Categoría: Opinión

  • ¿No hay plan?, una nota para distraídos

    En otras ocasiones lo he consignado, pero en vista del renovado entusiasmo y énfasis con que se esfuerzan los distraídos para denunciar que no hay plan, es necesario reiterar y contradecir a los incautos y anoticiarlos que sí hay plan.

    Un plan tan efectivo para producir resultados inmediatos que ni siquiera los fulanos de marras se percatan que existe, quienes miran para otro lado atolondrados por las circunstancias. Es tan eficiente el plan en curso que avanza a pasos agigantados de un modo tal que se hace invisible para ojos muy poco atentos y acostumbrados a que un plan tiene que tener ciertas características que ellos solo conciben como posibles, son mentes estructuradas incapaces de advertir el peligro. Están estructurados en base a fabricaciones preconcebidas con lo que no pueden interpretar otras manifestaciones fuera de su estrecha familiaridad.

    Para estos liliputenses solo hay plan si se consignan guarismos tales como el porcentaje de déficit fiscal, el ritmo de expansión monetaria, el comportamiento de la maraña tributaria o la evolución de la deuda, el resto no puede ser un plan aunque se planifique la destrucción de todo vestigio de procedimientos civilizados.

    Si le hubieran dicho a Fidel Castro, a Hugo Chávez o ahora a Daniel Ortega o a Kim Jung Un que sus gobiernos no tienen plan se hubieran descostillado de risa.

    ¿No se ve con toda claridad la celeridad con que el plan totalitario procede sin cortapisas de alguna firmeza, solo rodeados de declaraciones altisonantes y sin resultados concretos? ¿No se ve que ya no tiene sentido la parla sobre la República puesto que por el momento no hay vestigio de república? Un sistema republicano tiene cinco componentes, la alternancia en el poder, la responsabilidad de los actos de gobierno ante los gobernados, la publicidad de los actos de gobierno en el contexto de la necesaria transparencia, la división de poderes y la igualdad ante la ley. Muy poco queda en pie y sin embargo se insiste en que no hay plan como si nuestras dolencias vinieran por azar.

    Tengamos en cuenta que la igualdad ante la ley no es desde luego que todos seamos iguales para ir a un campo de concentración, se trata de la igualdad de derechos atada e inseparable de la noción de Justicia que según la definición clásica es el “dar a cada uno lo suyo” y “lo suyo” remite a la propiedad privada, una institución extremadamente vapuleada en nuestro medio por los atropellos inmisericordes del Leviatán.

    Se porfía que no hay plan mientras los planificadores se mofan de la tontera ajena y siguen introduciendo nuevos gravámenes, nuevas expansiones galopantes de la base monetaria, nuevos endeudamientos internos y externos, nuevos subsidios, nuevas legislaciones laborales que aniquilan el trabajo y nuevas regulaciones asfixiantes. Pero los supuestos soldaditos de la cordura aseguran que no hay plan.

    Si seguimos rodeados de estos irresponsables pronto todos nos encontraremos en un inmenso Gulag donde cuando ya sea demasiado tarde se reconocerá que ese era el plan impuesto y dirigido por los capitostes que administrarán los alambrados de púa. Para los distraídos si un plan no se anuncia acompañado de una planilla Excel o si no encaja en los criterios de la burocracia del FMI no es un plan. Si no se dice claramente cuál es el rumbo, no hay rumbo aunque los acontecimientos se precipiten machaconamente siempre en la misma dirección. Hasta que el choque contra la pared última no sea patente no hay plan, por más que la velocidad de los acontecimientos conducidos por megalómanos exponenciales se acerca a la pared definitiva y por más que se hayan producido reiterados choques espectaculares contra paredes intermedias como avisos de peligro inminente de la catástrofe final. Por más que todo ello ocurra, se sigue manteniendo que no hay plan lo cual desdibuja la noción de plan y las trifulcas de palacio que entretienen a tantos con chismografía de segunda, igual que con el cuento del lobo feroz es para comernos mejor.

    Tal vez convenga en este contexto alguna reflexión sobre el sentido del derecho a los efectos de escapar de la trampa del no-plan mientras nos devora el si-plan basado en la estrangulación de las autonomías individuales y consiguientemente del derecho. De un largo tiempo a esta parte la noción original de la ley se ha deteriorado significativamente. En la tradición del common law y en buena parte del derecho romano, especialmente durante la República y la primera parte del Imperio, el equivalente al Poder Legislativo era para administrar las finanzas del gobierno mientras que el derecho era el resultado de un proceso de descubrimiento que surgía de otro campo: los fallos de árbitros según los convenios entre partes que el poder de policía se encargaba de hacer cumplir.

    El jurisconsulto italiano Bruno Leoni en su célebre obra La libertad y la ley explica que “estamos tan acostumbrados a pensar en el sistema del derecho romano en términos del Corpus Juris de Justiniano, esto es, en términos de una ley escrita en un libro, que hemos perdido de vista cómo operaba el derecho romano […] El derecho romano privado, que los romanos llamaban jus civile, en la práctica, no estuvo al alcance del legislador […] por tanto, los romanos disponían de una certidumbre respecto de la ley que permitía a los ciudadanos hacer planes para el futuro de modo libre y confiado y esto sin que exista para nada escrito en el sentido de legislaciones y códigos” a diferencia de lo que hoy ocurre en cuanto a que cualquier legislación puede modificarse abruptamente en cualquier dirección, en cualquier área o abarcando extensos territorios.

    El filósofo del derecho Lon Fuller en The Principles of Social Order concluye que “el juez que tiene claramente en su mente que el principio del contrato puede, sin su ayuda, servir como ordenamiento social abordará su materia con un espíritu diferente de aquel juez que supone que la influencia del contrato en los asuntos humanos deriva enteramente de la legislación fabricada por el Estado”, lo cual expande en su libro titulado The Morality of Law en la que crítica muy documentadamente al positivismo legal, corriente que desafortunadamente hoy predomina en la mayor parte de las Facultades de Derecho en la que los egresados citan legislaciones, incisos y párrafos pero desconocen los fundamentos de la norma extramuros de la ley positiva.

    Nota: editado ligeramente para darle contenido internacional al artículo.

  • Estados Unidos se viene latinoamericanizando

    La degradación conceptual que ha penetrado en algunos de los máximos referentes políticos de los Estados Unidos le da la espalda a una larga tradición que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales de la historia de la humanidad.

    En otra oportunidad he recurrido a lo que ahora apunto en el título de esta nota para describir lo que viene sucediendo en el otrora baluarte del mundo libre. Esta vez, como una muestra más del declive estadounidense que viene operando desde hace un tiempo, una de las manifestaciones recientes y más contundentes tuvo lugar en la sala de prensa en la Casa Blanca a raíz de una expresión de Jen Psaki, la vocera presidencial de Joe Biden. Respondiendo a una pregunta periodística afirmó que “los precios suben debido a la codicia de empresarios”. Una conclusión alarmante por su insensatez, digna de republiquetas africanas o las peor ubicadas de la región latinoamericana.

