Categoría: Opinión

  • Salario Mínimo: ¿de verdad no causa desempleo?

    El premio Nobel de Economía  fue este año para los economistas David Card (Canadá, 65 años), Joshua Angrist (EE UU, 61 años) y Guido Imbens (Países Bajos, 58 años) . Pero a contrario de lo que los medios se hicieron eco apresuradamente , lo cierto es que la premiación ha sido por «concluir por análisis de ciertos  datos parciales históricos», que aumentar el salario mínimo “no necesariamente” genera desempleo. Es absolutamente fundamental ese “no necesariamente” , porque cambia en absoluto el postulado que se intenta inducir, principalmente desde los partidarios «del estado presente», que la introducción del mismo es indiferente. Y no, no lo es.

    Lo que sucede es aquello que ya dijo Hazlitt en 1940: tanto los precios máximos como los precios mínimos, pueden ser operativos o indiferentes. Un precio mínimo por debajo del precio de equilibrio del mercado, es indiferente, no genera efecto ninguno. Por ejemplo, fijar hoy un salario mínimo mensual en Panamá, de trescientos dólares mensuales, no necesariamente va a generar desempleo. Va ser un precio mínimo no operativo. Ningun efecto más produce. Es indiferente. Pero si ese salario mínimo se pauta artificialmente por encima del precio de mercado, por ejemplo en mil dólares mensuales, claro que va a generar desempleo. Es casi hasta frustrante tener que explicar esta cuestión, dado que cualquier economista entiende la ley de oferta y demanda y dado que el salario es finalmente un precio que refleja esa interacción voluntaria, si el mismo se fija artificialmente por encima, no va a haber tal interacción. Ergo, habrá puestos, pero no cubiertos.

    Esto es así porque el propósito de una persona es el mantenimiento de su vida y su bienestar, es poco probable que un empresario le pague a un trabajador más que el valor del producto que genera. Si un trabajador genera por hora un valor de $ 10 para el negocio, entonces el empresario no pagará más que esta cantidad.

    Si el salario mínimo se establece en $ 20 por hora mientras que el trabajador solo puede generar un valor de $ 10 por hora, entonces sería ilegal que la empresa le pagara al trabajador menos del salario mínimo de $ 20 por hora. En tal escenario, la empresa se vería obligada a reducir al trabajador, ya que emplear al trabajador por $ 20 la hora va a afectar la rentabilidad de la empresa. 

    Para el caso, el trabajo merecedor del Nobel se basa en el estudio comparando el cambio en el empleo en restaurantes de comida rápida en Nueva Jersey, que aumentó su salario mínimo estatal, con el de la vecina Pensilvania, que no lo hizo, y no encontraron diferencias sustanciales, concluyendo que los salarios mínimos no excluyen del mercado laboral a los trabajadores de baja productividad. Pero fue solo una observación específica para ese caso y no una conclusión que pueda generalizarse globalmente, en todas las circunstancias y en todas las situaciones, especialmente regulatorias. La acción humana no es un conjunto de datos históricos y predecibles modelados en laboratorio. Y por si hace falta aclarar, un salario mínimo en donde no existe un Código Laboral, es fácil de sostener, dado que contratar y despedir es libre y no atado a positivismo alguno.

    El estudio sobre salarios minimos es muy famoso y tiene su historia. Tambien sus problemas. Pero el premio no fue por el «salario minimo» en sí, sino por los nuevos metodos y creatividad de metodos econométricos que hoy son asunto corriente. Y aquí el problema: el desarrollo y predominio de esos métodos «es el resultado de dejar de lado la teoría o, más bien, de una epistemología positivista a la que adhieren la mayoría de los economistas» señala el ilustre economista Nicolás Cachanosky.

    La causalidad en las ciencias sociales es una construcción teórica, no algo que pueda extraerse de los datos sin una comprensión a priori del comportamiento humano y cómo afecta (y se ve afectado por) los fenómenos económicos y sociales. Los métodos experimentales y cuasiexperimentales pueden proporcionar un conocimiento histórico-empírico limitado, pero tienden a carecer de «validez externa», es decir, nunca se sabe si los resultados se mantendrán en otros entornos.

    El tema no es menor, ni para la ciencia, ni para nuestros países y sus inmaduras democracias, dado que el positivismo, desde el ámbito del conocimiento, es su principal enemigo; es muy preocupante escuchar a economistas que dicen: “yo sólo me guío por los datos”, y este solo contexto que le transmiten a los políticos. Todas las instituciones que atentan contra la evolución económica natural son hijas del positivismo, que se adueñó de los claustros universitarios, la mass media y le da sustento a la política más peligrosa.

  • ¿Cómo es que tantos se dejan arrear? Parte I

    Tantos se dejan arrear, que caen presa del embrujo, que conduce a la “transformación de masa, algo así como control masivo y al totalitarismo, tal como lo ocurrido en Rusia en 1930 y Alemania en 1935.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico

    A continuación, les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video aquí de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    La entrevista

    Con algo de paráfrasis

    Inicialmente no lo vi en su magnitud y alcance. Pero cuando fui comparando las estadísticas vi cómo se exageraba la mortalidad del virus. El virus gubernamental era mucho más mortal que el COVID. Modelos Imperial College… hablaban de 80 mil y en Suecia sólo fueron 6 mil, sin que allí se dieran los cierres de otros sitios que cerraron. Allí fue que comencé a ver el tema con sospecha. Comencé a preguntarme ¿cómo era posible que tantos cayeran en semejante engaño? Que en muchos países pobres morirían más de hambre que por el CORONA; pero aun así siguieron el sendero de la vaca.

    Fenómeno de Gran Formación en Masa: Fenómeno que emerge en una sociedad en el cual ocurre o se promueve una disociación social en la cual se coinciden al menos 4 condiciones, a saber:

    1. La primera condición y la más importante se da cuando hay mucha gente que sufre una perdida social o asociativa.
    2. La segunda condición se da cuando mucha gente pierde el sentido de la vida, lo cual está asociada a la primera condición. Los humanos, siendo seres sociales, si pierden el contacto con el rebaño, su vida pierda sentido.
    3. La tercera condición se da cuando mucha gente entra en un estado de ansiedad no conectada a una representación mental; por ejemplo, si ves un león sabes la causa de tu miedo, pero si no logras ubicar la causa de tu miedo o ansiedad es probable que entres en un estado emocional negativo, ya que no puedes controlar lo que sientes.
    4. La cuarta condición es un gran nivel de frustración y agresión. Una agresión que sientes pero que no tienes a dónde o a quien dirigirla.

    Cuando se dan estas condiciones se pueden dar situaciones típicas en las cuales alguna entidad, política y tal, pueda aprovechar y canalizar esas emociones a su antojo. En tal situación es fácil conducir al rebaño; se dejan arrear. Hoy día lo vemos en el uso exagerado de las máscaras y de otras maneras que ni caemos en cuenta; tal como un guardia que me llamó la atención al entrar el Albrook Mall porque no estaba de acuerdo con la manera en que yo llevaba mi máscara; sin embargo, a pocos metros de distancia estaban las mesas de gente comiendo y charlando si máscaras. En otras palabras, llenan el vacío dando una representación mental a la ansiedad. A fin de cuenta lo que esto permite, como ya señalé, es controlar a rebaño y llevarlo al matadero. Otro ejemplo es la pasividad de tantos a los encierros, la vacunación aun cuando las personas han tenido el COVID, lo cual es mucho más efectivo que la vacuna, y quien sabe cuál otra forma de control podrá surgir más adelante; tal como poder meter a millones de hebreos en hornos.

    Más aún y más adelante, cuando ya el fenómeno descripto ocurre, se va formando otra clase de asociación social con un nuevo sentido; algo así como una nueva solidaridad. Esto permite que el rebaño pase de un estado de aislamiento social a uno contrario, caracterizado por un alto grado de conexión que fácilmente puede ser pervertida. Algo así como la reacción en una masa de protesta o de linchamiento.

    Por las razones expuestas es entendible que tantos estén cayendo en conclusiones inmensamente absurdas y equivocadas. Es algo como esos rituales que hemos visto llevan a un grupo religioso fanático a cometer suicidios en masa. Es un comportamiento mediante el cual las personas muestran su pertenencia al grupo o la masa; se dejan arrear. Y lo más curios u horripilante es que mientras más absurda la proposición, mejor funciona dentro del ritual. Es así ya que al actuar alocadamente están dando testimonio fehaciente de su lealtad; algo así como los ritos de iniciación a fraternidades y tal.

