Categoría: Opinión

  • Si SWIFT es como una máquina de fax, Ripple es como WhatsApp: Navin Gupta

    Navin Gupta, Country Head de Ripple India habla sobre cómo Ripple está transformando los pagos transfronterizos utilizando su tecnología ledger distribuida.

    Blockchain ha sido una fuerza disruptiva para la industria financiera en los últimos años. Uno de los mejores casos de uso de la tecnología es el pago interbancario global. En este contexto, una compañía de blockchain con sede en San Francisco, Ripple, está transformando la forma en que se realizan los pagos internacionales en la actualidad. Más de cien compañías en todo el mundo se han asociado con Ripple para utilizar su tecnología. Los bancos indios, como Yes Bank, IndusInd Bank y Axis Bank, lo han utilizado para pagos interbancarios.

    ‘Ripple ha creado una superautopista en la que pueden viajar múltiples monedas, ya sean monedas fiduciarias tradicionales emitidas por bancos centrales o criptomonedas. Usando nuestra tecnología, los bancos y otras instituciones financieras pueden aumentar la velocidad de sus transacciones y ahorrar una gran cantidad de costos en remesas. Solo lleva unos 4 segundos completar la transacción y el costo de extremo a extremo es una pequeña fracción de los fondos’, dice Navin Gupta, Director de Ripple India.

    XRP: activo digital para la plataforma Ripple

    Ripple usa su activo digital nativo para liquidar transacciones. Aunque es la tercera criptomoneda más grande en capitalización de mercado, los inversores no han tenido claro su uso real en la plataforma. Según la compañía, su moneda puede jugar un papel crucial en los pagos globales al proporcionar liquidez en tiempo real a los clientes actuando como una moneda puente.

    ‘XRP es un activo digital que está diseñado específicamente para remesas internacionales y actúa como una moneda puente. Hoy, en todos los bancos, hay alrededor de 23 billones de dólares que están estacionados en fondos de liquidez. Usando XRP, se puede proporcionar liquidez bajo demanda y liberar ese dinero que está latente ‘, explica Gupta.

    Si SWIFT es como una máquina de fax, Ripple es como WhatsApp

    Los expertos han comparado Ripple con el sistema de remesas interbancarias actual, administrado por la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales (SWIFT) que conecta a unas 11,000 instituciones financieras. Afirman que Ripple pronto podría hacerse cargo del mercado debido a las características de mayor velocidad y ahorro de costos. Además, la infraestructura de SWIFT se ha utilizado para llevar a cabo timos y fraudes bancarios a lo largo de los años, que se pueden evitar utilizando un sistema de pagos en blockchain como Ripple.

    ‘La forma más fácil de contrastar los dos sería comparar una máquina de fax con una aplicación de mensajería instantánea como Whatsapp. Hoy, cuando envías dinero de un país a otro, casi perderías un porcentaje significativo de dinero solo en la transmisión misma y demoraría entre 2 y 5 días. También podría haber errores operativos en el proceso. Al utilizar Ripple, cualquier información que un banco envía a otro se valida rápidamente, a diferencia del sistema actual y al mismo tiempo reduce los errores operacionales. No solo es el acuerdo instantáneo y sin demora, la información de transacción que va de un banco a otro en la plataforma de blockchain es altamente segura ‘.

    Desarrollando un Internet de Valor

    Ripple tiene como objetivo desarrollar un Internet de valor y ayudar a sus clientes a reducir la fricción presente en la infraestructura de pagos actual. La respuesta hasta ahora ha sido bastante positiva, especialmente en varios países asiáticos como Japón, Corea e India. Según la compañía, la adopción aumentará a medida que las instituciones financieras continúen luchando con los sistemas de remesas tradicionales.

    ‘Ripple tiene como objetivo ofrecer un Internet de valor. Hemos creado un punto de referencia en la experiencia del cliente y la adopción aumentará a medida que más clientes vean el poder de la plataforma. Particularmente en un lugar como India donde las remesas mundiales están en aumento y los trabajadores siguen enviando dinero a sus hogares desde el extranjero, Ripple verá adopción para reducir la fricción en los pagos ‘, dice Gupta.

    Por Vishal Chawla. Correspondent IDG Media

  • La ilusión del libre comercio

    El sistema comercial actual nunca fue libre; los aranceles de Trump simplemente cambian quién obtiene qué

    Cualquier cosa que el presidente Donald Trump haga suele provocar una reacción contraria al status quo. A principios de marzo el foco de atención se concentró en el comercio, ya que Trump pasó a la acción, aplicando aranceles de importación sobre el acero, el aluminio, las lavadoras y los paneles solares no solo de China sino también de otros países.

    La reacción violenta de los medios de comunicación populares y los políticos de los países afectados culpó a Trump por arruinar el hermoso sistema de “libre comercio” creado en torno a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y su predecesor, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés).

    Al igual que con cualquier cosa que Trump diga o haga, es importante dar un paso atrás y observar el contexto en el que está actuando desde una perspectiva más amplia.

    No libre

    La primera gran noticia es que (jamás) ni la OMC ni el GATT fueron “libres”. El libre comercio es el comercio sin intervención gubernamental.

    Si un país o industria puede producir y exportar mucho acero, sin recibir subsidio alguno ni aplicar aranceles de importación protectores, entonces le corresponde tener un porcentaje mayor del mercado global por ser el más competitivo. Esto sucede por utilizar los recursos locales de mano de obra y capital de la manera más productiva.

    Otro país puede ser el mejor productor de paneles solares, lo que lo convierte en el líder mundial en paneles solares. Los dos países pueden intercambiar acero y paneles solares y equilibrar su comercio, y cada país hace lo que mejor sabe hacer.

    Siempre y cuando, y con la condición previa de que no haya ninguna interferencia gubernamental en el mercado por el dinero en sí mismo. En otras palabras, si hubiera un estándar monetario global y sólido, entonces los excedentes comerciales de un país con superávit resultarían en entradas de dinero y salidas de bienes, elevando así el nivel de precios y haciendo las exportaciones naturalmente menos competitivas. En un país deficitario, el dinero saldría y las mercancías entrarían, bajando el nivel de precios y haciendo sus exportaciones más competitivas. Por lo tanto, no habría déficits persistentes como lo estamos viendo en Estados Unidos y el resto del mundo.

