El proteccionismo ha sido una de las piedras angulares de la política económica de Donald Trump bajo el lema “America First”. Desde la imposición de aranceles a productos chinos hasta la renegociación de tratados como el NAFTA, su enfoque busca proteger a las industrias estadounidenses de la competencia extranjera. Sin embargo, al analizar las ideas del economista clásico Frédéric Bastiat, podemos entender por qué esta visión proteccionista es un error fundamental que, lejos de fortalecer la economía, termina empobreciendo a los propios ciudadanos.
Bastiat explica en su ensayo célebre Lo que se ve y lo que no se vé, sobre el proteccionismo, que restringir la importación de bienes más baratos no genera riqueza, sino que la redistribuye de manera ineficiente. Tomemos como ejemplo los aranceles impuestos por Trump al acero y el aluminio en 2018. Si bien estas medidas benefician a los productores nacionales de dichos materiales, obligan a los consumidores estadounidenses a pagar precios más altos, tanto en productos terminados como en bienes intermedios que utilizan estos materiales. De manera similar al caso del “Sr. Prohibidor” de Bastiat, esta política enriquece a un grupo reducido (los productores de acero) a expensas de la mayoría (los consumidores y otras industrias).
Un punto clave que Bastiat subraya es que la riqueza no se genera por medio de la violencia, ya sea directa o legal, sino a través de la libre colaboración en el mercado. Los aranceles son una forma de “violencia legal” que limita la capacidad de los consumidores para elegir. Cuando se impide la compra de bienes extranjeros más baratos, los consumidores deben gastar más para obtener los mismos productos, lo que reduce su poder adquisitivo y les impide gastar en otros bienes y servicios. Este desajuste tiene consecuencias en toda la economía. Por ejemplo, si una fábrica automotriz en Michigan tiene que pagar más por el acero debido a los aranceles, también subirá el precio de los autos, afectando la competitividad de las exportaciones estadounidenses y el bolsillo de los compradores.
El proteccionismo también ignora los efectos en el “tercer personaje” que Bastiat menciona. En el caso de los aranceles de Trump, no solo se perjudica al consumidor, sino también a sectores que dependen de bienes importados. Las empresas que fabrican productos finales utilizando insumos extranjeros (como electrodomésticos o maquinaria) ven afectadas sus cadenas de suministro y, en muchos casos, pierden competitividad en el mercado global. Esto demuestra que el proteccionismo no crea empleo de manera neta; simplemente redistribuye recursos de una industria a otra, a menudo destruyendo más riqueza de la que genera.
Por último, el enfoque de “America First” pasa por alto un principio fundamental del comercio: su naturaleza colaborativa. Al comprar bienes extranjeros, los países no solo obtienen productos más baratos o de mejor calidad, sino que también fomentan relaciones económicas que benefician a ambas partes. Restringir estas relaciones bajo la ilusión de proteger a las industrias nacionales aísla al país y reduce las oportunidades de crecimiento.
Por tanto, podemos afirmar que las políticas proteccionistas de Trump, inspiradas en su lema “America First”, cometen el error de creer que la riqueza se genera al cerrar las puertas al comercio exterior. Tal como argumenta Bastiat, la verdadera prosperidad surge de la libertad económica y la colaboración internacional. Restringir el comercio no es una solución; es un obstáculo al progreso. Y como también sostuvo Bastiat, donde no pasa el comercio, pasan los soldados.
El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos viene acompañado de un giro drástico en el discurso inaugural. Sorprendiendo a quienes esperaban que reiterara prioridades de campaña como Ucrania, o incluso que mencionara a Canadá o Groenlandia, o a ningun país, Trump se centró exclusivamente en una declaración de gran peso histórico y geopolítico: “retomar el control del Canal de Panamá”. Esta afirmación, con fuertes implicaciones, nos invita a analizar no solo su viabilidad real sino también lo que significa en un mundo cada vez más multipolar.
El Canal de Panamá: legado, soberanía y pragmatismo geopolítico
El Canal de Panamá fue administrado por Estados Unidos hasta 1999, cuando, tras una negociación que comenzó con los Tratados Torrijos-Carter (1977), fue transferido a Panamá. Este cambio marcó un hito de soberanía para el país centroamericano y reforzó el mensaje de que el control de las rutas comerciales clave ya no es monopolio exclusivo de las grandes potencias. Hoy, el Canal es operado de manera eficiente por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), un organismo panameño que asegura su funcionamiento en beneficio del comercio mundial.
Sin embargo, la retórica de Trump revive un viejo temor: la percepción de que Estados Unidos todavía ve el Canal de Panamá como una extensión de sus intereses estratégicos. Al acusar a Panamá de violar el «espíritu» del acuerdo y culpar a China de una influencia indebida en la región, Trump parece apostar por un retorno a la diplomacia coercitiva, similar al estilo de la Doctrina Monroe en el siglo XIX, pero adaptada al siglo XXI.
¿Qué opciones tiene Trump para «retomar» el Canal?
Desde un punto de vista práctico, las opciones para forzar una renegociación o imponer control directo sobre el Canal de Panamá son limitadas y enfrentan varios desafíos:
Presión económica y sanciones: Trump podría buscar sancionar a empresas relacionadas con el Canal o amenazar con medidas económicas contra Panamá, como aranceles o restricciones comerciales. Sin embargo, esto podría ser contraproducente, afectando la estabilidad financiera de un país aliado y fragmentando aún más las relaciones diplomáticas en América Latina.