    Pero, todo esto va mucho más allá, dado que están dadas o presentes las condiciones de inconformidad con sus vidas: su trabajo, el estilo de vida, la carrera diaria en el tropel a los puestos de trabajo, el consumismo, en un ambiente que en buena medida desfavorece la toma de responsabilidad, potencia la fijación de sus ansiedades en dirección errada; tal como ocurrió en la Alemania nazi que culparon a los hebreos de todo, a tal punto que terminaron metiendo a millones en hornos. En Panamá uno de las falsedades típicas ha sido la división de clases con el “no a la privatización”.

    Una realidad típica y poco conocida y menos entendida es que al menos un 50% de los ciudadanos en países desarrollados sienten que sus trabajos no tienen sentido. ¿Cómo será en Panamá? Todas estas son realidades sociales que poco o jamás abordamos y menos abordan las autoridades electas, esas que tienen sus propias “prioridades”. Y, todo ello propicia las condiciones para la toma de malísimos caminos. En países como Bélgica anualmente se usaban 300,000,000 dosis de medicamentos antidepresivos, en una población de 11 millones.

    El virus del CORONA

    En la situación actual, el virus del CORONA ha permitido o facilitado de venderle “soluciones” quiméricas. Se trata de atender los síntomas y no la patología, o peor, atender falsas patologías, tal como alegar que los hebreos eran demonios que merecían ir a los hornos.

    Por otro lado, el reto y lo que corresponde es entender cómo llegamos a esas situaciones de aislamiento y pérdida de sentido en la vida, lo cual fácilmente se torna en ansiedad y hasta agresividad. Uno de los síntomas del mal que ha ido creando las condiciones del descontento y tal lo vemos en esos medios informativos que se han vuelto completamente partisanos o, partidista, si se quiere, lo cual ha ido creando una nefasta polarización que se sustenta sobre un bombardeo de falsedades. Y ni hablar lo que aportan los medios de intercomunicación social el enredo.

    Todo lo presentado nos lleva a estudiar aquellas realidades que nos han llevado a la formación masiva en direcciones muy perjudiciales caracterizada por fomentar una visión de túnel; que es algo que ocurre cuando se nos presenta una emergencia, tal como un perro grande que se nos viene encima. En ese momento nuestra vista se centra en la amenaza inminente o la que creemos ser la mayor amenaza; pero no vemos que en realidad el perro no viene a atacarnos, sino que huye de una avalancha o tal. Es así con tanta gente que sólo viendo una pequeña parte de la realidad se abocan a acciones desconectadas con el gran panorama. Se dejan arrear. Otro síntoma ilustrativo es ver que de pronto la única patología que parece importar es el COVIDA, mientras que el resto de las enfermedades y causas de mortalidad y sufrimiento parecen perder importancia.

    En mi caso, al inicio de la pandemia, escribí en varios medios de que los efectos económicos y otros de las medidas que tomaban los gobiernos iban a causar problemas colaterales mucho más perjudiciales que el COVID; realidad que se asoma, pero sólo la cabeza. En el caso de los EE.UU., una sociedad que logró organizarse en torno a ideales de libertad jamás soñados en la historia humana y que hoy día vemos a tantos despreciarlos. Mas raro o curioso es que el fenómeno de formación masiva no se caracteriza por un egoísmo, ya que la mayoría de los afectados están dispuestos a perder su libertad y todas esas cosas que tanto les costaron y que atesoraban, para satisfacer su fijación patológica. Tal es el suicidio de toda una comunidad religiosa fanática. Se dejan arrear.

    Y más allá, se dan otros fenómenos de adaptación a la mentalidad de masa o semoviente consistente en que a muchos les gusta o acomoda más la nueva realidad, pero no se detienen a ver si es sana o malsana o cuan sana y cuan malsana. Se dejan arrear. En semejante situación, son muchos que no quieren regresar al corrinche de ayer. Tal puede ser el caso de los profesores gubernamentales que se han acostumbrado a trabajar desde casa. Se ahorran costos y todo el alboroto del ir y venir en el desorden vial. Pero pocos se detienen a ver las causas de ese ayer incómodo o peor. No se dan cuenta de la forma desordenada en que los gobiernos conducían la autoridad de tránsito; o peor, el uso de las instituciones para sacar provecho del partido de turno.

    A todo eso puede resultar fácil que la gente crea que la solución está en volver a lo pasado, lo cual sería error fatal. La salida lógica y buena es hacia adelante; el problema es que ese “adelante” es un nuevo mundo de cambios alucinantes que no conocemos ni entendemos y que nos intimida. Existen nuevas formas de cambiar y mejorar el “nuevo normal”, pero ello requiere que lo entendamos y busquemos. Por ejemplo, la descentralización de la educación, que en el caso de Panamá ya salen proyectos legislativos en esa dirección, pero los mismos están plagados de centralismo, de no querer soltar las riendas del control. Así, vemos que los políticos que veían esfumarse sus controles, de pronto no vieron la crisis como un momento de mudarse a un mejor mundo sino de perpetrar el viejo de control y saqueo.

    Por otro lado, vemos que asoman otros fenómenos tales como el rechazo o peor, el descrédito y hasta ataque a personas que, como yo en este caso, van señalando estas cosas. De pronto el problema es quien advierte y señala la verdadera patología y habla de auténticas vías de solución. Estos fenómenos los estamos viendo claramente en los EE.UU., en dónde se dan casos como los de sindicatos magisteriales de las escuelas del gobierno, esas que apodan “públicas”, ha pedido al presidente Biden la intervención de la FBI y otras entidades anti terroristas, que tomen carta contra los padres de familia que acuden a las reuniones de las directivas de los colegios para oponerse a lo que muchos vemos que es más adoctrínenlo que educación. Han llegado a punto de decir que no compete a los padres meterse con lo que se les enseña a sus hijos.

    Peor es ver que en la mentalidad de masa, muchos están dispuestos a cometer atrocidades luego de haberse convencido que tienen una “autoridad moral” o algo semejante. Y regresamos al caso del nazismo, ¿cómo explicar los campos de concentración y los hornos? El fenómeno presente en la mentalidad de masa favorece el caramelo sobre el purgante; es decir, que a muchos les resulta más fácil o potable creer el cuento que enfoca la ira personal, a escuchar y creer a personas que explican como lo hago yo ahorita. Pero no, se dejan arrear. Y, en ello, regreso al ejemplo del comportamiento de una masa de linchamiento, de esas comunes en la cinematografía del oeste o en el pasaje bíblico en el cual Jesús advierte: “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra.” Existe una marcad tendencia de callar la voz de la razón cuando no conforma con los sentimientos de ira.

    No a la privatización

    Otro ejemplo de lo señalado en el párrafo anterior es el del “no a la privatización” que atrae a tantos. Y si un John Bennett o marcado “rabiblanco” sale a decir que semejante eslogan es una perversión, es muy posible o, de hecho, se vuelve el objeto del ridículo y oprobio. Eso mismo señaló Gustave Le Bon, destacado polímata francés, antropólogo, psicólogo, médico e inventor, quien señaló que una de las características sobresalientes del comportamiento de masas enfurecidas o incensadas es su intolerancia contra “disidentes”. La masa incensada busca que se le unan y no que les contradigan. Lo otro curioso es que las masas inflamadas necesitan enemigos que atizen la hoguera de su ira y, en buena medida no los eliminan sino los mantienen como el torero a los banderilleros.

    Otra forma de plantear lo señalado en el párrafo anterior nos retrotrae a «no a la privatización», en dónde la población que siente frustración por su lamentable situación, necesita chivos expiatorios y en ello vemos a los zorros del gallinero o políticos que acusan al “empresario”; lo cual es absurdo ya que todos somos, en alguna medida, empresarios o personas que emprenden sus vidas y su economía. Dicho eso, ¿se imaginan lo que ocurriría en una gran masa de frustrados e incensados si descubren que sus padecimientos no vienen de parte de empresarios sino de los zorros de gallinero? Sí… es muy probable que los liquiden. Imagínense un pueblo que despierte a la realidad del sistema politiquero que los ha entregado y condenado a la pobreza, mientras que personas inmigrantes que no han sido envenenados llegan y logran éxito económico. Y, ¡por supuesto! que no tienden a mezclarse con los nativos ya que no comparten su torcida visión del mundo. Tampoco es que estos sean “mejores” sino que no les lavaron la cabeza en cuanto al mercado y lo que es una sociedad sanamente productiva que no se deja engañar por los zorros del gallinero. No se dejan arrear.