    ¿Cómo es posible que en Estados Unidos puede deslizarse una tropelía de esa magnitud nada menos que en el centro del poder gubernamental y con el natural aval de las autoridades del caso? Este desbarranque mayúsculo sólo puede tener lugar debido a una degradación conceptual de características exponenciales que han penetrado en mentes de un modo sumamente peligroso para la supervivencia de la sociedad libre a contracorriente de los sólidos valores y principios de los Padres Fundadores de esa nación.

    En su momento destacamos con enorme preocupación el persistente incremento del gasto público, el déficit y el endeudamiento generado por el anterior presidente Donald Trump. También subrayamos su desgraciado e inaceptable rol en el rechazo de los resultados electorales según normas por él aceptadas en la contienda y certificadas por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (ocho de los cuales designados por el propio Trump) y por su vicepresidente Mike Pence. Luego el sucesor Joe Biden se decide por acentuar los antes mencionados guarismos de gasto, déficit y deuda junto con expansiones adicionales en la base monetaria lo cual se traduce en la inflación mayor de los últimos treinta y nueve años.

    En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos detallo la referida declinación en materia de relaciones exteriores, de varios aspectos en la Justicia, de la educación, de la economía, el federalismo, los problemas con las drogas alucinógenas para usos no medicinales, las trabas migratorias, las fuerzas paramilitares y los servicios de inteligencia, el terrorismo, la estructura fiscal y en general los límites al poder. Cierro aquella obra con un pensamiento de Ronald Reagan con la advertencia que “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

    En algunos ámbitos ha penetrado en suelo estadounidense la idea atrabiliaria que los precios dependen de la voluntad empresaria en lugar de percatarse que si fuera así no habría techo alguno en los precios puesto que todo comerciante intenta embolsarse con lo máximo que pueda del mismo modo que todos los que trabajan desean ser retribuidos con los mayores salarios. Si fuera así el vendedor de caramelos colocaría su producto a un millón de dólares la unidad pero las cosas no son ni remotamente de ese modo, hay algo que se conoce como la ley de la oferta y la demanda por una parte, y por otra cuando la llamada autoridad monetaria expande la cantidad de dinero el poder adquisitivo se derrite puesto que hay más billetes persiguiendo la cantidad de bienes y servicios disponibles.

    No es una treta que de resultado en mentes medianamente despiertas el endosar la responsabilidad de los procesos inflacionarios a los comerciantes con la idea de desviar la atención de los manotazos gubernamentales que imponen esa carga tributaria no legislada que conocemos con el nombre de inflación para no recurrir a la verdadera expresión que es una estafa legal en el contexto del abuso de poder.

    Como lo han señalado una y otra vez economistas de renombre, la inflación es consecuencia de la expansión en la cantidad de dinero que imponen las bancas centrales y las llamadas “expectativas” nada tiene que ver puesto que si un comerciante eleva los precios más allá de lo que absorbe la demanda simplemente verá contraerse sus ventas. Para que tenga lugar el aumento de precios más allá de las condiciones de mercado, es indispensable que sean convalidados por expansión de moneda.

    El efecto central del daño inflacionario es que distorsiona los precios relativos, esto es desdibuja las únicas señales con que cuenta el mercado para guiar a los operadores económicos respecto al uso de los siempre escasos factores de producción e inducir al despilfarro que al consumir capital hace que los salarios e ingresos en términos reales se contraigan.

    En el caso de la conferencia de prensa a la que aludimos en este artículo también se dijo que la inflación “significa el aumento general de precios” lo cual no es correcto ya que si fuera de ese modo no habría problema con la inflación en cuanto a que no se produciría el desequilibrio entre precios e ingresos puesto que todos los precios galoparían al mismo ritmo y tengamos en cuenta que los salarios también son precios. En ese caso una inflación del treinta por ciento anual, mensual o semanal no provocaría el antes mencionado desequilibro. Habría eso si eventualmente que transportar el dinero en carretillas, habría que corregir las columnas en los libros de contabilidad y modificar los dígitos en las calculadoras, pero como queda dicho la distorsión precios-salarios no tendría lugar. El problema central entonces con la inflación monetaria es la desfiguración de los precios relativos.

    El rol del empresario en una sociedad libre se circunscribe a que para mejorar su situación patrimonial no tiene más remedio que ofrecer bienes y servicios que demandan sus congéneres: si acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados hace de guía para la utilización de los fondos disponibles al efecto de otorgarle el mejor uso posible dadas las circunstancias imperantes.

    Por otro lado, los prebendarios que operan en alianza con el poder de turno en base a privilegios y mercados cautivos son la máxima expresión de la explotación a sus semejantes y lo contrario de lo que significa un empresario en una sociedad abierta.

    En resumen, la codicia que hay que combatir con toda la fuerza de la ley es la que llevan a cabo funcionarios con el fruto del trabajo ajeno. Como ha señalado Thomas Sowell “no entiendo cómo se condena el uso y la disposición de lo propio como un acto de codicia y se exculpa el echar mano coactivamente a los recursos de otros en nombre de la denominada justicia social”. Por último, en este sentido Freidrich Hayek explica que “el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo: derechos sociales, constitucionalismo social, economía social y justicia social” puesto que esto último solo puede tener dos acepciones: o es una redundancia ya que la justicia no puede ser vegetal o mineral o significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarlo a otros lo cual contradice la definición clásica de justicia en cuanto a “dar a cada uno lo suyo”.

    Hoy aparece un peligro adicional en Estados Unidos además de lo antes señalado sobre el marcado deterioro de guarismos clave que incluyen una inflación creciente y es el denunciado en CNN por el ex comandante general Paul Eaton que se concreta en la constante presión a integrantes de las Fuerzas Armadas por parte de ciertos líderes políticos que acompañan la antes mencionada idea atrabiliaria del fraude electoral en al última contienda, lo cual -concluye el mencionado general también en nombre de otros camaradas de armas- pone en grave riesgo la continuidad institucional de la república. Afortunadamente hay destacados miembros del Partido Republicano como el anterior candidato a la presidencia y actual Senador Mitt Romney y distinguidos colegas que condenan enfáticamente la posición alimentada por Trump y el intento por desconocer el último resultado electoral sin atender las antedichas certificaciones.