Intervención militar: Si bien Trump podría insinuar una acción militar, la realidad es que esta opción sería impopular tanto a nivel interno como internacional. Además, en un contexto donde China y Rusia han expandido su influencia, una intervención estadounidense podría desencadenar reacciones diplomáticas y militares imprevistas.
Negociaciones bilaterales: Una estrategia más viable podría ser presionar para renegociar los términos comerciales de uso del Canal, buscando tarifas más favorables para los buques estadounidenses. Esto, sin embargo, requeriría colaboración diplomática y concesiones mutuas, algo que no encaja del todo en el enfoque de confrontación que caracteriza a Trump.
Apoyo a sectores opositores dentro de Panamá: En un escenario más indirecto, Estados Unidos podría intentar influir en la política interna de Panamá, apoyando a facciones que favorezcan una mayor apertura hacia los intereses estadounidenses. Este tipo de estrategia, aunque sutil, no está exenta de riesgos y puede alimentar el sentimiento antiestadounidense en la región.
La postura de Panamá: un baluarte de soberanía
Panamá tiene varios recursos para defenderse ante cualquier intento de presión:
Legitimidad internacional: La comunidad internacional reconoce la soberanía panameña sobre el Canal. Cualquier movimiento agresivo por parte de Estados Unidos podría ser condenado en foros como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
Eficiencia operativa: La ACP ha demostrado que el Canal es administrado con altos estándares, lo que refuerza la narrativa de que Panamá es un gestor competente de esta infraestructura crítica.
Apoyo de China y otros actores: Aunque Trump acusa a China de operar el Canal, lo cierto es que la influencia china se limita a la operación de puertos cercanos. Sin embargo, Beijing podría usar su poder económico y político para contrarrestar cualquier intento de intervención estadounidense, fortaleciendo a Panamá.
Un análisis libertario: la soberanía frente al intervencionismo
Desde una perspectiva libertaria, la retórica de Trump es problemática porque refuerza la idea de que un Estado, por poderoso que sea, tiene el derecho inherente de imponer su voluntad sobre otro. Este tipo de intervencionismo contradice los principios de soberanía y libre comercio, fundamentales para un orden mundial equilibrado.
Además, el argumento de que el Canal «debería» pertenecer a Estados Unidos no solo ignora el marco legal de los tratados Torrijos-Carter, sino que también desconoce el espíritu de autogobierno que define a los Estados soberanos. ¿Por qué un país, solo por ser una superpotencia, debería tener derechos sobre un activo clave de otro?
En un mundo globalizado, los principios de cooperación y respeto mutuo son esenciales para el progreso. Si bien Trump podría usar su retórica para movilizar su base política, sus acciones deben ser cuidadosamente calculadas para evitar socavar las relaciones con América Latina y desencadenar conflictos innecesarios.
Un desafío para la diplomacia contemporánea
La declaración de Trump sobre el Canal de Panamá tiene más que ver con proyectar fuerza ante sus seguidores que con una estrategia geopolítica clara. Sin embargo, las implicaciones de este discurso son serias. Panamá deberá prepararse para enfrentar presiones crecientes, mientras que el resto del mundo observará de cerca si Estados Unidos opta por una diplomacia de fuerza o por el diálogo.
En última instancia, cualquier intento de «retomar» el Canal sería un retroceso para el principio de soberanía y una señal de que los grandes poderes aún consideran que las reglas internacionales pueden ser moldeadas a su antojo. Como dijo el libertario Murray Rothbard: «La verdadera paz solo puede lograrse a través del respeto mutuo y la ausencia de coerción». En este caso, ese respeto comienza por reconocer que el Canal de Panamá pertenece, ante todo, a Panamá.
Hay muchas maneras de definir lo que es la economía y les dejo dos de ellas: 1) Un sistema que describe cómo hace la gente para producir, comerciar y consumir bienes y servicios y; 2) la definición mía, la economía es ver como pones la paila en casa con lo poco que te entra. En resumen, se trata de una actividad que existe en el dominio social, la cual involucra la administración de los recursos escasos con los que podemos subsistir y prosperar. Y mi intención en este escrito es la de explicar como el desgobierno, típico de la gobernanza estatal desbocada y prostituida, afecta la capacidad ciudadana productiva; veamos.
Lo primero que debemos destacar es la importancia primordial de una cooperación voluntaria libre de interferencia política centralizada es esencial para dar riendas sueltas al corcel del desarrollo humano. Al escribir esto, de inmediato me viene a mente la coerción central de leyes de control de precios o descuentos obligados que son impuestas, no porque las mismas mejoran los resultados finales en lo económico sino porque mejoran las perspectivas de que villanos políticos logren llegar y permanezcan en puestos de poder y rapiña.
Otro elemento natural, básico y esencial en lo económico es la una libre interacción que de lugar al florecimiento de la infinita creatividad e intelecto humano; cosas que no germinan, crecen y fructifican en los sistemas centralizados; tal como queda claro y patente en el Título X de la supuesta Constitución panameña; título que instituye el intervencionismo castrante y rapaz.