  • Donde no se entiende el derecho, hay miseria

    Las preocupaciones por la preservación del derecho vienen de lejos. Han surgido en la Grecia clásica con las preguntas sobre la dignidad del ser humano, en la Roma republicana con el énfasis en puntos de referencia extramuros de la norma positiva, en los Fueros anteriores a la España moderna con los juicios de manifestación y luego con las Cortes de Cádiz, en Inglaterra con el Habeas Corpus, el common law y la Carta Magna, en Estados Unidos con la severa limitación al poder y el derecho a la resistencia a la opresión, en la Revolución Francesa -antes de la contrarrevolución de los jacobinos- con el énfasis en la igualdad ante la ley y el derecho de propiedad y en todas las inspiraciones liberales que siguieron a esas raíces nobles.

    Todo este tejido en pos de la libertad constituye el blanco principal de ataque de los totalitarismos que bajo muy diferentes disfraces conspiran contra el sacro respeto a las autonomías individuales propiciado por la larga tradición liberal. Como ha resumido Salvador de Madariaga en De la angustia a la libertad: “La libertad es pues la esencia misma de la vida. No es mera circunstancia cuya presencia mejora o su ausencia empeora, es la vida humana, el mismo aire que respira el hombre como espíritu consciente. Sin libertad no hay hombre, ni hay comunidad, porque el hombre cae al nivel de la bestia y la comunidad a la del rebaño.”

    Por supuesto que el alarido de Madame Marie-Jeanne Roland está muy vigente en cuanto a “Oh! libertad cuantos crímenes se comenten en tu nombre”. Por ello es que resulta indispensable comprender esa definición muy difundida en la que ha insistido Friedrich Hayek en cuanto a que se trata de “ausencia de coacción de otros hombres”. No es lícito en este contexto extrapolar a la física o la biología, carece de sentido decir que el hombre no es libre de bajarse de un avión en pleno vuelo o que no es libre de ingerir arsénico sin padecer las consecuencias. La libertad se refiere a las relaciones sociales. Como apunta Thomas Sowell tampoco tiene sentido sostener que la pobreza no permite ser libres puesto que se trata de dos planos distintos, la pobreza extrema es una desgracia pero es de una naturaleza diferente a la libertad, del mismo modo ilustra Sowell que la constipación es una desgracia pero nada tiene que ver con la libertad. Por otra parte todos provenimos de las cuevas y de la miseria más brutal y en libertad se pudo progresar mientras que en otros casos donde la libertad está ausente no hubo ni hay progreso moral y material, sin perjuicio de comprender que todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos.

    En este sentido la libertad es negativa en el sentido de la definición hayekiana por lo que no tiene base de sustentación el proponer una denominada “libertad positiva” puesto que la confunde con oportunidad. Una persona puede carecer de la oportunidad de adquirir una bicicleta de lo cual no se sigue que deje de ser libre, de lo contrario deberíamos concluir que solo los multimillonarios son libres aunque incluso ellos, dado que los recursos son siempre limitados tendrían su libertad restringida puesto que, por ejemplo, no podrían adquirir la Luna. Con este razonamiento absurdo deberíamos decir que todos somos esclavos pero en verdad lo somos mientras nos atropellen nuestros derechos pero no lo somos si no estamos sometidos a la coacción de terceros.

    En nuestro medio ha habido grandes maestros del derecho que es muy pertinente repasar como Marco Aurelio Risolía, Segundo Linares Quintana, Juan González Calderón, Gregorio Badeni y antes que ellos Amancio Alcorta, José Manuel Estrada y aun antes Juan Bautista Alberdi y su notable Fragmento preliminar al estudio del derecho. Como ha puesto en evidencia Jellinek “el derecho es un mínimo de ética” entendido como la necesaria legislación para proteger los derechos de las personas en sus relaciones interpersonales, lo cual aclaramos se traduce en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, situación que no agota la ética que abarca no solo las aludidas relaciones interpersonales sino las intrapersonales pero que no hacen a las normas de convivencia civilizada y está por tanto reservadas al fuero interno de cada cual. En una sociedad abierta cada uno hace lo que le plazca con su vida siempre y cuando no se lesione derechos de otros.

    Lamentablemente en el mundo en que vivimos estamos parcial o totalmente esclavizados por un Leviatán desbocado que se financia con impuestos exorbitantes, inflaciones ilimitadas y endeudamientos astronómicos, todo en un contexto de regulaciones asfixiantes. Como dijimos al abrir esta nota periodística, las raíces de la libertad consisten en ponerle bridas al poder mientras que en la actualidad, en gran medida, se otorgan cartas en blanco para que los aparatos estatales hagan lo que les plazca con nuestras vidas y haciendas. Esto deriva de la flagrante incomprensión del significado del derecho, de allí es que se acepte la sandez de sostener que “frente a una necesidad nace un derecho” y consecuentemente se promulguen constituciones inconstitucionales y legislaciones contrarias al respeto recíproco con lo que se demuele el derecho.

    En otra oportunidad hemos abordado la antedicha sandez y ahora la resumimos en una cápsula para luego seguir con otros aspectos fundamentales del derecho. A todo derecho corresponde una obligación. Si una persona gana diez en el mercado laboral hay la obligación universal de respetarle ese ingreso, pero si ganando lo dicho la persona pretende que el gobierno le asegure veinte y el aparato estatal procede en consecuencia, esto se traduce en que otros deben hacerse cargo por la fuerza de la diferencia lo cual implica una lesión al derecho de esos otros por lo que estamos frente a un pseudoderecho. Vivimos la era de los pseudoderechos: “derecho a una vivienda digna”, “derecho a vitaminas e hidratos de carbono”, “derecho a un salario adecuado”, “derecho a la recreación” y similares. Son todos pseudoderechos, como queda dicho, no pueden otorgarse sin lesionar derechos de terceros.

    En este ámbito se hace necesario insistir en la importancia crucial del derecho de propiedad. Esta institución se torna indispensable al efecto de darle el mejor uso a los siempre escasos recursos disponibles. En las transacciones cotidianas el comerciante que acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. El cuadro de ganancias y pérdidas no es una situación irrevocable, se modifica según se modifique la eficiencia del empresario para atender los deseos de sus congéneres. Desde luego que no nos referimos a los que la juegan de empresarios pero están vinculados al poder de turno para obtener privilegios de diversa naturaleza puesto que explotan a sus semejantes con precios mayores, calidades inferiores o las dos cosas al mismo tiempo.

    Como se ha puesto de relieve la intervención en los precios afecta el derecho de propiedad y en el extremo la abolición de la propiedad elimina precios y por ende no hay posibilidad alguna de evaluar proyectos, de llevar registros contables y en general de todo cálculo económico. Como hemos ejemplificado antes, en este contexto no se sabe si conviene construir carreteras con pavimento o con oro puesto que se ha barrido con los únicos indicadores que tiene el mercado para operar y es imposible conocer la mejor variante técnica puesto que es inseparable de su costo lo cual, como decimos, no se conoce si no hay precios de mercado. Sin llegar a este extremo, en la medida en que los aparatos estatales si inmiscuyen con los precios se desdibujan las antedichas señales y por ende se consume capital que es el único factor que permite el incremento de salarios e ingresos en términos reales. En otros términos, afectar el derecho de propiedad empobrece a todos pero muy especialmente a los más necesitados puesto que son los más afectados por el derroche.

    Entonces decir que “frente a toda necesidad nace un derecho” no solo es una sandez mayúscula sino que constituye un imposible puesto que, como queda dicho, las necesidades son ilimitadas y los recursos escasos por lo que no hay de todo para todos todo el tiempo lo cual sería Jauja, situación en la cual no habría precios ya que todo sería gratuito pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis, todo tiene un costo.

    Para ilustrar la relevancia del derecho de propiedad, hemos puesto antes el ejemplo de lo que ocurría con el ganado vacuno en nuestro continente: quien se topaba con un animal lo achuraba para engullirlo o lo cuereaba y dejaba el resto a las aves de rapiña con lo que se corría el riesgo de la extinción de estos animales hasta que apareció la tecnología más avanzada de la época que consistió primero en la marca y luego el alambrado con lo que los propietarios podían reproducir y defenderse de la extinción. Esto mismo ocurrió con las manadas de elefantes en África: al asignar derechos de propiedad los titulares estaban incentivados a mantener y reproducir y no dejar a la suerte que se ametrallaran en busca de marfil. La misma Justicia es inseparable del derecho de propiedad puesto que la definición clásica es “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad y ésta es inseparable del proceso de mercado, es decir, del respeto a las transacciones entre propietarios de dinero, bienes y servicios.