    Sin embargo, la OMC funciona según un sistema complejo de reglas y sanciones, opuesto a ser un sistema libre de intervención gubernamental, proporcionando a su vez un marco para que los gobiernos puedan microgestionar su comercio. La mala gestión de monedas fiduciarias mundiales y tipos de cambio flotantes, agravaron aún más los desequilibrios.

    Con cada tipo de intervención gubernamental en el mercado, ya sea a través de impuestos o aranceles y cuotas de importación, crea ganadores y perdedores. Estos ganadores y perdedores son diferentes en un sistema competitivo, en el cual por ejemplo: el mejor fabricante de acero que tiene el horno más limpio, que consume menos electricidad, sería el que más ventas realice.

    Ganadores y perdedores

    Los ganadores del dictamen de la intervención gubernamental son a menudo menos competitivos, por lo tanto necesitan la ayuda del Estado para sobrevivir. La industria siderúrgica china en su conjunto solo sigue existiendo debido a los subsidios masivos del gobierno, otorgados en forma de préstamos baratos, transferencias directas y electricidad subsidiada por el estado.

    Las empresas siderúrgicas estadounidenses no recibieron la misma ayuda y por lo tanto muchas tuvieron que retirarse. Ellos fueron los perdedores de este tipo de ejercicio del “libre comercio”, así como millones de trabajadores manufactureros estadounidenses que no podían competir con la mano de obra barata y los subsidios estatales masivos de China.

    Pero también hubo ganadores en el bando estadounidense. Las corporaciones multinacionales como General Motors y Caterpillar se beneficiaron de la exportación a China o de que se les permitiera instalarse en China y comenzar la producción en el país asiático. Este es especialmente el caso de las empresas tecnológicas como Apple, que a través de representantes o apoderados, producen la mayoría de sus aparatos tecnológicos en China, donde el arancel promedio es de un 10 por ciento, en comparación con el promedio del 3,5 por ciento de los Estados Unidos.

    Otro ganador de este desequilibrado libre comercio es el gobierno estadounidense, que podía vender gran parte de su deuda pública a China a través del ya mencionado sistema manipulado de divisas fiduciarias y tipos de cambio fijos y flotantes. Pero también el consumidor promedio estadounidense se benefició de precios de importación más baratos para adquirir sus miles de aparatos electrónicos y otros bienes.

    La lista de ganadores y perdedores sigue y sigue, y es diferente para cada arancel, cada regulación y cada manipulación del sistema de moneda fiduciario.

    Enfoque de Trump

    Volviendo a Trump y sus aranceles, es natural que quiera cambiar la configuración de los ganadores y perdedores en un sistema ya profundamente manipulado. El presidente Trump es un nacionalista económico y su meta es beneficiar a la industria de Estados Unidos y al empleo doméstico. Todas las políticas, desde la inmigración hasta la regulación y la fiscalidad, refleja esta filosofía.

    Por lo tanto, al aumentar los aranceles sobre determinados productos, está seleccionando a los ganadores nacionales que deberían poder ampliar la producción ante la menor competencia internacional y contratar a más trabajadores locales.

    En un verdadero sistema de libre comercio, esto tendría desventajas a largo plazo, porque los trabajadores y las empresas estadounidenses aplicarían sus esfuerzos en algo que las empresas y los trabajadores extranjeros podrían hacerlo mejor.

    Sin embargo, en el régimen comercial actual, cumple la función de nivelar el campo de juego para los productores nacionales y al mismo tiempo hacer la vida más incómoda no solo para las empresas estadounidenses que operan en China, sino también en Europa y Canadá.

    Y viene con todas las consecuencias no intencionadas que conlleva cualquier tipo de intervención gubernamental, probablemente incluso precios más altos para los bienes de consumo doméstico.

    Sin embargo, si los ciudadanos que están ahora mismo quejandose hubieran estado realmente interesados en el libre comercio y no solo en recolectar sus propios beneficios, tendrían que haber pedido hace mucho tiempo a China que reduzca sus aranceles promedio y a la Unión Europea que pusiera fin a sus subvenciones masivas a productos agrícolas europeos.

    Desafortunadamente para ellos, el libre comercio es una calle de una sola dirección que conduce a Estados Unidos y no están contentos que Trump haya puesto la señal de detención.

    Por Valentin Schmid- La Gran Época

  • Hay que leer la letra menuda, en especial, la que impone el estado.

    Los contratos masivos de adhesión son un uso común del comercio. En éstos, un comerciante ofrece un contrato de compraventa, de alquiler o de servicios, en el cual las condiciones son estándares para todos los clientes. No se negocia el contrato con cada cliente, sino que se le pide a cada cliente que se adhiera a un contrato estándar preexistente.

    Las redes sociales trabajan así, cuando uno se da de alta en Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter, uno firma un contrato de adhesión. Contrato que muy pocos leemos.

    No sabemos que cedemos la propiedad de las fotos que subimos a ciertas redes sociales a la compañía dueña de la red, no sabemos que autorizamos a las compañías a recabar información sobre nosotros y lo que es peor, a compartirla con empresas de mercadeo y publicidad. Nadie lee la letra menuda.

    Por eso no nos sorprendamos cuando una compañía de éstas vende fotos nuestras y éstas aparecen en una publicidad sin nuestro consentimiento o si una compañía de estudios de mercado termina con información personal nuestra.

    La información de que una compañía llamada Cambridge Analytica recibió 50 millones de perfiles individuales para poder atacarlos con propaganda política es solo el principio. Facebook no ha calificado esta información como un robo de información ni como una fractura de la seguridad, pero, tampoco aceptan que compartieron la información libremente. El resultado es que es extrajeron datos de la plataforma y se usaron en cosas que sus usuarios no consintieron.