Más aún, estos enunciados que les presento nos hablan de libertad; que es el derecho de hacer lo bueno, ya que no hay derecho de hacer lo malo o perverso, tal como intervenir en la vida ajena, no para ayudar sino para robar y pelechar. De hecho, el breve Preámbulo de nuestra perversa Constitución, esa que, más que nada, constituye el intervencionismo, instituye el “fin supremo de fortalecer la Nación garantizar la libertad…”. Pero triste que en discusiones que expertos en ley, éstos me recriminan que el Preámbulo no es parte de la Constitución; lo cual es como decir que nuestra cabeza no es parte del cuerpo.
De hecho, y como lo dice Jesús Huerta de Soto, y digo en paráfrasis, el mercado no requiere un rescate de parte de la politiquería central; lo que requiere es que lo dejen en paz. Y digo yo, que el mercado es como el intestino, que no requiere ayuda política para digerir los alimentos. Y no, no hablo del sobrante en caca, sino de los nutrientes que entran y alimentan el cuerpo.
Más aún, es arrogancia fatal la de políticos que creen que pueden conocer y controlar todos los procesos y actividades en un mercado. O peor, no es que se sientan capacitados de controlar, pero sí para robar y despilfarrar. La realidad es que hemos llegado al presente no gracias a la interferencia politiquera sino a los procesos naturales de interacción humana. Decidir su gastos en carnavales o en arreglar la casa no es asunto de políticos; a menos que éstos se dediquen a usar los recursos impuestos para despilfarrarlos en festejos del Rey Momo.
Y hay muchísimas formas de rapiña, tal como la de repartir subsidios que no subsidian sino distraen a las vacas mientras las ordeñan. Y qué triste que estas cosas ya las advertían los jesuitas escolásticos en épocas olvidadas hoy. Las normas económicas nacidas con la Escuela Austríaca de Economía, están fundamentadas en la naturaleza humana y alejada del desastroso intervencionismo en el mercado que hoy nos infecta, lacera y empobrece.
Imagina, por un momento, que tienes acceso a una máquina del tiempo. La pregunta es inevitable: ¿a dónde irías? ¿A impedir el auge del reguetón? ¿A susurrarle a Da Vinci que los helicópteros no son tan prácticos sin motores? Los viajes en el tiempo han sido objeto de fascinación en la ciencia ficción, pero el físico Lorenzo Gavassino acaba de demostrar algo sorprendente: podrían ser posibles. Eso sí, nada de lo que Hollywood nos ha contado parece encajar en su análisis científico.
La base de su propuesta, publicada en Classical and Quantum Gravity, es un concepto tan extraño como apasionante: las curvas cerradas de tipo tiempo (CTCs, por sus siglas en inglés). Estas curvas, que surgen en ciertos modelos del universo, permiten que el tiempo fluya de manera circular. Es decir, en lugar de ser una línea recta hacia adelante, podría doblarse sobre sí mismo y llevarnos de regreso a nuestro propio pasado.
No tan rápido, Marty McFly
Antes de que prepares el DeLorean, Gavassino advierte que estos viajes temporales no implican paseos por el pasado para corregir errores o comprar boletos de lotería ganadores. El principio de autoconsistencia, una pieza clave en su teoría, elimina las paradojas clásicas, como la famosa “paradoja del abuelo” (¿qué pasa si retrocedes y evitas tu propio nacimiento?). Según Gavassino, las leyes de la mecánica cuántica garantizan que cualquier evento en una CTC debe ocurrir de manera que no contradiga el resto de la línea temporal. En otras palabras, no puedes alterar el pasado porque simplemente no puedes.
Además, las implicaciones termodinámicas de estas curvas son profundas. La entropía, esa medida del desorden que marca la flecha del tiempo, debería regresar a su estado inicial al completar un bucle temporal. Esto significaría una inversión espontánea del tiempo tal como lo entendemos, donde lo roto se recompondría mágicamente y los recuerdos adquiridos durante el viaje desaparecerían al final. Suena más a un truco cuántico que a un episodio de Doctor Who.
Entonces, ¿dónde está la magia?
Uno de los conceptos más intrigantes del trabajo de Gavassino es el “evento de mínima entropía”, un punto dentro de una CTC donde el orden parece surgir de la nada. ¿Qué significa esto? En teoría, estructuras complejas, como un cerebro humano o un libro completo, podrían aparecer espontáneamente en este punto debido a fluctuaciones estadísticas. Sí, suena absurdo, pero es el tipo de absurdidad que la física cuántica parece disfrutar.
Además, cualquier intento de interactuar con una versión más joven de uno mismo sería, según Gavassino, casi imposible. Lo más cercano a ese escenario sería la aparición de un “clon” ilusorio, generado por las mismas fluctuaciones estadísticas que crean el evento de mínima entropía. En resumen, no podrías darte consejos sobre cómo evitar tus errores de juventud, pero tal vez podrías saludarte desde lejos.
Más allá de la ciencia ficción
El estudio de Gavassino no es solo un ejercicio académico; es un ejemplo de lo poco que entendemos sobre el tiempo y su relación con las leyes fundamentales del universo. Su trabajo desafía nuestra intuición y nos invita a pensar más allá de los límites convencionales. ¿Qué significa realmente el tiempo? ¿Es algo que podemos doblar, manipular o recorrer como si fuera un río? Y si es así, ¿qué responsabilidad moral implicaría alterar el curso de la historia?