    A primera vista parece incomprensible la poca capacidad de mirar lo que viene ocurriendo en el mundo para percatarse que en la medida en que tiene lugar la libertad hay progreso moral y material mientras que ocurre lo contrario donde no hay libertad lo cual, nuevamente reiteramos, perjudica a todos pero muy especialmente a los más necesitados y vulnerables. Decimos que es incomprensible a primera vista puesto que si ahondamos en el asunto descubrimos que el tema proviene de sistemas de educación que son en realidad aparatos de adoctrinamiento totalitario por lo que no resulta relevante que en un país todos sean muy ricos, porque si prosigue el referido adoctrinamiento los egresados marcharán en las plazas a favor del marxismo con el librito de Mao en la mano. No parece que seamos capaces de prestar atención de lo que tiene lugar en la retaguardia y entonces aparecen las sorpresas mayúsculas en países en los que aparentemente se han adoptado medidas liberalizadoras que elevan el nivel de vida y, sin embargo, hay protestas de indignados que pretenden revertir las políticas que con sus pros y sus contras han sido bienhechoras.

    En resumen, el problema es el desconocimiento del derecho que remite a marcos institucionales deficientes, una situación que sucede en primer lugar en las aulas donde, salvo honrosas excepciones, los egresados no son abogados en el sentido de defensores del derecho sino estudiantes de leyes que pueden recitar sus números, incisos y párrafos pero que no solo no tienen idea de su fundamento jurídico por estar impregnados de positivismo legal sino que se constituyen en los mayores artífices de la demolición.

  • Según percibes la «Transverdad», o el mundo kafkiano

    Llegará el tiempo en que ya no podrán disimular que la pared es blanca, y que no ha cambiado el color, crearán la “transverdad”: dirán que, quizás, la pared es blanca pero que “las autoridades, los expertos” y ellos la perciben negra y eso es lo que vale.

    Es verano. Es una habitación grande, soleada, aireada, las paredes son de color blanco tiza y nunca pensé que se tratara de un manicomio… Entran personas, asustadas, tensas y afirmando que estaban preocupadas porque las paredes se han vuelto negras (¡!¿?). Miro alrededor y veo, sin decir palabra, que las paredes, como es lógico, no han cambiado desde que nada ocurrió naturalmente para que cambiaran.

    Vuelvo a mirar a estas personas entre sorprendido y con prudencia, sin hablar, hasta poder dilucidar qué es lo que estaba pasando. Obviamente, los “expertos” y las “autoridades sanitarias” -políticas- les han infundido un formidable pánico trasmitido masivamente por los medios que, al final siempre son oficialistas, siempre repiten como cierto aquello que pontifican “las autoridades” o “los especialistas”. Y les han dicho que las paredes se están volviendo negras. Terrorífico.

    A pesar de todo, intento decirles con prudencia y calma que no existe motivo para asustarse y que, de hecho, las paredes siguen siendo blancas. Insólitamente se desata la ira, son negras me gritan y me acusan de no ver “la realidad” -que les trasmiten los medios- y me muestran mínimos puntos negros dentro del inmenso blanco asegurando que eso es lo que importa. Los improperios que recibo son impensables en condiciones normales, es que el pánico, la incapacidad de razonar, lo absurdo y la violencia siempre van juntas e inseparables. Primer corolario: jamás debe actuarse bajo influjo del pánico.

    Estamos a fines del 2019 y principios del 2020. Las “autoridades” sanitarias comienzan a hablar de un “coronavirus”. Para cualquiera que no entra en pánico, resulta de sentido común el que la naturaleza no puede cambiar de manera tan radical y amenazar al ser humano de esa manera. Una análisis racional y desapasionado de los estudios y estadísticas muestran que se trata de otra cepa de la gripe.

    Si los muertos superan en algo lo normal, de una temporada gripal, se debe a que los contabilizan exageradamente y a los protocolos y tratamientos como, por ejemplo, la intubación que es altamente riesgosa y, con un tratamiento adecuado, puede y debe evitarse. Mi médico personal atendió más de 300 casos de coronavirus y, hasta donde sé, ninguno falleció. Y, por cierto, no hice un solo día de confinamiento, no uso mascarilla y no me he vacunado y mi salud es excelente, digo, excelente al igual que las personas que me rodean.

    Ya venía escribiendo que el pánico era el arma que utilizan los totalitarios para dominar, porque por miedo las personas aceptan que sus libertades personales sean conculcadas, como cuando a punta de pistola un ladrón consigue que se le entregue el botín. A lo que hay que sumarle el no poco importante FOMO (en el mercado financiero: fear of missing out, el miedo de quedarse afuera).

    De hecho, muchos me dijeron, como argumento para que aceptara el “drama del coronavirus” que si no lo hacía me quedaría solo y, en gran parte se cumplió, muchos medios importantes dejaron de publicar mis columnas, independientemente de que ahora casi no escribo, y en una de mis últimas columnas (Coronavirus: después puede venir lo peor) los improperios fueron masivos .

    Por supuesto que hoy todos saben que las cuarentenas draconianas solo sirvieron para destruir. Los mismos que insultaban ya hoy seguramente no lo harían, y los medios que de manera insistente hasta el hartazgo publicaban el “quédate en casa” hoy saben que eso fue contraproducente. Pero no lo reconocerán, jamás esperes un mea culpa. Por cierto, cuenta Egon von Greyerz que ha “pasado parte del verano -agosto 2021- en Suecia y ha sido reconfortante ver a la gente llevar sus vidas con normalidad. Casi nunca ves a alguien con una máscara en ningún lado”.

    Pero aun cuando ya muy pocos piensan en cuarentenas draconianas, todavía siguen insistiendo en que existe un grave peligro y que hay que vacunarse. Entre los muchos casos, me encontré con una persona que me dijo que ella, su hermana, su hija y su marido habían sufrido importantes efectos colaterales -alta fiebre, dolores de cabeza y musculares- luego de la segunda dosis.

    Lógicamente, esperaba que concluyera que no debíamos vacunarnos, sobre todo teniendo en cuenta de que estas reacciones colaterales son el idioma del cuerpo para avisar que ha sido intoxicado y nadie sabe, solo Dios, cuál será el efecto de esa intoxicación con el tiempo. Increíblemente, como producto del pánico que no la deja razonar, dio vuelta la lógica y concluyó, repitió, lo que le dicen los medios masivos: que debíamos todos vacunarnos para “terminar de una vez con esta pesadilla que nos trajo el covid 19”.

    Aunque todavía hay muchos gobiernos que cometen actos criminales como el de Australia que prohíbe Ivermectin para inducir la vacunación ante la falta de alternativas, en general las “autoridades” se alejan cada vez más de la vacunación obligatoria. El de Inglaterra ha anunciado que deja de lado los “pasaportes nazitarios” como los llama un amigo mío, mientras que Biden enfrenta una resistencia feroz y el Estado de Michigan anuncia que “los trabajadores con inmunidad natural no necesitan vacunarse”.

    Obviamente las autoridades, instituciones y, sobre todo, los medios masivos nunca reconocerán haberse equivocado y mentido de tal forma. De modo que jamás aceptarán que solo fue una cepa más de la gripe normal. Pero como llegará el tiempo en que ya no podrán disimular que la pared es blanca, y que no ha cambiado el color, crearán la “transverdad”: dirán que, quizás, la pared es blanca pero que “las autoridades, los expertos” y ellos la perciben negra y eso es lo que vale.

    Por cierto, como no estoy dispuesto a aceptar la transverdad, probablemente no vuelvan a publicar mis columnas aquellos que han dejado de hacerlo.

    En cualquier caso, habremos vuelto a la normalidad, a la de siempre dado que a la tontería de la “nueva normalidad” ya nadie la propone. El problema es que, si no se reconoce el error, si no se sinceran y dicen la verdad, lo más probable es que volvamos a caer en otra mentira con graves consecuencias. Como la “guerra contra el terrorismo” que aconsejaron los “expertos” -los Fauci- de entonces que llevó a EE.UU. a invadir Afganistán para “terminar con los talibanes” y hoy, después de miles de muertos, masiva destrucción y miles de millones de dólares gastados el ejército de EE.UU. se ofrece a colaborar con los mismos talibanes para enfrentar al Isis.

    Por suerte, no han aceptado la colaboración, de otro modo esto terminaría en una derrota frente al Isis pretendiendo colaborar con ellos para otra guerra.

