Categoría: Opinión

  • Sobre mi amigo Antonio Escohotado

    El filósofo español Antonio Escohotado murió el pasado 21 de noviembre. El mundo del pensamiento está de luto por la partida de este titán de la cultura universal.

    Lo conocí en Lima en marzo de 2015 en una comida que ofreció Mario Vargas Llosa a un grupo de amigos a raíz de nuestras respectivas ponencias en el congreso de la Mont Pelerin Society. Luego de ese encuentro nos hemos escrito regularmente con Antonio, con quien hemos mantenido un par de intercambios mano a mano vía Zoom que se encuentran en Youtube.

    Como es del dominio público, Antonio Escohotado murió el 21 de noviembre por lo que me comuniqué tanto con su hijo Jorge como con Diego San José Jiménez, que fue el que organizó el primer Zoom referido desde Madrid. El mundo del pensamiento está de luto por la muerte de este titán de la cultura universal. Comenzó su ciclópea producción intelectual con una tesis doctoral sobre Hegel la cual se fue nutriendo con un número impresionante de contribuciones tanto en libros como ensayos académicos y artículos periodísticos. Con el tiempo fue mutando de su marxismo inicial al liberalismo, desde la abolición de la propiedad a la importancia decisiva de esa institución, desde la tragedia de los comunes al uso y disposición de lo propio como eje central de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

    De todas sus múltiples obras en esta nota periodística me voy a referir muy sumariamente a sus colosales tres tomos titulados «Los enemigos del comercio». Una historia moral de la propiedad que me trajo de regalo mi hijo Bertie desde España hace tiempo. Tal como «La acción Humana», Tratado de economía de Ludwig von Mises es hasta el momento el trabajo cumbre en esa ciencia tan poco explorada, tan difamada y poco comprendida, del mismo modo la triada de Escohotado constituye un aporte monumental a la historia desde la perspectiva filosófica, aunque este autor es más conocido por su publicación sobre las drogas alucinógenas para usos no medicinales, solo comparable a las publicaciones de su amigo Thomas Szasz en la misma materia.

    Soy consciente que es absolutamente imposible hacer justicia en una nota periodística a una obra de esta envergadura que abarca 2049 páginas, pero solo esbozamos algunos pocos puntos en la esperanza que los lectores se interesen en la indagación del trabajo completo.

    En el primer tomo destaco que nuestro autor confiesa que comenzó a revertir su posición socialista con la lectura de Carl Menger «Principios de Economía», muy especialmente referido a la teoría subjetiva del valor. Se detiene a considerar la influencia disolvente de Platón y su propuesta comunista en «La República» e incluso pensadores de la talla de Aristóteles que refutó ese comunismo pero justificó la esclavitud. Antes que eso, el Nuevo Testamento contiene dos versiones encontradas sobre el rol de la propiedad, la de Santiago en Mayor y Pablo de Tarso. Podemos ahora lamentablemente decir que la primera versión que había sido fuertemente criticada y en buena medida abandonada debido a la primacía de la segunda, volvió a surgir con fuerza con la denominada Teología de la Liberación y ahora con el actual Papa Francisco a quien cuando le preguntaron si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016) y su mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros, de ahí sus Encíclicas, Cartas Pastorales, sus actitudes tan pastosas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus alabanzas a tercermundistas y repetidas declaraciones donde pondera el pobrismo al tiempo que critica al proceso de mercado y al capitalismo en línea con lo inaugurado por el antisemita San Juan Crisóstomo en cuanto a que dar a los pobres no sería más que entregar lo que a ellos les pertenece.

    Pasa revista en detalle a las utopías tan destructivas de Tomás Moro y Campanella y sus parientes y derivados, así como también a las influencias de Marx y Engels. También estudia las formidables contribuciones a la libertad de los Fueros españoles, el habeas corpus y la Carta Magna en Inglaterra junto a la Revolución Gloriosa de Guillermo de Orange y María Estuardo, la Revolución Francesa con su defensa del derecho de propiedad y la igualdad ante la ley, antes de la contrarrevolución de los jacobinos y el reino de la guillotina. En este último sentido es de interés reproducir lo que cita el autor de Robespierre en cuanto a que “todo lo indispensable para la preservación es propiedad común” y condena “el bandidaje y fratricidio disfrazados bajo el sofístico nombre de libertad comercial”.

    En el segundo tomo sobresalen los temas de la contribución pionera de William Godwin del absurdo y contraproducente anarquismo dado que resulta imposible la convivencia a través de la abolición de toda norma y tribunales tal como propone este pensador. Luego la extraordinaria experiencia estadounidense que pudo prosperar merced al abandono inicial del comunismo en la colonia de Massachusetts, resurgimiento explicado por el gobernador Bradford en sus memorias una vez dejada de lado la idea de mantener los bienes en común que estaba conduciendo a la población a la miseria y a las hambrunas de los primeros tiempos y el posterior florecimiento merced a la extendida libertad y respeto a los derechos de todos luego aconsejados y reiterados por los Padres Fundadores.

    También elabora sobre la fracasada utopía en La Nueva Armonía de Robert Owen bajo la idea de “liberar a la humanidad de sus tres males más monstruosos: la propiedad privada, la religión irracional y el matrimonio”, un experimento que hubo que abandonar a poco andar por ruinoso y que provocó en los incautos “corazones decepcionados” en un clima de conflictos inevitables de unos contra otros en un proyecto que pretendía la armonía, en lugar de eso “topamos con antagonismos”. En este volumen se analizan principalmente las obras de Jeremy Bentham, Edmund Burke y James Mill y la contracara de Rousseau, Johann Fichte, Thomas Carlyle y Charles Fourier para luego abordar la influencia y difusión de los ensayos de Saint-Simon y Comte.

    Cierra este voluminoso aporte con la Revolución Rusa y la irrupción de la Sociedad Fabiana en un capítulo sugestivamente titulado “El colapso del liberalismo inglés”. Nos dice Escohotado que “la asociación adopta como símbolo la tortuga, acorazada y lenta y como nombre el del cónsul romano Fabio Máximo” con su estrategia gradualista y de penetración contra Ánibal. Fue “una forma ampliada del socialismo estatal instaurado por Bismark”. Adhirieron autores como Bertrand Russell a quien Escohotado cita afirmando que “el comunismo soviético es necesario para el mundo y el bolchevismo merece la gratitud y la admiración de todos los progresistas.” Sidney Webb escribió para el lanzamiento de la Sociedad un artículo titulado “El socialista cristiano” donde propugnaba el socialismo “sin lucha de clases y sin Marx, básicamente por medios fiscales”. El propio Chamberlain reseñó la Fabbian News como “una obra maestra” y señalaba los aciertos de la plusvalía marxista.