    Para bien del mundo libre, hacemos votos para que merced a los múltiples y muy meritorios esfuerzos que se llevan a cabo en muy diversas fundaciones privadas y equivalentes para rectificar el rumbo en Estados Unidos puedan producirse resultados acorde, de lo contrario la libertad corre riesgos grandes. Muchos son los que advierten acerca de este declive pronunciado pero se destacan David Stockman y Ron Paul con sus libros y reiteradas apariciones en televisión con reflexiones muy atinadas y documentaciones sumamente detalladas, junto a valiosos consejos para apartarse de la degradación en su país en varios frentes por darle la espalda a lo mejor de la tradición estadounidense que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales en lo que va de la historia de la humanidad.

  • Descentralicemos la educación

    Descentralicemos la educación

    Me aflige ver como una y otra vez las noticias destacan el bochornoso fracaso de la educación en Panamá, pero, según parece, pocos proponen soluciones. ¿Será que no conocen de alternativas o será que no se atreven a proponerlas? Y digo que no se atreven a proponer alternativas porque las obvias van en contracorriente; lo cual es lastimoso ya que la corriente va por un rumbo equivocado y tenebroso, que es el rumbo del centralismo castrante del servilismo a las mafias políticas.

    Y, no hago semejante acusación de manera temeraria sino en base a toda la abundante evidencia, consistente no sólo en el fracaso del NODUCA sino en el tropel de asaltos al erario y temas puntuales, tales como la actuación delictiva de los agentes de tránsito, la cual es apadrinada por el andamiaje administrativo estatal.

    Dicho lo anterior, reenfoco el tema del fracaso educativo y de sus soluciones; y la pregunta medular es si nos seguimos estancados en el lodazal del repudio al fracasado sistema o si vamos a procurar auténticas reformas.

    En los EE.UU., la parte buena de la supuesta “pandemia” es que ha causado un despertar que ha llevado a decenas de miles de padres de familia a repensar la educación de sus hijos, luego de dos años de tenerlos en casa y de ver la pobre calidad de una enseñanza pagada a precio de primera calidad.

    En los EE.UU., muchos padres optaron por la educación en casa, mientras otros optaron por ir a las reuniones de juntas académicas a ver y opinar; lo cual produjo una reacción de reflejo estatal que acusó a los padres de ser “terroristas domésticos.” Al menos en Panamá nuestra pobre constitución dice que los padres tienen el magnánime derecho de participar.

    En Panamá el asunto es mucho más lúgubre, ya que pocos padres se preocupan en averiguar qué les enseñan a sus hijos, si es que les enseñan algo más que la sumisión al dios estado. Pero la pregunta que gime ser formulada a gritos es: ¿Acaso la educación es algo que puede o debe ser delegada a los gobiernos? ¿Acaso los panameños no se dan cuenta lo chambona que es su estructura gubernamental? Que si no pueden siquiera mantener las calles y regular en tránsito ¿qué chance tienen de educar a los niños?

    La solución debía ser obvia… ¡DESCENTRALIZACIÓN! Es decir, que el NODUCA sólo se dedique a la función propia estatal de velar que no estafen a los ciudadanos en vez de lo que hace hoy día que es ser el estafador en jefe.

    El gran secreto de una buena educación está en cosas como la diversidad de ofertas educativas y, particularmente, en promover la emoción y amor por el aprendizaje. Pensar que el NODUCA puede hacer estas cosas es absurdo. Y ello sin considerar que una institución estatal panameña no tiene la capacidad de administrar una planilla de más de 60,000 funcionarios y mucho menos el presupuesto que ello requiere. Sólo hay que ver la penosa situación de las infraestructuras académcias por todos lados.

    Si no abolimos el abismal rol político estatal en la educación seguiremos atascados en el lodazal de la ignorancia y la pobreza, con todas esas cacareadas desigualdades resultantes del pérfido sistema. Y lo más triste de todo es que despilfarramos más en la deseducación central que lo que gastan las escuelas privadas. Bien podríamos dar los fondos directamente a los padres, a través de vales o cuentas educativas y que estos decidan dónde educan a sus hijos. Con ello se potenciaría la independencia de los ciudadanos y no el servilismo.

  • ¿Es virtuosa la homosexualidad?

    Hace pocos días, GCC Views publicó un artículo en el cual la agencia estatal de servicio postal noruego, presenta un video de un Santa gay; el cual se tornó viral. GCC Views no intentaba promover la homosexualidad sino informar acerca de la tendencia creciente de quienes se afanan en decir que es cosa buena, normal y sana. Simplemente buscamos la discusión crítica del tema. Y, tal vez uno de los enfoques críticos iniciales sería: ¿Qué hace una agencia estatal promoviendo la homosexualidad? ¿Acaso es esa una función gubernamental?

    La sexualidad, por su naturaleza, no es un deporte o actividad para deleitarnos sin atención a sus consecuencias más profundas. La cópula sexual entre hombre y mujer está fraguada en la naturaleza con fines de diversidad y sobrevivencia, que sin ello no existiríamos.
    El cambio de una reproducción asexual a una sexual ocurrió hace unos 541 millones de años durante la explosión Cámbrica, e hizo posible la evolución que trajo a los humanos a la cúspide de la creación animal. Fue una diferenciación que permitió y sigue permitiendo una adaptación de sobrevivencia y desarrollo. La atracción entre el macho y la hembra tuvo y tiene un propósito único y esencial, con lo cual no debemos interferir ni, mucho menos, jugar.

    Con la diferenciación de homíninos a homínidos, el cerebro tuvo que crecer para permitir nuestro desarrollo, limitado por el paso a través del canal de parto de las madres de la vida; lo cual tiene aspectos insoslayables; tal como la crianza y educación de la criatura, lo cual poco ocurre entre otras especies animales. Esta función unitiva de la pareja va de la mano con la reproductiva y son inseparables. Precisamente allí el intento tenebroso de la tendencia totalitaria de promover la homosexualidad, la educación estatal, y el convertirnos en semovientes. Es la destrucción del bienandar que nos encausa por tenebrosos caminos.

    Más aún, la práctica homosexual debilita la unión entre el padre y la madre y el sano desarrollo de los hijos. La práctica homosexual desatiende la razón e importancia de la naturaleza creativa y de la vida en general. Con lo dicho, no busco destruir a quienes se han ido por esos rumbos, sino busco dejar lo más claro posible el que el acto o cópula homosexual no es virtuoso.

    En fin, quienes buscan y promueven estas aberraciones son una gran minoría que, como lee la Carta de San Pablo a los romanos en su Capítulo 1, advierte de “las maldades e injusticias de aquellos que sofocan la verdad con el mal.” También señala San Pablo que las obras de la Creación están inscritas en ella para que la conozcamos. Y habla de aquellos que “creyéndose sabios, se volvieron necios.” “Se entregaron a la impureza y deshonraron sus propios cuerpos.”

    Y más aún, nos dijo San Pablo: “Los hombres, asimismo, dejan la relación natural con la mujer y se apasionan los unos por los otros; practican torpezas varones con varones, y así reciben en su propia persona el castigo merecido por su aberración.”