Un desafío para el lector
La próxima vez que pienses en viajes en el tiempo, no te detengas en las imágenes de películas o novelas. Pregúntate: ¿qué implicaría realmente vivir en un universo donde el tiempo no es lineal? ¿Cómo afectarían estas leyes a nuestras ideas de causalidad, identidad y libre albedrío? Y, sobre todo, ¿estamos preparados para las consecuencias de lo que podríamos encontrar en esas curvas cerradas?
Como demuestra Gavassino, el tiempo es mucho más que un concepto filosófico o una herramienta narrativa; es una dimensión entrelazada con las reglas más profundas del cosmos. Y aunque los viajes en el tiempo no nos permitirán deshacernos del reguetón (al menos no por ahora), sí nos obligan a replantearnos qué es posible en este vasto y misterioso universo. ¿Listo para investigar más?
En su artículo «El momento polaco», para el medio ABC, Guy Sorman traza un recorrido histórico y político que posiciona a Polonia como una nación clave para la defensa de los valores democráticos y liberales en Europa. El análisis de Sorman no solo destaca el papel histórico de Polonia como baluarte frente a las amenazas externas, sino que también celebra el liderazgo actual de Donald Tusk como una oportunidad única para revitalizar el proyecto europeo frente a los desafíos contemporáneos. A continuación, examinaremos los principales puntos de este texto y su relevancia en el contexto geopolítico actual.
Polonia como baluarte histórico de Europa
Sorman inicia su artículo recordando episodios en los que Polonia actuó como escudo de Europa frente a amenazas externas. Desde la contención de las invasiones mongolas en el siglo XIII hasta la defensa de Viena frente al Imperio Otomano en 1683, Polonia aparece como un actor central en la salvaguarda de la cristiandad y la estabilidad europea. Este hilo histórico se extiende al siglo XX con el Milagro del Vístula en 1920, cuando el ejército polaco detuvo la expansión del comunismo soviético hacia Occidente.
Este marco histórico refuerza la idea de que Polonia, a menudo subestimada, ha jugado un papel desproporcionado en la configuración del destino de Europa. Más que un repaso nostálgico, Sorman utiliza estos ejemplos para cimentar su argumento: Polonia, una vez más, está llamada a liderar en un momento crítico para Europa.
Donald Tusk: Un líder liberal en tiempos de incertidumbre
La figura de Donald Tusk emerge como el eje central del análisis de Sorman. Según el autor, Tusk no solo representa la restauración de la democracia en Polonia tras los años de populismo de derecha, sino también un modelo de liderazgo liberal que la Unión Europea necesita urgentemente. Su programa, resumido en el lema “¡Seguridad! ¡Europa!”, combina una economía liberal dinámica con un compromiso firme con la seguridad militar y los valores democráticos.
Polonia, bajo la dirección de Tusk, ha demostrado un compromiso ejemplar con la defensa, destinando cerca del 5% de su PIB al gasto militar, una cifra que supera con creces la de otros países europeos. Este esfuerzo no solo fortalece la seguridad frente a las amenazas rusas, sino que también responde a las críticas de Estados Unidos, que ha presionado a sus aliados europeos para aumentar sus presupuestos de defensa.
El enfoque de Tusk, sin embargo, va más allá de la seguridad militar. Sorman lo describe como un defensor de la Europa liberal frente al iliberalismo representado por figuras como Viktor Orbán en Hungría y Marine Le Pen en Francia. En este sentido, su liderazgo se presenta como una oportunidad para revitalizar el proyecto europeo, recordando los beneficios sociales, económicos y políticos que han caracterizado a la Unión.
Desafíos globales y el papel de Europa
Sorman no minimiza los retos que enfrenta Tusk en su presidencia rotatoria de la Unión Europea. Con solo seis meses de mandato, las prioridades son claras: garantizar el apoyo europeo a Ucrania frente a la agresión rusa, reafirmar el compromiso con la OTAN y consolidar los valores democráticos y liberales en un contexto de crecientes tensiones internas y externas.
En este sentido, Sorman advierte sobre el peligro del chantaje estadounidense y del imperialismo ruso, subrayando la necesidad de que Europa actúe con autonomía y determinación. La referencia a Elon Musk, a quien Sorman describe como un «delirante», introduce una dimensión contemporánea al debate, señalando cómo los actores no estatales también influyen en la dinámica global y desafían los valores europeos.
El reto de ilusionar a Europa
Sorman concluye su artículo con un llamado a la acción: Europa necesita líderes ilustrados capaces de devolver la ilusión a sus ciudadanos. La propuesta de Tusk, basada en seguridad y liberalismo, podría ser la chispa que reactive la confianza en un proyecto europeo que, según el autor, se encuentra en una encrucijada. Más allá de la seguridad y la economía, Sorman subraya la importancia de reafirmar los principios democráticos y liberales que han sido la piedra angular de la Unión Europea desde su creación.
«El momento polaco» de Guy Sorman es tanto un homenaje al papel histórico de Polonia como un análisis del liderazgo de Donald Tusk en un momento crucial para Europa. Al conectar los logros pasados de Polonia con los desafíos actuales, Sorman presenta un argumento convincente sobre la importancia de este país en la defensa de los valores europeos frente a las amenazas internas y externas. Bajo la dirección de Tusk, Polonia tiene la oportunidad de demostrar que el liderazgo liberal no solo es viable, sino necesario para el futuro de Europa. En un contexto de creciente incertidumbre global, este «momento polaco» podría marcar el comienzo de un renacimiento europeo basado en los principios de libertad, seguridad y cooperación.