    El matrimonio Webb -Sidney y Beatrice- visitaron la Unión Soviética en 1932 luego de lo cual declararon a la prensa que “aplaudían el excelente rendimiento del sector educativo y sanitario” y más adelante, en 1935 en plenas purgas publicaron alabanzas aun más generalizadas del régimen stalinista en dos tomos titulados «El comunismo soviético ¿Una nueva civilización?». También George Bernard Shaw visitó Rusia en 1931 y en lugar de declarar sobre los campos de concentración y la miseria espantosa del momento afirmó al Manchester Guardian que “no había visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos”. Como también apunta Escohotado, Henry George toma en Estados Unidos los principios de la Sociedad Fabiana para cargar las tintas contra la propiedad de la tierra ya que esa entidad en sus bases en 1887 subraya que “la Sociedad trabaja para extinguir la propiedad privada de la tierra” con vistas a “emancipar sus frutos de la apropiación individual.”

    En el tercer tomo sobresale una sección titulada “De cómo el mundo imitó a la URSS”. Uno de los capítulos se encabezan con un epígrafe que reproduce un dicho de Babeuf que refleja bien toda la concepción socialista: “La sociedad debe erradicar para siempre el deseo individual de ser más rico, sabio o poderoso” y en otro pasaje Escohotado describe el “totalitarismo latino” en el que aparece como figura descollante Mussolini quien declara que “nada humano o espiritual existe ni tiene valor alguno fuera del Estado […] La fachada democrática, hermosa en teoría, constituye una falacia en la práctica y estamos aquí para celebrar el entierro del cuerpo putrefacto de sus libertades.” En este contexto consigna el autor que caracteriza al estatismo latinoamericano, las nacionalizaciones, la cogestión obrera de la industria, los impuestos progresivos, el control de precios, el redistribucionismo y la cerrazón al comercio exterior.

    En realidad el sistema fascista no solo permite una penetración mayor del espíritu totalitario sin tantas resistencias como las que presenta habitualmente el comunismo, sino que permite responsabilizar al sector privado por los resultados nefastos de su política ya que se mantiene la fachada de la propiedad. Finalmente nuestro autor hace un llamado urgente a “reconstituir la saga anticomercial” para bien de todos pero muy especialmente para la suerte de los más vulnerables que solo pueden prosperar en la medida que se incrementen las tasas de capitalización fruto de la libertad de mercados y la consiguiente asignación de derechos de propiedad a los efectos de maximizar la energía creadora. Excelente como completa el título de la referida terna pues el trabajo trata nada más y nada menos que un asunto eminentemente moral y no solo jurídico y económico.

    Jorge conserva los archivos de su padre y no se si toda su correspondencia se publicará donde también se consigna que tuvimos el proyecto de escribir un libro en coautoría en forma de diálogo que habíamos titulado «El veneno totalitario» y del que apenas comenzamos con los primeros tramos. Consignar que no todo eran coincidencias en nuestros respectivas conclusiones, escritos e interpretaciones es una verdad de Perogrullo, nunca es así ni siquiera con nosotros mismos cuando miramos para atrás y constatamos que podríamos haber mejorado la marca. En cualquier caso, como colofón a este apunte en esta ocasión con orgullo reproduzco en su integridad uno de los tantos correos electrónicos que me escribió Antonio Escohotado, esta vez el 10 de junio de 2019. De más está decir que no me tomo en serio sus halagos extremos, es para dejar constancia de su ilimitada generosidad. Lo que sí me tomo en serio es su inmenso afecto que era recíproco y que fuimos cultivando desde que nos conocimos en Lima. En la última línea de la misiva de marras el interrogante se refiere a la Universidad Francisco Marroquín de la que fui su primer profesor visitante durante tres años para que nuestros hijos con María evitaran el constante tiroteo de los setenta en tierra argentina:

    “Querido Alberto, acabo de sacarle unos minutos a la odiosa agenda que me persigue últimamente para disfrutar con cosas tuyas en YouTube, porque menuda planta y elocuencia tienes, y me encanta ver cómo improvisas -lo mismo en televisión que en aulas docentes o recibiendo el Juan de Mariana- sobre la base de una formación apoyada en fuentes de primera mano.

    Ya te dije que sencillamente no he conocido a nadie vivo con quien pueda discurrir en términos de igualdad, si me perdonas la arrogancia del propio comparar; y como a despecho de tal o cual achaque sigo apasionado por leer y escribir -quizá más que nunca-, me haces compañía e instruyes aunque solo sea por el prodigioso regalo de la Red.

    Quizá ella nos ayude a librar el combate sempiterno de la libertad y el conocimiento con los amantes de su inverso, y te confieso que si echo de menos trabar contacto físico es entre otras cosas por tentar nuestros respectivos daimones (según Hesiodo apoyados sobre “huellas de héroes pretéritos”), y algo en principio tan delirante como el brebaje eleusino, que era sin duda amida del ácido lisérgico, y algún colega químico tan redomadamente distinto como el látex de algunas adormideras.

    Siempre comprometida con las fuentes primarias, tu obra solo parece pasarlas por alto en ese campo, donde demuestras el absurdo de la prohibición sin tomar en cuenta el programa socrático de la sobria ebrietas, que preservó a la Antigüedad de memeces y crueldades sin incurrir en el siempre hipócrita ideal del abstemio.

    Mi tasa de trabajo y alegría desde mediados de los años 60 es inseparable de la pesquisa y el disfrute en ese orden de cosas, al margen del menú impuesto leyes y costumbres (porque “de la piel para dentro mando yo”), y me parece que dejar el reino de los vivos sin alguna experiencia digamos visionaria y eufórica en sentido literal no es solo ignorar la curiosidad sino desprotejerse, cuando empieza a soplar Boreas.

    Naturalmente, toma lo previo como una insensatez, pues bien podría serlo, y quédate con el testimonio de mi cercanía espiritual. Veremos si hay algo donde no coincidamos, porque por ahora no lo encuentro, y ojalá alguna institución mejicana -lo digo por equidistar de aquí Baires, ahorrando la paliza extra de aeropuertos y aviones- se le ocurra reunirnos para un curso o cosa pareja. ¿Existirá el señor Marroquín? Un abrazo”.

  • Nuestro corrupto gobernar

    Alguno dijo por allí: “El problema no está en los gobernantes sino en quienes los eligen para gobernar”. Sí, y el problema tiene profundas y larguísimas raíces, ancladas en un pasado en el cual la hoy Panamá y entonces Castilla de Oro, no era más que la finca del rey de España, quien no mandó a Cristóbal Colón a asentar nuevas tierras de libertad sino a buscar tesoros para saciar las ingentes necesidades de Su Majestad.

    De hecho, en las carabelas de Colón sólo viajaron hombres; es decir, no venían a quedarse. Muy diferente fue con los colonos ingleses que llegaron a los hoy EE.UU. con sus familias, escapando la tiranía de su rey. Allá se desarrolló una sociedad que dio luz a una constitución única en la historia humana; una constitución que consagró el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y cuando hablo de “propiedad” no me refiero sólo a bienes materiales, sino a la propiedad de nuestro cuerpo y de sus facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación no violenta.

