Categoría: Opinión

  • El verdadero peligro para la democracia: Elon Musk y la era de los superricos

    En su reciente artículo publicado en ABC, Guy Sorman plantea una reflexión provocadora: el verdadero peligro para la democracia no es Donald Trump, sino la creciente influencia de los superricos, con Elon Musk como símbolo de esta nueva casta. Según Sorman, Trump, pese a su retórica populista y sus impulsos extravagantes, es un líder cuya capacidad de acción se ve limitada por las instituciones estadounidenses. Por el contrario, figuras como Musk representan una amenaza más insidiosa, ya que acumulan un poder sin precedentes sin estar sujetas a los mecanismos tradicionales de control y equilibrio.

    Trump ha sido, y posiblemente será de nuevo, un presidente ruidoso, pero no necesariamente efectivo en la toma de decisiones. Su primer mandato estuvo marcado por una gran presencia mediática, pero pocas acciones concretas. La única excepción notable, señala Sorman, fue la rápida financiación de la vacuna contra la COVID-19, una medida que, paradójicamente, el propio Trump evita destacar para no alienar a su base antivacunas. En este sentido, su segundo mandato no supondría una desviación significativa del primero: su poder estará limitado por la estructura institucional de Estados Unidos y las propias fuerzas militares, que, como Sorman recuerda, tienen la obligación de rechazar órdenes ilegales.

    El verdadero foco de preocupación, argumenta el autor, debe dirigirse hacia la creciente concentración de poder en manos de los superricos. Estos magnates, impulsados por la globalización y la digitalización, han acumulado fortunas colosales sin aportar necesariamente innovaciones revolucionarias. Elon Musk, por ejemplo, no inventó el coche eléctrico, sino que adquirió y potenció una empresa que ya estaba desarrollándolo. A diferencia de Bill Gates, cuyo impacto en la informática fue transformador, Musk se ha beneficiado de las creaciones ajenas y ha sabido posicionarse estratégicamente en el mercado.

    Más preocupante aún es la influencia que estos multimillonarios ejercen sobre los medios de comunicación y la esfera pública. En países como Francia, gran parte de la prensa está en manos de un pequeño grupo de superricos que imponen su visión ideológica. Las redes sociales, en lugar de equilibrar el debate político, han contribuido a radicalizarlo, ya que también están controladas por empresarios más interesados en el poder que en la verdad. En este contexto, la independencia de los medios de comunicación, considerada tradicionalmente como el «cuarto poder», se ve cada vez más amenazada por este nuevo «quinto poder» de los magnates globales.

    Sorman señala que esta dinámica representa un desafío inédito para la democracia liberal. Los pensadores que diseñaron los sistemas democráticos modernos basaron su arquitectura en la separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con la prensa como un contrapoder esencial. Sin embargo, la aparición de los superricos ha introducido un nuevo actor que escapa a estos controles y que, a través de su enorme influencia económica, está erosionando las bases mismas de la democracia. Estos magnates no están sujetos a regulaciones efectivas y, gracias a la globalización, pueden evitar pagar impuestos, debilitando así la capacidad del Estado para actuar como un contrapeso.

    Frente a esta amenaza, la Comisión Europea ha sido una de las pocas instituciones que ha intentado imponer ciertas restricciones, aplicando multas a las grandes plataformas tecnológicas por abuso de poder. Sin embargo, Sorman advierte que estas medidas son insuficientes para frenar el avance de esta nueva élite económica. La democracia liberal enfrenta un reto sin precedentes: un poder económico que no solo busca maximizar sus ganancias, sino que también tiene la capacidad de moldear la opinión pública y, potencialmente, influir en las decisiones políticas.

    Sorman nos insta a replantear nuestras preocupaciones sobre el futuro de la democracia. Mientras el mundo sigue atento a las extravagancias de Trump, el verdadero peligro acecha en las sombras: un nuevo orden económico donde el poder ya no reside en los gobiernos ni en los ciudadanos, sino en una minoría ultrarrica capaz de moldear la realidad a su antojo. Es hora de dirigir la mirada al lugar correcto y enfrentar este desafío antes de que sea demasiado tarde.

  • William Easterly: Críticas a Musk y Trump por el Desmantelamiento de la Ayuda Exterior Estadounidense

    La figura de William Easterly, conocido por sus análisis críticos sobre la efectividad de la ayuda internacional, ha emergido recientemente como un inesperado defensor –aunque matizado– de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (U.S.A.I.D.). La razón: sus serias objeciones a la forma en que Elon Musk y el expresidente Donald Trump están abordando el desmantelamiento de esta agencia, una acción que, según Easterly, representa una amenaza para la democracia y la estabilidad global.

    William Easterly, economista estadounidense especializado en desarrollo económico, es conocido por su crítica hacia la ayuda internacional a los países en desarrollo. En su libro «La carga del hombre blanco: El fracaso de la ayuda al desarrollo», Easterly argumenta que la ayuda externa a los países pobres no ha sido tan efectiva como se esperaba y que los planes generales de ayuda suelen fracasar.