    Y es que el gran negocio de Facebook y de muchas redes sociales no solo es la publicidad pagada, sino el recabar información sobre sus usuarios. Sus gustos, ideas y demás. Saben tu nombre, tus gustos, tus ideas, lo que te interesa, tus amigos: tienen algoritmos que sugieren amigos, lugares, o páginas de acuerdo con tus gustos y tu idioma. Saben más sobre ti que muchos familiares o amigos tuyos. Eso las convierte en una mina de información para las publicitarias. Pero las redes sociales protegen usualmente esta información, porque después de todo, es una ventaja competitiva sobre las demás redes sociales lo cual hace el fallo de Facebook más grave para Facebook. La compañía violó el acuerdo que tenía con Facebook y Facebook no pudo hacer nada porque pensaron que la información se compartía para usos científicos.

    Facebook se encuentra en una tormenta relacionada con plataforma de publicidad, sus técnicas de recolección de datos, y la privacidad del usuario.

    Pero nos olvidamos de algo. Adherirse a una red social es voluntario. Nadie te pone una pistola en la cabeza y de dice que te metas en Twitter, Facebook, Instagram, Linkedin, Snapchat, Tinder. En cambio, mientras la gente se escandaliza por Facebook, cede de manera obligatoria información sobre sus vidas a una red social manejada de manera autoritaria, a escala mundial sin decir nada ni protestar.

    Cedemos nuestras vidas al fisco. El fisco ahora está cada vez más informatizado, y a diferencia de las redes sociales, no es de adhesión voluntaria sino obligatoria. Y con cosas como la factura electrónica, cada vez va a poder conocer más de nuestras vidas, de nuestros hábitos de consumo, de nuestros gustos, de nuestros movimientos en el espacio y tiempo. Y peor, con los intercambios automáticos de información entre los Estados, esta red puede poco a poco ser de alcance mundial.

    Y es una red donde no puedes demandar, renunciar o por lo menos bloquear ciertos datos tuyos u omitirlos como puedes hacer con las redes sociales de carácter voluntario. No puedes evitar que el Estado abuse de la información que obtenga de tí. Y recuerden algo, los algoritmos son cada vez mejores en lo que hacen. Así que los gobiernos, pueden de sus fuentes de datos sacar una información impresionante sobre sus ciudadanos.

    El gran hermano fiscal es una realidad, y no vemos que las personas se escandalicen por esto de la misma manera que se escandalizan por Facebook. Poco a poco vivimos en un panóptico fiscal, que a diferencia de otros panópticos, como las redes sociales, es irrenunciable. Pero esta red social es la que nadie critica, y la que todos vemos como necesaria, porque el Estado debe tener el derecho a hacer lo que sea para cobrar impuestos. Aunque terminemos entregando nuestras vidas en bandeja de plata.

  • El camino checo. Cómo se hizo la transición del comunismo al capitalismo.

    The Velvet Revolution en 1989 fue el punto de partida para una nueva República Checa. La transición de un estado comunista al capitalismo no fue una tarea fácil de manejar. Había más de 1.300 billones de Koronas checas en empresas estatales (SOE) que debían privatizarse para que el país floreciera. Para que esto ocurriera, se tomaron muchas aristas en consideración, como el tipo de regulación necesaria y el proceso de privatización, con todos sus problemas. Es muy importante mencionar que hubo dos factores de la transición que son fundamentales para entender la solución checa: el tiempo era esencial y estaba previsto que el marco institucional sería el resultado de la privatización.

    Hay dos formas de hacer regulaciones, ex-ante (por previsión) y ex-post (por factores de la vida real). Es lógico pensar que lo primero que se debía hacer en un país poscomunista era establecer el ‘Estado de Derecho’ antes de privatizar SOE, pero al hacerlo, todo el proceso se retrasaría. Toma mucho tiempo decidir cuál sería el mejor marco de regulación para un nuevo país emergente, especialmente cuando estaba bajo un tipo de gobierno que reprimía cualquier actividad de libre mercado, y tal vez hasta ahora las regulaciones de ese período seguirían estando en la agenda de los gobiernos. Además, no significaba necesariamente que al hacer una regulación “ex ante” iba a tener una mayor eficiencia en la aplicación de la ley o que iba a tener menos daños. También se creía que a través de este proceso, se abriría espacio a malversaciones (por ejemplo, lavado de dinero), por lo que si no se realizaba un desarrollo legislativo, entonces el emprendimiento privado habría crecido tan rápido que no se podrían evitar las mismas. En la regulación ex-post, las formas legales o marcos institucionales solo pueden evolucionar a partir de eventos de la vida real. Las experiencias de la vida real brindan argumentos confiables sobre por qué y qué agencias necesitan formarse y contar con personal adecuado.

    Si se tratara de un proceso normal de compra/venta (privado-privado), cualquier asunto presentado entre las partes se mantendría y se resolvería en privado. Pero dado que el caso de esta privatización fue entre SOE y una entidad privada (público-privada), entonces cualquier problema o accidente podría retrasar el proceso o incluso paralizarlo. Esto también abriría las puertas a cualquier amenaza política, como el comportamiento de ‘búsqueda de rentas’ y las prácticas de cabildeo en una sociedad emergente que no estaba preparada.

    Una vez más, enfaticemos que el resultado de una privatización del Este post comunista, fue su efecto institucional en la sociedad y la economía en general. Debe recordarse que después de un país comunista, había muy poco dinero disponible para gastar. Por lo tanto, para agilizar el proceso de transición, las SOE se vendieron “tal cual”, y el nuevo propietario estuvo a cargo de encontrar nuevas ideas, tiempo y recursos necesarios para la reestructuración de la empresa. Además, era responsabilidad de los nuevos inversores diferenciar las inversiones ‘buenas’ y ‘malas’, y con suerte cerrar las malas. El gobierno, sabiendo que los propietarios iniciales no eran necesariamente los propietarios finales, reconoció que necesitaban crear un entorno que hiciera fluida y eficiente la transición de la propiedad secundaria.

    El gobierno checo dejó en claro desde el principio que la inversión internacional era beneficiosa para la economía futura, pero no iba a desempeñar un papel fundamental en el proceso de privatización. El capital extranjero solo iba a entrar en el país una vez finalizada la privatización entre los checos, para fomentar la iniciativa privada en lugar de lidiar con la burocracia gubernamental. Aunque la transición del comunismo al capitalismo fue algo difícil, especialmente para un país con poca experiencia en empresas de propiedad privada, abrió la posibilidad de que surgieran nuevas empresas como los llamados “green-field entrepreneurs”(empresarios en mercados que nunca antes fueron explotados comercialmente),  ya fueran extranjeros o nacionales.