    A diferencia de los EE.UU., en la finca del rey, conocida como Castilla de Oro, los súbditos no tenían libertad para comerciar sino con anuencia y licencia del rey; dado que no era lícito comerciar dentro de la finca del soberano a menos que éste, a través de sus Pedrarias, diesen las licencias que hoy llamamos “cupo” y tal. El comercio entre quienes no tenían licencia, era una actividad “informal”, tolerada por las “autoridades” a cargo de gobernar. Poco ha cambiado desde entonces; con ya cerca del 60% de la actividad económica en Panamá informal y el resto más o menos en la formal. Pero, adonde voy es al análisis del grado de desorden que vemos en nuestro medio.

    Hoy, sentado cerca de la puerta cochera de consultorios médicos esperando que mi hija me pasara a recoger, le comenté al seguridad el escándalo de cláxones en la calle; y como para hacer énfasis, llegó un sujeto y se estacionó en la puerta cochera y comenzó a sonar su claxon, fututo, pito, bocina. ¿Qué clase de ser humano se comporta así? Y no era el primero que hacía lo mismo. El conserje salió a indicarle que la puerta cochera era para recoger y no estacionarse y que por favor no pitara ya que, entre otras, estaba en área hospitalaria. Ello dio lugar a insultos, gritos y tal; mientras afuera las bocinas sobaban el desespero de desconsiderados conductores.

    De regreso a casa, mi hija conduciendo, le fui mostrando y comentando las razones del desorden. En síntesis, un desorden orquestado por la corruptela e incompetencia de las “autoridades del tránsito” encargadas de gobernar. Duele llamarles “autoridad”. Y, por casualidad, en esos momentos le respondía un chat a quien en un tiempo estuvo a cargo en la Dirección el Tránsito, y fue despedida porque intentó mejorar las cosas.

    Comentaba la exdirectora de los desórdenes viales en Panamá Norte y el caso de la estación del Metro en San Isidro, la cual ya lleva unos 3 años terminada su modificación y no la ponen a funcionar: «Nadie sabe la razón ni las autoridades las dan». Mi contestación fue simple: “El propósito de esas mejoras era resolver el tránsito $ y no el vial.

    En fin, cualquier persona algo versada en el manejo del tránsito vial puede conocer y mejorar notablemente el asunto; pero, no interesa, ya que la política y los políticos no están para eso, sino recoger el oro y regresar a España.

  • Mirar con atención: ¿optimismo o pesimismo?

    Este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento.

    Seguramente los de nuestra generación no somos originales si decimos que el mundo está complicado. Antes que nosotros hubieron otros problemas, algunos de los cuales más graves que los actuales lo cual no nos consuela pues debemos resolver lo que nos toca.

    Observamos con alarma lo que viene ocurriendo en el otrora baluarte del mundo libre: Estados Unidos. De un tiempo a esta parte es grande la decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. En lo personal escribí un libro sobre el tema titulado Estados Unidos contra Estados Unidos donde abarcó muy diversas facetas culturales, institucionales, económicas y de relaciones exteriores que muestran un marcado declive. Es cierto que hay entidades extraordinarias que trabajan denodadamente para revertir el problema, pero por el momento no resulta suficiente. La anterior administración elevó el gasto público, el déficit y la deuda a niveles muy preocupantes pero luego objetó el recuento electoral por resultar perdidoso a pesar de que los cincuenta estados ratificaron su derrota en las urnas y también lo hicieron sesenta y un jueces federales y locales junto al propio vicepresidente de esa misma gestión. Luego asumió otro gobierno de otro partido que se ha propuesto empeorar aquellos tres indicadores clave.

    Por su parte, en nuestra región el estatismo ha llegado a límites insoportables en la isla-cárcel cubana y le siguen los imitadores venezolanos, los nicaragüenses y ahora los peruanos. Los argentinos abrimos esperanzas a raíz de dos derrotas electorales consecutivas del chavismo autóctono, aunque los problemas que se avecinan no son menores. En el continente europeo y en Inglaterra resurge el nacionalismo xenófobo con algunas pocas reacciones saludables en tierras españolas. Tenemos un Papa peronista y arrebatos autoritarios aquí y allá en zonas orientales junto a un megalómano de proporciones inauditas en Corea del Norte y otros de similares características en Rusia y China.

    Pero al mismo tiempo consignamos reacciones bien inspiradas debido a personas e instituciones que se preocupan y ocupan de contrarrestar los atropellos del Leviatán. Todo esto es para ser optimista, sin embargo, los otros datos comentados mueven el fiel de la balanza peligrosamente hacia territorios oscuros. Debemos meditar cuidadosamente esta encrucijada, una meditación que habitualmente no cuenta con muchos adeptos puesto que como escribió Antonio Machado “de cada diez cabezas nueve embisten y una piensa.”

    Frente a justificadas críticas por mucho de lo que ocurre en nuestro mundo, hay quienes reprochan a los críticos manteniendo que hay que ser optimista y ver el lado bueno de las cosas. Continúan diciendo que el color con que se mira la vida depende de cómo se percibe la realidad, lo cual ilustran con el vapuleado ejemplo del vaso con líquido hasta la mitad: unos lo verán medio vacío y otros medio lleno. Esto último dicen es lo que le da sal a la vida, lo contrario es puro derrotismo inconducente.

    Ahora bien, este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento. Como la perfección no está al alcance de los mortales, todo es susceptible de criticarse lo cual revela estados de inconformidad y pretensión de alcanzar metas más elevadas.

    Un paso más en esta indagación, actividad detectivesca o arqueología interior nos muestra que quien es pesimista respecto al presente es porque piensa que se pueden lograr objetivos mejores, situación que en verdad lo convierte en un optimista respecto del futuro. En cambio, el optimista respecto al presente de hecho estima que no pueden obtenerse marcas mejores, apreciación que lo convierte en un pesimista respecto del futuro. En otros términos, el conformista se oculta tras una pantalla de optimismo pero es pesimista por naturaleza, mientras que el crítico del presente tiene esperanzas en lograr un horizonte más promisorio.

    Y este no es un mero juego de palabras, encierra una profunda visión filosófica de la vida. Junto con muchos otros he insistido que quien se siente completo en su vida tiene una mirada liliputense de sí mismo. La verdadera visión optimista (que comparte la raíz de óptimo) apunta más allá de lo logrado, es crítico y autocrítico. Ve la vida como una aventura y un desafío para mejorar. No se estanca y se “sienta sobre sus (supuestos) laureles”. Esto transmite entusiasmo y alegría al contrario del optimista a ultranza que en realidad tiene una visión lúgubre de la vida por más que dibuje una perpetua sonrisa en su rostro y se ría como la hiena.