  • Sobre ofensas, opiniones adversas y el proceso de mercado

    Conviene de entrada decir que todo progreso en el conocimiento hace que muchos de los que sostenían opiniones distintas hasta ese momento imperantes se sientan incómodos, molestos, a veces humillados, ridiculizados y ofendidos. Pero precisamente el derecho a expresar libremente las ideas -la libertad de prensa- resulta trascendental no solo para que la gente se entere de lo que viene sucediendo sino especialmente para el aprendizaje en un contexto siempre evolutivo de permanentes corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones.

    Todas las ciencias y todo el conocimiento está sujeto a estos avatares, de lo contrario para no molestar, incomodar, ofender o humillar habría que estancarse y renunciar al progreso. Esto también se aplica a otros territorios que últimamente se han debatido que se refieren, por ejemplo, a preferencias o inclinaciones sexuales varias, lo cual, demás está decir debe ser aceptado si no hay lesiones a los derechos de terceros pero también en este caso o similares no quiere decir para nada que otros adhieran o se que se abstengan de analizar. Pongamos un ejemplo muy extremo: supongamos que una persona se autopercibe gallina, nadie puede recurrir a la fuerza para que esa persona cambie de opinión (incluso si se ejercita en cacarear) pero esto no significa que otros no puedan decir abiertamente que esa autopercepción constituye un error de apreciación.

    Claro que como he escrito antes hay también una cuestión de modales y de buen gusto. Digamos que estamos en un almuerzo con otras personas y el vecino de asiento tiene mal aliento, en lugar de denunciarlo públicamente es mejor respirar para otro lado. Consigno estos razonamientos porque aparecen talibanes aquí y allá que pretenden que todos se callen frente a actitudes que se estiman problemáticas. En realidad estos personajes absurdos apuntan a que todos suscriban sus posiciones lo cual es el mayor ejemplo de intolerancia y estupidez de dogmáticos que solo pueden rendir ilimitado culto a la personalidad de algún personaje muerto porque no piensan por sí mismos. También es una cuestión de buena educación el consejo de no insultar gratuitamente religiones o creencias que uno no comparte, a menos que se trate de estudios filosóficos-teológicos y asimismo muchos otros ejemplos que revelan la conveniencia de recurrir a buenos modales como una manera de alimentar la cooperación social.

    Pensemos en la cantidad enorme de personas que se sintieron ofendidas cuando Galileo desarrolló su tesis condenada severamente por la Iglesia Católica a pesar de que como escribe Ortega y Gasset “lo obligaron a arrodillarse y abdicar de la física”. Pensemos en la medicina y los adelantos que dejaron atrás teorías equivocadas que fueron reemplazadas por otras, pensemos en la física: antes he ilustrado el tema con dos premios Nobel en esa rama que fueron padre e hijo, Joseph Thomson en 1906, entre otras razones obtuvo el galardón por mostrar que el mundo subatómico está caracterizado por partículas, sin embargo su hijo -George Thompson- recibió el premio en 1937 por señalar que en verdad son ondas.

    Por supuesto que como ha destacado una y otra vez Karl Popper, el conocimiento es un peregrinaje en busca de verdades y para el logro de encontrar trozos de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos hay que estar atentos a nuevos paradigmas. Por ello es que el lema de la Royal Society de Londres nos advierte nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Y es por eso que Emanuel Carrére ha estampado la conclusión que “lo contrario a la verdad no es la mentira, sino la certeza”. Esto no suscribe la sandez del relativismo epistemológico sino que muestra que las certezas nublan la mente ya que no está abierta a la incorporación de nuevas ideas.

    Otra cosa es si hay apología del delito y figuras tales como las injurias, calumnias y equivalentes a través de lo que se dice o hace, en esta situación intervendrá la justicia para poner las cosas en orden y proteger derechos en caso de haberse lesionado. Pero la opinión que terceros tengan de uno no es algo que pueda controlarse, en última instancia depende de la reputación de cada cual que cuanto más abierto sea el proceso mayores garantías habrá para que surja la verdad.

    La reputación no es algo que se obtiene por decreto, inexorablemente depende de la opinión libre e independiente de los demás. En este sentido, autores como Daniel B. Klein, Gordon Tullock, Douglass North, Harry Chase Bearly, Avner Grief, Jeremy Shearmur y tantos otros que han trabajado el territorio de la reputación, enfatizan en la natural (y benéfica) descentralización del conocimiento por lo que el proceso del mercado abierto provee de los instrumentos e incentivos para lograr las metas respecto a la calidad en estas y en otras ramas. Y cuando se alude al mercado, demás está decir que no se refiere a un lugar ni a una cosa sino a las millones de opiniones y arreglos contractuales preferidos por la gente al efecto de coordinar resultados.

    En conexión con este tema de la reputación, uno de los tantísimos ejemplos del funcionamiento de lo dicho es el sitio en Internet denominado Mercado Libre donde múltiples operaciones se llevan a cabo diariamente de todo lo concebible sin ninguna intervención política de ningún tipo. Los arreglos entre las partes funcionan espléndidamente, al tiempo que se califican y certifican las transacciones según el grado de cumplimiento de lo convenido en un clima de amabilidad y respeto recíproco que hace a la reputación según las opiniones vertidas. Estas calificaciones y certificaciones van formando la reputación de cada uno que es el mayor capital de los participantes puesto que así condicionan su vida comercial.

    En este mismo contexto, Harold Berman y Bruce Benson muestran el proceso evolutivo, abierto y espontáneo del mismo derecho comercial (lex mercatoria) a través de la historia, sin que haya sido diseñado por el poder político tal como fue el sentido original de la ley. Por su parte, Carl Menger ha demostrado lo mismo respecto al origen del dinero y los lingüistas más destacados subrayan el carácter libre de toda decisión política respecto al lenguaje. Como la perfección no está al alcance de los mortales, la ética también es un concepto evolutivo que no involucra a los políticos (o en todo caso lo hacen para corromper) y, desde luego la ciencia misma es independiente de las decisiones políticas (afortunadamente para la ciencia).

    Todos estos ejemplos de peso están atados a la noción libre de la reputación extramuros del ámbito político, en este sentido las corroboraciones en cada campo dependen del mercado de las ideas que, en el contexto de la mencionada evolución, va estableciendo la reputación de cada teoría expuesta de modo equivalente a lo que sucede con la calidad y cumplimiento en el ámbito comercial.

    El mercado libre de restricciones gubernamentales estimula a la concordia, enseña a cumplir con la palabra empeñada, mueve a la cooperación social y decanta las opiniones válidas sobre personas y cosas. En cada transacción libre las dos partes se agradecen recíprocamente puesto que ambas obtienen ganancias, lo cual es precisamente el motivo del intercambio. Ambas partes saben que uno depende del otro para lograr sus objetivos personales. Las dos partes saben que si no cumplen con lo estipulado se corta la relación comercial. El mercado necesariamente implica cooperación social, es decir, cada participante, para mejorar su situación, debe atender los requerimientos de la contraparte.

    La trampa, el engaño y el fraude se traducen en ostracismo comercial y social puesto que la reputación descalifica a quien procede de esa manera. Significan la muerte cívica. Solo la politización intenta tapar malversaciones. En la sociedad abierta, el cuidado del nombre o, para el caso, la marca, resultan cruciales para mantener relaciones interpersonales.

    Las opiniones derivan de los sucesos en el ámbito del mercado a contracorriente de lo que ocurre en el plano político donde siempre hay discursos desaforados, gritos, enojos, donde se muestran los dientes en el contexto de enemigos que siempre hay que combatir. En el proceso del mercado, en cambio, se destaca la amabilidad en intercambios libres y voluntarios donde cada cual para mejorar su posición debe servir los intereses de los demás. Por ello es que la reputación de políticos -es decir la opinión de otros sobre su desempeño- no suele ser buena.

    Los derechos de propiedad permiten delimitar lo que es de cada uno y consiguientemente permiten establecer con claridad las transacciones. Por el contrario, la definición difusa y ambigua de esos derechos y, más aún, la “tragedia de los comunes” inexorablemente provocan conflictos y se opaca la contabilidad con lo que se dificulta la posibilidad de conocer resultados. En libertad cada uno da lo mejor de sí en interés personal, en la sociedad cerrada cada uno saca lo peor de sí para sacar partida de la reglamentación estatista por la que el uso de los siempre escasos recursos resultan siempre subóptimos.

    John Stossel en su programa televisivo en Fox subraya las enormes ventajas del contralor privado frente al estatal. Al mismo tiempo destaca cómo las regulaciones gubernamentales, que bajo el pretexto de una mejor calidad, cierran el mercado para que privilegiados operen, a pesar de que si hubiera libertad contractual otros serían los proveedores de bienes y servicios.