    Easterly sostiene que la ayuda internacional no es necesariamente contraproducente, pero critica la forma en que se ha implementado y gestionado. Según él, la ayuda debe ser más flexible y responder a las necesidades específicas de los beneficiarios, en lugar de seguir planes generales formulados desde Occidente.

    Easterly ha tenido debates con otros economistas, como Jeffrey Sachs, sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. Sachs ha acusado a Easterly de excesivo pesimismo y de no reconocer los logros de la ayuda internacional, mientras que Easterly ha respondido defendiendo su postura de que la ayuda debe ser más flexible y menos planificada. Incluso ha llegado a sostener que muchas veces la ayuda internacional supone sostener dictadores y tiranos.

    La postura de Easterly respecto a DOGE (la oficina de eficiencia gubernamental a cargo de elon Musk), aunque pueda parecer paradójica viniendo de un crítico acérrimo de la ayuda extranjera tradicional, reside en su preocupación por los métodos empleados. No se trata de una defensa incondicional de U.S.A.I.D., sino de una advertencia sobre los peligros de implementar cambios radicales de manera abrupta, unilateral y, según él, antidemocrática. Easterly ha comparado la estrategia Trump-Musk con la «terapia de choque» impuesta en Rusia tras la caída de la Unión Soviética, un experimento económico que considera un rotundo fracaso con consecuencias devastadoras.

    La principal crítica de Easterly se centra en la ausencia de un proceso democrático y transparente. A pesar de sus reservas sobre la efectividad de ciertas iniciativas de ayuda, Easterly argumenta que reformar o incluso eliminar estas instituciones debe ser un debate público y abierto, basado en la evidencia y la persuasión, no en decretos ejecutivos impuestos desde el poder. La unilateralidad de la acción, impulsada en gran medida por un multimillonario sin mandato popular directo, socava la confianza en el sistema democrático estadounidense y en su compromiso con la ayuda humanitaria a nivel global.

    La preocupación de Easterly no es solo por el proceso, sino también por el impacto potencial. La ayuda exterior estadounidense, aunque a menudo criticada por su ineficiencia y sus motivaciones geopolíticas, desempeña un papel crucial en el apoyo a programas de salud, educación y desarrollo en países de bajos ingresos. Un desmantelamiento repentino y sin una alternativa viable podría tener consecuencias catastróficas, desestabilizando regiones enteras y generando nuevas crisis humanitarias.

    Además, Easterly señala que U.S.A.I.D., a pesar de sus fallos, ha demostrado cierta capacidad para aprender y adaptarse. La agencia ha comenzado a dirigir fondos hacia proyectos con evidencia de eficacia y ha adoptado un enfoque más riguroso en la evaluación de resultados. Ignorar estas mejoras y optar por una demolición indiscriminada, argumenta Easterly, es una pérdida de oportunidades y un retroceso en el progreso alcanzado.

    La controversia Easterly pone de manifiesto la complejidad del debate sobre la ayuda exterior y la importancia de abordarlo con rigor, transparencia y respeto por los procesos democráticos. Cabe recordar que William Easterly es una autoridad académica de peso, uno de los pocos que ha escrito sobre la ayuda internacional. Si bien las críticas a U.S.A.I.D. son legítimas y necesarias, el camino hacia una reforma o una eliminación gradual debe estar pavimentado con un debate informado y participativo, no con decisiones unilaterales impulsadas por agendas personales y motivaciones políticas. El futuro de la ayuda exterior estadounidense, y el impacto que tendrá en los más vulnerables del planeta, depende de ello.

  • Nuestros Gobiernos Pedófilos

    Y retomo el tema sobre ¿qué y para qué son los gobiernos? Una manera de explicar y lograr entendimiento de la pregunta formulada aparece en un lema a la entrada del puerto de Ámsterdam que lee “Comercio y Paz” o, digo yo, “el comercio es paz”. Es así ya que el ser humano es un ser social; vale decir, que vivimos en sociedad con nuestros semejantes a partir del núcleo familiar; de la fecunda y productiva coyunda entre el macho y la hembra que luego del hecho conyugal le corresponde cuidar y educar al producto de su pasión.

    Más allá del núcleo familiar está el prójimo, palabra cuya etimología se refiere a quien está “próximo” o cercano y por ello conoce y los conoces de manera que se pueden y deben ayudar; y así se va extendiendo la relación social hasta que en «última instancia» está el gobierno, cuya función esencial no esta en hacer o patear los balones en el partido de la vida sino de ser árbitro; que jamás debe patear los balones pues al hacerlo deja de ser “arbitro”, a punto que más bien es una relación pedófila.

    Los gobiernos existen para promover una pacífica interacción social; lo cual implica libertad de interacción comercial, que es social y de diálogo cultural, que son cosas que van de la mano. El mal comienza cuando los gobiernos se desvían y en vez de promover una pacífica interacción social, se dedica y acaparan para sí las actividades que son propias de la sociedad; comenzando por la relación macho hembra y la familia. ¿Acaso no se han dado cuenta que en el comunismo tus hijos no son tus hijos sino hijos del estado?

