía de su rey. Allá se desarrolló una sociedad que dio luz a una constitución única en la historia humana; una constitución que consagró el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y cuando hablo de “propiedad” no me refiero sólo a bienes materiales, sino a la propiedad de nuestro cuerpo y de sus facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación no violenta.

    A diferencia de los EE.UU., en la finca del rey, conocida como Castilla de Oro, los súbditos no tenían libertad para comerciar sino con anuencia y licencia del rey; dado que no era lícito comerciar dentro de la finca del soberano a menos que éste, a través de sus Pedrarias, diesen las licencias que hoy llamamos “cupo” y tal. El comercio entre quienes no tenían licencia, era una actividad “informal”, tolerada por las “autoridades” a cargo de gobernar. Poco ha cambiado desde entonces; con ya cerca del 60% de la actividad económica en Panamá informal y el resto más o menos en la formal. Pero, adonde voy es al análisis del grado de desorden que vemos en nuestro medio.

    Hoy, sentado cerca de la puerta cochera de consultorios médicos esperando que mi hija me pasara a recoger, le comenté al seguridad el escándalo de cláxones en la calle; y como para hacer énfasis, llegó un sujeto y se estacionó en la puerta cochera y comenzó a sonar su claxon, fututo, pito, bocina. ¿Qué clase de ser humano se comporta así? Y no era el primero que hacía lo mismo. El conserje salió a indicarle que la puerta cochera era para recoger y no estacionarse y que por favor no pitara ya que, entre otras, estaba en área hospitalaria. Ello dio lugar a insultos, gritos y tal; mientras afuera las bocinas sobaban el desespero de desconsiderados conductores.

    De regreso a casa, mi hija conduciendo, le fui mostrando y comentando las razones del desorden. En síntesis, un desorden orquestado por la corruptela e incompetencia de las “autoridades del tránsito” encargadas de gobernar. Duele llamarles “autoridad”. Y, por casualidad, en esos momentos le respondía un chat a quien en un tiempo estuvo a cargo en la Dirección el Tránsito, y fue despedida porque intentó mejorar las cosas.

    Comentaba la exdirectora de los desórdenes viales en Panamá Norte y el caso de la estación del Metro en San Isidro, la cual ya lleva unos 3 años terminada su modificación y no la ponen a funcionar: «Nadie sabe la razón ni las autoridades las dan». Mi contestación fue simple: “El propósito de esas mejoras era resolver el tránsito $ y no el vial.

    En fin, cualquier persona algo versada en el manejo del tránsito vial puede conocer y mejorar notablemente el asunto; pero, no interesa, ya que la política y los políticos no están para eso, sino recoger el oro y regresar a España.

  • La solidaridad desvirtuada

    El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

    El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

    El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

    En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

    La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

    Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

    La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

    A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

    Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.

  • La intervención económica del gobierno

    El sentido del término “intervención” apunta al hecho de dirigir asuntos que corresponden a otra persona o entidad social. La intervención, como casi todo en la vida, tiene su momento y cantidad, pero hay que ser muy cauto con exagerar; comenzando con meterse en la vida de nuestra pareja, hijos, vecinos y más allá. El caso de los hijos es muy ilustrativo, ya que intervenir en sus vidas más allá de cierto punto puede destrozarlas. Una cosa es darles amor, darles las herramientas para navegar en la vida, y otra, muy diferente y perjudicial es, no dejarles que monten su bicicleta aduciendo que se pueden caer. En mi caso ¡vaya si me di tremendas matadas!

    En lo económico se da el mismo fenómeno, pero con alcances que afectan a toda la sociedad a punto de su destrucción. No hay sistemas más interventor y destructivo que el socio-comunismo en todas sus gamas. Unas destruyen más rápido y otras menos. La de Venezuela es ejemplo de rápido. Y es risible que los comunistas y sus afiliados alegan que el “capitalismo salvaje” es destructivo. Pocos se dan cuenta que lo que llaman “capitalismo” no es tal. Panamá tiene una constitución guacha, que en momentos es tan comunista como el más comunista. Lean el Título X. Lo peor es que muchos que lo leen no advierten las barbaridades que allí pretenden santificar los “honorables”.