  • Sobre mi amigo Antonio Escohotado

    El filósofo español Antonio Escohotado murió el pasado 21 de noviembre. El mundo del pensamiento está de luto por la partida de este titán de la cultura universal.

    Lo conocí en Lima en marzo de 2015 en una comida que ofreció Mario Vargas Llosa a un grupo de amigos a raíz de nuestras respectivas ponencias en el congreso de la Mont Pelerin Society. Luego de ese encuentro nos hemos escrito regularmente con Antonio, con quien hemos mantenido un par de intercambios mano a mano vía Zoom que se encuentran en Youtube.

    Como es del dominio público, Antonio Escohotado murió el 21 de noviembre por lo que me comuniqué tanto con su hijo Jorge como con Diego San José Jiménez, que fue el que organizó el primer Zoom referido desde Madrid. El mundo del pensamiento está de luto por la muerte de este titán de la cultura universal. Comenzó su ciclópea producción intelectual con una tesis doctoral sobre Hegel la cual se fue nutriendo con un número impresionante de contribuciones tanto en libros como ensayos académicos y artículos periodísticos. Con el tiempo fue mutando de su marxismo inicial al liberalismo, desde la abolición de la propiedad a la importancia decisiva de esa institución, desde la tragedia de los comunes al uso y disposición de lo propio como eje central de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

    De todas sus múltiples obras en esta nota periodística me voy a referir muy sumariamente a sus colosales tres tomos titulados «Los enemigos del comercio». Una historia moral de la propiedad que me trajo de regalo mi hijo Bertie desde España hace tiempo. Tal como «La acción Humana», Tratado de economía de Ludwig von Mises es hasta el momento el trabajo cumbre en esa ciencia tan poco explorada, tan difamada y poco comprendida, del mismo modo la triada de Escohotado constituye un aporte monumental a la historia desde la perspectiva filosófica, aunque este autor es más conocido por su publicación sobre las drogas alucinógenas para usos no medicinales, solo comparable a las publicaciones de su amigo Thomas Szasz en la misma materia.

    Soy consciente que es absolutamente imposible hacer justicia en una nota periodística a una obra de esta envergadura que abarca 2049 páginas, pero solo esbozamos algunos pocos puntos en la esperanza que los lectores se interesen en la indagación del trabajo completo.

    En el primer tomo destaco que nuestro autor confiesa que comenzó a revertir su posición socialista con la lectura de Carl Menger «Principios de Economía», muy especialmente referido a la teoría subjetiva del valor. Se detiene a considerar la influencia disolvente de Platón y su propuesta comunista en «La República» e incluso pensadores de la talla de Aristóteles que refutó ese comunismo pero justificó la esclavitud. Antes que eso, el Nuevo Testamento contiene dos versiones encontradas sobre el rol de la propiedad, la de Santiago en Mayor y Pablo de Tarso. Podemos ahora lamentablemente decir que la primera versión que había sido fuertemente criticada y en buena medida abandonada debido a la primacía de la segunda, volvió a surgir con fuerza con la denominada Teología de la Liberación y ahora con el actual Papa Francisco a quien cuando le preguntaron si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016) y su mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros, de ahí sus Encíclicas, Cartas Pastorales, sus actitudes tan pastosas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus alabanzas a tercermundistas y repetidas declaraciones donde pondera el pobrismo al tiempo que critica al proceso de mercado y al capitalismo en línea con lo inaugurado por el antisemita San Juan Crisóstomo en cuanto a que dar a los pobres no sería más que entregar lo que a ellos les pertenece.

    Pasa revista en detalle a las utopías tan destructivas de Tomás Moro y Campanella y sus parientes y derivados, así como también a las influencias de Marx y Engels. También estudia las formidables contribuciones a la libertad de los Fueros españoles, el habeas corpus y la Carta Magna en Inglaterra junto a la Revolución Gloriosa de Guillermo de Orange y María Estuardo, la Revolución Francesa con su defensa del derecho de propiedad y la igualdad ante la ley, antes de la contrarrevolución de los jacobinos y el reino de la guillotina. En este último sentido es de interés reproducir lo que cita el autor de Robespierre en cuanto a que “todo lo indispensable para la preservación es propiedad común” y condena “el bandidaje y fratricidio disfrazados bajo el sofístico nombre de libertad comercial”.

    En el segundo tomo sobresalen los temas de la contribución pionera de William Godwin del absurdo y contraproducente anarquismo dado que resulta imposible la convivencia a través de la abolición de toda norma y tribunales tal como propone este pensador. Luego la extraordinaria experiencia estadounidense que pudo prosperar merced al abandono inicial del comunismo en la colonia de Massachusetts, resurgimiento explicado por el gobernador Bradford en sus memorias una vez dejada de lado la idea de mantener los bienes en común que estaba conduciendo a la población a la miseria y a las hambrunas de los primeros tiempos y el posterior florecimiento merced a la extendida libertad y respeto a los derechos de todos luego aconsejados y reiterados por los Padres Fundadores.

    También elabora sobre la fracasada utopía en La Nueva Armonía de Robert Owen bajo la idea de “liberar a la humanidad de sus tres males más monstruosos: la propiedad privada, la religión irracional y el matrimonio”, un experimento que hubo que abandonar a poco andar por ruinoso y que provocó en los incautos “corazones decepcionados” en un clima de conflictos inevitables de unos contra otros en un proyecto que pretendía la armonía, en lugar de eso “topamos con antagonismos”. En este volumen se analizan principalmente las obras de Jeremy Bentham, Edmund Burke y James Mill y la contracara de Rousseau, Johann Fichte, Thomas Carlyle y Charles Fourier para luego abordar la influencia y difusión de los ensayos de Saint-Simon y Comte.

    Cierra este voluminoso aporte con la Revolución Rusa y la irrupción de la Sociedad Fabiana en un capítulo sugestivamente titulado “El colapso del liberalismo inglés”. Nos dice Escohotado que “la asociación adopta como símbolo la tortuga, acorazada y lenta y como nombre el del cónsul romano Fabio Máximo” con su estrategia gradualista y de penetración contra Ánibal. Fue “una forma ampliada del socialismo estatal instaurado por Bismark”. Adhirieron autores como Bertrand Russell a quien Escohotado cita afirmando que “el comunismo soviético es necesario para el mundo y el bolchevismo merece la gratitud y la admiración de todos los progresistas.” Sidney Webb escribió para el lanzamiento de la Sociedad un artículo titulado “El socialista cristiano” donde propugnaba el socialismo “sin lucha de clases y sin Marx, básicamente por medios fiscales”. El propio Chamberlain reseñó la Fabbian News como “una obra maestra” y señalaba los aciertos de la plusvalía marxista.