    Más aún, los gobiernos son un mal necesario, que surge a partir de la imperfección humana. Bien podemos decir que dicha “imperfección” es un cáncer que debe ser tratado con la quimioterapia gubernamental; siempre que tengamos claro que la quimio es veneno que en dosis limitada sólo mata las células cancerosas, pero no a todo el organismo. Lastimosamente, los gobiernos, por estar compuestos de seres imperfectos, tienen la tendencia de extralimitarse y llegar al punto de envenenar a todo el cuerpo social.

    Gobernar, ser rey, presidente o cualquier otro puesto de autoridad, es análogo a la relación del padre con sus hijos; es decir, el padre y la madre son los autores que en fértil coyunda traen a la vida a sus crías, esas que deben criar, más que nada con el ejemplo ya que son los autores o los que escribieron el libro de la vida. Tristísimamente, la historia nos muestra que fácilmente las “autoridades” no son sino autores del mal que en vez de actuar como ejemplos actúan como pedófilos que usan a los que están por debajo para satisfacer sus más bajos instintos.

    Por todo lo anterior, el estado; es decir, la comunidad, debe ser culta y entender esta lúgubre realidad, de manera que pueda poner jáquima al corcel del gobierno estatal, que no se desboque. Tristísimamente, en Panamá como en tantas otras comunidades mundiales, particularmente cuando los gobiernos han secuestrado actividades propias de la comunidad, tal como la educación, transporte y mucho más, los mismos se dedican a lavar cerebros y a mantener a la población sin cultura; lo cual vemos en Panamá con el “no a la privatización”, que significa, no hagas nada, que la mafia gubernamental hará por ti.

    Y así, hemos quedado en Panamá sin gobiernos, ya que llamar “gobierno” al desgobierno es absurdo. Desde el instante en que los gobiernos se debocan, dejan de ser gobierno y convierten en metástasis gubernamental.

  • Cómo la química de nuestro cerebro hace que las drogas tomen el control

    Las drogas forman parte de nuestra sociedad, con todas sus formas y aplicaciones. Desde el tabaco al alcohol, pasando por los opiáceos, siempre han estado de moda. En los medios vemos constantemente noticias relacionadas con la crisis del fentanilo, la legalización del cannabis y los efectos antioxidantes del consumo de vino. Pero ¿cuál es la base química que hace que estas sustancias sean tan populares y peligrosas?

    Una vieja costumbre

    La historia del consumo de drogas es prácticamente tan antigua como la de la humanidad. Ya en la Edad Antigua, numerosas drogas como el opio recorrieron ampliamente las civilizaciones de la cuenca mediterránea, principalmente aplicadas como remedios medicinales. Pese al aviso de pensadores como Diágoras de Melos (“es mejor sufrir dolor que volverse dependiente del opio”, siglo V a. e. c.), su aplicación recreativa no tardó en llegar.

    Otro ejemplo de droga popular desde la Antigüedad es el alcohol. Persas, griegos, chinos, egipcios, mayas, romanos… Por todos los rincones del mundo la elaboración y el consumo de bebidas alcohólicas formaba parte de la vida social, espiritual y cultural de cada civilización. Hoy en día la situación se mantiene: el consumo moderado de alcohol en la cultura occidental está normalizado, legalizado y extendido a gran parte de la población. En ocasiones, el cine, la televisión y la música incluso glorifican su ingesta, enfatizando sus efectos eufóricos.

    ¿Cuál es el secreto de estas sustancias? ¿Cómo es posible que afecten a nuestra química cerebral hasta el punto de influir en el devenir de las civilizaciones?

    La respuesta se encuentra en un conjunto de áreas interconectadas de nuestro cerebro conocido como sistema mesocorticolímbico.

    ¿Me está engañando mi dopamina?

    Para hacernos saber que un estímulo es beneficioso para la supervivencia, nuestro cerebro se encarga de que este nos guste. Ejemplo de ello son las sensaciones de placer que experimentamos a través de una comida calórica, el sexo y la interacción social.

    Acompañando a esa sensación, nuestro cerebro también señaliza ese estímulo y hace que aprendamos que nos ha gustado: así es más probable que repitamos esa actividad positiva. De hecho, gracias a este sistema tendremos además una gran motivación, necesaria para poner en marcha nuestro cuerpo y así obtener esos estímulos.

    ¿Son siempre importantes para la supervivencia las conductas que se ven reforzadas? La respuesta es que no.

    Al sistema mesocorticolímbico encargado de la recompensa se le puede hackear.

    A nivel celular, las dos regiones más relevantes de este sistema son el área tegmental ventral y el núcleo accumbens. Las neuronas de la primera región conectan con las de la segunda y envían una molécula neurotransmisora llamada dopamina. Esta cumple un rol esencial en la recompensa: cuando se aumenta el nivel de dopamina que se libera se inician una serie de procesos. El resultado final es que aprendemos que ese estímulo es importante para la supervivencia y provoca que estemos más motivados para volver a buscarlo en el futuro.

    Este sistema requiere regulación. De esto se encargan unas proteínas en la superficie celular llamadas receptores opioides. Es aquí donde entran en juego las drogas y el hackeo del sistema: este tipo de receptores pueden ser activados tanto por estímulos naturales como por las drogas. Al hacerlo, se intensifica la liberación de dopamina.

