Categoría: Opinión

  • «El populismo mata, el liberalismo salva» según Guy Sorman

    En su artículo «El populismo mata, el liberalismo salva», Guy Sorman realiza un análisis contundente y despierta la polémica, sobre todo porque proviene de un liberal, sobre las implicaciones del populismo en la crisis sanitaria global provocada por la pandemia del COVID-19, y contrapone este fenómeno con los principios del liberalismo. El autor no solo reflexiona sobre los efectos inmediatos de las teorías conspirativas en la gestión de la pandemia, sino que también alerta sobre las consecuencias mortales que pueden derivarse de la adopción de ideologías populistas que niegan la ciencia y la razón.

    El artículo comienza contextualizando el impacto del COVID-19 en la humanidad. Sorman subraya que, aunque el virus provocó millones de muertes y dejó secuelas psicológicas y de salud duraderas, la ciencia, específicamente a través de las medidas de contención y la vacunación, permitió que las consecuencias no fueran tan catastróficas como las de la «gripe española» de 1918. Para el autor, la respuesta a la pandemia fue clara y efectiva: la ciencia, aunque imperfecta, salvó vidas.

    Sin embargo, Sorman destaca que, desde el comienzo de la crisis sanitaria, emergió un fuerte movimiento populista que se oponía a las medidas de contención y a las vacunas. Este movimiento no solo estaba alimentado por la ignorancia y el odio al sistema capitalista, sino también por una profunda desconfianza en las instituciones democráticas y científicas. Para los populistas, las medidas de contención eran una maniobra política para restringir la libertad, mientras que las vacunas eran percibidas como parte de una conspiración orquestada por los intereses capitalistas. A través de las redes sociales, estas teorías conspirativas encontraron una amplia audiencia, alimentada por el aislamiento social y la falta de acceso a fuentes confiables de información.

    Lo más crítico que señala Sorman es que, a pesar de que la evidencia científica ha demostrado que las medidas adoptadas fueron correctas, los populistas y teóricos de la conspiración nunca han mostrado remordimiento por haber incitado al rechazo de las soluciones sanitarias. Al contrario, algunos de estos personajes han alcanzado posiciones de poder, como es el caso de Robert Kennedy Jr., quien fue nombrado Secretario de Salud en Estados Unidos por Donald Trump. Kennedy, conocido por promover teorías pseudocientíficas sobre la vacunación, continúa fomentando su agenda, ignorando las consecuencias fatales de su desinformación.

    Este es el núcleo de la crítica de Sorman: el populismo, según él, no solo empobrece a las personas que lo siguen intelectualmente, sino que también pone en riesgo sus vidas. Al rechazar la ciencia y la razón, el populismo alimenta un ciclo de ignorancia que, en muchos casos, se traduce en mayor mortalidad. Sorman se opone a esta ideología señalando que, a diferencia del populismo, el liberalismo tiene una postura más pragmática y realista frente a los desafíos. El liberalismo no se basa en utopías ni en conspiraciones, sino que se nutre de la experiencia y de los logros prácticos de las naciones que lo adoptan. Para Sorman, la verdadera diferencia entre los populistas y los liberales es la capacidad de los segundos para reconocer y corregir sus errores, un atributo que falta en aquellos que defienden las teorías conspirativas.

    El autor también resalta que, si bien los liberales no son infalibles y los sistemas democráticos y capitalistas pueden sufrir crisis y generar caos, la gran diferencia es que los liberales están dispuestos a aprender de sus errores y a rectificar. En contraste, los populistas no solo se niegan a aceptar sus fallos, sino que, al enfrentarse a las consecuencias de sus acciones, suelen cometer aún más errores.

    Un aspecto clave del artículo es la reflexión sobre la psicología humana. Sorman sugiere que, aunque los liberales suelen tener razón, les falta la pasión que caracteriza a los populistas. Los populistas, por su parte, son apasionados y logran conectar emocionalmente con las personas, pero carecen de la razón que guíe sus acciones. Esta falta de balance entre pasión y razón es lo que, para Sorman, dificulta la convivencia y la construcción de una sociedad estable y racional. Por eso, concluye con una pregunta provocadora: ¿preferirías morir de COVID o del próximo virus que surja? Si prefieres escapar de futuras pandemias, el autor te invita a optar por el liberalismo.

    Sorman concluye con una crítica al populismo, que para él no solo es un obstáculo para el progreso, sino una amenaza directa a la salud pública y al bienestar colectivo. La ideología populista, al negar la ciencia y promover teorías conspirativas, perpetúa un ciclo de muerte y sufrimiento, mientras que el liberalismo, aunque imperfecto, ofrece las herramientas necesarias para enfrentar los retos del futuro.

    Este artículo de Guy Sorman sirve como un llamado a la reflexión sobre el papel de la ideología en tiempos de crisis. En un momento en que las fake news y las teorías conspirativas tienen un impacto significativo en las decisiones políticas y sociales, el texto resalta la importancia de la ciencia, la razón y la autocrítica, cualidades esenciales del liberalismo, frente a la seducción del populismo, que alimenta el miedo y la ignorancia. La polémica está servida, bienvenido el debate.

    Fuente original: Guy Sorman, «El populismo mata, el liberalismo salva,» ABC, 24 de marzo de 2025.

  • ¿Qué es “ser un buen padre”, biológicamente hablando?

    Ser un buen padre no es algo fácil de definir. De hecho, nuestra imagen de “buen padre” no sólo está condicionada por la especie a la que pertenecemos sino que, incluso dentro de los Homo sapiens, las circunstancias culturales han hecho que un padre ideal en el siglo XXI no tenga absolutamente nada que ver con esa misma consideración para un hombre de la Persia imperial.