    Lo que igualmente pocos advierten es que, en países como Panamá, la intervención no viene tanto por el lado de la ideología de izquierda sino de sistemas plagados de un intervencionismo sinvergüenza. ¿Qué más claro queremos que en nuestra Asamblea? Y lo peor es que se trata de zorros con vestimenta de corderos. Da pena escuchar a quienes nos representan hablando mal de los ricos, cuando más acaudalados que ellos no hay muchos.

    El otro caso que desconcierta es el de los EE.UU., en dónde se han pasado décadas amenazando con guerra a los comunistas y, ahora, supongo que tendrán que declararse la guerra a ellos mismos. Las herramientas que usan estos zorros del patio son las del regalierno de subsidios que no subsidian, de planillas en metástasis, y de la falsificación oficial de su propia moneda; y ni hablar del endeudamiento alocado. Quien lo dijo muy bien es Tho Bishop, editor asistente del Mises Wire: “El único freno al estado viene de parte del ánimo de un público que se lo aguante, y de otros gobiernos que buscan salir adelante en la competencia para atraer inversión financiar y capital humano.”

    Y, por los desórdenes de gobierno que vemos, todo apunta a que la pandemia le vino a pelo a los interventores. Con el cuento de la salud pública nos encerraron en el gallinero, nos enmascararon, dificultaron la respiración, y llegaron hasta el extremo de detener y multar sin sentido. En fin, han destruido la economía, a punto que están dejando tachuelas al miso Cuco.

    Y no dejemos atrás la tergiversación burda del cambio climático; la sobrepoblación, desinformación, y ¿para que seguir? En el fondo se trata de violar y hasta acabar con la propiedad, hasta de nuestras propias vidas; tal como en los EE.UU. que ya una autoridad educativa dijo que los padres de familia no deben meterse con la educación de sus hijos, pues ello corresponde al estado; es decir, a los zorros de gallinero.

  • ¿Qué y para qué es la economía?

    Mi definición lega de la economía es: “Cómo poner la paila con lo poco que ganamos.” Buenos economistas señalan que economía es economizar; es decir, evitar el gasto innecesario y mucho más el malgasto que ocurre cuando los gobiernos exceden las tareas y mandatos que les ha sido encomendadas. Otra definición de economía es: “La administración de la casa”; y esta definición la tergiversamos cuando hablamos de “la administración del país”, dado que el país y la casa no son lo mismo. El país no se administra, se administra la gestión del gobierno y no la vida y economía de los ciudadanos; lo cual sería caer en el socialismo o peor.

    El tema economía es complejo y fácilmente derrama el alcance de un escrito como este. Pero es importante dar un pantallazo que pocas veces o jamás vemos. Por ejemplo, el gobierno de Panamá se ha tomado la administración del transporte, incluyendo carreteras y tal. ¿Corresponde eso al gobierno? ¿Está siendo administrado de buena forma económica y social?

    Ya señalé que economía es ahorrar, ya que sin ahorros no hay inversión, emprendimiento y desarrollo. Pero la economía también es la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades; y vuelve la pregunta: ¿Satisfacemos nuestras necesidades de transporte, salud, educación y tal dejando que el aparato politiquero se encargue? Luego vemos que los encargados salen a decir que la solución es confiscar para repartir; para lo cual quitan al rico (léase productivo) para dar al pobre (léase improductivo). Pero, pocos nos preguntamos por qué uno es rico y el otro pobre. Digámoslo crudamente: “Rico es el industrioso y pobre improductivo. Y, ¿de dónde el improductivo? Pues, de las escuelas gubernamentales y de la corruptela politiquera que mantiene al pueblo burlado y drogado en ignorancia y desgobierno.