    Un ejemplo paradigmático de lo que estamos abordando es el oscurecimiento de la reputación de casas de estudio debido a la politización de sellos oficiales y absurdos “ministerios de educación”, en lugar de obtener la acreditación por parte de academias e instituciones internacionales especializadas y en competencia, a su vez, cuyas reputaciones dependen de la calidad de sus veredictos y sus procederes. En cualquier caso, constituye siempre un reaseguro el separar drásticamente la cultura de los aparatos políticos (cultura oficial es una contradicción en los términos, lo mismo que periodismo o arte oficial). Esto con independencia de las respectivas inclinaciones de los políticos del momento, puesto que la educación formal requiere puertas y ventanas abiertas al efecto de que el proceso de prueba y error tenga lugar en el contexto de la máxima competitividad y apertura mental.

    En varios de sus ensayos Walter Block objeta parte de las visiones convencionales relativas a la opinión que terceros puedan tener sobre la reputación de ciertas personas consideradas por el titular como injustificadas, puesto que reafirma que la reputación no es algo que posea en propiedad el titular sino que, como queda expresado, deriva de la opinión de otros. Como ha subrayado el antes mencionado y tan ponderado profesor Daniel Klein, los incentivos fuertes que genera la sociedad libre en competencia constituyen el mejor modo de producir opiniones valederas sobre los muy diversos aspectos que se suscitan en las relaciones interindividuales y, asimismo, la manera más eficiente de poner al descubierto y descartar las opiniones falsas.

    Por último en este tema crucial, es pertinente resaltar que la discriminación es inaceptable cuando se pretende vulnerar la igualdad ante la ley desde el aparato estatal pues todos tienen los mismos derechos, pero es natural y necesaria la discriminación en los ámbitos privados ya que todos al actuar preferimos algo y dejamos de lado lo otro, esto es, seleccionamos, preferimos o discriminamos entre los amigos que elegimos, nuestras lecturas, comidas, ropa, deportes y en todo lo que hacemos discriminamos lo cual desde luego incluye a quienes recibimos y a quienes no en nuestras propiedades, al contrario de lo alegado por energúmenos que protestan porque tal o cual restaurante o similar no los dejan que entren a su local. Es otra vez el espíritu talibán que intenta que todos actúen según sus parámetros, en ese clima ya no habría ofensas ni opiniones adversas puesto que dominará el detestable pensamiento único en un contexto en el que desaparecerá el mercado libre y la igualdad ante la ley como reflejos de una sociedad civilizada.

  • ¿Es robo la propiedad como decía Proudhon?

    La pregunta del título obedece al adoctrinamiento empobrecedor sobre la propiedad al que han sido expuestos muchos panameños de poca escolaridad, por parte de inescrupulosos politicastros que, a través del tiempo, se han dedicado a promover una lucha entre clases con el propósito de afianzar el control gubernamental. Una de las frases que ha calado en la población fue el “no a la privatización.” Semejante adoctrinamiento empobrecedor ha producido que muchos panameños, y no sólo los más humildes, adversen el mercado y busquen trabajo gubernamental.

    Pero no sólo favorecen la creación de empresas gubernamentales que compiten o anulan el mercado, sino que han creado una adicción a los subsidios destructivos. Como resultado vemos que llegan extranjeros que entienden muy bien que sin emprendimiento no tienen futuro y, no sólo se toman las plazas de trabajo, sino que la mayoría de los negocios en el país son de y por extranjeros. De hecho, mi familia Novey y Bennett es clásico ejemplo, aunque nuestra abuela fue panameña con parientes ligados a nuestra gesta de independencia.

    Profundicemos entonces, en el tema de la propiedad, de los precios, el mercado y tal. Sin propiedad no hay mercado; y, privatización es propiedad, comenzando por ser dueño de tu cuerpo y tu vida. Los marxistas dirán que no, que el “estado” es dueño hasta de tu cuerpo y tus hijos. La actual Constitución panameña, Artículo 284, establece que: “El estado intervendrá en toda clase de empresas… para hacer efectiva la justicia social… Regular… tarifas, servicios y precios. Coordinar los servicios y la producción…”

    Si no eres propietario o dueño de algo, no lo puedes canjear o vender. Por ejemplo, si vas al mar y ves un pez en el agua ¿acaso ese pez tiene dueño o precio? Obvio que no. Ahora, si lo pescas, te conviertes en propietario del antes pez y ahora pescado. Has privatizado al pez. Cuando regresas al muelle y alguien de dice: “¿Cuánto el pescado?, se activa el mercado. Si solo pescaste uno, tal vez le dices: “Lo siento, pero este lo llevo a casa para alimentar a la familia.” O, el sujeto te dice: “Oye, pero te doy $20 por esa corvina, pues tengo miedo de regresar a casa sin el elemento para el ceviche.”

    El mercado y sus precios son el antídoto para la «Tragedia de los Comunes”: El problema con la propiedad comunal, tal como el mar, es que como es de todos, no es de nadie y nadie lo cuida. Está el MEDUCA o, mejor dicho, NODUCA que tantos vandalizan. Pero, lo peor del NODUCA es que convencieron a tío pueblo de que su “noducación” es “gratuita”. Tío politicastro te regaló una dinamita con la mecha encendida y te vas alegra con ella en el bolsillo…

    Jordan Peterson nos advierte que: “Todos estamos en el embrollo de la vida, buscando sacar ganancia y, tal vez, alegría; pero ello es algo personal que, al pretender hacerlo por una vía comunal se torna imposiblemente complejo.” El ser humano es un ser social; lo cual no significa que la sociedad o lo común pueden aplastar a la persona en busca de un “interés social” que casi nadie sabe lo que es; de hecho, la Constitución no lo define. Yo lo defino como el interés del gobierno profundo.

    La creación de riqueza o, aquello que es rico, que nutre no sólo el cuerpo sino el alma, y que abre caminos de superación para toda la comunidad, se logra agregando valor a los servicios y los productos; lo cual no hace el NODUCA. El valor lo agrega cada quien a su manera; sea vendiendo “raspao” o construyendo naves espaciales. De hecho, ahorita los precios de los viajes al espacio se han abaratado gracias a empresas privadas como la de Elon Musk. Vean por dónde va el asunto:  https://www.spacex.com/launches/. Ahora los gobiernos contratan a Space x para los viajes a la Estación Espacial, ya que el costo es mucho menos. Y, ya esta empresa tiene planes para la luna y más allá.

    Los marxistas alegan que el mayor valor descansa en la mano de obra o la labranza y no en el aporte personal de cada humano en la gestión de su vida y su economía, lo cual es más que necedad.

  • Capitalismo de compinches ¿o fascismo?

    En estos días escuché a un abogado advirtiendo acerca de los peligros del “capitalismo de extrema”, lo cual me llevó a escribir hoy al respecto, veamos. En los EE.UU. se habla mucho de un “crony capitalism” que a pesar de que el diccionario de inglés/español de Google lo traduce a “capitalismo de amigos” yo lo traduzco, de malas ganas a “capitalismo de compinches”, que dista de ser cosa entre amigos; ya que compinche es de cómplices, ligado a acciones delictivas o censurables. Y digo que lo traduzco “de malas ganas” ya que llamarle “capitalismo” a una compinchería es bobería, valga la cacofonía. Desde el instante en que la praxis de política económica o actividad económica se desboca y entra en asociaciones prostituidas, deja de ser capitalismo. En ese caso llamémosle por su verdadero nombre: “fascismo”.

    El comentarista también hizo mención de la brecha o desigualdad entre ricos y pobres, lo cual, como todo, puede ser bien o mal enfocado. Se enfoca mal cuando generalizamos al decir que la desigualdad es mala. Yo les propongo lo contrario; que ¡menos mal! no somos todos pobres o faltos de intelecto. Lo natural en este mundo es que vayan surgiendo humanos con capacidades superiores que crean adelantos para toda la humanidad; tales como Aristóteles, Galileo y tal. Lo malo es cuando personajes de prestigio le cuelgan sentidos depreciativos que prostituyen cosas buenas; como tal es el caso del término “capital”, capitalismo o cápita”, siendo cápita cabeza en latín, termino referido al uso de la cabeza. Mal también es, hablar del capital referente al capital como dinero, y dando a creer que el dinero es cosa sucia. Más aún, quien acuñó el término “capitalismo” fue Marx, y lo hizo con sentido de desprecio.

