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¿Empoderamiento feminista estatal?

Vamos a poner en claro algo, el feminismo ha sido vilipendiado demasiado tiempo por los conservadores por razones lógicas. Las feministas critican los roles de género conservadores que hemos heredado de la tradición, sea secular o religiosa y propone cambiarlos. Para los conservadores que piensan que la tradición es literalmente sagrada, y que los roles sexuales biológicos son iguales a los roles de género culturales y por lo tanto estos últimos son intocables, el feminismo siempre va a ser anatema.

Para un liberal clásico no tanto, aunque podemos destacar que la tendencia principal del feminismo, heredera de Rousseau, hereda de éste, sus puntos de conflicto fundamentales con el liberalismo clásico, como la idea de la Voluntad General y la idea del Buen Salvaje. Pero el liberalismo es dejar hacer y dejar pasar. Hayek por ejemplo era bastante claro que los liberales deben dejar que las corrientes sociales pasen aunque no les guste en lo personal a donde lleven a la sociedad. Un liberal no busca decirle a otros como deben vivir. Aunque los conservadores opinen lo contrario, sexo y género no son lo mismo. El sexo es inmutable, los roles de género cambian en el tiempo (diacrónicos) y en el espacio (sincrónicos).

El sexo es biológico, existe desde que dos organismos unicelulares, en lugar de replicar su ADN indefinidamente optaron por recombinarlo, para así recombinar genes mutantes. El sexo aceleró la evolución de las especies y la selección natural. Los que tenían la combinación de ADN afortunada, vivían más tiempo y se podían recombinar con otros seres mediante el sexo y pasaban estos genes a la siguiente generación. Así surge la diversidad de especies que pueblan la tierra. En los humanos como en todos los mamíferos, existen dos sexos, el masculino y el femenino. Algunas personas, muy pocas, por razones que desconocemos, no logran desarrollar el sexo masculino de manera correcta durante el embarazo, y nacen con órganos sexuales intermedios. En cambio, el género, es fluido. Pese a lo que digan los conservadores, los roles de género no fueron estáticos diacrónicamente. El rol de las mujeres en la cultura occidental no es igual en la Edad Media que en el siglo XIX, que no es igual en los años 1950s ni en los años 1990s.
El rol de las mujeres no es igual tampoco sincrónicamente, no es igual el rol de las mujeres en Arabia Saudita que en Holanda o Suecia por ejemplo. Y aunque en occidente se acepta la idea de que hay dos sexos y hay dos géneros y que estos normalmente coinciden, el masculino y el femenino, no es lo mismo en otras culturas, donde existen otros géneros a parte del masculino y el femenino. En otras palabras, el sexo es biológico pero el género es variable. Las feministas tienen pues razón en criticar los roles de género asignados a las mujeres y pedir que cambien. Un liberal no puede objetar el cambio social. Y frecuentemente estos cambios son cambios individualizantes, o sea que dejan de restringir la vida de las mujeres a un rol colectivo y empoderan a las mujeres como individuos. Por algo el feminismo surge con la Ilustración liberal y su idea de igualdad ante la ley que correctamente las mujeres pidieron que se les hiciera extensiva a ellas y no solo a los hombres. Y el feminismo es parte de la tendencia a la individualización de la sociedad occidental que surge en la baja Edad Media, con los apellidos y con el capitalismo mercantilista, que poco a poco va reemplazando las ataduras de la tradición secular y religiosa por las creaciones de la razón y el interés individual. En ese aspecto, la idea del feminismo de buscar la igualdad real ante la ley de la mujer y el derecho de la mujer de hacer con su vida y con su cuerpo lo que quiera es inobjetable para un liberal. Entonces ¿cuál es el problema del liberalismo con el feminismo? ¿Por qué estos se miran con desconfianza? La culpa es de Rousseau.

Camile Paglia, una crítica social, intelectual, escritora y profesora estadounidense, dijo que el problema del feminismo moderno es que casi todas sus corrientes vienen de Rousseau. Sobre todo de la idea del Buen Salvaje: La idea de que los humanos vivían en un estado de libertad, igualdad y felicidad hasta que un pecado original los daño. Para un marxista, también derivado de Rousseau sería la propiedad privada de los medios de producción. Para las feministas seguidoras de Rousseau sería el patriarcado. El patriarcado sería nuestro pecado original. Y Rousseau creía en la idea de que los seres humanos somos una especie de ángeles que nacemos buenos hasta que la sociedad nos corrompe, en el caso feminista con los roles de género. En otras palabras, si bien los humanos son buenos por naturaleza y no sexistas, sería una sociedad, irónicamente formada por seres humanos, las que nos hace sexistas. Rousseau sienta las bases de la socialdemocracia, en el sentido de que busca lograr los objetivos liberales, una mayor individualización de la sociedad, pero por medios conservadores, una mayor participación del Estado.