    La “industria” es del “industrioso”; y una de los sentidos de este término, que se ha perdido, es el de “hábil” o “ingenioso”. U… ocupado, diligente, que se toma el tiempo y el trabajo para lograr metas. La economía y la industria se ocupan del futuro, de prever lo que viene y tener no sólo mecanismos, sino reservas. El problema es que todas estas cosas requieren autodeterminación y no arreo central.

    La realidad es que las necesidades humanas van cambiando con el tiempo. El mundo que conocí de joven es muy diferente al de hoy. Recuerdo a los 9 años de edad tomaba solo el bus en San Felipe para ir a mi casa en Juan Franco; hoy Obarrio. A los niños de hoy no les dejan salir a jugar al patio. Algo parecido ocurre en la industria en general. Ya los salarios no los determina la productividad sino las maquinaciones sindicales y politiqueras; y ello no nos conduce a un mundo futuro más próspero sino todo lo contrario. Ese mundo caduco nos está llevando a un colapso apocalíptico. Tal vez no queda otra.

    El elemento vital que anda descarriado es la libertad. Libertad para pensar, hablar, transitar, usar o no máscaras o vacunarse. Y para ser propietarios del producto de nuestro ingenio. El problema surge cuando unos producen y otros quieren tener quitando al productivo mediante el juega vivo politiquero de subsidios y tal. Y ni hablar de los asaltos rutinarios al erario.

    Lo que produce el ingenioso y productivo es de su propiedad; lo cual no es el caso en Cuba o Venezuela, en dónde la propiedad ha sido abolida. En conclusión: Una sana economía requiere una diversidad que emana del aporte de todos y cada uno. Y, un sistema que no promueva la participación o competencia sana y libre, no tiene futuro.

  • La intervención estatal y los malos incentivos que genera

    La intervención, quirúrgica o gubernamental, es cosa muy delicada. Pero, en particular las gubernamentales debemos verlas con inmenso recelo, dada su propensidad politiquera y corrupta. En el caso de la intervención quirúrgica, el cirujano tiene buenos incentivos para salvar y mejorar la salud del paciente; pero, en la arena política, los incentivos se inclinan a lo negativo. Sólo a manera de ejemplo, el cirujano sigue siendo cirujano luego de las elecciones; pero, el político, si es honesto y no promete el cielo y la tierra, lo más probable es que quede fuera de la jugada. Este es un problema cultural y tema de otro escrito.

    El ciclo económico típico tiene razones propias del mercado, tales como malas inversiones, que el mercado capta en sus señales de precios, llevando a las correcciones del caso. Las depresiones profundas típicamente se deben a la intervención gubernamental, de forma tal que anula los mecanismos correctores del libre mercado, lo cual prolonga y profundiza la crisis. En tal situación es probable que se llegue al grado de “estanflación”, como en 1970. La mala intervención se manifiesta con controles de precios, incluyendo los salarios, intervención en las tasas de intereses; y, ni hablar de lo que vivimos durante los encierros vacunos del COVID.

    Luego viene el gasto gubernamental deficitario, planillas abultadas y hasta groseras, supuestamente para dar asistencia; pero… el asunto es ¿asistencia a quiénes? Obvio que a los amiguitos o buenos clientes. Luego vienen los rescates a empresas que según los “expertos” que no se puede permitir que colapsen. Y si estas cosas no alcanzan, entonces vemos, tal como en los EE.UU. de Biden, astronómicas intervenciones económicas en supuestos proyectos de infraestructura. Y parte del engaño consiste en llamar “infraestructura” al parte y reparte, que permite quedarse con la mejor parte. Entonces, cuando todos esos esfuerzos interventores no funcionan y la economía se desploma, se van en busca de chivos expiatorios.