    Esta diversidad sociocultural se multiplica exponencialmente si la comparamos con la diversidad biológica del mundo animal. Tenemos todas las opciones imaginables (y también las inimaginables) en las conductas desplegadas por los padres (los progenitores masculinos) hacia sus hijos.

    No obstante, y desde un punto de vista estrictamente biológico, sí que sería posible encontrar una definición perfecta del buen padre si recurrimos a argumentos evolutivos. Desde esta perspectiva, sería aquel que procura la supervivencia de su descendencia, al menos hasta que ésta adquiere la madurez sexual. Así, todo comportamiento parental que aumente las posibilidades de reproducción de los hijos sería considerado un carácter adaptativo, aumentaría la eficacia biológica de la especie y, consecuentemente, sería favorecido por la selección natural.

    Los cuidados parentales, por lo tanto, son ventajosos. Sin embargo, y por extraño que parezca, también son extraordinariamente escasos. ¿Por qué?

    Padres que ni están ni se les espera

    La primera razón estaría relacionada con nuestra costumbre de discernir si la criatura neonatal se parece más a mamá o a papá.

    De entrada, en la mayoría de las especies (que poseen fases larvarias), la discusión sería irrelevante, porque “la criaturita” no se parece, ni remotamente, a ningún progenitor. Su aspecto es radical y asombrosamente diferente. Tanto es así que, cuando el conocimiento biológico era más limitado, diferentes fases vitales de muchas especies frecuentemente han sido consideradas no sólo especies diferentes, sino grupos (filos) radicalmente distintos. De hecho, estas divergencias entre padres e hijos no sólo son anatómicas y fisiológicas, sino también ecológicas. Eso significa que los descendientes, en sus primeras fases vitales, no comparten hábitats con sus padres y viven en “universos” diferentes.

    Pongamos un ejemplo conocido por todos: los mosquitos. Sus larvas son “gusanitos” que viven, comen, respiran y se desarrollan en el agua, mientras sus padres viven en “otra galaxia”: el medio aéreo. En estas circunstancias, la interacción es prácticamente nula, la convivencia no existe y los cuidados parentales no son factibles.

    Ghiglione Claudio/Shutterstock
    Larvas de mosquito Culex en el agua.

    Por contraposición, podríamos pensar que, cuando no existen larvas, los padres se interesarán por el destino de sus criaturas presuponiendo que cuidamos “lo que se nos parece”. Pues descartemos nuestra bonita y tierna hipótesis: en la mayoría de las especies, los padres se desentienden de su progenie una vez que han eclosionado los huevos.

    ¿De qué depende que los padres cuiden a sus hijos?

    Son varios los factores que parecen estar implicados, y para entenderlos hay que tener en cuenta, primeramente, una obviedad: para cuidar a la descendencia hay que estar vivo. Desde esta perspectiva, no “podrían” ser buenos padres todos aquellos a los que el esfuerzo reproductor les supone la muerte. Aunque quisieran, los salmones no podrían cuidar de sus hijos porque, tras remontar el río donde nacieron, mueren al desovar.

    Otro elemento a considerar sería el número de descendientes generados en un proceso reproductor. Es evidente que es complicado prepararles el desayuno a los 20 000 hijos que acabas de tener de una tacada (cuando, además, se confunden con los 20 000 de cada uno de tus vecinos, como podría ocurrir en muchísimas especies marinas con fecundación externa). Así eliminamos la posibilidad de cuidados parentales en todas las especies que apuestan más por la cantidad a la hora de conseguir la supervivencia de alguno de sus descendientes que por la calidad de los cuidados que se les otorguen a un número reducido de crías.

    Un tercer factor imprescindible para cuidar los hijos es la posibilidad de tener un lugar seguro donde los pequeños puedan sobrevivir mientras los padres buscan alimento. La existencia de este “nido-hogar” es una característica que comparten mamíferos y aves con insectos sociales como las abejas o las hormigas.

    También influye la dureza del entorno físico en el que se desarrolla la prole, tornándose imprescindibles los cuidados parentales para lograr su supervivencia. Así, las hembras del arácnido telifónido Mastigoproctus giganteus transportan a las pequeñas preninfas en una cámara incubadora abdominal, garantizándoles la humedad imprescindible para sobrevivir en ambientes de extrema aridez.

    Aún más curioso es cómo influye, en el caso de algunas especies depredadoras, su propia naturaleza. Un ejemplo muy llamativo es el de muchos grandes escualos, que presentan las llamadas nursery grounds. Estas zonas son, básicamente, “guarderías” submarinas donde las feroces “madres tiburonas” orbitan nadando alrededor de sus crías y evitando el ataque de los propios machos de su especie

    buen padre
    Todas las especies de mamíferos y buena parte de las aves nacen con un alto nivel de indefensión y necesitan cuidados.
    Cavan-Images/Shutterstock

    Pero quizás lo que condiciona más la existencia de los cuidados parentales es el nivel de altricidad de los hijos, es decir, su grado de indefensión por no tener capacidad de alimentarse y subsistir por sí mismos. Aquí incluimos a todas las especies de mamíferos (que dependen durante su primera fase de vida de la lactancia materna) pero también a la mayoría de las aves que necesitan cuidados después del nacimiento antes de poder desenvolverse autónomamente.

    Si aunamos todos los requisitos, los cuidados se han desarrollado principalmente en especies que no mueren al reproducirse, que tienen desarrollo directo (sin larvas), que tienen pocos descendientes por evento reproductor, que no contemplan a sus propias crías como posibles alimentos y, lo que es más importante, cuyas crías necesitan de sus padres para su propia supervivencia. En ese reducidísimo grupo de especies estarían, fundamentalmente, insectos sociales, aves modernas y mamíferos eutremas.