    El resultado es que a nuestro cerebro le gustan estas drogas, aprende que son estímulos importantes y nos motiva a volver a conseguirlas. Aunque no aporten ventajas para la supervivencia.

    De este modo se explican parcialmente los efectos eufóricos y reforzantes del consumo agudo de estas sustancias. Sin embargo, también es la base de su cara más oscura: la adicción. ¿Qué pasa cuando el uso de drogas se cronifica?

    La delgada línea entre la euforia y el dolor

    Si bien el consumo moderado de drogas se normaliza y hasta celebra en contextos sociales, este puede desencadenar problemas graves. El consumo prolongado de alcohol y de otras sustancias no solo afecta a nuestras percepciones y comportamientos, sino que también deja su huella en nuestro cerebro de una manera que puede ser difícil de revertir.

    Recordemos que nuestro sistema mesocorticolímbico es un sistema de recompensa, diseñado para hacernos sentir bien cuando realizamos acciones beneficiosas. No obstante, el consumo repetido de estas sustancias puede hacer que su funcionamiento cambie y que aquello que solía producir placer ya no lo haga en la misma medida.

    Estos cambios en las capacidades reforzantes del alcohol y los opioides se deben, entre otras cosas, a reducciones en la liberación de dopamina. Pero ¿quién es responsable de estas alteraciones?

    Igual que hay receptores opioides –receptor Mu opioide– que provocan un incremento en la liberación de dopamina y son responsables del refuerzo positivo, existen otros –receptor Kappa opioide– que actúan de forma opuesta. Es decir, su actividad hace que disminuya la liberación del neurotransmisor y da lugar a efectos opuestos: disforia, aversión y pérdida de motivación.

    Durante el consumo repetitivo de sustancias como alcohol y opioides tienen lugar cambios en la expresión de estos receptores. Mientras que los Mu están cada vez menos activos, los Kappa lo están cada vez más.

    La disminución de la capacidad de las drogas para generar sensaciones placenteras hace que estas se vuelvan menos gratificantes con el tiempo. Este hecho, junto a los estados disfóricos que se manifiestan en ausencia de la sustancia, conducen a escaladas en el consumo con la finalidad de autotratar dicho malestar.

    Es tan importante este mecanismo en la adicción que hasta se ha acuñado un nuevo término: hyperkatifeia, del griego katifeia, que significa “abatimiento” o “estado emocional negativo”. Curiosamente, estas alteraciones en los receptores opioides son similares a las que ocurren en situaciones de dolor crónico y pueden desencadenar estados negativos como falta de motivación, ansiedad y depresión.

    La conclusión es que el consumo continuado de ciertas sustancias puede tener consecuencias físicas, mentales y sociales graves, y alterar la manera en que nuestro cerebro experimenta el placer y el dolor. No es de extrañar que la adicción a las drogas haga tocar fondo. Aunque se disfracen como aliadas para sobrellevar los problemas, acaban convirtiéndose en el mayor de ellos.The Conversation

    María Ros Ramírez de Arellano, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València; Lucía Hipólito Cubedo, Profesora en el área de Farmacia y Tecnología Farmacéutica, Universitat de València y Víctor Ferrís Vilar, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Cuál Justicia Social?

    Lo que llamamos constitución en Panamá, desde su preámbulo, habla de “exaltar la dignidad humana, promover la justicia social…” y tal, pero, le pregunto al lector ¿sabes lo que es la justicia social? La llamada constitución no lo aclara; y digo “llamada constitución” ya que no estoy solo al opinar que dicho mamotreto no constituye sino el desorden económico y social; tal como está en el Artículo 78 que intenta establecer que:

    La Ley regulará las relaciones entre el capital y el trabajo, colocándolas sobre una base de justicia social y fijando una especial protección estatal en beneficio de los trabajadores.”

    ¿Tienes la mínima idea de la complejidad y magnitud de lo que son las “relaciones entre el capital…” ¿Quién rayos es don Capital y quien es el señor trabajo? ¡Nadie! Son los que se les ocurra y convenga a los nefastos “gobernantes” de turno. Son palabras y frases comodín que abren el camino a una discrecionalidad sin límites. Y es embuste total decir que “beneficia a los trabajadores”; no, a quien beneficia es a los ladrones del estado profundo.

    Más adelante la incoherente constitución en su Artículo 91 vuelve a la carga en el al decir que:

    La educación es democrática y fundada en principios de solidaridad humana y justicia social”.

    Y menos mal que aclararon que se trataba de “solidaridad humana”; imagínense si fuese solidaridad entre caimanes o mapaches. ¿Y qué quisieron decir que la educación sería democrática? La democracia supone ser el gobierno por el pueblo a través de los gobiernos electos; lo cual no tiene nada que ver con la educación. ¿Será la excusa para que el gobierno centralice la educación para mejorar su capacidad de adoctrinamiento y centralización? ¿Educar no es gobernar? Lo que compete a los gobiernos del estado es ver que no se hagan trampas en el mercado educativo y no ser ellos los tramposos.