    El pesimista del presente pretende más de la vida, tiene expectativas más altas y por eso es un optimista del futuro. En cambio, el optimista de cuanto ocurre en el presente al renunciar al espíritu crítico está renunciando a la condición humana. Solo es posible progresar si se está disconforme con el presente. En otra oportunidad, en este contexto, lo he citado a Miguel de Unamuno quien escribe que permanentemente lo llaman “pesimista, cosa que, por otra parte, no me tiene en gran cuidado. Sé todo lo que en el mundo del espíritu se ha hecho por eso que los simples y los sencillos llaman pesimismo”.

    Los que no son capaces de ver un futuro mejor y se acomodan a lo que ocurre con optimismo se quedaron sin proyectos, están anquilosados y padecen un espíritu anciano, aquél estado que André Maurois definía como “la sensación que es demasiado tarde”.

    Este es el sentido por el que Octavio Paz insistía que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”. Este es el sentido por el que los autores de todas las grandes obras imprimen un sello crítico al statu quo, es porque llevan en el alma la ambición irrefrenable del mejoramiento y con sus contribuciones corren el eje del debate hacia posiciones más elevadas, como lo destacan con especial vehemencia Longfellow, Andre Gide, Jonathan Swift, Erik von Kuehnelt-Leddihin, Albert Camus y tantos otros escritores de gran calado.

    Esto ocurre en todas las manifestaciones del arte, recuerdo la formidable producción cinematográfica El niño con el traje a rayas, relato que me conmovió profundamente. Ese pequeño -hijo de uno de los criminales nazis del ejército de Hitler- ofrece un magnífico ejemplo de cordura al acercarse por el lado de afuera del alambrado a otro compinche de su edad que estaba encerrado en uno de los campos de concentración y clandestinamente al trasponer los feroces alambres para encontrarse con su amiguito con el que muere en una de las tantas cámaras de gas (resulta impresionante la toma de un primer plano de las manos entrelazadas de los dos chiquitos en camino a la muerte). En aquellos momentos trágicos para la humanidad, el revivir escenas escabrosas como las mencionadas, con todo el dolor y el espanto del caso, nos trasmiten una visión optimista en el sentido de que condenas sin reservas de esas montruosidades vividas constituyen un signo alentador y hacen que las víctimas no hayan sido exterminadas inútilmente, precisamente debido a la profunda crítica que el rodaje genera en toda mente con un mínimo de razonabilidad. Y el régimen nazi terminó merced al pesimismo que mostraron opositores respecto al horrible presente de aquellos momentos.

    Es que no vamos a ninguna parte con los tilingos que todo les parece bien y son siempre optimistas de lo que ocurre, y si vamos a alguna parte es al cadalso. Son los que dicen que “no hay que juzgar” sin percibir que eso es también un juicio como lo es todo lo que hacemos o decimos cotidianamente. Los que ejercen el espíritu crítico y luchan diariamente por mayores dosis de libertad y respeto recíproco en última instancia son por naturaleza, como queda dicho, optimistas respecto a las potencialidades del hombre. En cambio, los optimistas de cuanto tiene lugar, operan con una muy escasa y estrecha expectativa de lo que puede y debe hacer el hombre, cuentan con un plafón que no supera la altura de sus cuerpos, son incapaces de mirar al cielo, deambulan por los zócalos de la vida, si fuera por ellos aún rugiríamos en las cavernas.

    Nada peor que aquellos irresponsables que recostados en sus poltronas repiten que no hay que preocuparse puesto que “ya vendrá la parte buena del ciclo de la historia” sin percatarse que nunca llegará esa faz si no hacemos algo por explicar y difundir los valores del respeto recíproco. Las cosas no suceden automáticamente en las relaciones sociales, no hay tal cosa como el determinismo histórico, como bien apunta Paul Johnson: “Una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que resulta desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre hay una edad oscura acechando a la vuelta de cada esquina”.

  • Campeón olímpico austríaco siente verguenza de su país y renuncia a su cargo en el gobierno

    Renuncia y carta abierta del Campeón Olímpico austríaco Felix Gottwald: «Estoy profundamente avergonzado de nuestro país».

    La situación actual en Austria, que ha impuesto un confinamiento severo a los ciudadanos no vacunados, ha causado serios enfrentamientos, incluso dentro de la misma coalición gobernante, que apenas pudo imponer por poco una regla tan absurda como inhumana. Este divisionismo causado en la sociedad, no ha dejado indiferente al campeón olímpico y record austríaco, Felix Gottwald.

    El ministro de Deportes austríaco, Werner Kogler, se había referido a la protección de la salud de la población como un mandato de la política y destacó que “una gran parte de la población austriaca puede seguir practicando deporte en clubes deportivos”. Esto concierne, por ejemplo, a los niños y jóvenes hasta el final de la escolaridad obligatoria, así como a todos aquellos que han optado por una vacuna o que se han recuperado ”. Los no vacunados deberían y, por supuesto, también podrían hacer deporte, dijo el político Verde en un comunicado escrito, pero “Hasta nuevo aviso, sin embargo, lo harán dentro de sus propias cuatro paredes o en el espacio público, a una distancia de los demás, de modo que se minimice el riesgo de infección para usted y los demás”.

    El campeón olímpico austríaco de Combinado nórdico, meditó durante una semana y tomó una pública decisión increpando al vicecanciller y ministro de Deportes Werner Kogler con duras palabras y una conclusión: “La división no es una solución”. Al mismo tiempo, Gottwald dimitió de su cargo de Presidente del Comité Nacional de Deportes de Bundes-Sport GmbH.

    El texto reproducido es valiente, honesto y absolutamente conmovedor. No por nada las marchas en Austria son cada vez mayores y hay un llamado masivo para el 20 de noviembre a marchar contra lo que el ex ministro del interior austríaco hasta el 2019, Herbert Kickl, ha llamado un regreso al pasado más oscuro y un atropello a los derechos fundamentales.

    La carta abierta completa

    «Me gustaría informarle que renuncio como presidente de la comisión de deportes populares de Bundes-Sport GmbH con efecto inmediato y que ya no estoy más disponible.

    Cuando comencé, lo hice para hacer una contribución a una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Comencé a trabajar  para aumentar el número de años de vida saludable en nuestro país.

    Y vine aquí para crear conciencia entre la población, para afrontar mejor el mundo en el que vivimos a través del ejercicio y el deporte.

    Ahora, después de nueve meses oficiales en este puesto, puedo ver que pueden estar sucediendo muchas cosas en nuestro país, pero ciertamente no sobre la salud y el bienestar de los austriacos y las personas que viven en Austria, y eso en medio de la mayor crisis de salud.

    División, agitación, discriminación: estos son los imperativos gubernamentales del momento.

    Estoy profundamente avergonzado de nuestro país y, como austriaco, estoy enojado, triste y () desconcertado al mismo tiempo.