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    Padres involucrados

    Los vertebrados nos ofrecen un amplio muestrario de posibilidades en los cuidados de los hijos y parece haber una cierta prevalencia de cada modalidad de cuidados en los linajes evolutivos de cada grupo.

    En los pocos peces óseos que se ocupan de las crías, lo hacen frecuentemente los machos. En el conocido ejemplo de los hipocampos, es el caballito de mar “papá” el que transporta a la prole hasta que los juveniles pueden nadar libremente. Aquí la hembra se limita a poner los huevos fecundados en la bolsa ventral de su pareja, que es el que luce “preñado”. Los machos cíclidos, por su parte, segregan una especie de leche-moco a través de la piel de la que se alimentan las crías, aunque esta tarea la comparten con las madres.

    No obstante, el caso más conocido de padres involucrados en el cuidado de la prole es el de las aves, donde masivamente el cuidado es biparental. Este comportamiento es consecuencia del desarrollo homeotermo de sus embriones, esto es, los huevos hay que empollarlos para que estén calentitos. Si se enfrían, el desarrollo embrionario aborta. En esta absorbente y continua actividad la selección natural ha permitido el relevo y favorecido la monogamia social. En el 95 % de las aves, las parejas se mantienen durante la temporada de cría y ambos padres empollan los huevos.

    El vínculo madre-hijo de los mamíferos

    En el caso de los mamíferos, los cuidados “parentales” son clara y masivamente “maternales”. Los mamíferos tenemos la suerte de que nuestros embriones no son depredados, pisoteados, llevados por la corriente o mil circunstancias más que afectan a las especies ovíparas. Por el contrario, ubicamos nuestro desarrollo embrionario y fetal dentro de un calentito, seguro y mullido útero materno. Este vínculo madre-hijo se continúa durante la lactancia (que también corre a cargo de las hembras).

    Todo ello supone un aumento enorme de la tasa de supervivencia de las crías. En el caso de los primates (y especialmente en el de los humanos), además, las potencialidades de la especie se multiplican con las posibilidades de dedicar mucho tiempo a “enseñar”, desarrollándose una herencia doble (la genética y la cultural) que no tiene parangón en el mundo vivo.

    Este hecho merece una interesante reflexión: la gran ventaja que para los mamíferos que ha supuesto la viviparidad, la pagan casi exclusivamente las hembras (en nuestro caso, las mujeres).

    El “buen padre humano”, ya que no puede serlo biológicamente, tiene la fascinante posibilidad de hacerlo culturalmente y compensar esta injusta balanza a base de amor, tiempo y enseñanza a sus hijos. Afortunadamente, cada vez son más los que descubren este impagable privilegio.The Conversation

    A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Economista Tomás de Aquino

    En este mundo “moderno” del 2025 sobran las personas que ven a un fraile de 1274 como una persona con poca cultura y conocimiento… ¡craso error! Tomás de Aquino fue un extraordinario teólogo, filósofo y jurista católico a quien se le atribuye el origen del escolasticismo; movimiento que hoy persiste en la Escuela de Salamanca en España y en la Universidad de Salamanca . Y no paremos allí, ya que en materia de metafísica sus obras hoy día representan una de las fuentes más citadas del siglo XIII . Estoy convencido de que en muchos sentidos los humanos hemos sufrido ciertas regresiones en materia cultural, económica y lo que es “justo”.

    La profundidad de pensamiento de Aquino es sorprendente, lo cual se desprende que aún hoy día hay tantos que encuentran verdades que hemos extraviado en el transcurrir del tiempo; nos cuenta Federico Silva, un académico interdisciplinario en la ley y la ingeniería informática. Pero, en particular, Silva nos retrotrae a la teoría subjetiva del valor; una realidad que, según parece, muchos que se arropan con el título de “economistas” no dominan la materia o peor, evaden el tema porque no conjuga con su trabajar gubernamental.

    También nos advierte Silva que en la época de Tomás de Aquino la economía aún no era una disciplina científica sino que era vista como una ‘teoría de justicia’. Las pesquisas de Aquino en estos campos las siguieron otros clérigos católicos, tal como Anselmo de Canterbury, padre de la escolástica y otros más,  En resumen, estaban abordando lo que es correcto o el bienandar en materia económica y no el malandar que hoy parece ser la norma en la gobernanza alrededor del mundo.

    Carl Menger, quien fue jurista y no matemático, destacó el papel de la ética en la acción humana económica; algo que no fue respetado en la constitución de Panamá; cuando esta dice que “la economía corresponde primordialmente a los particulares…” y luego de un punto y coma agrega un “pero” y dice que el “Estado”, es decir, los gobiernos o gobernantes, pueden hacer lo que les venga en ganas con la economía ciudadana, tal como nombrar cerros de botellas y dictar leyes que violan nuestras libertades.

    Más allá, algo que se nos extravió es el que la ley no hace el derecho o lo correcto, sino que lo debe descubrir o; tal vez deba decir “destapar”. Triste que con gran frecuencia en nuestro medio la ley lo que hacer es tapar o cubrir el derecho, aquello que no es curvo o torcido. Y en ello, Silva vuelve y destaca que lo correcto o derecho es sinónimo de “justo” o aquello que cabe “justito” o apretadito.

    Por ejemplo, las intervenciones legales en materia de controles de precio; sean estos en salarios, productos, descuentos y tal, violan el principio fundamental de la satisfacción de una de las dos partes en cualquier transacción, y otras cosas más. Dar descuentos a jubilados porque unos legisladores quieren ganar simpatía y votos no es justicia. Se alcanza la justicia cuando ambas partes llega a un acuerdo y satisfacción.