En sus orígenes, Bitcoin fue concebido, de acuerdo a su white paper, como una alternativa revolucionaria al sistema financiero tradicional. Diseñado para ser un medio de intercambio descentralizado, seguro y accesible para todos, el proyecto inicial buscaba empoderar a los usuarios, eliminando la necesidad de intermediarios como bancos o instituciones financieras. Sin embargo, a medida que Bitcoin ha ganado aceptación global, su narrativa parece haberse desplazado hacia un propósito diametralmente opuesto: convertirse en una herramienta de estrategia de reserva centralizada, como los grandes bancos.
Un ejemplo reciente de este fenómeno es la incursión del banco más grande de Italia, Intesa Sanpaolo, en el mercado de Bitcoin. Con una historia de más de 440 años, la institución anunció la compra de 11 bitcoins, equivalentes a aproximadamente 1 millón de euros. Aunque esta adquisición fue presentada como un “test”, es un reflejo de cómo Bitcoin está siendo absorbido por el sistema financiero tradicional que originalmente buscaba desafiar.
De herramienta disruptiva a activo especulativo
El movimiento de Intesa Sanpaolo no es un caso aislado. En Europa, bancos como BPCE en Francia y Commerzbank en Alemania también han mostrado interés en integrar criptomonedas en sus operaciones. Esto ocurre en un contexto donde el precio de Bitcoin se ha disparado, alcanzando máximos históricos de más de 108.000 dólares en diciembre de 2024, impulsado por la aprobación de ETFs al contado en Estados Unidos y una regulación más favorable bajo la administración de Donald Trump.
Sin embargo, este auge también ha consolidado a Bitcoin como un activo especulativo y una reserva de valor, alejándose de su utilidad como medio de pago. Esto ha sido fomentado por la entrada de grandes actores financieros que utilizan Bitcoin para satisfacer la demanda de sus clientes más sofisticados, tal como mencionó Carlo Messina, CEO de Intesa Sanpaolo. En sus declaraciones, Messina fue claro al advertir a los pequeños inversores que se mantuvieran alejados de las criptomonedas, subrayando los riesgos inherentes de este mercado.
La paradoja de la centralización
El objetivo inicial de Bitcoin era otorgar a los individuos el control de sus finanzas a través de un sistema sin intermediarios. Paradójicamente, la entrada de instituciones como Intesa Sanpaolo transforma este concepto en su antítesis: un activo controlado y gestionado por las mismas estructuras centralizadas que Bitcoin buscaba desbancar.
Por ejemplo, la adquisición de Bitcoin por parte de Intesa no responde a una estrategia para promover su uso como moneda transaccional, sino como una herramienta para diversificar y proteger las reservas de la institución. Además, el banco señala que esta incursión estará estrictamente limitada y orientada a clientes con alto nivel de conocimiento sobre los riesgos del mercado. Este enfoque excluye a la mayoría de los usuarios comunes, reafirmando la brecha entre la promesa inicial de inclusión financiera y la realidad actual.
Implicaciones futuras
La absorción de Bitcoin por parte del sistema financiero tradicional plantea preguntas críticas sobre su futuro. ¿Puede Bitcoin mantener su esencia descentralizada cuando los bancos y las grandes instituciones controlan una porción significativa de su mercado? Además, ¿cuál es el impacto en su narrativa de libertad financiera si su uso se restringe a los propósitos especulativos y de reserva?
A medida que las instituciones centralizadas integran Bitcoin, también surgen preocupaciones sobre la regulación. Los gobiernos podrían aprovechar la entrada de grandes actores financieros para ejercer mayor control sobre las criptomonedas, algo que iría en contra de los principios fundamentales de Bitcoin.
Reflexión final
La evolución de Bitcoin de una herramienta descentralizada a un activo gestionado por bancos centrales y corporaciones es un rejemplo de cómo las innovaciones tecnológicas pueden ser cooptadas por las estructuras que pretendían transformar. Si bien la adopción por parte de instituciones como Intesa Sanpaolo puede ser vista como un signo de legitimación, también representa una desviación significativa de los ideales que dieron origen a Bitcoin. La pregunta que queda es si esta transformación enriquecerá o empobrecerá el potencial disruptivo de la criptomoneda.
Donald Trump ha vuelto a expresar su deseo de que Estados Unidos asuma la “propiedad y el control” de Groenlandia, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca.
Trump planteó por primera vez la idea de que Estados Unidos comprara Groenlandia en 2019. En ese momento, argumentó, con bastante razón, que él no era el primer presidente estadounidense en tener esta idea.
La compraventa de territorios es una operación rara en estos tiempos. Está por ver si Trump las recuperará. Pero la cuestión es: si estuviera en venta, ¿cómo se decidiría la oferta por un estado, territorio o nación?
No es una idea nueva
La posición estratégica de Groenlandia ha sido de gran valor para EE. UU. desde los primeros días de la Guerra Fría. En 1946, el entonces presidente Harry Truman ofreció comprar el territorio danés por 100 millones de dólares en oro. Se dice que los daneses reaccionaron a esa oferta de forma muy parecida a como lo hicieron en 2019, y de nuevo en 2025: “No, gracias”.