    He perdido toda fe en la política y, aún con la mejor de las intenciones, no puedo pensar en ningún argumento por el que debería creer una sílaba de ella. La naturaleza del discurso dentro de la política, la elección de las palabras, la incongruencia, el desprecio que me alcanza como ciudadano responsable y contribuyente me irritan profundamente y probablemente llevarían inmediatamente a la quiebra a cualquier empresa del sector privado.

    Como persona probadamente sana que utiliza medidas razonables y sensatas para contener la pandemia de manera muy responsable, ahora estoy, como millones de personas, excluido de la vida social y, por lo tanto, también de la vida llena de deporte. Como deportista, siempre he asumido y he tenido que asumir responsabilidades. Nada ha cambiado sobre eso y no cambiará nada, independientemente de la presión, las reglas y regulaciones. Estudié ciencias de la salud porque toda mi vida me ha preocupado cómo surge la salud, y no cómo surge la enfermedad. El deporte y el ejercicio son y seguirán siendo una parte esencial de la solución.

    Como Ministro de Deportes, usted en particular tendría el poder de poner en marcha medidas que promuevan y no impidan el ejercicio y el deporte (popular) en lo que probablemente sea la mayor crisis de salud de nuestro tiempo.

    ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

    Y: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar como gobierno?

    Como el atleta olímpico más exitoso de Austria, a menudo he perdido y otras veces he ganado. Como atleta, he aprendido a lidiar con la derrota y el fracaso, a aprender de ellos, a desarrollarme más y a tratarme a mí mismo y a los demás con respeto y dignidad. Actualmente echo de menos estas virtudes por parte de la política.

    Estaba convencido de que nuestro país había aprendido de la historia.

    Me sorprende descubrir que nosotros, como sociedad, nos hemos vuelto más presuntuosos, despiadados y más discriminatorios de lo que he visto antes.

    Quiero volver a vivir en un país del que podamos estar orgullosos, en un país donde nosotros, como sociedad, cultivemos una cultura de ser los unos para los otros. Deseo sinceramente que las decisiones y las acciones estén moldeadas por la comprensión, la compasión y la confianza.

    La esperanza de que nunca sea demasiado tarde para esto, independientemente de las circunstancias externas, y de que hoy sea siempre el mejor momento para comenzar de nuevo, permítanme dar las gracias para terminar. Gracias a todos los miembros y al equipo de Bundes-Sport GmbH por la forma en que me recibieron y por sus esfuerzos para ayudar a establecer una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Fallé, y está bien. Pero continuar como si no hubiera notado los desarrollos antideportivos y poco saludables que rodean esta pandemia, no es una opción para mí.

    También me gustaría agradecer a todas las personas que, a su manera y con sus posibilidades, hacen una contribución para que nos mantengamos unidos y nos entendamos y no nos dejen dividir más como sociedad por esta circunstancia de la política, y que por tanto dominemos la crisis juntos y con diferentes decisiones y convicciones personales.

    El ejercicio, el deporte y mucho aire fresco nos ayudarán y, por cierto, contrarrestarán una pandemia de nuestro tiempo: la obesidad y el sedentarismo.

    Personalmente, seguiré trabajando dentro de mis posibilidades por una verdadera cultura de movimiento en nuestro país, sabiendo que esa cultura debe construirse con persistencia y que debe ser independiente del activismo político.

    Lo saludo conmovido y preocupado,

    Felix Gottwald «

  • El cuco del cambio climático

    “Cuco” o, ser muy cuco se refiere al comportamiento audaz y astuto de quienes buscan obtener ventaja ladina a costillas del prójimo. También está el ave “cuco” que pone sus huevos en nido ajeno para que otras aves les críen a sus pichones; algo así como tantos hoy día que favorecen el confisca-parte y reparte o que alegremente mandan a sus hijos a las mazmorras de NODUCA para que, tal vez, los eduquen. Así, los politicastros de este mundo usan el cuco del cambio climático para adelantar políticas que no podrían adelantar si no es a través del engaño.

    ¡Por supuesto! que hay cambio climático, siempre lo hubo, ya que el cambio es la constante universal. El truco del cuco está en causar alarma y hasta miedo o pánico, para lograr respaldo a sus desvariadas políticas centralistas. Pero, si lo que quieren decir es que el cambio climático es androgénico; es decir, causado por la contaminación que producimos los humanos, pues digan eso y entonces podemos entrar a considerar y discutir el asunto por dónde corresponde.

    Se vuelve obvia la intención ladina, esa que busca crear terror para arrear al ganado a sus corrales, cuando quienes suponen ser “autoridades” hablan con lenguas bifurcadas. En el planeta siempre han existido toda clase de eventos catastróficos; tales como pandemias más letales que el COVID, eventos de verdadero terrorismo, las armas nucleares, guerras, armas biológicas, volcanes, impactos estelares, plagas agrícolas, etc.

    La película “The Sum of all Fears” con Ben Affleck y Morgan Freeman giró en torno al caso del robo de una bomba atómica que fue activada en una ciudad. La posibilidad eruptiva de un mega volcán, tal como el de Yellowstone, es posible; tal como ocurrió en 1790 con el volcán islándico que acabó con la mayor parte de la población de esa isla; y que luego causó tal oscuridad sobre Europa lo cual produjo graves daños a la agricultura. Una explosión de Yellowstone podría causar una hambruna mundial.

    Si embargo, poco nos hablan nuestras supuestas autoridades de peligros reales que se están potenciando a causa de sus atroces políticas y corrupción. El que Panamá tenga la deuda más alta de la región debía producir pánico; pero la ignorancia es éxtasis. Y ¡por supuesto! que casi toda la población ignora si esos gastos o, mal llamadas “inversiones”, fueron productivas. Ya pronto veremos los terribles efectos de los encierros covidosos impuesto a los panameños, supuestamente para paliar la plaga.

    Despertemos y no nos dejemos embobar por pérfidos politicastros que venden engaños. El político de hoy que nos habla de cambio climático es un cuco que, en vez de enfocarse y enfocarnos hacia los problemas de la deforestación, o la basura, que bien se podría resolver, está dando claras evidencias de ser cuco y no estadista.

  • La solidaridad desvirtuada

    El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

    El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

    El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

    En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

    La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

    Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

    La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

    A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

    Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.

  • Aceptar criptomonedas como ventaja de marketing

    A pesar de que la cantidad de lugares donde puedes pagar con criptomonedas  a nivel global es todavía relativamente pequeña (afortunadamente, aumenta constantemente), existen varias razones por las que tu empresa u organización debería comenzar a aceptar criptomonedas.