    La cantidad de intercambios comerciales en Panamá, por dar ejemplo, jamás podrán ser previstos en justicia ni en sentido económico por leyes politiqueras. Si en un restaurante el 80% de los que entran un día son jubilados, el restaurante pierde; los diputados jamás aceptarán su culpa y menos si el negocio entra en quiebra. No es el gobierno quien determina precios sino el mercado.

    Bien dijo Aquino que sin acuerdo y satisfacción jamás habrá justicia. Triste que aún no lo veamos.

  • Cómo negociar con Trump: olvide los principios y aprenda a hablar el lenguaje de los negocios

    En cualquier negociación, es fundamental comprender el estilo de la otra parte. El conflicto de Ucrania, y especialmente la acalorada discusión entre los presidentes Trump y Zelenski en el Despacho Oval, ha revelado una desconexión crítica entre las dos administraciones.  Volodímir Zelenski calificó de “lamentable” el enconado enfrentamiento con el presidente Trump y el vicepresidente J. D. Vance y escribió a Trump para decirle que estaba dispuesto a negociar. Pero el presidente ucraniano y sus aliados europeos han enfocado las conversaciones desde una posición basada en principios. En términos de estilo de negociación, esto significa que tienden a enfatizar los mecanismos multilaterales, como la toma de decisiones colegiada, la construcción de relaciones a largo plazo y la sensibilidad cultural.

    Trump es un hombre de negocios y opera desde un paradigma de negociación fundamentalmente diferente. Por desgracia, esta falta de alineación tiene implicaciones significativas para la posición estratégica de Ucrania y para la seguridad europea.

    Una investigación que mis colegas y yo llevamos a cabo, comparando los estilos de negociación de EE. UU. e Italia, ha demostrado que los negociadores estadounidenses suelen utilizar un enfoque más competitivo y transaccional. Pueden parecer unilaterales o dominantes, pero también son expertos en conectar diferentes partes de un acuerdo y negociar concesiones entre diferentes cuestiones para lograr sus objetivos.

    Trump, sin embargo, combina esto con tácticas altamente competitivas y retórica emocional. A diferencia de los típicos negociadores estadounidenses, que se cree que evitan la expresión emocional, como muestra nuestro estudio, Trump utiliza la ira y la confrontación para dominar las discusiones y controlar las narrativas.

    Enmarca las negociaciones en términos de suma cero, en los que cada acuerdo debe tener un claro ganador y un claro perdedor. Esto refuerza su imagen pública de líder fuerte.

    Y lo más importante, Trump parece negociar de forma selectiva. Solo entra en las discusiones cuando cree que tiene la posición más fuerte.

    Nuestro trabajo muestra que los estadounidenses dan prioridad a los resultados finales y utilizan tácticas competitivas cuando se perciben a sí mismos en posiciones de poder.

    Trump ejemplifica este enfoque, pero añade sus propios elementos distintivos: presión emocional, postura pública y un compromiso inquebrantable con sus posiciones hasta que surja una alternativa más favorable.

    El error de cálculo de Zelenski

    El principal error de negociación del presidente Zelenski ha sido intentar entablar una negociación basada en principios con una contraparte que favorece la realización de acuerdos transaccionales. Cuando el líder ucraniano apela a los principios democráticos, la integridad territorial y el derecho internacional, está hablando un lenguaje de negociación que Trump no entiende.

    La investigación clásica sobre negociación sugiere que Zelenski debería haber estructurado las negociaciones en torno a los intereses económicos de EE. UU. en lugar de la unidad occidental o los imperativos morales.

    Trump ha dejado claro que protegerá a Ucrania y Europa solo en la medida en que sirva a estos intereses económicos. Zelenski está negociando desde una posición de dependencia (Ucrania necesita ayuda para sobrevivir). Por lo tanto, la clave es hacer que el acuerdo sea atractivo para la parte más fuerte y, al mismo tiempo, proteger sus propios intereses.

    En nuestro estudio, también descubrimos que los negociadores italianos suelen hacer hincapié en el compromiso emocional, tratando a sus homólogos como colaboradores en lugar de adversarios. Tienden a centrarse en los intereses mutuos y su enfoque equilibra las consideraciones técnicas con las relaciones humanas.

    Se basa en principios como los valores liberales y el cumplimiento de las normas internacionales. Esto concuerda con otros hallazgos sobre la evolución de los estilos de negociación dentro de la UE.

    Y esta estrategia prospera en contextos multilaterales y multiculturales, donde se priorizan los valores compartidos y la creación de consenso.

    Pero tal enfoque puede ser ineficaz contra las tácticas de confrontación y de poder de Trump. El compromiso emocional puede ser malinterpretado como una debilidad, y los enfoques basados en el consenso fracasan cuando la contraparte insiste en dominar.

    El orden mundial liberal parece no estar preparado para negociar al nivel de Trump. Sigue esperando discusiones racionales basadas en intereses, en lugar de confrontaciones cargadas de emociones.

    La experiencia de la UE en la negociación del Brexit proporciona una plantilla relevante para abordar el conflicto de Ucrania. El nombramiento de Michel Barnier como negociador jefe, respaldado por un bloque de 27 naciones, resultó eficaz a pesar del escepticismo inicial.

    Un enfoque similar podría funcionar para Ucrania. Nombrar a un negociador jefe con autoridad y un mandato claro podría tener éxito. Barnier, el economista y ex primer ministro italiano Mario Draghi o la excanciller alemana Angela Merkel son candidatos obvios. Esta estructura podría neutralizar la preferencia de Trump por los acuerdos individuales basados en el poder y forzar las negociaciones en términos más alineados con los intereses europeos.