    La virulenta noción de que un gasto, o mal llamado “incentivo gubernamental”, pueda ser buena medicina es, no sólo absurda sino ridícula. Y ni hablar cuando la politiquería gubernamental decide redirigir gastos de supuestas inversiones hacia proyectos o programas populares; lo cual no está basado en criterios de emprendimiento sino del clientelismo político.

    Y más allá aún, están los supuestos subsidios que no subsidian, sino que crean dependencia y servidumbre. Los fondos de subsidio tienen que salir de algún lado. Salen del bolsillo de empresas y personas que han sabido producir. Pero si les quitas a éstos, bajo la suposición de que tío gobierno le va a dar mejor uso, entramos en el ámbito del engaño patrañero. Y los que terminan pagando el mayor precio son, precisamente, los más necesitados.

    Todo lo señalado nos retrotrae a esas actividades politiqueras que desvían la atención e inversión hacia áreas o actividades que procuran valerse de los supuestos regalos de incentivo; que distrae de la actividad económica productiva. Los agentes gubernamentales, que saben de los negocios oscuros, pero poco de los claros, desvían los dineros de actividades productivas.

    Semejantes artimañas politiqueras caen en el área de lo azaroso moral. A su vez, lo azaroso moral, que infecta la actividad gubernamental, afecta la actividad empresarial; que prostituye creando coyundas público/privadas perjudiciales.

    Tal vez el mejor ejemplo de intervencionismo castrante lo estamos viviendo hoy con la absurda intervención estatal en lo del COVID. Es la intervención miope que sólo ve y busca la ilusa “solución” del momento, sin ver que a más largo plazo el problema ya no será el COVID sino el virus interventor de la economía; el cual es aún más mortal que aquel de Wuhan.

  • Los efectos del virus gubernamental

    Los efectos del virus gubernamental, más dañino que el actual que abrió las puertas del primero, perdurarán por generaciones.

    Los actos de gobierno o gobernanza deben estar basados en la ley vigente e, idealmente, esa ley debe ser sana y no como la prostituída que tenemos en nuestra Constitución estatista; la cual, por ser incumplible, termina siendo no sólo ignorada sino promotora del mal de discrecionalidad que la misma Constitución prohíbe. Pero, más allá, deberíamos estar conscientes de que los actos de gobierno tienen efectos sobre el comportamiento social; y típicamente, esos cambios de comportamiento actúan sobre las tomas de decisión de los actores de mercado en el sector privado.

    En nuestro caso, en Panamá, los cambios de conducta por parte del sector privado emprendedor, han sido, en gran medida, del lado de la perversión a raíz de una gobernanza que pare leyes como el manzanillo sus frutos venenosos. Un caso ilustrativo, aunque no directamente asociado a lo que señalo, lo tenemos en los mandatos de máscara. Anoche veía un reportaje de un médico virólogo hablando de la inmensa cantidad de gérmenes detectados en las máscaras que obligadamente usan los niños en las escuelas y tal. ¿Acaso fue eso parte del propósito de obligar el uso de máscaras sin mayores limitaciones? O ¿es que el verdadero propósito, en buena medida era uno de control?

    En el caso de las coimas para poder conducir negocios, ¿se han puesto a seguirle el rastro a todos los cambios de comportamiento que ello ha producido a través del tiempo? ¡Claro que no!, pero les aseguro que esos cambios de comportamiento no han sido nada sanos. El ciudadano no puede usar máscara porque quiere, sino que es obligado y no hacerlo hará que te detengan y multen o electrocuten. En fin, el comportamiento humano frente a los mandatos gubernamentales es harto complejo y lo importante es no abusar del poder, de manera que se promueva el sano albedrío, de otra forma, el virus gubernamental ya queda inoculado. Y más preocupante cuando salen estudios que indican que el uso de máscaras es poco efectivo en la reducción de la transmisión del virus.