    El matrimonio Webb -Sidney y Beatrice- visitaron la Unión Soviética en 1932 luego de lo cual declararon a la prensa que “aplaudían el excelente rendimiento del sector educativo y sanitario” y más adelante, en 1935 en plenas purgas publicaron alabanzas aun más generalizadas del régimen stalinista en dos tomos titulados «El comunismo soviético ¿Una nueva civilización?». También George Bernard Shaw visitó Rusia en 1931 y en lugar de declarar sobre los campos de concentración y la miseria espantosa del momento afirmó al Manchester Guardian que “no había visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos”. Como también apunta Escohotado, Henry George toma en Estados Unidos los principios de la Sociedad Fabiana para cargar las tintas contra la propiedad de la tierra ya que esa entidad en sus bases en 1887 subraya que “la Sociedad trabaja para extinguir la propiedad privada de la tierra” con vistas a “emancipar sus frutos de la apropiación individual.”

    En el tercer tomo sobresale una sección titulada “De cómo el mundo imitó a la URSS”. Uno de los capítulos se encabezan con un epígrafe que reproduce un dicho de Babeuf que refleja bien toda la concepción socialista: “La sociedad debe erradicar para siempre el deseo individual de ser más rico, sabio o poderoso” y en otro pasaje Escohotado describe el “totalitarismo latino” en el que aparece como figura descollante Mussolini quien declara que “nada humano o espiritual existe ni tiene valor alguno fuera del Estado […] La fachada democrática, hermosa en teoría, constituye una falacia en la práctica y estamos aquí para celebrar el entierro del cuerpo putrefacto de sus libertades.” En este contexto consigna el autor que caracteriza al estatismo latinoamericano, las nacionalizaciones, la cogestión obrera de la industria, los impuestos progresivos, el control de precios, el redistribucionismo y la cerrazón al comercio exterior.

    En realidad el sistema fascista no solo permite una penetración mayor del espíritu totalitario sin tantas resistencias como las que presenta habitualmente el comunismo, sino que permite responsabilizar al sector privado por los resultados nefastos de su política ya que se mantiene la fachada de la propiedad. Finalmente nuestro autor hace un llamado urgente a “reconstituir la saga anticomercial” para bien de todos pero muy especialmente para la suerte de los más vulnerables que solo pueden prosperar en la medida que se incrementen las tasas de capitalización fruto de la libertad de mercados y la consiguiente asignación de derechos de propiedad a los efectos de maximizar la energía creadora. Excelente como completa el título de la referida terna pues el trabajo trata nada más y nada menos que un asunto eminentemente moral y no solo jurídico y económico.

    Jorge conserva los archivos de su padre y no se si toda su correspondencia se publicará donde también se consigna que tuvimos el proyecto de escribir un libro en coautoría en forma de diálogo que habíamos titulado «El veneno totalitario» y del que apenas comenzamos con los primeros tramos. Consignar que no todo eran coincidencias en nuestros respectivas conclusiones, escritos e interpretaciones es una verdad de Perogrullo, nunca es así ni siquiera con nosotros mismos cuando miramos para atrás y constatamos que podríamos haber mejorado la marca. En cualquier caso, como colofón a este apunte en esta ocasión con orgullo reproduzco en su integridad uno de los tantos correos electrónicos que me escribió Antonio Escohotado, esta vez el 10 de junio de 2019. De más está decir que no me tomo en serio sus halagos extremos, es para dejar constancia de su ilimitada generosidad. Lo que sí me tomo en serio es su inmenso afecto que era recíproco y que fuimos cultivando desde que nos conocimos en Lima. En la última línea de la misiva de marras el interrogante se refiere a la Universidad Francisco Marroquín de la que fui su primer profesor visitante durante tres años para que nuestros hijos con María evitaran el constante tiroteo de los setenta en tierra argentina:

    “Querido Alberto, acabo de sacarle unos minutos a la odiosa agenda que me persigue últimamente para disfrutar con cosas tuyas en YouTube, porque menuda planta y elocuencia tienes, y me encanta ver cómo improvisas -lo mismo en televisión que en aulas docentes o recibiendo el Juan de Mariana- sobre la base de una formación apoyada en fuentes de primera mano.

    Ya te dije que sencillamente no he conocido a nadie vivo con quien pueda discurrir en términos de igualdad, si me perdonas la arrogancia del propio comparar; y como a despecho de tal o cual achaque sigo apasionado por leer y escribir -quizá más que nunca-, me haces compañía e instruyes aunque solo sea por el prodigioso regalo de la Red.

    Quizá ella nos ayude a librar el combate sempiterno de la libertad y el conocimiento con los amantes de su inverso, y te confieso que si echo de menos trabar contacto físico es entre otras cosas por tentar nuestros respectivos daimones (según Hesiodo apoyados sobre “huellas de héroes pretéritos”), y algo en principio tan delirante como el brebaje eleusino, que era sin duda amida del ácido lisérgico, y algún colega químico tan redomadamente distinto como el látex de algunas adormideras.

    Siempre comprometida con las fuentes primarias, tu obra solo parece pasarlas por alto en ese campo, donde demuestras el absurdo de la prohibición sin tomar en cuenta el programa socrático de la sobria ebrietas, que preservó a la Antigüedad de memeces y crueldades sin incurrir en el siempre hipócrita ideal del abstemio.

    Mi tasa de trabajo y alegría desde mediados de los años 60 es inseparable de la pesquisa y el disfrute en ese orden de cosas, al margen del menú impuesto leyes y costumbres (porque “de la piel para dentro mando yo”), y me parece que dejar el reino de los vivos sin alguna experiencia digamos visionaria y eufórica en sentido literal no es solo ignorar la curiosidad sino desprotejerse, cuando empieza a soplar Boreas.

    Naturalmente, toma lo previo como una insensatez, pues bien podría serlo, y quédate con el testimonio de mi cercanía espiritual. Veremos si hay algo donde no coincidamos, porque por ahora no lo encuentro, y ojalá alguna institución mejicana -lo digo por equidistar de aquí Baires, ahorrando la paliza extra de aeropuertos y aviones- se le ocurra reunirnos para un curso o cosa pareja. ¿Existirá el señor Marroquín? Un abrazo”.

  • Nuestro corrupto gobernar

    Alguno dijo por allí: “El problema no está en los gobernantes sino en quienes los eligen para gobernar”. Sí, y el problema tiene profundas y larguísimas raíces, ancladas en un pasado en el cual la hoy Panamá y entonces Castilla de Oro, no era más que la finca del rey de España, quien no mandó a Cristóbal Colón a asentar nuevas tierras de libertad sino a buscar tesoros para saciar las ingentes necesidades de Su Majestad.