    Europa debe replantearse la fórmula de negociación con Trump

    Pero para involucrar a Trump, los líderes europeos y ucranianos deben replantear su enfoque.

    En primer lugar, las propuestas deben presentarse en términos de beneficios económicos. El presidente estadounidense da prioridad al comercio, al empleo y a las oportunidades de negocio por encima de la seguridad o los argumentos morales. El panorama de la negociación debe hacer hincapié en la distribución real de la ayuda a Ucrania, destacando que las naciones europeas han proporcionado colectivamente un apoyo financiero y humanitario sustancial.

    En segundo lugar, los datos objetivos y los argumentos basados en el poder son mejores que los llamamientos morales. Las evaluaciones del impacto económico y los cálculos estratégicos resonarán con más eficacia que el razonamiento basado en principios.

    En tercer lugar, las tácticas competitivas deben ir acompañadas de una confrontación controlada. El compromiso emocional debe ser estratégico, reforzando un posicionamiento firme pero pragmático en lugar de parecer defensivo.

    Por último, los escenarios en los que todos ganan permitirán a Trump cantar victoria. El mandatario norteamericano negocia para ganar, y los acuerdos deben permitirle declarar su éxito personal frente a sus propios partidarios.

    El camino a seguir requiere una adaptación estratégica, no un atrincheramiento ideológico. Zelenski y los líderes europeos deben reconocer que negociar con Trump exige comprender su enfoque de las relaciones internacionales, que tal vez favorezca el pragmatismo sobre el idealismo.

    Una idea crucial de investigaciones anteriores sobre el comportamiento negociador de Trump es esta: rara vez da marcha atrás explícitamente, pero con frecuencia gira hacia nuevos objetivos cuando estos se vuelven más atractivos. Esto debería inspirar a los líderes europeos a desarrollar alternativas atractivas que sirvan tanto a los intereses de Trump como a las necesidades de seguridad de Europa.

    Después de décadas de negociadores comerciales aprendiendo de los políticos, ahora nos enfrentamos a una realidad inversa: los negociadores políticos deben aprender de las tácticas comerciales.

    En el ámbito de la seguridad internacional, donde hay mucho en juego, comprender el estilo de negociación de la otra parte no es solo una buena práctica, sino que puede ser esencial para sobrevivir. Las lecciones del primer mandato de Trump sugieren que las posturas basadas únicamente en principios no garantizarán los intereses ucranianos o europeos. La negociación pragmática (basada en principios) ofrece un camino más prometedor.The Conversation

    Andrea Caputo, Professor of Strategy & Negotiation, University of Lincoln

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El dilema liberal según Sorman.

    El dilema liberal de Guy Sorman plantea una reflexión clave sobre la relación entre el liberalismo y los líderes políticos que, en su nombre, buscan reducir el tamaño del Estado. En su análisis, Sorman destaca la paradoja de que figuras como Donald Trump y Javier Milei, a pesar de defender la modernización estatal y la eficiencia económica, terminan asociando el liberalismo con actitudes autoritarias, extremas y divisivas. Este fenómeno, argumenta, podría llevar a una reacción adversa que desprestigie la causa liberal y facilite el retorno de modelos intervencionistas.

    Uno de los puntos centrales del análisis de Sorman es la diferencia fundamental entre el sector privado y el Estado. Mientras que las empresas están sujetas a la competencia y la necesidad de generar beneficios, el Estado, según él, no enfrenta los mismos incentivos de eficiencia. Sin embargo, esta comparación simplista omite un aspecto clave: el objetivo del Estado no es generar rentabilidad, sino proveer bienes y servicios públicos esenciales que el mercado no puede garantizar de manera equitativa. Por ello, la eficiencia en la administración pública debe evaluarse no solo en términos de costos, sino también en función de su capacidad para garantizar derechos y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

    Sorman también plantea una crítica a la forma en que Trump y Milei implementan sus políticas. Si bien sus ideas sobre reducir el Estado pueden ser válidas en algunos aspectos, el problema radica en su ejecución: el desmantelamiento abrupto de instituciones sin una estrategia de transición clara, el desprecio por el consenso democrático y la polarización extrema. Sorman señala que, en su afán de eliminar lo que consideran excesos estatales, estos líderes terminan enfrentándose a una oposición feroz que puede poner en riesgo la estabilidad del país e incluso derivar en un resurgimiento de políticas estatistas como reacción.

    Un punto especialmente relevante es la advertencia de Sorman sobre los precedentes históricos en América Latina. La región ha vivido procesos de reformas económicas impuestas por gobiernos autoritarios, lo que ha generado una asociación entre liberalismo y represión. Este riesgo no es menor: si las reformas económicas no van acompañadas de un fortalecimiento institucional y un respeto irrestricto por las reglas democráticas, el resultado puede ser una deslegitimación completa del liberalismo y una puerta abierta para proyectos populistas que prometan restaurar derechos socavados.

    Sorman ofrece una tercera vía ante el dilema liberal: la posibilidad de implementar reformas liberales sin caer en la agresión política o el desprecio por el diálogo democrático. Aquí menciona el caso de líderes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes, con distintos matices, lograron aplicar reformas sin generar el nivel de rechazo que hoy enfrentan Trump y Milei. Esto implica que el liberalismo no está condenado a la polarización, pero requiere de un liderazgo que entienda la importancia de la pedagogía política y el consenso social.

    En conclusión, el dilema que plantea Sorman no es menor. Si el liberalismo se asocia con el caos, la exclusión y el atropello institucional, su destino será la marginalidad y el resurgimiento de modelos opuestos. La pregunta es si habrá liderazgos capaces de aplicar reformas con sensatez o si, por el contrario, los excesos actuales terminarán por destruir la credibilidad de su propia causa.