    Otros aspectos de los mandatos covidosos ha girado en torno a las costumbres de movilidad; lo cual ha tenido importantes efectos en el comercio. Ya el tiempo nos dirá si los inconstitucionales mandatos gubernamentales fueron efectivos o, por el contrario, perjudiciales en formas que aún ni imaginamos. Está el caso de una amistad que caminaba por el Causeway con una amiga, un día de poca concurrencia. Iban sin máscaras, lo cual en el Causeway debería ser obvio. Pero, al pasar cerca a un restaurante, el agente allí les gritaba que se pusieran las máscaras. ¡A eso hemos llegado! En un patio del vecindario veo un empleado cortando la grama con máscara puesta.

    A fin de cuentas, los efectos benéficos de la ordenanza del uso de máscaras habrían sido marginales; pero por otro lado los efectos negativos respecto a la auto determinación esencial en una sociedad, salió gravemente afectada. Luego, cuando uno arguye que en sitios como Suecia no fue obligatorio, salen los necios a decir que: “Alla la gente es más culta”. ¡Ajá! ¿Y cómo llegaron a serlo? Por los vientos que soplan por estos lares… ¡jamás!.

  • Voluntarismo rígido: Por qué las vacunas deben ser voluntarias

    Mi evolución de opinión de por qué las drogas deben ser legalizadas y las vacunas deben ser voluntarias.

    Hasta mis 18 años, estaba estrictamente en contra de las drogas. Probé la primera cerveza y hierba de verdad solo cuando llegué a la universidad. Consciente de todas las consecuencias negativas de las drogas, no entendía en absoluto por qué las personas consumen drogas.

    Consideraba que su criminalización era correcta, y pensaba que el estado se tomaba este problema en serio y estaba tratando de erradicar las drogas de nuestra sociedad.

    Al tiempo, comencé a reunirme con diferentes personas que tomaban diversas drogas. A menudo fueron artistas, intelectuales, empresarios exitosos, personalidades bastante sólidas quienes cambiaron el mundo de manera significativa.

    Me dí cuenta de que todas estas personas en mi país correrían el riesgo de ser criminalizadas. Si se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado con las sustancias equivocadas, pueden encontrarse fácilmente en la cárcel o tener serios problemas con la ley. Conocí a varias personas excelentes que recibieron una penalización del estado por posesión de drogas. Me pareció increíblemente injusto.

    Empecé a darme cuenta de que la solución a este problema podría ser la despenalización. Las personas no pueden ser procesadas por lo que hacen con sus cuerpos y lo que ponen en ellos.

    Comencé a interesarme por varias drogas, sus efectos nocivos y contraindicaciones, y a pensar en qué drogas son peligrosas y deben seguir prohibidas. Por el contrario, en aquellas que no son tan peligrosas y podrían despenalizarse.

    Mientras tanto, obtuve más información sobre la guerra larga y completamente infructuosa contra las drogas en prácticamente todos los estados. Lo cual no solo no se puede ganar, sino que constantemente trae más y nuevas víctimas inocentes.

    Vi un video de Milton Friedman que explica que hay una sociedad mejor en la que la gente sufre una sobredosis voluntariamente que una sociedad en la que una gran cantidad de personas inocentes muere involuntariamente como parte de la guerra por ‘daños colaterales’ contra las drogas y las bandas de narcotraficantes .

    Me di cuenta de que cualquier medicamento, sin que el estado pudiera hacer nada al respecto, podía pedirse en los criptomercados y pagarse mediante criptomonedas. Y como criptoanarquista, sé que técnicamente no es posible prohibirlo.

    Vi el video de Ron Paul, Por qué debería legalizarse la heroína, y me di cuenta de que, dentro del marco de la libertad, debemos respetar cualquier relación comercial bidireccional, incluida la relación entre un traficante de drogas y un consumidor.

