Escribir enfocando temas como el de la pregunta del título de este escrito tiene sus altibajos; y comienzo por los bajos. Debido a que son temas poco o mal abordados en los medios tradicionales, una mitad de la población no los conoce o entiende y la otra… si acaso los entiende la desatiende. ¿Y por qué habrían de desatender temas tan importantes como el de la “asistencia social”? Por variedad de razones; pero quizá las más relevantes son: 1) criticar la asistencia social no es popular; 2) no saben qué hacer al respecto, particularmente en el ámbito politiquero y así se menea la tamborera.
Pero, para entrarle al tema por la puerta principal, que sería la del verdadero significado de la frase “asistencia social”, se trata de “programas de ayuda económica o servicios para personas en necesidad.” Y, de salida, entramos en el laberinto de la realidad y del entendimiento; es decir: ¿cómo y por qué quedan tantos atrapados en necesidad de asistencia; y entonces viene la palabrita “social”. ¿Qué es eso de “asistencia social?”
Para un político bien puede ser la oportunidad de subir y quedarse sembrado en puestos de disque “autoridad” que le redundan en gratificaciones $$$. Y digo “disque autoridad” ya que la verdadera “autoridad” resuelve y no usa su “autoridad” para pelechar. Y voy al meollo del asunto: Que la verdadera asistencia social debería apuntar a lograr que la gente no requiera asistencia social económica; y ello por muchas razones de peso:
- La verdadera asistencia social no debería ser un fin en sí misma, sino un medio temporal para empoderar a las personas y comunidades, fomentando su autosuficiencia.
- El verdadero asistencialismo no crea más dependencia y miseria; detrás de lo cual hay razones económicas, sociológicas y tal. Si lo haces mal, terminas creando una dependencia crónica.
- Cuando personas faltas de motivación logran supuestos subsidios, pierden el des superación, creando patrones intergeneracionales, con familias enteras estancadas en una cultura de servilismo.
- El villano es el clientelismo electoral; en dónde, por ejemplo, legisladores en vez de legislar facilitando el emprendimiento hacen lo contrario. Por algo en Panamá la formalidad va en picada y la informalidad en ascenso.
- El mal asistencialismo genera corrupción que desvía recursos productivos en actividades improductivas. No más hay que ver los millardos que se han descubierto en los EE.UU., de fondos de supuesto asistencialismo que han terminado enriqueciendo a malandrines y otros han ido aparar a Somalia.
Estos son apenas unos apuntes de efectos terribles del mal asistencialismo, que promueva dependencia prolongada o permanente, erosionando la autoestima; y ni hablar que crea división de clases.
La verdadera asistencia social no debe venir de arriba hacia abajo, no es un asunto gubernamental; es decir, de los políticos hacia Tío Pueblo, sino que quien verdaderamente está en posición de asistir es el “prójimo”; ese que estando “próximo” y conoce al necesitado le puede ayudar.
Es terrible que los supuestos políticos crean que su función es andar confiscando y repartiendo para quedarse con el filete. Y el enorme problema y reto es ver cómo salimos de ese lodazal de maleantería política que lo hemos establecido como cosa buena.
La parranda de llamados “subsidios” siempre tiende a ir en aumento, pero ya llegará el momento en que sea insostenible y quienes pagarán son nuestros hijos.
En fin, más prueba que en Minnesota que han defraudado con el programa de “asistencia social” por más de $9 mil millones y viene mucho más; dinero que ha ido a bolsillos políticos y peor, a parar en grupos terroristas islámicos. Si allá llueva, por acá no escampa.














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