    De hecho, en las carabelas de Colón sólo viajaron hombres; es decir, no venían a quedarse. Muy diferente fue con los colonos ingleses que llegaron a los hoy EE.UU. con sus familias, escapando la tiranía de su rey. Allá se desarrolló una sociedad que dio luz a una constitución única en la historia humana; una constitución que consagró el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y cuando hablo de “propiedad” no me refiero sólo a bienes materiales, sino a la propiedad de nuestro cuerpo y de sus facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación no violenta.

    A diferencia de los EE.UU., en la finca del rey, conocida como Castilla de Oro, los súbditos no tenían libertad para comerciar sino con anuencia y licencia del rey; dado que no era lícito comerciar dentro de la finca del soberano a menos que éste, a través de sus Pedrarias, diesen las licencias que hoy llamamos “cupo” y tal. El comercio entre quienes no tenían licencia, era una actividad “informal”, tolerada por las “autoridades” a cargo de gobernar. Poco ha cambiado desde entonces; con ya cerca del 60% de la actividad económica en Panamá informal y el resto más o menos en la formal. Pero, adonde voy es al análisis del grado de desorden que vemos en nuestro medio.

    Hoy, sentado cerca de la puerta cochera de consultorios médicos esperando que mi hija me pasara a recoger, le comenté al seguridad el escándalo de cláxones en la calle; y como para hacer énfasis, llegó un sujeto y se estacionó en la puerta cochera y comenzó a sonar su claxon, fututo, pito, bocina. ¿Qué clase de ser humano se comporta así? Y no era el primero que hacía lo mismo. El conserje salió a indicarle que la puerta cochera era para recoger y no estacionarse y que por favor no pitara ya que, entre otras, estaba en área hospitalaria. Ello dio lugar a insultos, gritos y tal; mientras afuera las bocinas sobaban el desespero de desconsiderados conductores.

    De regreso a casa, mi hija conduciendo, le fui mostrando y comentando las razones del desorden. En síntesis, un desorden orquestado por la corruptela e incompetencia de las “autoridades del tránsito” encargadas de gobernar. Duele llamarles “autoridad”. Y, por casualidad, en esos momentos le respondía un chat a quien en un tiempo estuvo a cargo en la Dirección el Tránsito, y fue despedida porque intentó mejorar las cosas.

    Comentaba la exdirectora de los desórdenes viales en Panamá Norte y el caso de la estación del Metro en San Isidro, la cual ya lleva unos 3 años terminada su modificación y no la ponen a funcionar: «Nadie sabe la razón ni las autoridades las dan». Mi contestación fue simple: “El propósito de esas mejoras era resolver el tránsito $ y no el vial.

    En fin, cualquier persona algo versada en el manejo del tránsito vial puede conocer y mejorar notablemente el asunto; pero, no interesa, ya que la política y los políticos no están para eso, sino recoger el oro y regresar a España.

  • Mirar con atención: ¿optimismo o pesimismo?

    Este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento.

    Seguramente los de nuestra generación no somos originales si decimos que el mundo está complicado. Antes que nosotros hubieron otros problemas, algunos de los cuales más graves que los actuales lo cual no nos consuela pues debemos resolver lo que nos toca.

    Observamos con alarma lo que viene ocurriendo en el otrora baluarte del mundo libre: Estados Unidos. De un tiempo a esta parte es grande la decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. En lo personal escribí un libro sobre el tema titulado Estados Unidos contra Estados Unidos donde abarcó muy diversas facetas culturales, institucionales, económicas y de relaciones exteriores que muestran un marcado declive. Es cierto que hay entidades extraordinarias que trabajan denodadamente para revertir el problema, pero por el momento no resulta suficiente. La anterior administración elevó el gasto público, el déficit y la deuda a niveles muy preocupantes pero luego objetó el recuento electoral por resultar perdidoso a pesar de que los cincuenta estados ratificaron su derrota en las urnas y también lo hicieron sesenta y un jueces federales y locales junto al propio vicepresidente de esa misma gestión. Luego asumió otro gobierno de otro partido que se ha propuesto empeorar aquellos tres indicadores clave.

    Por su parte, en nuestra región el estatismo ha llegado a límites insoportables en la isla-cárcel cubana y le siguen los imitadores venezolanos, los nicaragüenses y ahora los peruanos. Los argentinos abrimos esperanzas a raíz de dos derrotas electorales consecutivas del chavismo autóctono, aunque los problemas que se avecinan no son menores. En el continente europeo y en Inglaterra resurge el nacionalismo xenófobo con algunas pocas reacciones saludables en tierras españolas. Tenemos un Papa peronista y arrebatos autoritarios aquí y allá en zonas orientales junto a un megalómano de proporciones inauditas en Corea del Norte y otros de similares características en Rusia y China.

    Pero al mismo tiempo consignamos reacciones bien inspiradas debido a personas e instituciones que se preocupan y ocupan de contrarrestar los atropellos del Leviatán. Todo esto es para ser optimista, sin embargo, los otros datos comentados mueven el fiel de la balanza peligrosamente hacia territorios oscuros. Debemos meditar cuidadosamente esta encrucijada, una meditación que habitualmente no cuenta con muchos adeptos puesto que como escribió Antonio Machado “de cada diez cabezas nueve embisten y una piensa.”

    Frente a justificadas críticas por mucho de lo que ocurre en nuestro mundo, hay quienes reprochan a los críticos manteniendo que hay que ser optimista y ver el lado bueno de las cosas. Continúan diciendo que el color con que se mira la vida depende de cómo se percibe la realidad, lo cual ilustran con el vapuleado ejemplo del vaso con líquido hasta la mitad: unos lo verán medio vacío y otros medio lleno. Esto último dicen es lo que le da sal a la vida, lo contrario es puro derrotismo inconducente.

    Ahora bien, este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento. Como la perfección no está al alcance de los mortales, todo es susceptible de criticarse lo cual revela estados de inconformidad y pretensión de alcanzar metas más elevadas.

    Un paso más en esta indagación, actividad detectivesca o arqueología interior nos muestra que quien es pesimista respecto al presente es porque piensa que se pueden lograr objetivos mejores, situación que en verdad lo convierte en un optimista respecto del futuro. En cambio, el optimista respecto al presente de hecho estima que no pueden obtenerse marcas mejores, apreciación que lo convierte en un pesimista respecto del futuro. En otros términos, el conformista se oculta tras una pantalla de optimismo pero es pesimista por naturaleza, mientras que el crítico del presente tiene esperanzas en lograr un horizonte más promisorio.