    Además de los consumidores, también conocí a algunos traficantes de drogas y me di cuenta de que no son personas menos honestas que los vendedores ordinarios de alcohol o tabaco. Al igual que los vendedores de alcohol o tabaco, solo satisfacen los deseos humanos y sus clientes pagan sus servicios en formas voluntarias acordadas entre sí (lo que no se puede decir, por ejemplo, sobre los servicios que nos brindan los políticos).

    Con la diferencia de que enfrentan hasta varios años de prisión por brindar estos servicios «voluntarios».

    La última fase de mi desarrollo en la percepción de las drogas fue la fase en la que arribé alrededor de mis 30 años, precedida por una fase de aproximadamente dos años de minarquismo y una intensa reflexión sobre cómo podría ser una sociedad justa y libre que respete la libertad de las personas y las opciones voluntarias.

    De repente dejé de pensar en qué medicamentos son muy dañinos, cuáles son menos dañinos, cuáles necesitan ser despenalizados y cuáles solo se pueden autorizar con receta médica. Estas consideraciones empezaron a parecerme completamente absurdas.

    Me di cuenta de que nadie en el mundo tiene derecho a intervenir por la fuerza en los cuerpos de los adultos y decidir qué se pueden poner los adultos en él o no. Si el estado no criminaliza a las personas que se perforan los ojos, ¿por qué debería criminalizar a las personas que se ponen heroína en las venas?

    A pesar de que existe una fuerte adicción a la heroína, aplicar la violencia y criminalizar a las personas que la toman, es como patear a tu propio hijo, que se ha perdido durante unos días y se ha encontrado de nuevo debido a su estupidez.

    Criminalizar a las personas que voluntariamente satisfacen los deseos de otras personas (sexo, drogas, …) y que se amenazan principalmente a sí mismas, es solo una demostración pública y dolorosa de su incompetencia y locura.

    No entiendo por qué el votante promedio, que ha estado inmerso en el alcohol toda su vida, debería de alguna manera decidir sobre la criminalización de personas a menudo mucho más inteligentes (consumidores y distribuidores) que tienen  relaciones comerciales voluntarias.

    Me dijeron que mi visión liberal de las drogas cambiaría drásticamente cuando tuviera hijos.

    Ya tengo dos y nada ha cambiado.

    Así como les explicaré que no tomen alcohol, también les explicaré que no tomen otras drogas. O si alguna vez se encuentran en tal situación, permítales usar su razón y actuar de la manera más responsable posible. Tienen un solo cuerpo y una vida larga con un cuerpo sano es mejor que una corta con uno enfermo.

    Todos mis argumentos hasta ahora sobre por qué las drogas deben ser despenalizadas y legalizadas se han reducido a dos:

    Por qué es necesario despenalizar las drogas:

    Todos tienen pleno derecho a su propio cuerpo y, por lo tanto, tienen la máxima libertad para disponer en él.

    Por qué es necesario legalizar las drogas:

    Se deben respetar todas las relaciones mutuamente voluntarias (comerciales y de otro tipo), siempre que no se violen los derechos de los demás. La guerra estatal contra las drogas nunca ha funcionado históricamente.

    Me he dado cuenta de que el argumento estatista «las drogas no se pueden legalizar, porque quién se hará cargo de todos esos drogadictos y sus sobredosis», y a su vez «el Estado y nuestro servicio sanitario pagarán por ello», es erróneo, porque el error está en el sistema de salud colectivista y en los seguros que no tienen en cuenta si alguien es adicto a los medicamentos o no, y el costo de tratarlos externaliza involuntariamente a todos los demás asegurados o contribuyentes.

    Alguien puede argumentar que las drogas rompen familias y, por lo tanto, debe haber cierta responsabilidad social. Bien, las familias también son aplastadas masivamente por el alcohol, los juegos de azar, la intolerancia religiosa y, lo que es más importante, por el hecho de que las parejas ya no pueden ser satisfechas sexualmente o de otra manera. La cuestión  es de hasta qué punto el Estado debería ser responsable por esto y prohibirnos a todos nosotros hacer todas estas cosas por dinero.