     

  • ¿Quién es Friedrich Merz? Ocho cosas que debe saber sobre el futuro canciller alemán

    Friedrich Merz, el líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), será con toda probabilidad el próximo canciller de Alemania después de que su partido fuera el más votado en las elecciones del domingo 23 de febrero, seguido de la Alternativa para Alemania (AfD), de extrema derecha, que obtuvo su mejor resultado en unas elecciones federales.

    Merz tendrá que formar un gobierno de coalición, lo que implicará duras negociaciones, pero se espera que los líderes europeos lo traten como un “canciller en espera”. Aquí hay ocho cosas que debemos saber sobre el hombre que está a punto de ocupar uno de los cargos políticos más importantes de Europa.

    1. Está llevando a su partido más a la derecha

    Lo primero que hay que saber de Merz es que él y la excanciller Angela Merkel fueron durante mucho tiempo rivales y compañeros de formación. A principios de la década de 2000, después de que Merkel se convirtiera en líder de la CDU, destituyó a Merz de su cargo de líder parlamentario del partido y asumió ella misma el cargo.

    Merkel nunca nombró a Merz ministro y, de hecho, este decidió no presentarse de nuevo al parlamento en 2009, ya que había empezado a centrarse en sus diversos intereses en el sector privado (como abogado, pero también como miembro del consejo de administración de una empresa). Merz criticó la decisión de Merkel de desplazar a la CDU hacia el centro y le preocupaba que eso abriera espacio para que se moviera el AfD.

    Cuando Merz se convirtió en líder del partido en 2022, comenzó a reescribir el programa del partido en una dirección mucho más conservadora.

    2. Es un liberal económico

    Merz tiene una visión económica muy diferente a la de Merkel, al menos en los últimos años de su cancillería. En 2003, abogó por una simplificación radical de las normas fiscales de Alemania, de modo que se pudiera calcular la declaración de la renta en el reverso de un posavasos.

    El manifiesto de su partido para 2025 abogaba por la desregulación y los recortes fiscales para impulsar el lento crecimiento de Alemania. Merz argumentó que parte de esto debería financiarse aplicando más condiciones a los beneficiarios de la asistencia social, con una suspensión completa de las prestaciones para los beneficiarios que se negaran a aceptar cualquier forma de trabajo. En 2024, también dijo que haría “todo” lo posible para evitar que la UE asumiera una deuda común.

    3. Es un conservador social

    En su juventud, Merz perteneció al movimiento juvenil católico. Tiene un historial de votos en contra del aborto y ha hecho algunos comentarios incómodos sobre la homosexualidad, diciendo de Klaus Wowereit, un alcalde gay de Berlín: “No me importa mientras no se acerque a mí”. En un comentario extraño, una vez se refirió a su esposa e hijas como prueba de que no tenía ningún problema con las mujeres. En un debate televisivo con Scholz, se le preguntó a Merz sobre el reconocimiento de Donald Trump de solo dos géneros, y reaccionó: «Se puede entender su postura».

    En 2000, Merz habló de una Leitkultur alemana (en sentido amplio, “cultura líder”, en contraposición al “multiculturalismo”), un término que ahora es de uso común en la CDU de Merz.

    4. Es un transatlantacista

    De 2009 a 2019, Merz presidió el Puente Atlántico, una destacada organización alemana dedicada a fortalecer las relaciones entre Alemania y Estados Unidos. Es un transatlantacista por instinto y recientemente envió una nota escrita a mano a Donald Trump felicitándolo por su elección, señalando su “fuerte mandato de liderazgo”. Sin embargo, en una declaración la noche de las elecciones, Merz prometió “lograr la independencia” de EE. UU. y reconoció que Trump es “en gran medida indiferente” al destino de Europa.

    5. Es proeuropeo

    Con algunas salvedades (por ejemplo, en torno a la deuda común y la cooperación en materia de refugiados), Merz es proeuropeo. Fue miembro del Parlamento Europeo entre 1989 y 1994, y ha dejado claro que una cooperación europea más estrecha es una parte esencial de la respuesta de Europa a Trump.

    También ha remendado las relaciones con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (con quien, como aliado de Merkel y liberal de la CDU, tenía poca sintonía), y ve potencial en la cooperación con ella y con Manfred Weber, político de la CSU y líder de los eurodiputados de centro-derecha del Parlamento Europeo.

    Merz también se ha comprometido a visitar Varsovia y París para reconstruir las relaciones tras un período difícil bajo Scholz.

    6. Sus tratos con la extrema derecha han sido controvertidos

    Merz ha sido constantemente inconsistente en lo que respecta a las relaciones con la AfD. En 2023, reflexionó sobre la posibilidad de cooperación a nivel local, señalando que “estamos obligados a reconocer las elecciones democráticas”, antes de dar marcha atrás.

    En noviembre de 2024, Merz dijo que él y su partido no intentarían aprobar leyes en el parlamento nacional si eso significaba depender de los votos de la AfD para hacerlo. Pero conmocionó a la nación en enero de 2025 cuando hizo precisamente eso: impulsar un plan de inmigración de línea dura con el apoyo de la AfD.

    El cambio de actitud le valió las críticas de su némesis, Merkel, aunque eso no es algo que probablemente le haya preocupado en exceso.

    7. Se verá acorralado por la política de coalición

    Merz tendrá que llegar a un acuerdo con otros partidos para poder gobernar. Esto hará que su programa estrella de recortes fiscales sea difícil de lograr, ya que los recortes en el gasto social o climático serían un anatema para todos los posibles socios de coalición.