    Y este no es un mero juego de palabras, encierra una profunda visión filosófica de la vida. Junto con muchos otros he insistido que quien se siente completo en su vida tiene una mirada liliputense de sí mismo. La verdadera visión optimista (que comparte la raíz de óptimo) apunta más allá de lo logrado, es crítico y autocrítico. Ve la vida como una aventura y un desafío para mejorar. No se estanca y se “sienta sobre sus (supuestos) laureles”. Esto transmite entusiasmo y alegría al contrario del optimista a ultranza que en realidad tiene una visión lúgubre de la vida por más que dibuje una perpetua sonrisa en su rostro y se ría como la hiena.

    El pesimista del presente pretende más de la vida, tiene expectativas más altas y por eso es un optimista del futuro. En cambio, el optimista de cuanto ocurre en el presente al renunciar al espíritu crítico está renunciando a la condición humana. Solo es posible progresar si se está disconforme con el presente. En otra oportunidad, en este contexto, lo he citado a Miguel de Unamuno quien escribe que permanentemente lo llaman “pesimista, cosa que, por otra parte, no me tiene en gran cuidado. Sé todo lo que en el mundo del espíritu se ha hecho por eso que los simples y los sencillos llaman pesimismo”.

    Los que no son capaces de ver un futuro mejor y se acomodan a lo que ocurre con optimismo se quedaron sin proyectos, están anquilosados y padecen un espíritu anciano, aquél estado que André Maurois definía como “la sensación que es demasiado tarde”.

    Este es el sentido por el que Octavio Paz insistía que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”. Este es el sentido por el que los autores de todas las grandes obras imprimen un sello crítico al statu quo, es porque llevan en el alma la ambición irrefrenable del mejoramiento y con sus contribuciones corren el eje del debate hacia posiciones más elevadas, como lo destacan con especial vehemencia Longfellow, Andre Gide, Jonathan Swift, Erik von Kuehnelt-Leddihin, Albert Camus y tantos otros escritores de gran calado.

    Esto ocurre en todas las manifestaciones del arte, recuerdo la formidable producción cinematográfica El niño con el traje a rayas, relato que me conmovió profundamente. Ese pequeño -hijo de uno de los criminales nazis del ejército de Hitler- ofrece un magnífico ejemplo de cordura al acercarse por el lado de afuera del alambrado a otro compinche de su edad que estaba encerrado en uno de los campos de concentración y clandestinamente al trasponer los feroces alambres para encontrarse con su amiguito con el que muere en una de las tantas cámaras de gas (resulta impresionante la toma de un primer plano de las manos entrelazadas de los dos chiquitos en camino a la muerte). En aquellos momentos trágicos para la humanidad, el revivir escenas escabrosas como las mencionadas, con todo el dolor y el espanto del caso, nos trasmiten una visión optimista en el sentido de que condenas sin reservas de esas montruosidades vividas constituyen un signo alentador y hacen que las víctimas no hayan sido exterminadas inútilmente, precisamente debido a la profunda crítica que el rodaje genera en toda mente con un mínimo de razonabilidad. Y el régimen nazi terminó merced al pesimismo que mostraron opositores respecto al horrible presente de aquellos momentos.

    Es que no vamos a ninguna parte con los tilingos que todo les parece bien y son siempre optimistas de lo que ocurre, y si vamos a alguna parte es al cadalso. Son los que dicen que “no hay que juzgar” sin percibir que eso es también un juicio como lo es todo lo que hacemos o decimos cotidianamente. Los que ejercen el espíritu crítico y luchan diariamente por mayores dosis de libertad y respeto recíproco en última instancia son por naturaleza, como queda dicho, optimistas respecto a las potencialidades del hombre. En cambio, los optimistas de cuanto tiene lugar, operan con una muy escasa y estrecha expectativa de lo que puede y debe hacer el hombre, cuentan con un plafón que no supera la altura de sus cuerpos, son incapaces de mirar al cielo, deambulan por los zócalos de la vida, si fuera por ellos aún rugiríamos en las cavernas.

    Nada peor que aquellos irresponsables que recostados en sus poltronas repiten que no hay que preocuparse puesto que “ya vendrá la parte buena del ciclo de la historia” sin percatarse que nunca llegará esa faz si no hacemos algo por explicar y difundir los valores del respeto recíproco. Las cosas no suceden automáticamente en las relaciones sociales, no hay tal cosa como el determinismo histórico, como bien apunta Paul Johnson: “Una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que resulta desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre hay una edad oscura acechando a la vuelta de cada esquina”.

  • Campeón olímpico austríaco siente verguenza de su país y renuncia a su cargo en el gobierno

    Renuncia y carta abierta del Campeón Olímpico austríaco Felix Gottwald: «Estoy profundamente avergonzado de nuestro país».

    La situación actual en Austria, que ha impuesto un confinamiento severo a los ciudadanos no vacunados, ha causado serios enfrentamientos, incluso dentro de la misma coalición gobernante, que apenas pudo imponer por poco una regla tan absurda como inhumana. Este divisionismo causado en la sociedad, no ha dejado indiferente al campeón olímpico y record austríaco, Felix Gottwald.

    El ministro de Deportes austríaco, Werner Kogler, se había referido a la protección de la salud de la población como un mandato de la política y destacó que “una gran parte de la población austriaca puede seguir practicando deporte en clubes deportivos”. Esto concierne, por ejemplo, a los niños y jóvenes hasta el final de la escolaridad obligatoria, así como a todos aquellos que han optado por una vacuna o que se han recuperado ”. Los no vacunados deberían y, por supuesto, también podrían hacer deporte, dijo el político Verde en un comunicado escrito, pero “Hasta nuevo aviso, sin embargo, lo harán dentro de sus propias cuatro paredes o en el espacio público, a una distancia de los demás, de modo que se minimice el riesgo de infección para usted y los demás”.

    El campeón olímpico austríaco de Combinado nórdico, meditó durante una semana y tomó una pública decisión increpando al vicecanciller y ministro de Deportes Werner Kogler con duras palabras y una conclusión: “La división no es una solución”. Al mismo tiempo, Gottwald dimitió de su cargo de Presidente del Comité Nacional de Deportes de Bundes-Sport GmbH.

    El texto reproducido es valiente, honesto y absolutamente conmovedor. No por nada las marchas en Austria son cada vez mayores y hay un llamado masivo para el 20 de noviembre a marchar contra lo que el ex ministro del interior austríaco hasta el 2019, Herbert Kickl, ha llamado un regreso al pasado más oscuro y un atropello a los derechos fundamentales.

    La carta abierta completa

    «Me gustaría informarle que renuncio como presidente de la comisión de deportes populares de Bundes-Sport GmbH con efecto inmediato y que ya no estoy más disponible.

    Cuando comencé, lo hice para hacer una contribución a una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Comencé a trabajar  para aumentar el número de años de vida saludable en nuestro país.

    Y vine aquí para crear conciencia entre la población, para afrontar mejor el mundo en el que vivimos a través del ejercicio y el deporte.