    Al aceptar tu negocio pagos con criptomonedas , dejarás en claro públicamente que:

    • Eres o quieres ser un líder tecnológico (por ej, en la República Checa, Bitcoin y Litecoin son aceptados por el mayor vendedor de hardware )
    • Realmente te preocupas por la libertad financiera, que es uno de los atributos clave de las criptomonedas
    • Apoyas alternativas financieras al dinero monopolizado por el estado, por ejemplo, porque crees que el dinero verdaderamente ‘saludable’ es aquel sobre el que nadie tiene control y está sujeto al libre mercado
    • Como emprendedores, te autodefines en contra de la inmoralidad del sistema estatal por razones éticas (las empresas inscritas en la iniciativa “No trabajamos para el estado” o “No trabajamos para el estado” ofrecen hasta un 25% de descuento para todas las empresas que han decidido realizar pagos en criptomonedas en lugar de dinero estatal)
    • Al usar criptomonedas verdaderamente anónimas (Monero, ZCash, Zcoin), señalas una variante electrónica funcional de dinero anónimo en el caso de una dictadura financiera estatal (regulación o prohibición completa del efectivo anónimo)
    • Es atractivo para una gran cantidad de nómadas digitales de todo el mundo que han utilizado criptomonedas durante mucho tiempo (su negocio estará visible en www.coinmap.org u OpenStreetMaps.org). Parallel Polis es un maravilloso ejemplo de dónde se concentran estas personas gracias a las criptomonedas.

    Por supuesto, no tienes que identificarte con todas las razones anteriores para comenzar a aceptar criptomonedas.

    Aceptar criptomoneda (especialmente Bitcoin) es ahora técnicamente un asunto trivial: hay una gran cantidad de billeteras móviles o de hardware y terminales POS para aceptar criptomonedas en tu empresa o restaurante, entre otros negocios.

    Y lo que es más importante sobre la aceptación de criptomoneda, mueves tu negocio a donde pertenece, al siglo XXI.

    Ahora en Panamá, en Boquete, el Hotel Central Boquete, tiene instalado un cajero nuestro ATM, de dos vías, donde podrán comenzar a experimentar los novatos en temas de criptomoneda, pero también será una herramienta de gran utilidad para los viajeros que acostumbran pagar en criptomonedas en otras partes del mundo.

    Este cajero ATM, el primero en la zona occidental del país, pone en el mapa global no sólo al hotel, sino a Boquete. Se refuerza así  su marca ligada al café, montañas y ahora criptomonedas, situando al turismo en otro paso más adelante de la economía de este siglo.

  • La intervención económica del gobierno

    El sentido del término “intervención” apunta al hecho de dirigir asuntos que corresponden a otra persona o entidad social. La intervención, como casi todo en la vida, tiene su momento y cantidad, pero hay que ser muy cauto con exagerar; comenzando con meterse en la vida de nuestra pareja, hijos, vecinos y más allá. El caso de los hijos es muy ilustrativo, ya que intervenir en sus vidas más allá de cierto punto puede destrozarlas. Una cosa es darles amor, darles las herramientas para navegar en la vida, y otra, muy diferente y perjudicial es, no dejarles que monten su bicicleta aduciendo que se pueden caer. En mi caso ¡vaya si me di tremendas matadas!

    En lo económico se da el mismo fenómeno, pero con alcances que afectan a toda la sociedad a punto de su destrucción. No hay sistemas más interventor y destructivo que el socio-comunismo en todas sus gamas. Unas destruyen más rápido y otras menos. La de Venezuela es ejemplo de rápido. Y es risible que los comunistas y sus afiliados alegan que el “capitalismo salvaje” es destructivo. Pocos se dan cuenta que lo que llaman “capitalismo” no es tal. Panamá tiene una constitución guacha, que en momentos es tan comunista como el más comunista. Lean el Título X. Lo peor es que muchos que lo leen no advierten las barbaridades que allí pretenden santificar los “honorables”.

    Lo que igualmente pocos advierten es que, en países como Panamá, la intervención no viene tanto por el lado de la ideología de izquierda sino de sistemas plagados de un intervencionismo sinvergüenza. ¿Qué más claro queremos que en nuestra Asamblea? Y lo peor es que se trata de zorros con vestimenta de corderos. Da pena escuchar a quienes nos representan hablando mal de los ricos, cuando más acaudalados que ellos no hay muchos.

    El otro caso que desconcierta es el de los EE.UU., en dónde se han pasado décadas amenazando con guerra a los comunistas y, ahora, supongo que tendrán que declararse la guerra a ellos mismos. Las herramientas que usan estos zorros del patio son las del regalierno de subsidios que no subsidian, de planillas en metástasis, y de la falsificación oficial de su propia moneda; y ni hablar del endeudamiento alocado. Quien lo dijo muy bien es Tho Bishop, editor asistente del Mises Wire: “El único freno al estado viene de parte del ánimo de un público que se lo aguante, y de otros gobiernos que buscan salir adelante en la competencia para atraer inversión financiar y capital humano.”

    Y, por los desórdenes de gobierno que vemos, todo apunta a que la pandemia le vino a pelo a los interventores. Con el cuento de la salud pública nos encerraron en el gallinero, nos enmascararon, dificultaron la respiración, y llegaron hasta el extremo de detener y multar sin sentido. En fin, han destruido la economía, a punto que están dejando tachuelas al miso Cuco.

    Y no dejemos atrás la tergiversación burda del cambio climático; la sobrepoblación, desinformación, y ¿para que seguir? En el fondo se trata de violar y hasta acabar con la propiedad, hasta de nuestras propias vidas; tal como en los EE.UU. que ya una autoridad educativa dijo que los padres de familia no deben meterse con la educación de sus hijos, pues ello corresponde al estado; es decir, a los zorros de gallinero.

  • La ciencia y los abusos que se cometen en su nombre

    Sería imposible recontar todos los abusos que se han cometido y siguen cometiendo en nombre de la ciencia. Hoy día, que los descubrimientos tecnológicos y científicos se disparan, el abuso y mal uso de lo “científico” igualmente se dispara, particularmente de parte de quienes no teniendo la razón y desesperadamente se valen del engaño para imponer sus proyectos y tal. Me refiero en particular a las tendencias totalitarias típicas del socio-comunismo. Y si algo lo saca a relucir esta realidad, son eslogans como “ya es ciencia establecida” y “debemos creer en la ciencia”; y el problemita con ello es que hay variedad de ciencias, entre ellas las ocultas.

    Decir que algo es contrario a la ciencia es contrario a la ciencia; dado que el método científico está basado en la constante revisión de sus procesos y hallazgos, los cuales nunca son finales. Por otro lado, la ciencia es eminentemente empírica; lo cual quiere decir que se basa sobre las observaciones o experiencias y no la teoría o imaginación; pero, jamás en la política.  El proceso científico es eminentemente histórico, es decir, que no se basa en lo que aún no se ha visto o no ha ocurrido. Decir entonces que un  nuevo tratamiento médico contra el cáncer o tal, que no ha superado los rigores de un auténtico proceso científico es “ciencia establecida” no es ciencia sino politiquería de la peor clase; lo cual, en mi caso toma un significado muy especial, ya que la quimio que se le dio a mi esposa para evitar la reincidencia de su cáncer mamario le afectó el corazón y ya no está con nosotros.