    Otros, como algún papa, hablan de “capitalismo salvaje”, lo cual también envilece cosas nobles del capital humano, como la probidad, inteligencia, bondad y tal que son el capital más valioso. El capitalismo es de emprendedores, lo cual es cosa deseable y buena; y no como en Panamá en dónde perversos politicastros arraigaron el “no a la privatización”; que sería no a lo tuyo y sí a lo de los politicastros, quienes son los que terminan con el botín.

    El otro tema a escudriñar es aquello del “bien común” o “bienestar social”; que los izquierdistas tergiversan cuando dan a entender que estas cosas vienen de una propiedad comunitaria o peor, que se originan en sistemas de gobierno típicos del totalitarismo en dónde el bienestar fluye de arriba hacia abajo; cuando es todo lo contrario. Si las personas en lo individual, en su familia, el barrio, los organismos sociales y tal, hacia arriba no andan bien, no puede haber bienestar social. La idea de que a través una confiscación impositiva que resta al productivo para repartirlo entre los menos productivos, o peor, se puede lograr bienestar, es ilusión y engaño.

    Igual ocurre con esa otra frase de engaño: “capitalismo extremo”. Si es extremo, deja de ser capitalismo o, mejor dicho, deja de ser emprendimiento en el mercado, que es el término conceptual correcto. Otra manera de describir el «capitalismo extremo» es cuando la política se torna clientelista. Algunos amantes de la libertad en los EE.UU. o como gusta decir mi hermano Irving: “libertófilos”, hablan de “giverment”, que yo traduzco a “regalierno”. También debemos ver las oligarquías.

    El tema es que, cuando los gobiernos se meten a competir en el mercado contra los ciudadanos, la sociedad pierde en la subsidiaridad. Si un bebé recién nacido no lo arrullas, su mente se atrofia. Al bebé hay que alimentarlo no sólo con leche materna sino con el calor de sus padres, con su voz, caricias y más adelante con palabras y buenas ideas y costumbres; cosas que no nos llegan a través de los regaliernos. Se aprende, evoluciona y logra bienestar personal y comunitario haciendo y no esperando que el regalierno lo haga desde la cuna a la tumba. No hay cosa más alejada de la realidad y la verdad.

  • Mujer afgana: el dolor de ya no poder serlo

    Para una mujer afgana, la diferencia entre haber emigrado al extranjero o, como la mayoría, haberse quedado en su país apostando a que nunca regresarían a la barbarie, significa en estos momentos vivir una vida aceptable o estar muerta en vida.

    «Mañana ya no iré a la universidad. Los talibanes son como animales, no entienden el Corán. Para ellos las mujeres no deberían educarse. Se acabó todo para nosotras», dice una joven mujer afgana casada que acudía hasta ayer a educarse con el apoyo total de su esposo.

    Durante el régimen talibán, uno de sus portavoces llegó a declarar que «la cara de una mujer es una fuente de corrupción».

    Un estudio de ONU Mujeres denomina la segregación sistemática de la sociedad afgana en aquellos años como un «apartheid de género», pues las mujeres no podían trabajar, ni estudiar a partir de los 8 años o salir al balcón de su casa sin un hombre. Ninguna mujer afgana debía hablar en voz alta o reír en la calle, ya que ningún extraño debía escuchar la voz de una mujer. Peor aún, la violencia contra la mujer en un 23 por ciento estuvieron relacionados con compromisos y casamientos forzados, 14 por ciento conllevaron violencia física, y 9 por ciento una combinación de violación, prostitución forzada y relaciones sexuales forzadas por parte de los maridos. Y no queremos saber sobre cómo se daban esos casamientos forzados entre inocentes niñas y hombres adultos.

    Afganistán ya era en 2011 el peor país donde una mujer podía vivir, según una encuesta de la fundación Thomson Reuters, y ahora todo indica que la situación para ellas solo va a empeorar. Ayer mismo podían verse las primeras cuadrillas de talibanes pintando las paredes y vidrieras comerciales donde una mujer afgana aparecía promocionando algún producto o servicio.

    En Kabul en la década de 1970, las mujeres se educaban, vestían con minifalda y atuendos de moda, como cualquier mujer urbana occidental de aquella época. Con el regreso talibán al poder, no sólo la burka (velada completa de cabeza a los pies), sino que no podrán usar el móvil, tener acceso a redes sociales como Facebook o salir con las amigas por la ciudad. Ninguna mujer en el mundo merece vivir encerrada y amenazada.

    Entre 1996 y 2001, los talibanes en el poder imprimieron una visión ultraortodoxa de la ley islámica, que impide a la mujer estudiar, trabajar o simplemente salir de su casa sola o con amigas. Para salir debe hacerlo con el consentimiento del hombre del hogar, ser acompañada por un miembro masculino de la casa y siempre bajo una burka que la vela del público.

    Las flagelaciones, lapidaciones y las ejecuciones han sido parte del paisaje habitual en plazas y sitios públicos durante esos años de los talibanes a cargo. Hasta hoy, algunas de estas prácticas sobrevivían en entornos rurales, quizás con no tanta frecuencia y brutalidad, pero lentamente se suponía que iban a desaparecer; no a reimponerse nuevamente a la vista de una sociedad occidental que observa impávida cómo estas prácticas pueden suceder en pleno siglo XXI.

    «No es retroceder unos años, es volver a la edad media», asegura con firmeza la joven Khadija desde Kabul a la agencia EFE. Ella se casó libremente con su marido en 2019 y ambos viven desde entonces juntos.

    Khadija, sin embargo, cree que a partir de ahora ninguna mujer podrá elegir su vida. Opina que la mayoría de los talibanes tiene «delirios y problemas mentales» y «no entiende lo que es Afganistán, muchos ni siquiera son de aquí».

    Zarifa Ghafari lleva prácticamente toda su vida luchando por los derechos de las mujeres en Afganistán. Hace solo tres años se convirtió en la mujer más joven en ser escogida alcaldesa (en el país afgano a los alcaldes los nombra el presidente y no salen de las urnas) y una de las pocas mujeres en ocupar ese puesto, la primera en su provincia. Ahora, con la toma de Kabul por parte de los talibanes e instaurado de nuevo el régimen, teme por su vida. “Ser mujer en mi país significa vivir una vida realmente llena de dificultades, donde todo se juzga por género”, ha dicho.

    «Es una pesadilla para las mujeres que han estudiado, que piensan en un mañana mejor para ellas y las generaciones futuras», dijo Aisha Khurram (22), representante de la juventud afgana ante la ONU y estudiante de la Universidad de Kabul.

    Los talibanes afirmaron que respetarían los derechos humanos si regresaban al poder en Afganistán, enfatizando en los de las mujeres, pero (y éste es un gran «pero») según los «valores islámicos» más ortodoxos.

    Sin embargo, la mujer afgana mira con desconfianza esas promesas, sobre todo aquellas que durante dos décadas pudieron concurrir a la universidad, ocuparon cargos de responsabilidad política, en periodismo, el poder judicial y las fuerzas de seguridad.

    La periodista afgana, Shabnam Bayani, afirmó recientemente en una entrevista con la emisora panárabe Al Arabiya, que «las mujeres desaparecieron de las calles de Kabul por temor a la acción de los talibanes», reportó la agencia de noticias ANSA.

    El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijo estar «horrorizado» por «ver cómo desaparecen los derechos tan duramente conquistados por las niñas y mujeres de Afganistán».

    Hoy, durante la reunión de emergencia del Consejo, Guterres expresó: «Estoy particularmente preocupado por los informes de crecientes violaciones contra mujeres y niñas afganas. Es esencial que se protejan sus derechos ganados con tanto esfuerzo».

    Frente a lo que está sucediendo, es imposible no pensar en los llamados movimientos feministas de los últimos años, las que llaman a una sororidad (solidaridad entre mujeres) odiando a todo aquello que no sea violento en sus formas de expresar los reclamos. Esas demostraciones con cánticos a los gritos, rechazando al hombre, desnudando los cuerpos exponiendo y haciendo de la vulgaridad y  fealdad un valor, esas mujeres que denigran las convicciones religiosas de los demás, sólo pueden hacerlo en el mundo occidental, el mundo libre y capitalista que odian.

    Ese «poder hacerlo» es justamente la diferencia de ser mujer en un país con libertades o sin ellas, la suerte de tener garantizados sus derechos individuales o despertarse un día en una enorme cárcel de mujeres.