    Y, finalmente, la tortuosa farándula de hemorragia verbal termina en el Artículo 284 que es una oda que enaltece el carácter comunista de la misma:

    El Estado intervendrá en toda clase de empresas, dentro de la reglamentación que establezca la Ley, para hacer efectiva la justicia social a que se refiere la presente Constitución y, en especial, para los siguientes fines:

    1. Regular por medio de organismos especiales las tarifas, los servicios y los precios de los artículos de cualquier naturaleza, y especialmente los de primera necesidad.

    2. Exigir la debida eficacia en los servicios y la adecuada calidad de los artículos mencionados en el aparte anterior.

    3. Coordinar los servicios y la producción de artículos. La Ley definirá los artículos de primera necesidad.

    Hay que ser osado, ingenuo o no sé qué para montar una empresa en un país en el cual la mafia gubernamental puede dictarte tarifas, los servicios y precios, exigir lo que el burrócrata cree es la eficacia de los servicios y la calidad; y, que pretenda coordinar los servicios y la producción… ¿Se da cuenta el lector el grado de desquicio al cual llegó el constituyente y quienes firmaron semejante mamotreto? Y ni hablar que aún hoy, en el 2025, habiendo reconocido lo terrible que es la constitución que padecemos, muchos estamos temerosos de que terminar con una peor de la actual, que lo único que constituye es el desorden; tanto así que ni han intentado cumplir a cabalidad con semejantes mandatos constitucionales.

    La actual constitución panameña no instituye el libre mercado sino la intervención del mercado por parte de la Cosa Nostra; lanzando a quienes se aventuran en la actividad productiva formal a las fauces de la jauría burrocrática del estado profundo.

  • Economía y Cultura

    Hay muchas maneras de definir lo que es la economía y les dejo dos de ellas: 1) Un sistema que describe cómo hace la gente para producir, comerciar y consumir bienes y servicios y; 2) la definición mía, la economía es ver como pones la paila en casa con lo poco que te entra. En resumen, se trata de una actividad que existe en el dominio social, la cual involucra la administración de los recursos escasos con los que podemos subsistir y prosperar. Y mi intención en este escrito es la de explicar como el desgobierno, típico de la gobernanza estatal desbocada y prostituida, afecta la capacidad ciudadana productiva; veamos.

    Lo primero que debemos destacar es la importancia primordial de una cooperación voluntaria libre de interferencia política centralizada es esencial para dar riendas sueltas al corcel del desarrollo humano. Al escribir esto, de inmediato me viene a mente la coerción central de leyes de control de precios o descuentos obligados que son impuestas, no porque las mismas mejoran los resultados finales en lo económico sino porque mejoran las perspectivas de que villanos políticos logren llegar y permanezcan en puestos de poder y rapiña.

    Otro elemento natural, básico y esencial en lo económico es la una libre interacción que de lugar al florecimiento de la infinita creatividad e intelecto humano; cosas que no germinan, crecen y fructifican en los sistemas centralizados; tal como queda claro y patente en el Título X de la supuesta Constitución panameña; título que instituye el intervencionismo castrante y rapaz.

    Más aún, estos enunciados que les presento nos hablan de libertad; que es el derecho de hacer lo bueno, ya que no hay derecho de hacer lo malo o perverso, tal como intervenir en la vida ajena, no para ayudar sino para robar y pelechar. De hecho, el breve Preámbulo de nuestra perversa Constitución, esa que, más que nada, constituye el intervencionismo, instituye el “fin supremo de fortalecer la Nación garantizar la libertad…”. Pero triste que en discusiones que expertos en ley, éstos me recriminan que el Preámbulo no es parte de la Constitución; lo cual es como decir que nuestra cabeza no es parte del cuerpo.

    De hecho, y como lo dice Jesús Huerta de Soto, y digo en paráfrasis, el mercado no requiere un rescate de parte de la politiquería central; lo que requiere es que lo dejen en paz. Y digo yo, que el mercado es como el intestino, que no requiere ayuda política para digerir los alimentos. Y no, no hablo del sobrante en caca, sino de los nutrientes que entran y alimentan el cuerpo.

    Más aún, es arrogancia fatal la de políticos que creen que pueden conocer y controlar todos los procesos y actividades en un mercado. O peor, no es que se sientan capacitados de controlar, pero sí para robar y despilfarrar. La realidad es que hemos llegado al presente no gracias a la interferencia politiquera sino a los procesos naturales de interacción humana. Decidir su gastos en carnavales o en arreglar la casa no es asunto de políticos; a menos que éstos se dediquen a usar los recursos impuestos para despilfarrarlos en festejos del Rey Momo.

    Y hay muchísimas formas de rapiña, tal como la de repartir subsidios que no subsidian sino distraen a las vacas mientras las ordeñan. Y qué triste que estas cosas ya las advertían los jesuitas escolásticos en épocas olvidadas hoy. Las normas económicas nacidas con la Escuela Austríaca de Economía, están fundamentadas en la naturaleza humana y alejada del desastroso intervencionismo en el mercado que hoy nos infecta, lacera y empobrece.

  • Polonia: El Renacimiento de un Escudo Histórico para Europa

    En su artículo «El momento polaco», para el medio ABC, Guy Sorman traza un recorrido histórico y político que posiciona a Polonia como una nación clave para la defensa de los valores democráticos y liberales en Europa. El análisis de Sorman no solo destaca el papel histórico de Polonia como baluarte frente a las amenazas externas, sino que también celebra el liderazgo actual de Donald Tusk como una oportunidad única para revitalizar el proyecto europeo frente a los desafíos contemporáneos. A continuación, examinaremos los principales puntos de este texto y su relevancia en el contexto geopolítico actual.

    Polonia como baluarte histórico de Europa

    Sorman inicia su artículo recordando episodios en los que Polonia actuó como escudo de Europa frente a amenazas externas. Desde la contención de las invasiones mongolas en el siglo XIII hasta la defensa de Viena frente al Imperio Otomano en 1683, Polonia aparece como un actor central en la salvaguarda de la cristiandad y la estabilidad europea. Este hilo histórico se extiende al siglo XX con el Milagro del Vístula en 1920, cuando el ejército polaco detuvo la expansión del comunismo soviético hacia Occidente.

    Este marco histórico refuerza la idea de que Polonia, a menudo subestimada, ha jugado un papel desproporcionado en la configuración del destino de Europa. Más que un repaso nostálgico, Sorman utiliza estos ejemplos para cimentar su argumento: Polonia, una vez más, está llamada a liderar en un momento crítico para Europa.

    Donald Tusk: Un líder liberal en tiempos de incertidumbre

    La figura de Donald Tusk emerge como el eje central del análisis de Sorman. Según el autor, Tusk no solo representa la restauración de la democracia en Polonia tras los años de populismo de derecha, sino también un modelo de liderazgo liberal que la Unión Europea necesita urgentemente. Su programa, resumido en el lema “¡Seguridad! ¡Europa!”, combina una economía liberal dinámica con un compromiso firme con la seguridad militar y los valores democráticos.

    Polonia, bajo la dirección de Tusk, ha demostrado un compromiso ejemplar con la defensa, destinando cerca del 5% de su PIB al gasto militar, una cifra que supera con creces la de otros países europeos. Este esfuerzo no solo fortalece la seguridad frente a las amenazas rusas, sino que también responde a las críticas de Estados Unidos, que ha presionado a sus aliados europeos para aumentar sus presupuestos de defensa.

    El enfoque de Tusk, sin embargo, va más allá de la seguridad militar. Sorman lo describe como un defensor de la Europa liberal frente al iliberalismo representado por figuras como Viktor Orbán en Hungría y Marine Le Pen en Francia. En este sentido, su liderazgo se presenta como una oportunidad para revitalizar el proyecto europeo, recordando los beneficios sociales, económicos y políticos que han caracterizado a la Unión.

    Desafíos globales y el papel de Europa

    Sorman no minimiza los retos que enfrenta Tusk en su presidencia rotatoria de la Unión Europea. Con solo seis meses de mandato, las prioridades son claras: garantizar el apoyo europeo a Ucrania frente a la agresión rusa, reafirmar el compromiso con la OTAN y consolidar los valores democráticos y liberales en un contexto de crecientes tensiones internas y externas.

    En este sentido, Sorman advierte sobre el peligro del chantaje estadounidense y del imperialismo ruso, subrayando la necesidad de que Europa actúe con autonomía y determinación. La referencia a Elon Musk, a quien Sorman describe como un «delirante», introduce una dimensión contemporánea al debate, señalando cómo los actores no estatales también influyen en la dinámica global y desafían los valores europeos.

    El reto de ilusionar a Europa

    Sorman concluye su artículo con un llamado a la acción: Europa necesita líderes ilustrados capaces de devolver la ilusión a sus ciudadanos. La propuesta de Tusk, basada en seguridad y liberalismo, podría ser la chispa que reactive la confianza en un proyecto europeo que, según el autor, se encuentra en una encrucijada. Más allá de la seguridad y la economía, Sorman subraya la importancia de reafirmar los principios democráticos y liberales que han sido la piedra angular de la Unión Europea desde su creación.

    «El momento polaco» de Guy Sorman es tanto un homenaje al papel histórico de Polonia como un análisis del liderazgo de Donald Tusk en un momento crucial para Europa. Al conectar los logros pasados de Polonia con los desafíos actuales, Sorman presenta un argumento convincente sobre la importancia de este país en la defensa de los valores europeos frente a las amenazas internas y externas. Bajo la dirección de Tusk, Polonia tiene la oportunidad de demostrar que el liderazgo liberal no solo es viable, sino necesario para el futuro de Europa. En un contexto de creciente incertidumbre global, este «momento polaco» podría marcar el comienzo de un renacimiento europeo basado en los principios de libertad, seguridad y cooperación.