    El futuro es desconocido y siempre existirá la posibilidad de que lo que antes creímos ser cierto, en un futuro resultará falso o no tan cierto. En su momento, los fabricantes de cigarrillos dijeron que los mismos eran saludables. En fin, usar la ciencia para vender productos económicos o políticos es deleznable. La ciencia no es moralidad; y, dictar encierros y otras medidas contrarias a nuestro albedrío es lo inmoral. Luego, si los encierros producen pobreza y los tratamientos médicos muertes, seguro que los politicastros y sus Fauci no saldrán a asumir culpas.

    Los hallazgos científicos se valen de interpretaciones subjetivas. Yo, que he sido investigador de accidentes de aviación, sé por entrenamiento y experiencia que gran parte de lo que hacía se basaba en hipótesis, experiencia y mis interpretaciones. Por algo, la mayoría de los informes de accidentes hablan de “causa o causas probables”. Por otro lado, si casas la ciencia con la política, tienes una receta para desastres; particularmente tratándose.

    Peor, aún, es que los estatistas se hayan entronado en puestos de control y mando y no tienen escrúpulos en usar los instrumentos de la mentira para adelantar sus agendas políticas. Muchos de estos lo que pretenden es reemplazar a Dios con el estado y así controlar al rebaño para llevarlo al matadero. Todo ello se vuelve más que aparente cuando vemos personas manejando un auto sin pasajeros con los vidrios cerrados, mientras van enmascarados y con vísceras. Y, si estás cerca cuando abren la puerta, el auto huele a borracho. Ya los del tránsito no saben distinguir entre embebidos y alcoholizados. El terrorismo estatal ha sido muy exitoso.

    En fin, no hay peor gobierno que aquel que en nombre de la ciencia practica intervencionismo; o peor, terrorismo. Cuando un pueblo pierde su capacidad de criterio propio, está condenada. Y, si la ciencia propone que sus conclusiones no pueden ser cuestionadas, entonces deja de ser ciencia y se convierte en una profana religión.

  • Cómo es qué tantos se dejan arrear? Parte II. El Ciclo de la distorsión de la masa

    Una vez que logramos entender los fenómenos y mecanismos de la formación de mentalidad de masa, debemos proceder a examinar y entender no sólo como se originan sino cómo evolucionan cíclicamente. Y es que una vez que ya nos encontramos sumido en un fenómeno de mentalidad de masa, se van presentando fenómenos destructivos; tal como vemos, si es que vemos, los efectos que las medidas gubernamentales están y van produciendo en la economía y en la vida ciudadana. A fin de cuentas, la mayoría sólo logra ver y entender parte del cuadro total; entre otras razones, porque les han destruido su capacidad de pensamiento verás crítico. En tal estado mental la única “verdad” que cuenta es la que tienen fijada en su mente; lo cual entienden muy bien los centralistas, tal como los líderes “democrats” en los EE.UU., a quienes no les importa salir a decir mentiras y otras barbaridades ya que saben más que bien que le hablan a una masa que se comerá cualquier cosa.

    Lo anterior nos lleva a destacar otra realidad asociada al tema que abordo; en cuanto a que, en una dictadura clásica, tal como la militar que sufrimos en Panamá, la gente obedece por temor, pero en la mentalidad de masa no es así; es en esta condición mental hipnótica que da lugar al peor de los estados totalitarios, capaces de los peores crímenes. En una dictadura clásica si la población acepta los dictámenes de su Torrijos o Noriega, y se apaciguan, igual los dictadores se volverán más al estilo de Torrijos, quien recibió el apodo de “Papachú”; es decir, Papá Dios. Torrijos se esmeró por crear una imagen benévola y positiva. En contraposición el error fatal de Noriega fue hacer lo contrario, tal como ocurrió con la decapitación de Spadafora.

    En contraposición, en una dictadura totalitaria, cuando la población se amansa, entonces es cuando el dictador y sus huestes se vuelven demonios feroces; que fue el caso de los rusos en 1930 y los alemanes en 1935. Entonces es que se van prendiendo los hornos para cocinar a sus opositores o, ni siquiera, sino a quienes sirven de buenos objetos para polarizar las ansiedades y odios de la población. Y, entonces es que el monstruo comienza a devorar a sus propios hijos. En el caso de Rusia, la mayoría de los más de 50 millones exterminados no eran los ricos, que ya habían sido eliminados y se habían fugado, sino la gente del pueblo que no tenía como escapar de las fauces del demonio enloquecido.

    Los tres grupos en grupos de transformación masiva

    1. En el grupo uno estará el 70% de la población que no es hipnotizada. Lo mismo que en un estado totalitario los embobados no pasan del 30% de la población.
    2. Luego vemos un segundo grupo, alrededor del 40% que no se unen, pero no se oponen, de manera que dan lugar al fenómeno, el cual ahora llega a un 70% de la población.
    3. El tercer grupo de un 25% o 30%, que no queda hipnotizado, son los que se manifiestan e intentan actuar en contra del desquicio colectivo. Y, curiosamente, este grupo no pertenece a ninguna clase en particular, sino que es heterogénea; es decir que está conformada por diferentes clases políticas, sociales y étnicas, de manera que no es fácil definirlo.

    El asunto es que cuando este grupo encuentra o es llevado a reconocer el fenómeno y el peligro que acecha y logran identificarse entre ellos, se dificulta o imposibilita el fenómeno de formación masiva. ¡Este es el reto!, y la razón por la cual me he tomado el tiempo de leer, estudiar y escribir sobre todo esto, dada la urgente importancia de evitar un colapso total de la sociedad, tanto en Panamá como más allá. Algunos dirán que poco puede hacer una sola persona, pero, como bien se ha dicho, “el aleteo de una mariposa en un continente puede producir huracanes en otro.”

    ¿Cómo algunos rechazan la formación de masas?

    La respuesta no es tan simple o fácil de comprender; pero, tal vez podemos acercarnos un poco a ello. Y es que algunos apenas han logrado una visión muy limitada o un enfoque de túnel, si se quiere del mundo y el universo. Muchos ni siquiera se hacen las preguntas y, simplemente, se dejan llevar por sus preferencias que han desarrollado a lo largo de su vida. Por ejemplo, si los del gobierno y otras entidades regionales e, inclusive, religiosas, declaran que una vacuna es segura, muchos simplemente lo aceptarán sin tomarse el tiempo y trabajo de investigar el tema más a fondo.