    En el sitio web de Čierna Labuť se publicó una entrevista con Riš Ďuran sobre la vacunación , que cree que la vacunación debería ser un asunto o acuerdo de relaciones voluntarias (en la mitad de los países de la UE, la vacunación no es y nunca ha sido obligatoria y no tienen ningún problema con ella).

    En una página de Facebook  hubo una reacción muy negativa a su artículo. No soy médico, químico ni biólogo. No puedo juzgar en qué casos Rišo se equivocó y en cuáles no. Pero como voluntarista, ni siquiera necesito saberlo.

    Sé que obligar a un adulto bajo amenaza de violencia a hacer algo, es inmoral. Incluso en una situación en la que podría poner en grave peligro su propia vida.

    «¡Pero esto no es una amenaza para la vida adulta! ¡Pero puede poner en peligro la vida de niños inocentes que solo pagarán por la estupidez de sus padres! ¡Hace apenas un mes, un niño de 1,5 años murió de polio en Alemania solo porque no estaba vacunado!» son los variados argumentos.

    Desafortunadamente (y afortunadamente al mismo tiempo) la salud del niño está completamente en manos de los padres. Los padres deciden no solo su vacunación, sino qué tan saludable comerá, cuánto se moverá, qué educación recibirá, lo que puede afectar drásticamente su vida posterior, etc.

    La salud y la vida de un niño posiblemente dependen mucho más de una dieta adecuada que de si está o no vacunado. ¿Obligaremos a los padres a darles a sus hijos únicamente «alimentos saludables» certificados por el estado? ¿Es la «comida sana» realmente saludable para todos los niños? (Esto también es ambiguo respecto a la vacunación).

    Una gran cantidad de niños son víctimas de sus padres, que beben o son violentos, lo que hace sufrir mucho a sus hijos inocentes. ¿Lanzaremos un programa estatal para insultar y espiar a tales padres con el fin de criminalizarlos en la próxima interacción negativa con sus hijos?. ¿Por qué no?.

    ¿Hasta qué punto sigue siendo admisible la intervención estatal en cualquier toma de decisiones por parte de los padres y hasta qué punto ya no lo es?

    «Sin embargo, el hecho de que el estado no pueda obligar a los padres a comer adecuadamente a sus hijos no significa que no deba obligarlos a la vacunación obligatoria. (porque técnicamente es mucho más fácil). ¡Pensamos en nuestros hijos y sabemos cómo protegerlos mejor!», otro común argumento en defensa de la coerción estatal.

    Aquí es necesario enfatizar el efecto puramente psicológico de la vacunación obligatoria (y la coerción estatal), que a menudo se olvida.

    En mi opinión, la propagación de cualquier conspiración contra la vacunación se ve claramente favorecida por el hecho de que es obligatoria e involuntaria, lo que muchas personas perciben en sí mismas como una conspiración estatal. Y sobre esa base, en principio, no permitirán que sus hijos sean vacunados.

    Creo que muchas más madres en el Blue Horse aprobarían las vacunas para sus hijos si fueran voluntarias y se comercializaran como algo que su hijo realmente necesita y que protegerá a su hijo. Si algo ya es obligatorio, entonces ya no necesita ningún marketing positivo. Y crea automáticamente solo espacio innecesario para conspiraciones. En la mitad de los países de la UE donde la vacunación o las jornadas de vacunación son voluntarias, el número de personas vacunadas es igual o mayor que en los países donde es obligatoria. Porque el marketing positivo se utiliza para las vacunas y la gente lo ve como lo correcto para sus hijos. Y los demás tienen una opción para decidir.

    Como voluntarista rígido, creo que la vacunación o las vacunas deberían ser voluntarias. Como todo en nuestras vidas.

    En este caso, estoy de acuerdo con Riš. Soy muy consciente de que una persona que no cambia de opinión se estanca de la misma manera.