  • El Estado y el Mercado

    Nuevamente y a riesgo de ser cansón, a fin de explicarme con mayor claridad, les reitero que el “estado” somos todos los que vivimos en una república supuestamente democrática. Hago énfasis en ello ya que lo común es ver la cantidad de personas a todos los niveles que hablan y escriben del “estado” para referirse al gobierno. ¡No!, el gobierno no es el estado y el estado no es el gobierno. Por lo señalado es que suelo hablar de “los gobiernos del estado”; para dar a entender que el pueblo en constitución ha creado los organismos gubernamentales a los cuales delega la función de cumplir con lo dispuesto en constitución; es decir, aquello que nos constituye; que, lastimosamente, en Panamá no tenemos ya que lo que tenemos y llamamos “constitución” no es tal cosa, ya que lo que constituye en la corrupción.

    El estado y el mercado somos todos o, más bien dicho, el mercado es lo que hacemos todos cuando intercambiamos bienes y servicios en comunión de supervivencia. Mi nieto compraba pastillas en el súper y las revendía en la escuela a una pequeña ganancia; eso es mercado, igual que todo el resto de la actividad mercantil; incluyendo la parte que los gobiernos han invadido.

    Pero son muchos los que vilipendian al mercado. ¿Qué hay detrás de ello? Detrás de ello hay una variedad de razones tétricas; comenzando por el hecho de que quienes controlan los gobiernos del estado buscan acaparar la mayor cantidad de poder y fortuna posible, y, a tal fin, inculcan de maneras trapicheras en la población la errada creencia de que lo que hacen favorece el pueblo. ¡Qué ingenuidad! Y obvio que el pueblo necesitado se lo traga. Me refiero al ‘estado profundo’; es decir, el monstruo en que se convierten los gobiernos cuando la comunidad no los mantiene encadenados a una sana constitución; que como dije, no tenemos. Más aún, bien podemos decir que en Panamá no hay constitución sino prostitución.

    El mercado, por su naturaleza, sólo crece, florece y fructifica en una sociedad que goza de libertad; libertad para poder salir adelante en un mundo de carencias. No existe gobierno que pueda coordinar tamaña y compleja actividad, pero eso es exactamente lo que tantos intentan hacer; pero no como su objetivo primordial sino luego de que se llenan los bolsillos, lo cual es como la pedofilia, que el padre o el cura usa su posición y poder para satisfacer sus más bajos instintos, aunque en ello prostituya a sus dependientes.

    Los pederastas gubernamentales que viven ebrios de poder los vimos en su gloria durante el COVID, nombrando “expertos” que desde sus púlpitos de grandeza recomendaron encerrar a toda la jauría pueblerina disque para salvarnos. También hasta para puyarnos con agujas hasta por la viña de los ojos. Detrás de todo ello estaba y está el estado profundo que se alimenta de la población; en su afán rechaza la libertad.

    En resumen, hablo de la hiper centralización gubernamental; que en Panamá desde la misma constitución se entromete en nuestras vidas y el mercado cuando en artículos como el 284 dice que el estado puede intervenir en toda empresa en función de un interés social que por ningún lado queda definido.

    Pero, tristemente, el proceso centralista o socialista, contrario al mercado, es destructivo de la sociedad productiva al quitar a unos y luego entregar miserias a otros. Vean no más el caso de la hija de Hugo Chávez cuya fortuna se calcula en $4,197,000,000 -cuatro mil, ciento noventa y siete millones, mientras gran parte del pueblo se dio a la fuga y el resto yace en la miseria.

  • El Gobierno quita más de lo que da

    Es normal que el gobierno quite más recursos de los que da, ya que su función no es ser empresa productiva sino de función normativa; y, lo que jamás ve Tío Pueblo son los costos de gobernar, en especial la parranda de costos escondidos; y no me refiero al pillaje sino a los costos asociados a lo que llaman “inversiones”.

    Miren no más lo que ha ocurrido en países que cacarean el parte y reparte, tal como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o hasta países nórdicos que una vez fueron muy prósperos, hasta que adoptaron políticas socialistas y llegaron a tal punto que no podían siquiera pagar los salarios sus funcionarios; tal como ocurrió con Suecia en 1990. Para arreglar el enredo tuvieron que achicar el gobierno y hasta privatizar muchas funciones. ¡Ah!, pero de esas cosas no hablan los medios que gustan vender cuentos de hadas.

    El tema no explican en los medios son cosas como las complejidades del desarrollo de las estructuras de capital; que es algo que definitivamente no pueden hacer los gobiernos porque los capitales que manejan son ajenos. Todos, de una manera u otro, nos beneficiamos o perjudicamos de esas estructuras de capital. Tristemente, el no entender estas complejidades lleva a las mafias gubernamentales a invertir con fines politiqueros y no de economizar. Así, distorsionan las estructuras de los capitales del mercado. Se ve en el crecimiento del sector informal y el estancamiento del formal.

    Y si hemos logrado inversiones de afuera no es porque las hemos alentado con nuestras torpezas sino porque las que han llegado es porque huían de sitios como Venezuela y otros que están peor que nosotros. Me crispa escuchar en medios y en la misma Constitución cuando se habla del “interés social”. Sí, como no, los gobernantes saben lo que es eso. O hablar de bienestar económico, cuando lo que se practica no lleva a eso. Uno de los ejemplos más horribles fue la doctrina social de la Iglesia, cuando la misma la torcieron hacia el socialismo. La Iglesia sí tiene una sana doctrina social; pero todo se puede usar para el bien o para el mal.