    Los demás partidos de Alemania quieren que Merz reconsidere el “freno de deuda” de Alemania, las normas constitucionales que restringen el endeudamiento del gobierno. Estará aún más presionado para hacerlo, dado el amplio consenso sobre la necesidad de aumentar el gasto en defensa.

    Quizás se necesite un halcón fiscal conservador para reunir las dos terceras partes de la mayoría necesaria en ambas cámaras del parlamento para el cambio.

    8. Le gustaría visitar… ¿el Tíbet?

    Por último, entre las escasas informaciones que se han publicado sobre los pasatiempos de Merz, una entrevista informal del verano pasado nos reveló que le gusta la música clásica moderna y Beethoven, y que espera visitar algún día el Tíbet.

    Pero las vacaciones están lejos de sus prioridades en este momento. En Europa existe un fuerte deseo de que Alemania vuelva a desempeñar un papel de liderazgo más activo. En un momento en el que Trump se está alejando ruidosamente de subrayar la seguridad europea y apoyar a Ucrania, Merz es muy consciente del vacío que se está abriendo y está decidido a que Alemania, con sus aliados europeos (incluido el Reino Unido), dé un paso adelante.The Conversation

    Ed Turner, Reader in Politics, Co-Director, Aston Centre for Europe, Aston University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Cuál debe ser la respuesta europea ante la encrucijada de Ucrania?

    La Unión Europea sufre, aunque injustamente: aportó a Ucrania y dejó la energía rusa, pero abandonó su defensa y Trump decide sin ella.

    Los acontecimientos del pasado fin de semana han dejado en muchos observadores la sensación de estar viendo el drama de la Historia desarrollarse ante sus ojos. El contenido de los discursos pronunciados por el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en el cuartel general de la OTAN, en Bruselas, y en la Conferencia de Seguridad de Múnich, respectivamente, eran esperados y esperables en su fondo, pero han sido demoledores en la forma: una reprimenda sin paliativos a sus socios y aliados europeos.

    Las consecuencias prácticas de ambos discursos están aún por verse del todo, y pueden llegar a cambiar el curso de la historia. Cualesquiera que sean, es innegable a estas alturas que el vínculo transatlántico ha sufrido un daño considerable.

    Estados Unidos parece que ya no está dispuesto a cubrir incondicionalmente las espaldas de Europa, y que la garantía de seguridad que extiende al continente desde 1945 dependerá ahora de que los aliados satisfagan los requerimientos impuestos desde Washington; una relación asimétrica en la que todo tiene un precio.

    ¿Decadentes e inoperantes?

    El tenor de ambos discursos manifiesta con toda crudeza el poco respeto que EE. UU. dispensa a sus socios europeos, a quienes considera decadentes e inoperantes; la visión netamente realista y transaccional que Donald Trump tiene sobre las relaciones exteriores, obviando que la presencia estadounidense en Europa responde, ante todo, a la necesidad de satisfacer sus intereses geoestratégicos; y las tristes realidades de la indefensión europea ante las amenazas que sobre ella se ciernen, y de que, si no reacciona, está condenada a la irrelevancia, si es que no está ya plenamente instalada en ella.

    La reunión de países europeos organizada apresuradamente en París, con su liturgia de quejas de los no convocados y de diferencias sobre el papel europeo en esta grave circunstancia, no hace sino hurgar en la herida.

    Un enano militar

    No faltará quien considere que Europa cosecha hoy lo que ha sembrado a lo largo de varias décadas ignorando las demandas de una defensa digna de tal nombre. Europa optó por convertirse en un enano militar y, consecuentemente, el presidente Trump ha decidido ahora, porque puede hacerlo, dirimir el futuro de Ucrania bilateralmente con Rusia y sin tener en cuenta ni a Ucrania ni al continente.

    Tal visión no está exenta de mérito, pero es injusta en este caso concreto porque, con todas las limitaciones que se quiera, la asistencia financiera y material europea a Ucrania no ha sido menor, y porque el continente ha debido hacer un importante esfuerzo –del que Estados Unidos se ha beneficiado– para reducir su dependencia de los recursos energéticos rusos.

    Además, la cuestión que se dirime le afecta directamente, toda vez que convive con Rusia en Eurasia sin poder beneficiarse del foso protector del Atlántico.

    Negociaciones sobre Ucrania pero sin Ucrania

    Las negociaciones no han hecho sino comenzar y sus contornos son aún imprecisos. La idea de desplegar en Ucrania una fuerza multinacional europea para mantener la paz parece abrirse paso como una de las demandas que Trump podría hacer a sus socios.

    Si, finalmente, Rusia aceptara tal despliegue, probablemente los europeos aceptarían la decisión para no indisponer más a Estados Unidos. Hacerlo, sin embargo, requiere aclarar antes aspectos cruciales como el de la necesidad de contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, donde, no se olvide, Gran Bretaña y Francia tienen derecho de veto; o los de la misión específica que deberán cumplir las fuerzas, las condiciones para el uso de la fuerza o la situación final deseada para proceder al redespliegue.

    La fuerza, además, debería contar con un sistema robusto de mando y control, y de capacitadores esenciales como comunicaciones, inteligencia o defensa aérea. Finalmente, tendría que disponer de una reserva potente, y del respaldo creíble de otros medios para disuadir a Rusia de atacar u hostigar a las fuerzas desplegadas en Ucrania. Todo ello, hoy por hoy, hace imprescindible una contribución norteamericana mínima.

    Prepararse para el peor de los escenarios

    Aceptar el despliegue sin una respuesta satisfactoria a estas cuestiones entraña aceptar importantes riesgos: ¿qué pasa si, por ejemplo, un miembro de la OTAN es atacado por Rusia?