    Por lo tanto, me pregunto si alguna vez dejaré de ser un voluntarista rígido y comenzaré a aprobar el uso de la violencia estatal en «ciertas» circunstancias.

    Nota: este paper fue originalmente escrito en Agosto de 2016.

  • ¿Qué subsidian los subsidios?

    Los subsidios derrochan dineros ciudadanos que en gran medida se obtienen a través de costosos préstamos. Y, como ocurre tantas veces, ya nadie se acuerda de cómo fue el parto del niño “Subsidio”. Fue una movida politiquera para ganar votos y respaldo. Y es que, cuando no se puede lograr respaldo prometiendo lo correcto, eso que conviene a todos, hay que usar carnada con un buen anzuelo dentro.

    Cuenta Robert Blumen, ingeniero de software y editor de podcasts, que el relajo comenzó en Inglaterra, por allá en 1937, cuando el genio de la pérfida economía, Lord Keynes, durante una crisis económica vendió el concepto de los “estímulos”, alegando que estimulaban la economía. Y la población se tragó la carnada y el anzuelo. Y, a todo ello, los políticos fascinados con el genio economista, lo elevaron a rango de San Keynes.

    Hoy día, la evidencia contraria a los estímulos es más que evidente en los EE.UU., que, en medio de la crisis económica provocada por demenciales y virulentos encierros, se reparten estímulos que estimulan quedarse en casa; ya que así ganan mucho más que si salen a trabajar. Y ¡por supuesto!, que los sindicatos, amiguitos del relajo politiquero, se unen con estos para seguir el festín de engaño.

    Lo triste de todo lo señalado es que el sistema centralizado educativo, ese que NODUCA, no enseña economía; ya que un pueblo educado en economía se daría cuenta de que los politicastros los están usando y abusando. Peor aún es que, hasta la Iglesia Católica, años atrás, abandonó el tema económico aduciendo que era asunto del Rey y no de Dios. ¡Grave error! La economía es acción humana y la acción humana ¡vaya si es asunto de Dios! Eso lo señalaron los eruditos escolásticos en su corriente teológica y filosófica medieval para enseñar la revelación religiosa del cristianismo. Hablamos de personajes desde Santo Tomás de Aquino y tantos otros jesuitas y franciscanos: Francisco Vitoria, filósofo, teólogo y jurista español, fundador de la tradicional filosofía conocida como La Escuela de Salamanca.

    Luego, en 1803 nos encontramos con Jean-Baptiste Say, economista clásico que nos advierte que la creación de un producto crea la demanda de otros productos, en virtud de una creación de valor que da lugar a intercambios con otros productos; llamémosle “comercio”. Y la pregunta que se desprende como papaya madura es: ¿Acaso los subsidios estimulan la producción y el comercio? ¡No! Lo que sí hacen es estimular la dependencia y el servilismo. De hecho, no son auténticos “subsidios”, ya que un subsidio no crea dependencia, sino que ayuda a ser productivo.

    Y entre las perversiones de supuestos estímulos, vemos los controles de precio, entre los cuales está el salario mínimo; que son vagabunderías de sindicatos aliados a los zorros del gallinero.

    Un buen ejemplo de como la libertad de comercio mejora calidad y disminuye precios se da en el caso de la ivermectina, medicamento tan viejo que perdió su patente. Hoy, este efectivo medicamento lo fabrican muchas casas farmacéuticas y su precio es bajo. Indudablemente por ello fue rechazado por gobiernos títeres de casas farmacéuticas que ofrecen costosos medicamentos protegidos bajo patente.

    Un buen comentario que me encontré al preparar este escrito fue: “Los estímulos no estimulan dado que el verdadero factor que impulsa la producción es mucho más que financiero; ya que involucra el deseo de trabajar y una disposición de enfrentar incertidumbres». ¿Será eso algo que enseñan en las escuelas del NODUCA?.