    El problema del llamado “interés social” es que sirven para justificar el intervencionismo y hacer ver que el gobierno es una entidad volcada a servir. ¡Sí claro!, ¿servir a quién? El problema de estos espejismos está en hacer creer que los gobiernos son fuentes inagotables de riqueza; hasta que, como en Cuba y tal, el manantial se queda sin agua porque talaron la selva y envenenaron las aguas.

    Jamás olvido la vez que hice amistad con un señor que había logrado montar su propio taller de herrería y me estaba construyendo un vivero en casa. Un día, le dije que él era un capitalista y se sintió ofendido. “¿Cómo así?”, me dijo. “Yo no soy eso…” Le respondí: “Acaso no tienes una empresa, oficina, autos, equipos, contabilidad y tal?” “Sí, me respondió”. “Bueno, todo esos es capital o cápita, palabra del latín que significa ‘cabeza’. Capitalista es quien usa la cabeza y sus bienes de capital para producir. Lástima que en el país del “no a la privatización” desarrollamos una cultura anti empresarial; lo cual aprovechan otras culturas que llegan y logran echar “palante”.

    Y no hay que ir muy lejos, en vez de pedir que hagamos un uso correcto de la minería lo que pedimos es que cerremos las minas porque crea daños ambientales y tal. Si es así, vamos a cerrar el Canal, que es la obra que más daños ambientales ha creado.

  • Economistas y Gobiernistas no Conjugan

    Como bien lo señala nuestra constitución en su artículo 282: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares…”, lo cual no es sólo cierto sino fundamental; lastimosamente luego de un punto y coma la constitución se contradice agregando que el Estado hará lo que le venga en gana con la economía, lo cual demuestra con plena claridad el alma totalitaria de la clase gobernante en nuestro hermoso istmo.

    ¿Y cómo no va la economía a ser asunto de los particulares si su principio central y fundamental es ser el medio para mejorar el bienestar humano a título personal y de la familia, mediante la apropiación de bienes de consumo?: comida, ropa, cobija, casa, y tanto más; cosas cuya producción o captación no corresponde a los gobiernos del estado ya que para eso no son. Quien no se da cuenta de la enormidad de la faena de procurar y producir todos los bienes de consumo, bienestar y deleite humano está desasociado de la realidad; que es la carencia y cada quien sabrá lo que necesita, más no el gobierno.

    Los gobiernos comunistas en Rusia intentaron dictar la producción y fue inmenso fracaso; tanto así que cuando el gobierno ponía en venta los productos, tal como hace el IMA en Panamá, no tenían como determinar los precios y para ello usaban los catálogos de la Sears. El meollo del asunto y a riesgo de ser cansonamente repetitivo: el juego es para los jugadores y no para los gobernadores, cuya función es el arbitraje. Lástima que ni saben ni pueden arbitrar por estar ocupados en el pillaje.

    Los gobiernos del Estado no son el pueblo sino organismos creados por el pueblo para desempeñar una función de arbitraje. Y, ojalá no fuese necesario tener árbitros. ¿Acaso cuando joven no jugaste algún partido sin árbitro, que si uno hacia trampa los otros le caían a pelonera?

    Lo otro que se les escapa a casi todos es que el pueblo o la población es una masa amorfa o informe -sin forma; es decir, que carece de personalidad y carácter propio. Pero no así los gobiernos del pueblo o estado, que son, supuestamente, organizaciones piramidales con mando y jurisdicción. Los gobiernos tienen propósito, pero el pueblo, carente de personalidad y en conjunto no tiene propósito sino en su cultura; y eso, en Panamá, nos abre una Caja de Pandora. Bien lo dijo Bastiat:

    El estado es la gran entidad ficticia mediante la cual todos buscan vivir a costillas de los demás.”

    Y precisamente eso es lo que debe evitar la población; el caer en semejante ficción que conduce al servilismo. Prueba de ello la tenemos en las narices; vale decir, en el crecimiento desbocado del tamaño de los gobiernos, en los cuales tantos buscan acomodo partidario.

    Y, por otro lado, está la naturaleza humana que no podemos extinguir así no más. Me refiero a que, a cada presidente, ministro, diputado, y tal, siendo humano, que busca mejorar su condición personal, le será más que difícil separar esas inclinaciones de su tarea como autoridad. Pero no sólo están las autoridades gubernamentales sino todo el ensamble del funcionariado que fácilmente se convierten en las rémoras de los gobiernos convertidos en tiburones de rapiña. El instinto de las entidades gubernamentales es crecer y crecer.

    En fin, gran cantidad de economistas se han integrado al estado profundo en la función de consejeros y promotores del estado regalón. Estos amiguitos del centralismo se la pasan inventando argumentos mafá que promueven el crecimiento desmedido del aparato gubernamental. Y… como preguntó uno por allí: “¿Cuál es la diferencia entre un economista y un viejo senil? El economista es el que tiene la calculadora en mano.