    El entrevistador pregunta al psicólogo Desmet ¿si la degradación en la fe y que están quedando con mayores niveles de ansiedad están más predispuestos a aceptar inducciones masivas, ya sea en un sentido transhumanista u otra? Inclusive y en muchos casos, pareciera que muchas personas más educadas parecen ser estar más predispuestas a aceptar estas ideologías. Desmet responde: Sobre ello ya habló Gustave Le Bon en el Siglo XIX en su libro, “La Psicología de la Muchedumbre”, escribió que mientras más educados, más predispuestos están a una formación de masa. Más aún, se da otro fenómeno dentro de la masa; y es que los más educados e inteligentes, una vez asimilados a la masa, tienden a conformarse con la misma, bajando el nivel de su inteligencia ‘o tal vez su manifestación’. Dicho de otra manera, todos se tornan igualmente inteligentes, lo cual dicho de otra manera sería: ‘Igualmente Estúpidos’ y van perdiendo su capacidad de raciocinio crítico y pensamiento racional.

    En cuanto a si el nivel de ansiedad juega un papel en la formación de masa… «no estoy seguro de ello, porque siento que mucha gente que rechazan entrar en la formación de masa también sufren un alto grado de ansiedad». En mi caso (Desmet) nunca he sentido ansiedad debido al virus. Tal vez algo al inicio; pero desde el principio sentí el surgimiento de dinámicas sociales que podrían ser muy riesgosas y potencialmente peligrosas. En la primera semana de la crisis escribí una opinión en un diario advirtiendo que esta situación mostraba las características de un estado totalitario. En ese sentido fue que sentí ansiedad, por las consecuencias sociales y no por el virus. Pero me inclino por pensar que se trata de una tendencia de conectar la ansiedad con cierto objeto

    El despertar

    El entrevistador a Desmet: «Ahora me gustaría explorar el fenómeno de lo que ocurre cuando ya muchos van advirtiendo que el poder estatal se ha tomado más control de la cuanta y se está o ha formado un estado totalitario». En mi caso, la víctima de mis preocupaciones y quejas era mi esposa (John Bennett: En mi caso mi hijo y empleados que sufren mis desvaríos de rechazo a lo que veo está ocurriendo aquí y por tantos otros sitios). ¿Qué y cómo podemos hacer para contribuir con el despertar de la comunidad? Y, tal vez puedas compartir partes de tu propio viaje en todo esto. Sé que te fijabas en las estadísticas, que no hacían mucho sentido, hasta que caíste en cuenta de lo que ocurría; es decir, ese proceso que nos lleva a tomar conciencia de lo que ocurre.

    Desmet: Opino que lo más importante es no callar y seguir usando los medios que cada quien pueda tener para comunicar nuestras inquietudes. Decir, simplemente, que no estás de acuerdo con la narrativa de la corriente principal o “mainstream”. Eso es lo más básico, dado que la formación de masa es un tipo de hipnosis y como tal es un fenómeno provocado por vibración de una voz. Y debemos tomar lo que digo de manera literal, cosa que bien entienden los líderes totalitarios, cuando vemos que inician cada día con 30 minutos de propaganda, en la cual la voz del líder constantemente penetra la conciencia de la población. Y, sin el aporte de los medios de comunicación masiva; y si el líder totalitario no puede cacarear su mensaje hipnótico a las masas, entonces no podrá hipnotizarlos, tal como ocurrió en Alemania y en la Unión Soviética. Pero lo opuesto también es cierto; es decir, que con el aporte de otras voces de sentido común se puede interrumpir el proceso hipnótico. En fin, debemos convencernos y convencer a los demás sobre la importancia de manifestarnos abiertamente.

    En cuanto a mis propias experiencias vividas durante todo esto; de algo que los llevó a despertar y darnos cuenta de que lo que nos han estado vendiendo los líderes gobernantes y otros no tiene sentido. Que si logramos comunicarles a otros acerca de estos puntos de inflexión, tal vez podemos ayudarles con el despertar. En mi caso, formula Desmet, desde el comienzo del virus escribí que: “El miedo al virus es más peligroso que el mismo virus”. Dese un principio tuve el sentir de que el proceso psicológico era más peligroso que el biológico. Es más, dos meses antes de la declaración de pandemia, en diciembre a fines del 2019, fui al banco a pagar el balance de mi hipoteca; y el gerente del banco me preguntó: “Por qué quieres pagar lo que queda de tú hipoteca… vas a perder las ventajas de impuestos y tal?” Le respondí: “Porque siento que esta sociedad se encuentra en un punto de zozobra. En la universidad las cosas andaban muy mal, no se cumplían las tareas, había varios indicadores negativos que aumentaban de forma exponencial, y en diciembre le dije al banco: “Quiero estar lo más libre sin compromisos”. El director del banco me habló por hora y media, intentando convencerme de que él sentía que no era necesario lo que yo hacía. Luego le dije a mi esposa: “Fíjate, ese es el punto de inflexión del cual te hablaba”. Es decir, los encierros, máscaras y tal.

    En Bélgica, todos habían leído el artículo de Desmet, que por ello se había vuelto famoso, a punto de que en ocasiones sentió temor, pensando que tal vez estaba equivocado, que sí estábamos frente a un virus asesino en grande. Sin embargo, a fines de mayo, los modelos del Imperial College demostraron de que no era el caso.

    «Fue entonces que te fuiste a consultar las estadísticas, a usar el raciocinio sobre lo que sentías. Y es que nosotros en la emisora intentamos influenciar con datos y lógica, pero parece que nos estrellamos contra un muro. ¿Habrá algunos principios o forma de influenciar que podrías compartirnos, una forma de aproximarnos a todo esto de una forma sicológica que facilite este proceso de toma de conciencia?» pregunta el entrevistador a Desmet, que concluye:

    «Creo que se trata de seguir aportando argumentación racional con el fin de contrarrestar el proceso hipnótico. Pero, si sólo hacemos eso, puede resultar frustrante. Y es que mientras la gente esté profundamente hipnotizada será muy difícil despertarlos con argumentos racionales. El proceso de formación de masa se inicia en un nivel emocional, es decir, la interconexión de nuestra ansiedad con un objeto en o al cual podemos asirnos, tal como se agarra el náufrago a los restos flotantes de un navío hecho pedazos contra los arrecifes; o, en el caso que nos ocupa, el virus. El problema es que, una vez que el náufrago se agarra del “pecio”, palabra que significa “fragmento de la nave que ha naufragado”, es muy difícil que lo suelte, aunque ese pecio no lo pueda salvar.

    Habrán visto algo de eso en la película Titanic. En semejante situación o fenómeno, hay que hacerle ver al náufrago de que la dependencia a los dictámenes desquiciados y controladores de malos gobernantes no es salvación. Ello les hará darse cuenta que no están a salvo y que tienen que buscar otra vía de salvación; que, nuevamente, en el caso que nos ocupa, consiste en retomar las riendas de la gobernanza, esa que, en su momento, dejamos que fuese secuestrada por corruptos politicastros.

    Nota del autor:  les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico