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El síndrome del clavo y el antisemitismo

Para muchas personas, cuando hay un clavo que sobresale, hay que martillarlo para que quede igual que todos los demás clavos, o sacarlo de la tabla. No se puede permitir que un clavo sobresalga. Bueno desde punto de vista de la estética de un carpintero o de la mera prevención de accidentes, no podemos negar que no tienen razón. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de la sociedad. Si una sociedad busca martillar a los clavos que sobresalen, solo va a lograr el conformismo y la mediocridad.

El Ejemplo de España es claro. Cuando a finales de la Edad Media renacen las ciudades, surge una nueva clase de habitantes, que no eran ni siervos campesinos ni nobles guerreros. Los burgueses, los habitantes de la ciudad. Entre los burgueses había un grupo de personas disímiles, nobles venidos a menos, campesinos desplazados por la guerra y la peste y judíos, muchos judíos. A los judíos no se les permitía tener tierras, y debido a sus complejas obligaciones religiosas, solo podían trabajar para sí mismos o para otro judío porque era raro el no judío que respetara sus obligaciones religiosas como la de no trabajar los sábados. Así que los judíos terminaron recluidos en juderías en determinados barrios de las ciudades. Y todos estos habitantes de la ciudad, estos burgueses, recordemos que burg significa poblado en alemán, no trabajaban la tierra, ni cobraban tributos a los que la trabajaran como hacían los nobles y el clero, sino que se dedicaban a las artesanías, a las artes, a las profesiones liberales, al comercio y a la usura. Fueran judíos o gentiles, eso es lo que hace la gente en una ciudad.

Esto no le gustaba a los nobles, que un grupo de personas que no fueran pandilleros armados se hiciera rica sin tener ningún racket de protección sobre los campesinos como lo hacían los nobles. Tampoco le gustaba al clero, quien veía con nerviosismo que mucha gente se hiciera rica e inventara distracciones con el buen uso del tiempo libre que hay en las ciudades. Esa gente rica se alejaba de Dios y peor entre esos ricos burgueses había muchos judíos que negaban a Cristo. Para los nobles y para los sacerdotes, estos valores comerciales pedestres contradecían la sociedad sublime militar que querían crear. Por lo tanto nobles y sacerdotes, Dios y el Rey, tendrían que darle a clavo que más sobresalía. Lo primero que hicieron los nobles fue tratar de frenar el creciente poder político de los burgueses lo que culminaría en una larga lucha que los burgueses ganarían, con el establecimiento del estado democrático liberal en casi todos los países europeos. Lo segundo era debilitar al creciente poder de la burguesía en las ciudades en el lado religioso. La burguesía urbana tenía varias vertientes, los que pedían reformar el clero, los futuros protestantes, los que querían un mundo con valores independientes de la religión, los futuros humanistas seculares, y los judíos.

Los judíos ahora se convierten en el enemigo número uno, como son vistos como un grupo humano separado son un blanco más fácil para los nobles que frecuentemente estaban endeudados con ellos y para la Iglesia que los ve como negadores de Cristo y por lo tanto negadores de la misma razón de ser de la Iglesia. La Iglesia envía frailes mendicantes a predicar el antisemitismo, ahora los judíos colectivamente mataron a Cristo. Surge el libelo de sangre, según el cual los judíos sacrificaban niños para hacer el matza pascual. Para la época de Pascua se crean autos pascuales en los cuales se pone énfasis inflamatorio en la Pasión de Cristo y sus torturas. El resultado de todo esto es que empiezan a surgir espontáneamente o instigados por nobles y clero, polgroms antisemitas en toda Europa. Los judíos ahora están condenados a errar de nación en nación y de expulsión en expulsión durante el segundo milenio de la cristiandad, culminando con el Holocausto nazi.

Ahora el antisemitismo ya no viene tanto de la Iglesia, ni de los pocos fascistas de extrema derecha que sueñan en resucitar una nueva nobleza guerra. El antisemitismo moderno, es los países occidentales sobre todo en los de habla hispana viene de la izquierda anti sionista. Ya para los nuevos antisemitas los judíos no son culpables de negar a Cristo, pero siguen siendo culpables de matar niños palestinos, aunque ya no sea para hacer matza pascual. Siguen siendo culpables eso sí de adorar el dinero, el materialismo, el comercio y la democracia liberal, o sea siguen siendo culpables de ser burgueses. Y eso es lo que la izquierda anticapitalista odia más en ellos. El burgués. El humano de la ciudad. A los clavos que sobresalen hay que martillarlos. Entre el antisemitismo y el anti sionismo hay una línea muy delgada. No todos los anti sionistas son antisemitas, pero todos los antisemitas son anti sionistas.

La izquierda en su espíritu de igualar hacia abajo adora golpear a los clavos que sobresalen. Los burgueses en general y los judíos en especial, aunque disfrazando su anti judaísmo de anti sionismo.

España es un país donde los nobles y el clero lograron con éxito defender su monopolio sobre el Estado casi hasta la muerte de Francisco Franco, un país donde en 1492 los nobles y el clero, aliados tomaron la decisión de expulsar a los judíos que no se convirtiesen. Un país que desde entonces ha sufrido la advertencia de Don Isaac Abranvel, un país donde ser militar, cura o funcionario público es más valorado que ser artesano-técnico, científico y comerciante. Y es la mentalidad que trajeron al nuevo mundo los conquistadores, y que sigue defendiendo bajo el disfraz progre del anti sionismo gran parte de nuestra izquierda, que adora el militarismo de un Castro o un Chávez, que adora el dogmatismo sacerdotal del marxismo decimonónico, y que piensa que la última misión de todo ser humano es servir al Estado.

Al clavo que sobre sale se le martilla, si un Lionel Messi o un Cristiano Ronaldo sobresalen por su talento y esfuerzos, que hacienda se encargue de ellos. El talento y la ambición se deben castigar. Que todos los ciudadanos sean sapos o sea soplones de quienes se enriquecen de manera bien habida, solo los que roban del Estado tienen derecho a ser ricos, como los nobles feudales. Esa es la mentalidad progre de la OCDE, de la Unión Europea, de la ONU, la de castigar al rico por esfuerzo propio mientras que los nuevos burócratas feudales se enriquecen. Umberto Eco ya lo había dicho, una nueva Edad Media se avecina.

About the author

Ricardo Soto

Ricardo Soto Barrios, abogado, especialista en políticas públicas, egresado de la Universidad Santa María la Antigua. Políticamente liberal, ha participado en muchos proyectos donde se analizan las políticas públicas de Panamá desde un punto de vista liberal y se proponen alternativas. Ha trabajado en la Policía Nacional de Panamá, el Ministerio de Gobierno, y AMPYME, además de ejercer la práctica privada.

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