    Ahora, después de nueve meses oficiales en este puesto, puedo ver que pueden estar sucediendo muchas cosas en nuestro país, pero ciertamente no sobre la salud y el bienestar de los austriacos y las personas que viven en Austria, y eso en medio de la mayor crisis de salud.

    División, agitación, discriminación: estos son los imperativos gubernamentales del momento.

    Estoy profundamente avergonzado de nuestro país y, como austriaco, estoy enojado, triste y () desconcertado al mismo tiempo.

    He perdido toda fe en la política y, aún con la mejor de las intenciones, no puedo pensar en ningún argumento por el que debería creer una sílaba de ella. La naturaleza del discurso dentro de la política, la elección de las palabras, la incongruencia, el desprecio que me alcanza como ciudadano responsable y contribuyente me irritan profundamente y probablemente llevarían inmediatamente a la quiebra a cualquier empresa del sector privado.

    Como persona probadamente sana que utiliza medidas razonables y sensatas para contener la pandemia de manera muy responsable, ahora estoy, como millones de personas, excluido de la vida social y, por lo tanto, también de la vida llena de deporte. Como deportista, siempre he asumido y he tenido que asumir responsabilidades. Nada ha cambiado sobre eso y no cambiará nada, independientemente de la presión, las reglas y regulaciones. Estudié ciencias de la salud porque toda mi vida me ha preocupado cómo surge la salud, y no cómo surge la enfermedad. El deporte y el ejercicio son y seguirán siendo una parte esencial de la solución.

    Como Ministro de Deportes, usted en particular tendría el poder de poner en marcha medidas que promuevan y no impidan el ejercicio y el deporte (popular) en lo que probablemente sea la mayor crisis de salud de nuestro tiempo.

    ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

    Y: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar como gobierno?

    Como el atleta olímpico más exitoso de Austria, a menudo he perdido y otras veces he ganado. Como atleta, he aprendido a lidiar con la derrota y el fracaso, a aprender de ellos, a desarrollarme más y a tratarme a mí mismo y a los demás con respeto y dignidad. Actualmente echo de menos estas virtudes por parte de la política.

    Estaba convencido de que nuestro país había aprendido de la historia.

    Me sorprende descubrir que nosotros, como sociedad, nos hemos vuelto más presuntuosos, despiadados y más discriminatorios de lo que he visto antes.

    Quiero volver a vivir en un país del que podamos estar orgullosos, en un país donde nosotros, como sociedad, cultivemos una cultura de ser los unos para los otros. Deseo sinceramente que las decisiones y las acciones estén moldeadas por la comprensión, la compasión y la confianza.

    La esperanza de que nunca sea demasiado tarde para esto, independientemente de las circunstancias externas, y de que hoy sea siempre el mejor momento para comenzar de nuevo, permítanme dar las gracias para terminar. Gracias a todos los miembros y al equipo de Bundes-Sport GmbH por la forma en que me recibieron y por sus esfuerzos para ayudar a establecer una verdadera cultura de movimiento en nuestro país.

    Fallé, y está bien. Pero continuar como si no hubiera notado los desarrollos antideportivos y poco saludables que rodean esta pandemia, no es una opción para mí.

    También me gustaría agradecer a todas las personas que, a su manera y con sus posibilidades, hacen una contribución para que nos mantengamos unidos y nos entendamos y no nos dejen dividir más como sociedad por esta circunstancia de la política, y que por tanto dominemos la crisis juntos y con diferentes decisiones y convicciones personales.

    El ejercicio, el deporte y mucho aire fresco nos ayudarán y, por cierto, contrarrestarán una pandemia de nuestro tiempo: la obesidad y el sedentarismo.

    Personalmente, seguiré trabajando dentro de mis posibilidades por una verdadera cultura de movimiento en nuestro país, sabiendo que esa cultura debe construirse con persistencia y que debe ser independiente del activismo político.

    Lo saludo conmovido y preocupado,

    Felix Gottwald «

  • El cuco del cambio climático

    “Cuco” o, ser muy cuco se refiere al comportamiento audaz y astuto de quienes buscan obtener ventaja ladina a costillas del prójimo. También está el ave “cuco” que pone sus huevos en nido ajeno para que otras aves les críen a sus pichones; algo así como tantos hoy día que favorecen el confisca-parte y reparte o que alegremente mandan a sus hijos a las mazmorras de NODUCA para que, tal vez, los eduquen. Así, los politicastros de este mundo usan el cuco del cambio climático para adelantar políticas que no podrían adelantar si no es a través del engaño.

    ¡Por supuesto! que hay cambio climático, siempre lo hubo, ya que el cambio es la constante universal. El truco del cuco está en causar alarma y hasta miedo o pánico, para lograr respaldo a sus desvariadas políticas centralistas. Pero, si lo que quieren decir es que el cambio climático es androgénico; es decir, causado por la contaminación que producimos los humanos, pues digan eso y entonces podemos entrar a considerar y discutir el asunto por dónde corresponde.

    Se vuelve obvia la intención ladina, esa que busca crear terror para arrear al ganado a sus corrales, cuando quienes suponen ser “autoridades” hablan con lenguas bifurcadas. En el planeta siempre han existido toda clase de eventos catastróficos; tales como pandemias más letales que el COVID, eventos de verdadero terrorismo, las armas nucleares, guerras, armas biológicas, volcanes, impactos estelares, plagas agrícolas, etc.

    La película “The Sum of all Fears” con Ben Affleck y Morgan Freeman giró en torno al caso del robo de una bomba atómica que fue activada en una ciudad. La posibilidad eruptiva de un mega volcán, tal como el de Yellowstone, es posible; tal como ocurrió en 1790 con el volcán islándico que acabó con la mayor parte de la población de esa isla; y que luego causó tal oscuridad sobre Europa lo cual produjo graves daños a la agricultura. Una explosión de Yellowstone podría causar una hambruna mundial.

    Si embargo, poco nos hablan nuestras supuestas autoridades de peligros reales que se están potenciando a causa de sus atroces políticas y corrupción. El que Panamá tenga la deuda más alta de la región debía producir pánico; pero la ignorancia es éxtasis. Y ¡por supuesto! que casi toda la población ignora si esos gastos o, mal llamadas “inversiones”, fueron productivas. Ya pronto veremos los terribles efectos de los encierros covidosos impuesto a los panameños, supuestamente para paliar la plaga.

    Despertemos y no nos dejemos embobar por pérfidos politicastros que venden engaños. El político de hoy que nos habla de cambio climático es un cuco que, en vez de enfocarse y enfocarnos hacia los problemas de la deforestación, o la basura, que bien se podría resolver, está dando claras evidencias de ser cuco y no estadista.

  • La solidaridad desvirtuada

    El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

    El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

    El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

    En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

    La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

    Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

    La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

    A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

    Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.