Y el grueso de las feministas comete este error, en creer que se puede revertir el sexismo y la discriminación mediante la acción pública estatal y no mediante el cambio cultural desde abajo. No recuerdan como la emancipación formada de las mujeres en Irán o Afganistán o en la católica Polonia, cedió una vez la acción estatal forzada del Sha o de los comunistas cedió a los nuevos gobiernos tradicionalistas con apoyo popular. Si el estado concede todo, y trata de cambiar por la fuerza los roles tradicionales del género, luego también puede revertir todo este cambio. Porque la historia no es lineal, por más que lo digan San Agustín o Hegel. Y si bien es cierto que los roles de género son asignados por la sociedad, no son iguales ni diacrónicamente ni sincrónicamente. Germanie Greer dice correctamente que el sexo no debe ser el destino, afirmando que el nacer de un sexo determinado no implica tener que asumir los roles de género asignados a este sexo. Pero Greer es lo suficientemente realista para saber que somos primates, y que la biología crea naturalezas masculinas y femeninas, y que éstas no pueden cambiarse del todo e influyen en los roles de género. En el debate entre naturaleza y crianza, no sabemos con honestidad qué es biológico y qué es cultural en las relaciones entre los sexos. Las feministas tienen todo el derecho del mundo en tratar de criticar y corregir los roles de género asignados por la cultura, pero no pueden pretender que la biología sea un mero accidente y que la mente humana sea infinitamente maleable. Y mucho menos a tratar de usar indiscriminadamente el poder del estado para buscar cambiar esta mente humana. Ya otros seguidores de Rousseau, los marxistas lo intentaron para erradicar su versión del pecado original, la propiedad privada, y ya sabemos cómo terminó la historia.

Un feminismo compatible con el liberalismo clásico es posible, mientras se asuman varias cosas. Primero, que no existe una naturaleza humana infinitamente maleable. Segundo, que por lo tanto tratar de formar/ cambiar la naturaleza humana mediante la acción del estado, ha conducido a mucho dolor, lo han intentado las religiones y los comunistas y no ha terminado bien. Tercero, tienen que recordar que los autoritarismos no son históricamente amigos de los derechos de la mujer. No lo son. La igualdad forzada de la época soviética permitió que la mujer alcanzara muchos espacios educativos y laborales pero no logró cambiar las relaciones entre los sexos. Es más, el culto al autoritarismo al final las empeoró. El autoritarismo favorece a los machos dominantes. Al final, no podemos descartar la biología por más que queramos. Cuarta. Que así como todo hombre es al final un individuo, toda mujer también lo es, por lo tanto pedirle a las mujeres que suspendan la individualidad que el machismo por tanto tiempo les negó en nombre del ideal del colectivo feminista, es una ironía injusta.

Quinto, ya hemos dicho que la naturaleza humana no es infinitamente maleable. Desgraciadamente este argumento es usando por los tradicionalistas y reaccionarios conservadores de siempre para oponerse a todo cambio cultural usando falacias ad populus, “todo el mundo piensa así” y falacias de autoridad, “mis padre, mi pastor, mi profesor dice que”, para decir “las cosas son así y mejor que sigan así”. Pero nada impide por prueba y error averiguar qué realmente es parte de una naturaleza humana y qué es parte de nuestro adoctrinamiento cultural particular. Un liberal no puede oponerse a esto.

Lo que nos lleva al final al empoderamiento estatal de las mujeres. ¿Realmente creen que el poder más centralizado y absoluto que hay, el del estado, quiere “empoderar” personas individuales?. Los poderes son al final su ejercicio. Si se es empoderado por gestión de un servidor público superior, en el fondo se es sólo su subalterno. Y el poder que da, también lo puede quitar. El único empoderamiento que da el Estado es cuando reconoce el poder de los individuos para actuar y deja de ser un obstáculo al poder y autonomía individual.

About the author

Ricardo Soto

Ricardo Soto Barrios, abogado, especialista en políticas públicas, egresado de la Universidad Santa María la Antigua. Políticamente liberal, ha participado en muchos proyectos donde se analizan las políticas públicas de Panamá desde un punto de vista liberal y se proponen alternativas. Ha trabajado en la Policía Nacional de Panamá, el Ministerio de Gobierno, y AMPYME, además de ejercer la práctica privada.

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