  • El gasto de planilla gubernamental necesita los aportes de tres canales para pagarse

    Es desconcertante ver que tantos critiquen el gasto gubernamental excedido y desviado, y la crítica no llega ni a primera base. Pero hoy, como ya parece ser todos los días, me encuentro que, de lo desconcertante hemos pasado a lo delirante, tanto en Panamá como allende. En particular me llamó la atención un artículo de James Bovard publicado por el Instituto Mises, en el cual el autor señala que a pesar de que la gran mayoría reconoce que el gasto desmedido es inmensamente perjudicial; ¡de pronto!, para el gobierno de Biden en USA, lo considera como el camino al progreso y la salvación. ¿De veras?

    Creer que derramando papelitos verdes podemos prosperar es clara señal de demencia o, de algo peor. En el caso de Biden, Bovard nos dice que este presidente declaro: “Tenemos que gastar estos dineros para asegurar el crecimiento económico, sin entrar en consideraciones de cuanto esto ayudara a la gente.” ¿Entendiste? Yo no. Allá lo llaman, “estímulo federal”; acá en nuestro patio una funcionaria de alto rango me dijo que era “welfare”, que traduce a bienestar social. Curioso que en tantos casos el bienestar lleva nombre y apellido.

    Uno de los problemas grandotes es lo difícil que es repartir tanto dinero o lo que sea a través de un aparato gubernamental que no es bueno ni para tapar baches en las calles. En Venezuela vimos el caso de buques llenos de comida, la cual se pudrió en los muelles porque Chávez no lograba repartirlo. Pero seguro que sus amiguitos sí lograron llenar alacenas.

    Tanto en USA como en nuestro patio, las autoridades jamás aceptarán que esos “estimulos” se deben al fracaso de los encierros que han destruido la economía y empobrecido a media humanidad; a punto que ya el COVID dejó de ser el problema principal. Ni hablar que en el proceso pisotearon las libertades ciudadanas y convencieron a medio país de que ellos, “las autoridades” eran la salvación; cuando en realidad son la perdición. En Panamá el sector informal, que antes andaba por el 40%, ahora anda por el 65% o más. Lo único bueno es que muchos están comenzando a copiarse de los asiáticos, que hace mucho estaban claritos en cuanto a eso de ser “empresarios”; o, mejor dicho, “emprendedores”. Y, a todo esto, ni entremos a ver lo de la educación; que, si antes andaba mal, ahora, simplemente, ¡no anda!

    Por otro lado, muchos se volvieron adictos a los “estímulos”; aunque nadie alertó acerca de lo que se estaba “estimulando”. Y, a todo ello, olvidado quedaron las advertencias de ilustres antepasados; tal como el economista Warren Nutter quien advirtió: “Mientras más se toma el gobierno, menos sobrevive la democracia.” Jefferson: “La dependencia es buena herramienta para los designios de ambiciones políticas. Plutarco, en los últimos días del Imperio Romano: “En esos tiempos los subsidios habían corrompido al pueblo, y la mayoría aprendió a comerciar con sus votos.” Montesquieu: “No se puede ser magnánimo sin una gran extorsión: para lo cual hace falta subvertir al estado. Hayek: “El concepto de que el estado debe ser guiado por la opinión de la mayoría tiene sentido solamente si esas opiniones fuesen independientes del gobierno.” En fin, todo cuanto anima al pueblo a ver a los políticos como salvadores, hace peligrar la libertad.

    A fin del día, el “regalierno” (gobierno regalón) nos llevará al desastre. La ley no sólo ha sido prostituida, sino que es tan extensa que ni los conocedores la conocen. El gasto gubernamental es cada vez más insostenible. La Prensa de hoy por Roberto González – 5/8/2021 nos informa que se contemplan $6,233 millones para la planilla estatal del 2022. Y ¡es sólo la planilla!, esa que se está pagando con préstamos. El Canal aportó $1800 al gobierno. Quiere decir que para el año 2022 necesitaremos un poco más de 3 «Canales de Panamá» para pagar solamente la planilla. No sé si el loco soy yo o si hay otros “locos” por allí.

  • Entre la libertad y el mandato

    Richard W Rahn, director del Institute for Global Economic Growth y MCon LLC, cuenta que, en junio del presente una encuesta de Momentive halló que en los EE.UU. los jóvenes entre 18 y 24 años, el 54% favorecía el socialismo y sólo el 42% al capitalismo, es decir, entre la libertad y el mandato, elegían el mandato. Esta realidad nos lleva a deducir que la mayoría de esos jóvenes, que rechazan el capitalismo, desconocen que el socialismo ha fracasado en todos los sitios en que se ha puesto en práctica. Y tampoco están enterados que los principales países comunistas asesinaron a más de 100, 000, 000 de su propia gente.

    ¿Saben esos jóvenes lo que es capitalismo o socialismo? En pocas palabras, el socialismo es un sistema totalitario de coerción; algo así como lo que ocurre hoy día en Panamá y el mundo en general, en dónde el gobierno ordena encierros, cierre de negocios, uso de máscaras, y ahora quiere obligar a tener pasaporte de vacunado. Eso no es capitalismo; ya que el capitalismo requiere que los ciudadanos sean libres para resolver sus necesidades sin imposiciones o mandatos. Lo planteo de otra forma: “¿Le darías a las autoridades del gobierno el poder de darte ordenes? ¿Estarías de acuerdo que en la Constitución estuviese plasmada semejante entrega de nuestro albedrío (libertad personal que requiere reflexión y elección consciente)? Mi sentido pésame si estás en esa línea.

    El capitalismo se basa en el libre intercambio de bienes y servicios en una división voluntaria del trabajo, de manera que cada uno resuelve sus necesidades dependiendo de su particular condición, sus habilidades y gustos. No hay sistema de gobierno que sea capaz de tomar esas realidades en cuenta al momento de dar órdenes. Si Pedro es bueno en música, ofrecerá sus servicios de músico. O Pablo es bueno cocinando, resolverá sus necesidades siendo cocinero y así. Lo que se busca son ciudadanos que resuelvan por su cuenta y que les digan a los gobernantes: “¡Oye, no empujes!, que yo toco a mi ritmo y Pablo cocina a su gusto”. Si no te gusta la música de uno o la comida del otro, pues te buscas otro ritmo o platillo.

    En Panamá hemos cultivado una cultura disfuncional en dónde se popularizó el “no a la privatización”; un decir sin sentido. Si estás en San Miguelito y dices: “me voy para Colón, pero no voy por la Transístmica; automáticamente estas diciendo que te vas por otra ruta o medio. Es decir, que te irás por el corredor o en avión. Si le preguntas a quien dice “no a la privatización” ¿qué otro sistema de gobierno pretende?, no te sepa decir y terminamos sin chicha ni limonada, sumidos en el guacho de servidumbre, que es servilismo o capitalismo de compinches.

    El servilismo, que es una condición en la cual uno carece de libertad para determinar cómo actúa en su vida. En tal situación, tu vida no es tuya, no es de tu propiedad; y así lo ven los marxistas, que el estado es dueño de tu cuerpo, pensamiento, palabra y acción. Pero… el estado no es el pueblo sino los Castro, Chávez y Maduros del mundo.

    En la Colonia, el rey de España era la ley; y muchos perdieron la vida por contradecir los deseos de su lacayo, Pedrarias. Algunos ilusos pensarán y dirán que todo eso cambió y que en Panamá hay capitalismo y democracia… ¡falso! En Panamá tenemos, si acaso, un “capitalismo de compinche” o mafia de “honorables”.

    Hoy, a medida que el mundo evoluciona y que los ciudadanos vamos logrando estar más y mejor informados, vamos despertando y exigiendo nuestros derechos. ¡Por supuesto!, que eso incomoda a los “honorables”, que ven peligrar la fuente de sus fétidos sancochos. Esto los lleva a buscar maneras de someter a sus siervos; lo cual hacen con toques de queda, máscaras y tal, bajo la falsa argucia del COVID. Y si eso lo aceptamos, ¿quien sabe qué otra cosa peor aceptaremos?. Entre la libertad y el mandato, se vuelve a elegir el mandato.

    ¿Y cómo resolvemos o salimos del servilismo? Tal vez la mejor forma está en convencer a los panameños de exigir su derecho a elegir cómo y dónde educan a sus hijos. Lo que jamás debimos hacer es encargar a los zorros del gallinero la educación de nuestros hijos; ¿o es que no se han dado cuenta de que no los educan? Esos mismos “honorables” que obligan a los que menos tienen a enviar sus hijos a las mazmorras públicas que osan llamar “escuelas”, envían a los suyos a las privadas. ¿Por qué no darles ese mismo derecho a todos?; si, a fin de cuentas, el NODUCA gasta más por alumno que lo que se cuestan promedio las escuelas privadas.