Que una nación soberana compre territorio a otra puede parecer extraño hoy en día, pero hay muchos casos en los que esto ha sucedido a lo largo del tiempo.
Sin ir más lejos, Estados Unidos compró gran parte de su expansión occidental a principios del siglo XIX. Esto incluyó la “Compra de Luisiana”, vastas franjas de tierra en Norteamérica, compradas a Francia en 1803 por 15 millones de dólares (algo así como 416 millones de dólares en cifras de 2024).
Y compró las Islas Vírgenes a Dinamarca en 1917 por 25 millones de dólares (más de 600 millones de dólares actuales) en monedas de oro.
No se trata sólo de Estados Unidos. Japón, Pakistán, Rusia, Alemania y Arabia Saudí han pagado por territorios, transfiriendo jurisdicción sobre los habitantes locales y ganando tierras, acceso a vías fluviales críticas o, simplemente, amortiguadores geográficos.
¿Cuál es el valor de un país?
Valorar un país (o un territorio autónomo como Groenlandia) no es tarea sencilla. A diferencia de las empresas o los activos, los países encarnan una mezcla de elementos tangibles e intangibles que se resisten a una medición económica directa.
Un punto de partida lógico es el producto interior bruto (PIB). En pocas palabras, el PIB es el valor de todos los bienes y servicios finales producidos en una economía en un tiempo determinado (normalmente un año).
Pero ¿capta esto realmente el verdadero “valor” de una economía? Cuando compramos algo, los beneficios derivados de ello perduran –esperamos– en el futuro.
Por eso, basar el precio de una compra en el valor producido en un periodo de tiempo determinado puede no reflejar adecuadamente el verdadero valor de ese objeto (en este caso, toda una economía) para el comprador. Hay que tener en cuenta la capacidad de seguir generando valor en el futuro.
Los recursos productivos de Groenlandia incluyen no sólo las empresas, gobiernos y trabajadores existentes utilizados para generar su PIB actual (estimado en unos 3 236 millones de dólares en 2021), sino también su capacidad (difícil de medir) de cambiar y mejorar su PIB futuro. Esto dependerá de lo productivos que se espere que sean estos recursos en el futuro.
Existen otros atributos de valor que no se reflejan en el PIB. Entre ellos se incluyen la calidad de su capital (tanto humano como de infraestructuras), la calidad de vida, los recursos naturales y la posición estratégica.
Vista aérea del horizonte del puerto de Nuuk, capital de Groenlandia. Yingna Cai/Shutterstock
Recursos sin explotar
Más allá de lo que ya existe, desde una perspectiva de mercado, son los recursos aún sin explotar los que hacen valiosa a Groenlandia.
Groenlandia lleva décadas extrayendo carbón, con grandes reservas confirmadas. Se ha demostrado que su subsuelo contiene tierras raras, metales preciosos, grafito y uranio. Además de la minería del carbón, hay oro, plata, cobre, plomo, zinc, grafito y mármol.
Por último, existe el recurso de importantes explotaciones petrolíferas frente a las aguas de Groenlandia. Ninguno de estos potenciales se refleja en el PIB actual de la isla.
Los activos nacionales son más fáciles
Poner precio a un gran activo nacional, como el Canal de Panamá (que Trump también quiere bajo control estadounidense), es una perspectiva mucho más fácil.
El Canal de Panamá conecta el Mar Caribe con el Océano Pacífico, y es propiedad del gobierno de Panamá. jdross75/Shutterstock
La teoría de la valoración de activos es una parte fundamental de la disciplina financiera y se remonta al siglo XVIII.
El “modelo de valoración de activos” ha evolucionado con el tiempo, pero fundamentalmente consiste en estimar los flujos de ingresos netos futuros de un activo, basándose en unos pocos datos.
En el caso del Canal de Panamá, se trataría de estimar los ingresos netos que podrían generarse en el futuro, basándose en factores como las tasas generadas por su uso y el nivel de tráfico previsto.
A continuación, se restarían los costes previstos de mantenimiento del equipamiento y cualquier daño esperado en el estado de la vía navegable. Otro factor a la hora de determinar el precio es el riesgo de obtener realmente esos ingresos netos.
El valor o “precio” de un activo de este tipo suele determinarse calculando el valor actual de todos estos flujos de ingresos futuros (netos).
Las ventas territoriales modernas son escasas
El declive de las ventas territoriales está ligado a varios factores. Históricamente, estas transacciones solían beneficiar más a las élites gobernantes que a los ciudadanos de a pie. En las democracias modernas, es casi imposible vender tierras si los ciudadanos locales se oponen a la idea.
Estas democracias se basan en el principio de que los bienes nacionales deben estar al servicio del pueblo, no de las arcas del gobierno. Vender un territorio hoy exigiría demostrar beneficios claros y tangibles para la población, una tarea difícil en la práctica.
El nacionalismo también desempeña un papel importante. La tierra está profundamente ligada a la identidad nacional y venderla suele considerarse una traición. Los gobiernos, como custodios del orgullo nacional, son reacios a aceptar ofertas, por tentadoras que sean.