    Concluyendo, ¿qué podemos aprender sobre la particularidad de la transición checa?

    • La transformación de la sociedad fue el equivalente a la distribución completamente nueva del poder y la riqueza, por lo tanto, supuso ganadores y perdedores desde que la ventana de oportunidades fue suficientemente abierta para todos.
    • El cambio institucional debe verse como el resultado de la privatización de las SOE, si la regulación se hacía antes de que surgiera la nueva economía, entonces la sociedad emergente no se hubiera encontrado en un entorno más liberal que el que ya existía.
    • Dado que el objetivo final es transformar la sociedad y la economía -y el gobierno carece de capital-, la solución obvia es establecer las condiciones para atraer a empresarios “greenfield”, ya sean nacionales o extranjeros.
    • La velocidad de transformación es la clave más importante para florecer, aunque otras opiniones puedan pensar que el ‘estado de derecho’ es lo primero.
    • El proceso de transformación tiene sus costos, desde lo social hasta lo territorial, destacándose en este caso la división de Checoslovaquia, que simplificó en gran medida tareas complejas.
    • Así como hay desintegración, también hay unificación de países, como fue el caso de Alemania.
    • Por último, pero no menos importante, hay que tener valor. Valor para ser parte del cambio de un país emergente en transición.
  • Crónica de Aspinwall

    Los problemas que enfrenta la ciudad de Colón y su gente, hoy día, no pueden ser abordados sin incluir su interesantísima y accidentada historia; iniciando con la razón por la cual se ubicó la terminal caribeña del Ferrocarril,  en el sitio conocido como Isla Manzanillo, pasaje de mi libro inédito intitulado “El Verdugo de Panamá”; y cito el pasaje del libro:

    “No es fácil lograr un verdadero sentido de la magnitud y las dificultades que se presentaron en la fase inicial de la construcción del Ferrocarril. El primer gran escollo, el cual devendría en extraordinarios costos, tanto económicos como humanos, vino por intermedio de un tal George Law, cuya acción dio por terminadas las disyuntivas en cuanto a dónde ubicar la base e inicio del Ferrocarril, cuando este adquirió los derechos de tierras ideales para tal propósito, para así obligar a los accionistas iniciales a darle una gran participación en la Empresa. Pero los directores se negaron a tal chantaje y utilizando un viejo mapa, plagado de errores cartográficos acerca del tipo de terreno, drenajes y vegetación, descubrieron un promontorio identificado como “Isla Manzanillo”, como a una milla al este de Navy Bay; sitio en dónde encomendaron a John C. Trautwine y a George M. Totten, la ubicación de la terminal norte.”

    Así, vemos como los problemas actuales de la ciudad de Colón, cuyo nombre original era Aspinwall, tienen su origen, dado que la ciudad se desarrolla en un sitio nada propicio. Y no es que fuese imposible, sino sumamente costoso, en muchos sentidos. Comencemos por señalar que el área de Manzanillo no era más que unas 263 hectáreas de ciénega, rodeada por formaciones coralinas, manglares, lagartos, mosquitos, chitras y otras especies vampíricas. En síntesis, Colón trae una herencia de serios problemas para un desarrollo urbano; entre ellos los de drenajes sépticos, en un sitio con poca elevación respecto al nivel del mar.

    Pasando rápidamente al presente, comencemos considerando el dicho: “una perversa política económica es maravillosa politiquería”. Es el problema que se presenta con la búsqueda de los votos en el ámbito del inquilinato; lo cual también está vinculado a la deleznable política de la torcida redistribución de la riqueza. Bueno es el libre comercio. Mala es la política infectada por controles politiqueros. Todo ello también está ligado a los esquemas de control de precios; los cuales destruyen las señales que requieren los comerciantes y fabricantes para la determinación de precios inmobiliarios y sano desarrollo económico.

    Y quizá el mejor ejemplo, o el más fácil de explicar y entender, es el caso conocido como “Hambruna Irlandesa” del Siglo XIX, que devino en la muerte por inanición de más de un millón de personas en Irlanda. En su momento acusaron a los irlandeses de ser vagos; igual que hoy acusamos a los colonenses. Pero la realidad jamás es tan simple; y detrás de todo ello estaba la peluda mano del intervencionismo gubernamental, que tomó control sobre las tierras en dónde se cosechaba la papa, de la cual dependía mayormente la alimentación del pueblo.

    Con el tiempo y el abuso de la tierra, los precios fueron aumentando, hasta que el gobierno paladín entró en escena. Así, los dueños de tierra fueron perdiendo los derechos de propiedad sobre sus tierras. Igual en Colón, en las áreas con mayores problemas, nadie es dueño de su casa; y lo que no es de nadie, nadie lo cuida. Es también el caso de La Tragedia de los Comunes en Inglaterra.

    En Irlanda, los agricultores se fueron volviendo nómadas en su propia tierra. En Colón, a medida que se deterioran y clausuran las casas deterioradas, o colapsan, los inquilinos igual se convierten en nómadas.

    Frente a estas realidades, los políticos jamás recurrirán a un comercio libre; dado que ello les deja por fuera, lo cual es inaceptable para ellos. Libre mercado, en el caso de Colón, por ejemplo, sería titular toda la propiedad a sus inquilinos, para que ellos mismos decidan si la mantienen o la venden. En vez de ello, vemos a gobiernos que toman el problema como responsabilidad de estado y salen al “rescate” de los colonenses. ¿Será cierto que tengan la capacidad de resolver?

    Por su parte, los colonenses “exigen” que el gobierno vaya a “resolverles” sus problemas; lo cual me lleva a preguntar: ¿Y no es este el caso de ‘ataja por un lado y crea carencias por otro’? ¿No es este un esquema de redistribución de riqueza? Y, de serlo, ¿ése es un verdadero camino de salida? ¿No será como el trecho de ciénaga cerca de Monkey Hill?. Durante la construcción del Ferrocarril, existía una ciénaga tan profunda que se tragaba toda la piedra de relleno; y, eventualmente, hasta los vagones de tren que allí zambullían.

    ¡Ya basta de politiquería! Tengamos el coraje de enfrentar realidades.