A esto se añade una sólida norma internacional contra el cambio de fronteras, nacida del temor a que un ajuste territorial pueda desencadenar una cascada de reclamaciones y conflictos en otros lugares.
En el mundo actual, comprar un país o uno de sus territorios puede ser poco más que un experimento mental. Las naciones son entidades políticas, culturales e históricas que se resisten a la mercantilización.
En teoría, Groenlandia puede tener un precio, pero la verdadera cuestión es si una transacción de este tipo podría ajustarse alguna vez a los valores y realidades modernos.
Nuevamente y a riesgo de ser cansón, a fin de explicarme con mayor claridad, les reitero que el “estado” somos todos los que vivimos en una república supuestamente democrática. Hago énfasis en ello ya que lo común es ver la cantidad de personas a todos los niveles que hablan y escriben del “estado” para referirse al gobierno. ¡No!, el gobierno no es el estado y el estado no es el gobierno. Por lo señalado es que suelo hablar de “los gobiernos del estado”; para dar a entender que el pueblo en constitución ha creado los organismos gubernamentales a los cuales delega la función de cumplir con lo dispuesto en constitución; es decir, aquello que nos constituye; que, lastimosamente, en Panamá no tenemos ya que lo que tenemos y llamamos “constitución” no es tal cosa, ya que lo que constituye en la corrupción.
El estado y el mercado somos todos o, más bien dicho, el mercado es lo que hacemos todos cuando intercambiamos bienes y servicios en comunión de supervivencia. Mi nieto compraba pastillas en el súper y las revendía en la escuela a una pequeña ganancia; eso es mercado, igual que todo el resto de la actividad mercantil; incluyendo la parte que los gobiernos han invadido.
Pero son muchos los que vilipendian al mercado. ¿Qué hay detrás de ello? Detrás de ello hay una variedad de razones tétricas; comenzando por el hecho de que quienes controlan los gobiernos del estado buscan acaparar la mayor cantidad de poder y fortuna posible, y, a tal fin, inculcan de maneras trapicheras en la población la errada creencia de que lo que hacen favorece el pueblo. ¡Qué ingenuidad! Y obvio que el pueblo necesitado se lo traga. Me refiero al ‘estado profundo’; es decir, el monstruo en que se convierten los gobiernos cuando la comunidad no los mantiene encadenados a una sana constitución; que como dije, no tenemos. Más aún, bien podemos decir que en Panamá no hay constitución sino prostitución.
El mercado, por su naturaleza, sólo crece, florece y fructifica en una sociedad que goza de libertad; libertad para poder salir adelante en un mundo de carencias. No existe gobierno que pueda coordinar tamaña y compleja actividad, pero eso es exactamente lo que tantos intentan hacer; pero no como su objetivo primordial sino luego de que se llenan los bolsillos, lo cual es como la pedofilia, que el padre o el cura usa su posición y poder para satisfacer sus más bajos instintos, aunque en ello prostituya a sus dependientes.
Los pederastas gubernamentales que viven ebrios de poder los vimos en su gloria durante el COVID, nombrando “expertos” que desde sus púlpitos de grandeza recomendaron encerrar a toda la jauría pueblerina disque para salvarnos. También hasta para puyarnos con agujas hasta por la viña de los ojos. Detrás de todo ello estaba y está el estado profundo que se alimenta de la población; en su afán rechaza la libertad.
En resumen, hablo de la hiper centralización gubernamental; que en Panamá desde la misma constitución se entromete en nuestras vidas y el mercado cuando en artículos como el 284 dice que el estado puede intervenir en toda empresa en función de un interés social que por ningún lado queda definido.
Pero, tristemente, el proceso centralista o socialista, contrario al mercado, es destructivo de la sociedad productiva al quitar a unos y luego entregar miserias a otros. Vean no más el caso de la hija de Hugo Chávez cuya fortuna se calcula en $4,197,000,000 -cuatro mil, ciento noventa y siete millones, mientras gran parte del pueblo se dio a la fuga y el resto yace en la miseria.
Arthur Hayes, cofundador y ex CEO de BitMEX, proyecta un panorama mixto para Bitcoin en el primer trimestre de 2025. Según su análisis, la criptomoneda experimentará un importante repunte inicial, seguido de una corrección significativa que podría redefinir las expectativas del mercado.
El pronóstico se basa principalmente en una esperada inyección de liquidez de USD $612.000 millones en la economía estadounidense. Esta suma provendría de dos fuentes principales: USD $237.000 millones de la reducción en la facilidad de recompra inversa (RRP) y fondos adicionales de la Cuenta General del Tesoro (TGA), relacionados con medidas extraordinarias por el límite de deuda. A pesar de que la Reserva Federal mantendrá su programa de ajuste cuantitativo (QT), que retirará aproximadamente USD $180.000 millones de liquidez, el balance neto seguirá siendo positivo para el mercado de criptomonedas.
Sin embargo, Hayes advierte sobre posibles obstáculos políticos hacia Bitcoin. Aunque las promesas pro-criptomonedas de Trump generan optimismo en el mercado, la implementación de estas políticas podría ser más lenta de lo esperado. Esta demora podría decepcionar a los inversores y provocar una corrección en el mercado durante abril, coincidiendo además con el vencimiento de la temporada de impuestos en Estados Unidos.