     

  • Justicia, Moral y Aborto

    La discusión moral y legal sobre el aborto parece tener al mundo en desasosiego. Al analizar la situación pendiente al respecto voy a rescatar el pensamiento de David Hume sobre pasiones, moral y justicia. “Aun cuando las reglas de la justicia son artificiales ellas no son arbitrarias”. La artificialidad significa que son hechas por el arte del hombre. Y siguiendo al respecto dijo: “Las acciones son laudables o culpables, por tanto no son lo mismo que razonable o irrazonable. Las distinciones morales, por tanto no son el producto de la razón”.

    Me van a perdonar que siga insistiendo en el pensamiento de Hume a fin de llegar a alguna conclusión plausible frente a la presente discusión moral y legal respecto al aborto. Un planteo de Hume y que considero fundamental a los efectos del análisis que estamos haciendo es el que se refiere a la relación entre la razón y la moral. Así dijo: “Yo me propongo probar primero, que la razón sola nunca puede ser el motivo de una acción de la voluntad”. “La razón es, y tiene solo que ser la esclava de las pasiones”. En otras palabras la pasión es objetival y la razón instrumental y falible.

    Otro aspecto fundamental para comprender la sociedad en que vivimos es su concepción sobre la naturaleza humana, y al respecto dijo: “Es imposible corregir o cambiar algo en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancias y situación, y rendir a la observación de las reglas de la justicia nuestro interés más cercano, y su violación el más remoto”. Recordemos que “El justo peca siete veces”. O sea el cristianismo ya había tomado conciencia de la naturaleza humana.

    “El interés propio es el motivo original por el establecimiento de la justicia”. Por tanto en el caso del aborto podemos encontrar la alternativa de los deseos de una mujer cuando tiene relaciones sexuales. Lo hace por el placer que implica o tiene el objetivo de tener un hijo. Si mal no recuerdo la Iglesia Católica consideraba que toda relación sexual que no tuviera el objetivo de tener un hijo era pecado capital aunque se hiciese entre marido y mujer. Por ello entre los diez mandamientos está: “No fornicarás”.

    Me atrevo a pensar entonces que la problemática del aborto se encuentra en el ámbito de la justicia y no de la moral. Como bien reconociera Hume: “La justicia no es obra de la moral y en muchos casos la moral destruye la justicia”. La moral es un sentimiento. Uno no quiere a los hijos por justicia sino por la moral.

    Entonces en la disputa sobre la ilegalidad del aborto también estaría presente la aparente razón de ser del embarazo que sería el fornicato. Es decir que toda mujer que tiene una relación sexual con alguien que no es su marido, está tomando el riesgo del embarazo y consecuentemente su posible decisión respecto al aborto. No creo que sea conforme a la moral y la justicia el prohibir el fornicar. Si así fuera todo parece indicar que la mujer en esa situación su decisión no está inducida por ser madre sino tan solo por su derecho al placer.

    No creo en la justicia de forzar a una mujer a tener un hijo sin padre, ni tampoco a que se determine la existencia de alguien que sabrá que existe porque su madre tuvo una relación sexual con un desconocido. Al menos por el desconocido. Y en referencia a esa situación viene Hume de nuevo: “Si la benevolencia pública es la visión del interés de la humanidad, no puede ser el motivo original de la justicia, mucho menos puede ser la benevolencia privada”.

    O sea, la decisión de la legalidad del aborto no es producto de la benevolencia pública, tampoco lo es de la supervivencia del ser engendrado. Al respecto es igualmente importante reconocer que un pecado no es per se un delito. Al respecto recordemos que en los diez mandamientos se encuentra el “No fornicar”. En ese sentido el origen de la moral no se encuentra en el aborto sino en lo que fuera su determinante original.

    Posición referente a los que pretenden la ilegalidad del aborto se sostiene en el supuesto derecho a la vida. Por tanto ante ese juicio el aborto significa por una parte el pecado y el supuesto delito de violar el derecho a la vida. Mi criterio al respecto es que la vida no comienza en el género sino a partir del momento en que uno toma conciencia de ella, y todo parece indicar que el feto no es consciente de su existencia.

    La discusión persiste tanto en la Argentina como en Estados Unidos. Y en la Argentina la discusión hoy en la Cámara de Diputados se ha presentado un proyecto de legalización del aborto. Al respecto nada sabemos de las razones que lo impulsan. Por otra parte se ha presentado otro proyecto de ilegalidad que se denomina: “Ley de protección a la mujer embarazada y al niño por nacer”. Creo que en esa denominación se incurre en un error conceptual pues es el derecho de la mujer embarazada el decidir si aborta o no. Y por último voy a recordar de nuevo a David Hume cuando dijo: “La Justicia es un aprendizaje”. Todo parece indicar que en esta vigente discusión aparentemente universal, que no hemos aprendido.

  • Cállense Mentecatos

    El ministro está furioso, porque Panamá en el 2018 está previsto que sea el país con más alto per cápita de América Latina, pero no le han hecho caso ni le han echado las flores que él piensa que se merece el gobierno actual. ¿Será en realidad porque no lo merece?

    Vamos a dejar en claro una cosa. Es poco lo que puede hacer un gobierno, por más de que los políticos vendan lo contrario, para levantar la economía de un país. Un gobierno no puede por sí solo hacer que la economía de un país florezca. Son los habitantes de un país los que levantan la economía del mismo. Un gobierno puede fijar los marcos correctos para que la actividad económica florezca, garantizar la seguridad de las personas y las actividades económicas, hacer cosas que hagan la economía más productiva como obras de infraestructura, garantizar el acceso a la educación y la salubridad. No puede garantizar el éxito de las actividades económicas en una economía compleja.

    Pero lo que si puede hacer el gobierno de manera muy fácil es destruir la economía; se está demostrando en Venezuela: basta con establecer controles de precios y de salarios irreales, basta con imprimir moneda sin respaldo y aumentar la masa monetaria, basta con debilitar los derechos de propiedad. Tratar de levantar una economía a punta de gasto público como hizo el gobierno de Ricardo Martinelli o está haciendo el gobierno actual tampoco es bueno. Se puede crear una burbuja, pero ese gasto público al final no es sostenible, porque sale o de los impuestos o sale de la deuda, que finalmente termina en forma de impuestos en el futuro. El precio de esa burbuja siempre va salir de sacar dinero de las actividades productivas de los particulares. Endeudar a un país no es mejorar su economía, es crear una burbuja. Y las burbujas tarde o temprano revientan. Recordemos a las economías latinoamericanas en los 80s con la crisis de la deuda o a Grecia recientemente. El crecimiento real es el que surge del ahorro y la inversión privada.

    Por eso el ministro no debe sorprenderse cuando la gente rehúsa darle crédito por los triunfos económicos de Panamá. Ya que por ejemplo, la vuelta a la estabilidad democrática fue un triunfo del quinquenio de Guillermo Endara, la reforma de la estatista economía heredara de los militares, fue un triunfo del quinquenio de Ernesto Pérez Balladares. Y fue ralentizada durante el quinquenio perdido de Mireya Moscoso. Pese a eso, desde los últimos años de ese quinquenio, a partir del 2003 para ser exactos, que la economía panameña empieza a crecer, llegando a tasas de crecimiento superiores al 6 o 7% durante el gobierno de Martín Torrijos. Todo eso sin que la deuda pública aumentara.

    Durante el gobierno de Ricardo Martinelli, esta tendencia se disparó, ya que al crecimiento de la empresa privada y a la inversión extrajera directa, el gobierno Martinellista sumó grandes dosis de gasto público sufragado por deuda. Lo que hizo que Panamá tuviera niveles de crecimiento económicos chinos, superiores al 10% anual. Aunque ya para el 2013 estos niveles empezaban a decrecer.

    La gran diferencia entre el quinquenio Martinelli y el quinquenio Torrijos es que mientras que con Torrijos el crecimiento se debía a la inversión privada, local y extranjera, en el quinquenio Martinelli ésta tenía un importante elemento de gasto público y deuda pública. La relación deuda /PIB seguía siendo buena, pero recordemos que el PIB tiene la trampa de incluir en él gasto público, el cual crecía alimentado por esa misma deuda contra la cual lo comparamos. Así que ese crecimiento exagerado durante el quinquenio Martinelli tenía elementos de burbuja artificial. Y no era sostenible. Lo peor es que el gasto público quitaba recursos a la empresa privada, creaba inflación y permitía aumentos artificiales de salarios. Para el 2013, al bajar el gasto público, este crecimiento empezaba también a bajar como ya hemos dicho. No era algo indefinidamente sostenible.

    Lo que nos lleva al quinquenio actual que no ha terminado. Difícilmente puede reclamar el gobierno de Juan Carlos Varela crédito por el actual nivel per cápita de Panamá cuando esto ya había sido predicho por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hace años. Y es el producto de decisiones tomadas mucho tiempo antes. Como el eliminar el Banco Central en 1904, las leyes de abanderamiento de naves y de sociedades en las primeras décadas de la República, la creación del centro bancario en los 1970s. Y por supuesto todas las medidas políticas y económicas tomadas en los 1990s. Panamá creció de manera continua desde 1990 hasta el 2001, y del 2003 hasta nuestros días, la recesión del 2008 solo ralentizó el crecimiento un año. Pero a diferencia de otros países nunca entramos en recesión. Hemos crecido desde el 2003 hasta nuestros días.

    Cuando un auto va a velocidad, y se le daña el motor, todavía puede seguirse moviendo un tiempo por inercia a menos que alguien aplique los frenos. Lo mismo pasa con la economía de Panamá. Cuando tiene impulso desde hace más de 15 años, aunque se pongan los frenos, no se va a frenar de golpe, se puede tratar de frenarla, y sin embargo, se mueve.

    Porque vamos, el gobierno actual ha seguido con una política de aplicar frenos al crecimiento, siguiendo las políticas del gobierno anterior pese a una distinta situación económica. Se ha seguido endeudando al país, ya no tanto para financiar obras, sino para sufragar gastos corrientes y subsidios, algo insostenible en el tiempo. Se han rendido a las presiones de la OCDE a cambio de nada, y sin buscar alternativas a los negocios que se pierden en el país, cuando otros países han reemplazado sus ofertas de servicios por otras. Han seguido la política de aumentos irreales del salario mínimo, lo cual es un estímulo a que las empresas se automaticen, llevando a una situación en la cual el desempleo aumenta pese a que el crecimiento económico sigue estable, y convenientemente se le echa la culpa a los inmigrantes extranjeros. Se ha aumentado el peso y costo de la burocracia a la hora de formalizar trámites, pagar impuestos o inscribirse en el Seguro Social. Y los problemas estructurales más profundos como la falta de un Órgano Judicial independiente, confiable, y rápido, o un buen sistema educativo siguen sin atenderse, o el hecho que existan grandes disparidades de ingresos entre amplios sectores de la población. En otras palabras, es poco lo que el gobierno actual ha hecho para garantizar el crecimiento económico, el cual más bien se ha dado pese a las políticas del gobierno actual. Simplemente vivimos de la inercia positiva de gobiernos pasados. O de nuestra misma base institucional.

    Así que no nos llamen mentecatos cuando rehusamos en dar crédito a un gobierno por los resultados de nuestro diseño institucional y pese a, más que debido a, las políticas menos intervencionistas de gobiernos anteriores.

     

     

  • ¿Qué sucede luego de que una nación escapa del comunismo?

    Durante el año del centésimo aniversario del comunismo, hemos recordado la cifra de muertos de esta malvada ideología. Muchos países que fueron comunistas celebran su escape de la esclavitud comunista, y casi tres décadas más tarde de la caída de la Cortina de Hierro, los países que han tenido la mayor libertad lo han hecho mejor.

    James Gwartney y Hugo Montesinos de la Universidad del Estado de Florida, analizaron la situación económica en el periodo de 1995 a 2015, de las naciones del ex Bloque Soviético, países que tuvieron planificación central (llamados FCP por sus siglas en inglés).

    Cuanto más se alejan los países de la planificación central, más crecen, especialmente si tienen un puntaje decente en el Índice de Libertad Económica del Mundo (EFW), publicado por el Instituto Fraser, una institución canadiense. El índice mide la libertad económica en cinco áreas principales de políticas: política fiscal, comercio, política monetaria, regulación y el marco legal. Gwartney y Montesinos escriben en su estudio:

    Los registros de los países FCP durante el periodo 1995-2015 es impresionante. Esto es particularmente cierto en los siete países FCP que se movieron hacia la liberalización económica. El crecimiento promedio del PBI per cápital real de estos siete países excedió el 5 por ciento durante 1995-2015. El PBI per cápita real se más que duplicó en seis de los siete países en esas dos décadas… Estos siete países: Georgia, Estonia, Lituania, Latvia, Rumania, Armenia y Albania, tuvieron un índice resumido Libertad Económica del Mundo (EFW) de 7,5 o más.

    Eso no es mucho más bajo que el puntaje de Estados Unidos, que tuvo 7,94. Hong Kong es el más alto con 8,97.

    Debido a que estos países comenzaron a crecer desde una base más baja, crecieron tres veces más rápido que los países desarrollados europeos de alto ingreso. A este fenómeno se lo llama convergencia.

    No obstante, la rápida convergencia sólo es posible con políticas de gobierno correctas y las tasas de crecimiento fueron menores en los países FCP con menos libertad económica.

    Por lo tanto, el PBI per cápita creció un 4,54% por año sobre el periodo de 20 años en los países con las políticas más libres que promueven el intercambio voluntario como también la apertura a la entrada a los mercados, pero solo crecieron 3,30% en países con las políticas menos libres. Como resultado, los ingresos de los países más libres convergieron más rápido hacia esos países de altos ingresos, escribe Gwartney y Montesinos.

    El cociente entre el PBI per cápita promedio del grupo económicamente más libre y el de las economías de alto ingreso, se más que duplicó, pasando de un 19,9% en 1995 a 40,6% en 2015.

    Georgia y los países del Báltico lo han hecho particularmente bien, impulsando su porcentaje de ingreso comparado con las economías occidentales de 6,7% a 20,3% en el caso de Georgia y de 33% a 61,6% en el caso de Estonia. Polonia y Eslovaquia tienen EFW un poco menor pero también convergieron a un paso rápido gracias a algunas buenas políticas.

    En el grupo del fondo en términos de puntaje EFW, es triste ver a Ucrania haciéndolo tan mal, pero es un resultado previsible dada la casi total ausencia de libertad económica en ese desafortunado país.

    La moraleja obvia de la historia es que las naciones crecen más rápido y generan más prosperidad si siguen la receta de mercados libres y gobierno limitado en el contexto de las cinco áreas principales de políticas.

    Espacio para mejorar

    Y es en esa categoría final (que mide factores como derechos de propiedad, el gobierno de la ley y la corrupción del gobierno) donde todos los países FCP aún tienen que alcanzar al resto, según Gwartney y Montesinos:

    Los países FCP…tienen una falla principal: sus sistemas legales son débiles y se ha hecho poco progreso en este área. Dado el contexto histórico, no es de sorprender. Bajo el socialismo, los sistemas legales son designados para servir los intereses del gobierno. Jueces, abogados y otros funcionarios judiciales son entrenados y recompensados por servir a los intereses del gobierno. La protección de los derechos del individuo y negocios y organizaciones privadas no es importante bajo el socialismo.

    Desafortunadamente, aún cuando tenemos el diagnóstico, no tenemos realmente una cura simple, ya que no es fácil cambiar la cultura socialista de la clase política de una nación.

    Este artículo apareció originalmente en International Liberty.

  • No confundir la tolerancia con la cobardía.

    Cuando Hugo Chávez dio su intento de golpe de estado, se le condenó a penas de prisión. Rafael Caldera lo perdonó y lo dejó correr. Ahora solo queda un legado de cenizas. En Panamá, la creciente decepción con respecto a la clase política ha llevado a algunos personajes a hacer declaraciones desafortunadas, pidiendo en Panamá un golpe de estado, una dictadura mesiánica y una revolución a la Francesa.

    Bueno, yo en chiste he dicho que he soñado desde hace años con una Guillotina en Santa Ana. Pero de relajo, no con una revolución armada, ejecuciones masivas y terror a la francesa y finalmente el triunfo de un caudillo iluminado, tipo Chávez o Napoleón. Llamar en serio a un golpe de Estado es una irresponsabilidad delictiva. Porque la violencia, el terror y una dictadura mesiánica serían peores errores y traerían peores problemas que los de corrupción que tenemos. Y no debemos pensar que los justicieros del futuro serán incorruptibles. Ellos traerían nuevas brutalidades, pero también nuevas corrupciones. Y esta vez no habrá nadie que pueda denunciarlas.

    El mero hecho de que se toleren estas incitaciones al golpe de estado constituye una apología del delito, incitar a la muerte sistemática de una clase política es hacer una apología del genocidio. Nietzsche una vez nos dijo que había que tener cuidado con los justicieros, porque detrás de ellos se escondía una sed de poder y eran vengativos encubiertos. Está claro que todo el mundo tiene derecho a una opinión, como todo el mundo tiene derecho a comer y a evacuar. Pero cuando estas opiniones establecen una voluntad de destruir violentamente el orden establecido, ya no son meras opiniones.

    Lo que nos lleva al dilema de Popper y la tolerancia. Se puede tolerar una gran cantidad de opiniones, pero ¿qué pasa cuando estas ideas y opiniones están encaminadas a destruir el sistema que permite esa tolerancia? ¿O sea usar la tolerancia y la diversidad democrática para pedir la destrucción de esta diversidad y democracia? Está claro que las sociedades tienen derecho a defenderse contra los intolerantes y contra los que abogan por destruir el sistema.

    Por eso, aunque es necesario entender la creciente frustración con el sistema democrático panameño y su corrupción e impunidad, debemos mirarnos en el espejo venezolano. La frustración de la gente al ver que la clase política se había construido un nicho de impunidad, en el cual gobierno y oposición se cubrían mutuamente, mientras que ya no se podía comprar a la gente con un dinero que ya no existía, poco a poco fue minando la confianza de la gente en la democracia y haciendo que el suicidio económico y político de Venezuela se iniciara.

    Es necesario que la clase política entienda que tiene que cambiar, pero también es necesario que la gente condene inequívocamente, cualquier intento de justificar salidas golpistas y mesiánicas contra el Statu Quo. Las únicas salidas posibles son las democráticas y dentro de la legalidad. Los mesianismos deben ser evitados a toda costa.

    Ser tolerante no significa que se tenga que tolerar opiniones y prácticas que vayan agresivamente en contra de la tolerancia. Esto parece paradójico, pero no lo es. Popper lo sabía. Por eso condenamos los intentos de promover salidas mesiánicas al orden establecido.

    Si el gobierno tuviera algo de columna vertebral moral, debería dejar claro que independientemente de las acusaciones de corrupción, no va a tolerar nunca que se estimule una ruptura violenta del orden democrático establecido, y que cualquier intento de lograr algo así, será castigado duramente.

    No hacerlo sería seguir el mismo camino de la Venezuela de Rafael Caldera.

    Todas las salidas a nuestros problemas deben plantearse en el marco de la legalidad y del derecho. Nada más es aceptable.

     

  • Bitcoin: Entre el gobierno y la competencia

    Durante los tiempos del comunismo, en algunos países occidentales y en el régimen comunista de China de hoy en día, los gobiernos ateos mantenían financieramente a las iglesias. Esto parece contradictorio al principio, pero es solo porque no entendemos bien lo que representa esa “ayuda”.

    La ayuda del gobierno tiende a dañar a largo plazo. Lo que el gobierno financia, lo controla. En esos países las diferentes iglesias le deben gratitud a su gobierno ateo.

    El bitcoin no debería caer en esa trampa. Hasta ahora solo las entidades cercanas al gobierno, como los bancos, se han involucrado en varias empresas de blockchain, pero no han tocado al bitcoin.

    Siguiendo con el ejemplo de la iglesia, esta debería recibir órdenes de algo que trasciende al Estado, pero tener que rogarle al Estado por dinero hace que pierda esa independencia. Además confunde la doctrina espiritual al hacer que los funcionarios eclesiásticos se dobleguen al poder estatal.

    Hasta ahora en el mundo del bitcoin, los gobiernos no han ofrecido financiar diferentes propuestas de bitcoin. Por el contrario, han aminorado la regulación.

    Que el gobierno no haya apoyado al bitcoin con subsidios es algo bueno ya que la ayuda del gobierno causa dependencia si se da por mucho tiempo. Las iglesias en países comunistas que en el pasado funcionaban bien con donaciones de sus miembros, ahora solo sobreviven con asistencia del gobierno. Los feligreses se dieron cuenta poco a poco de que sus contribuciones no eran tan importantes.

    El Estado pagaba el salario del pastor y la manutención del edificio. Cuando uno financia personalmente una actividad, siente una mayor conexión, se la toma más en serio.

    Pero que el gobierno pague por una iglesia tiene el efecto de debilitar esa iglesia. Al principio puede parecer un favor, pero la ayuda estatal es exactamente lo opuesto.

    Lo que menos querría alguien que apoya una organización es recibir ayuda del gobierno. Sin importar en qué paquete venga, la ayuda del gobierno siempre debería ser rechazada.

    Y hasta ahora los gobiernos del mundo han escogido regular al bitcoin, en vez de financiarlo, algunos creando ambientes más favorables y libres de regulación y algunos creando ambientes más ajustados.

    Consecuencias inesperadas

    La asistencia del Estado también trae consecuencias inesperadas. No importa cuánto trate algún político de hacer el bien, el mecanismo mismo de cómo funciona el gobierno suele causar que suceda lo opuesto.

    El gobierno no puede tocar el bitcoin descentralizado en su núcleo, pero se las ha arreglado para obstruir el progreso aplastando la competencia –con la Bitlicencia de Nueva York, por ejemplo– y limitando el crecimiento de la red de pago creando leyes impositivas punitivas.

    Sin embargo, además de la regulación, otras cosas empeorarán si la comunidad acepta voluntariamente ayuda del gobierno. Cualquier intervención del gobierno frenará la innovación, reducirá el contacto entre el consumidor y el emprendedor, reducirá la competencia y, dependiendo de qué tan cerca el gobierno ayude a bitcoin, podría crear problemas mayores que no serían visibles en lo inmediato.

    Los gobiernos en general no pueden, en esta etapa, dañar el éxito final del protocolo bitcoin y las muchas funciones que se construyen sobre él, especialmente ya que hay competencia entre gobiernos del mundo para brindar un marco regulatorio mejor.

    Si uno viera este asunto desde la perspectiva de quién lidera, el gobierno o bitcoin, parece que la comunidad del bitcoin lleva la delantera. Pero por la misma naturaleza del bitcoin, el gobierno se mantiene a corta distancia, que es exactamente donde se lo debería mantener.

    La competencia es buena, incluso para los bancos

    La competencia es buena para los consumidores y para la innovación. Muchos emprendedores lo consideran algo grandioso porque los empuja a lograr lo óptimo, creando versiones mucho mejores de su producto de lo que podrían de otras formas.

    Así que cuando bancos y compañías establecidas compiten en el espacio blockchain, debería considerarse una buena noticia. Estos proyectos usualmente no son innovadores. Hasta ahora no hemos visto nada ni remotamente comerciable, pero me entusiasma ver que los consumidores tengan la oportunidad de acercarse o evitar esos productos.

    Sin embargo, la experiencia muestra que muchas grandes compañías establecidas tienen poca inventiva.

    Están acostumbradas a mercados no competitivos creados por la regulación del gobierno, con grandes barreras para entrar.

    Muchas compañías tienen modelos de negocios que se sienten cómodos en poner su inversión en cabildeos en vez de investigación y desarrollo. Sería irrisorio esperar que una compañía así desarrolle tecnología que compita con bitcoin, ni hablar de remplazarla.

    Bitcoin ofrece algo que una entidad centralizada no puede igualar. Es la puerta al futuro de no tener que depender jamás de un centro de confianza. No obstante, muchas industrias producen productos que son populares, con buen marketing pero que la gente en la industria considera pura basura.

    Así que espero con gusto ver qué decidirá el mercado sobre el futuro financiero, y qué rol jugarán el bitcoin y otros protocolos criptográficos en ese futuro.

    Allan Stevo es un pensador libertario y autor de “The Bitcoin Manifesto”.