El momento actual refleja esta volatilidad: Bitcoin recientemente superó los USD $102.000, pero ha retrocedido hasta los USD $96.000, generando liquidaciones superiores a USD $400 millones en posiciones cortas y largas. Solo en Bitcoin, estas liquidaciones superaron los USD $85 millones, evidenciando la sensibilidad del mercado ante los cambios en las expectativas.
A pesar de estos desafíos, Hayes mantiene una visión optimista a largo plazo. Sugiere que la inyección de liquidez en dólares compensará temporalmente los riesgos políticos, aunque recomienda a los inversores considerar reducir su exposición al riesgo hacia finales del primer trimestre, buscando nuevas oportunidades más adelante en el año cuando las condiciones vuelvan a ser favorables.
El análisis de Hayes también contempla factores externos que podrían influir en el comportamiento del mercado. Entre estos se destacan las políticas monetarias de otros bancos centrales, especialmente de China y Japón, así como la posible devaluación del dólar frente al oro. No obstante, enfatiza que los movimientos en la liquidez global serán el factor determinante en el corto plazo para el precio de Bitcoin y otras criptomonedas.
Las expectativas para Bitcoin siguen siendo elevadas, especialmente considerando la próxima toma de posesión de Trump y sus promesas de crear condiciones favorables para el mercado de las criptomonedas. Sin embargo, como sugiere Hayes, los inversores deberían mantener una perspectiva cautelosa y estar preparados para la volatilidad que podría caracterizar al mercado en los próximos meses, especialmente durante la transición entre el primer y segundo trimestre del año.
Este enero, Bitcoin celebra 16 años desde que su bloque génesis fue minado el 3 de enero de 2009 por el enigmático Satoshi Nakamoto. Lo que comenzó como un experimento y las discusiones previas sobre libertad y privacidad en las listas de correo de los cypherpunks ahora es una fuerza financiera global que desafía las estructuras tradicionales.
Contexto de un mundo en crisis
El nacimiento de Bitcoin no fue casualidad. En 2008, la crisis financiera global desató un tsunami de rescates bancarios, quiebras y pérdida de confianza en el sistema financiero tradicional. En medio de este caos, Bitcoin surgió como una respuesta radical: un sistema de dinero digital, descentralizado y resistente a la censura. Inspirado por ideas previas como el b-money de Wei Dai y el sistema de efectivo electrónico de David Chaum, Nakamoto logró unir privacidad, escasez y consenso en un protocolo revolucionario.
En el bloque génesis, Nakamoto dejó un mensaje contundente: «The Times 03/Jan/2009 Chancellor on brink of second bailout for banks.»
Con ello, no solo marcaba un inicio técnico, sino también un manifiesto contra los excesos del sistema bancario centralizado.
Los primeros pasos de una revolución
Inicialmente, Bitcoin era un nicho para entusiastas tecnológicos y libertarios. En sus primeros días, el BTC no tenía valor comercial, y minar bloques requería poco más que una computadora doméstica. Sin embargo, su diseño limitado a 21 millones de monedas y la transparencia de su protocolo comenzaron a captar la atención de más personas, especialmente en economías inflacionarias.
El primer gran hito ocurrió en 2010, cuando un programador llamado Laszlo Hanyecz realizó la primera transacción comercial: 10.000 BTC por dos pizzas. Hoy, esas pizzas simbolizan cuánto ha evolucionado Bitcoin, con precios que han llegado a superar los $108,000 por BTC en 2024.
De la resistencia a la adopción masiva
Bitcoin no solo sobrevivió, sino que prosperó. A lo largo de los años, ha demostrado ser una herramienta de resistencia financiera, especialmente en países con crisis económicas, como Venezuela y Turquía. Su adopción como moneda de curso legal en El Salvador y la República Centroafricana marcó un punto de inflexión, mostrando que incluso los gobiernos lo ven como una herramienta estratégica.
Empresas como MicroStrategyhan añadido Bitcoin a sus tesorerías, y en 2024, la SEC aprobó los primeros ETF de Bitcoin al contado, consolidando su papel en los mercados institucionales.
Tecnología y filosofía
Bitcoin no es solo una moneda; es un símbolo de libertad económica y autodeterminación. La red Lightning ha mejorado su escalabilidad, haciendo posible microtransacciones rápidas y baratas. Sin embargo, su verdadero impacto está en lo que representa: una alternativa al dinero fiduciario y un rechazo al control centralizado.
Reflexiones libertarias
Desde una perspectiva libertaria, Bitcoin es un recordatorio de que la descentralización no es solo un ideal técnico, sino un principio filosófico. Es un llamado a recuperar el control sobre nuestras finanzas y desafiar el statu quo.
Si bien los gobiernos y las corporaciones pueden intentar domesticarlo, el núcleo de Bitcoin sigue siendo inmutable: la soberanía individual y la resistencia al abuso de poder.
Un vistazo al futuro
Con menos del 6% de los BTC por minar y un ecosistema en constante evolución, Bitcoin está lejos de haber alcanzado su cima. Dieciséis años después, sigue siendo una innovación viva que inspira debates, avances tecnológicos y cambios culturales.
¡Feliz aniversario, Bitcoin! Tu viaje de ser un experimento digital a una herramienta financiera global es una prueba de que las ideas verdaderamente revolucionarias trascienden el tiempo y barreras.