    La de participar es una decisión soberana de cada uno de los países europeos afectados quienes, en aras de su propia seguridad, no deberían cejar en su demanda de tener una voz en la toma de decisiones que tan gravemente les afectan.

    La llegada de Trump ha abierto un paréntesis que puede cerrarse, retornando a la normalidad, cuando concluya su mandato. Europa debe prepararse, no obstante, para el peor de los escenarios; considerar que las relaciones transatlánticas ya nunca volverán a ser como antes; y hacer, de la necesidad, virtud, avanzando en la dirección de lograr una auténtica autonomía estratégica de la mano de la OTAN que, a pesar de los pesares, sigue siendo vital para la seguridad continental.The Conversation

    Salvador Sánchez Tapia, Profesor de Análisis de Conflictos y Seguridad Internacional, Universidad de Navarra

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El verdadero peligro para la democracia: Elon Musk y la era de los superricos

    En su reciente artículo publicado en ABC, Guy Sorman plantea una reflexión provocadora: el verdadero peligro para la democracia no es Donald Trump, sino la creciente influencia de los superricos, con Elon Musk como símbolo de esta nueva casta. Según Sorman, Trump, pese a su retórica populista y sus impulsos extravagantes, es un líder cuya capacidad de acción se ve limitada por las instituciones estadounidenses. Por el contrario, figuras como Musk representan una amenaza más insidiosa, ya que acumulan un poder sin precedentes sin estar sujetas a los mecanismos tradicionales de control y equilibrio.

    Trump ha sido, y posiblemente será de nuevo, un presidente ruidoso, pero no necesariamente efectivo en la toma de decisiones. Su primer mandato estuvo marcado por una gran presencia mediática, pero pocas acciones concretas. La única excepción notable, señala Sorman, fue la rápida financiación de la vacuna contra la COVID-19, una medida que, paradójicamente, el propio Trump evita destacar para no alienar a su base antivacunas. En este sentido, su segundo mandato no supondría una desviación significativa del primero: su poder estará limitado por la estructura institucional de Estados Unidos y las propias fuerzas militares, que, como Sorman recuerda, tienen la obligación de rechazar órdenes ilegales.

    El verdadero foco de preocupación, argumenta el autor, debe dirigirse hacia la creciente concentración de poder en manos de los superricos. Estos magnates, impulsados por la globalización y la digitalización, han acumulado fortunas colosales sin aportar necesariamente innovaciones revolucionarias. Elon Musk, por ejemplo, no inventó el coche eléctrico, sino que adquirió y potenció una empresa que ya estaba desarrollándolo. A diferencia de Bill Gates, cuyo impacto en la informática fue transformador, Musk se ha beneficiado de las creaciones ajenas y ha sabido posicionarse estratégicamente en el mercado.

    Más preocupante aún es la influencia que estos multimillonarios ejercen sobre los medios de comunicación y la esfera pública. En países como Francia, gran parte de la prensa está en manos de un pequeño grupo de superricos que imponen su visión ideológica. Las redes sociales, en lugar de equilibrar el debate político, han contribuido a radicalizarlo, ya que también están controladas por empresarios más interesados en el poder que en la verdad. En este contexto, la independencia de los medios de comunicación, considerada tradicionalmente como el «cuarto poder», se ve cada vez más amenazada por este nuevo «quinto poder» de los magnates globales.

    Sorman señala que esta dinámica representa un desafío inédito para la democracia liberal. Los pensadores que diseñaron los sistemas democráticos modernos basaron su arquitectura en la separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con la prensa como un contrapoder esencial. Sin embargo, la aparición de los superricos ha introducido un nuevo actor que escapa a estos controles y que, a través de su enorme influencia económica, está erosionando las bases mismas de la democracia. Estos magnates no están sujetos a regulaciones efectivas y, gracias a la globalización, pueden evitar pagar impuestos, debilitando así la capacidad del Estado para actuar como un contrapeso.

    Frente a esta amenaza, la Comisión Europea ha sido una de las pocas instituciones que ha intentado imponer ciertas restricciones, aplicando multas a las grandes plataformas tecnológicas por abuso de poder. Sin embargo, Sorman advierte que estas medidas son insuficientes para frenar el avance de esta nueva élite económica. La democracia liberal enfrenta un reto sin precedentes: un poder económico que no solo busca maximizar sus ganancias, sino que también tiene la capacidad de moldear la opinión pública y, potencialmente, influir en las decisiones políticas.

    Sorman nos insta a replantear nuestras preocupaciones sobre el futuro de la democracia. Mientras el mundo sigue atento a las extravagancias de Trump, el verdadero peligro acecha en las sombras: un nuevo orden económico donde el poder ya no reside en los gobiernos ni en los ciudadanos, sino en una minoría ultrarrica capaz de moldear la realidad a su antojo. Es hora de dirigir la mirada al lugar correcto y enfrentar este desafío antes de que sea demasiado tarde.

  • William Easterly: Críticas a Musk y Trump por el Desmantelamiento de la Ayuda Exterior Estadounidense

    La figura de William Easterly, conocido por sus análisis críticos sobre la efectividad de la ayuda internacional, ha emergido recientemente como un inesperado defensor –aunque matizado– de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (U.S.A.I.D.). La razón: sus serias objeciones a la forma en que Elon Musk y el expresidente Donald Trump están abordando el desmantelamiento de esta agencia, una acción que, según Easterly, representa una amenaza para la democracia y la estabilidad global.

    William Easterly, economista estadounidense especializado en desarrollo económico, es conocido por su crítica hacia la ayuda internacional a los países en desarrollo. En su libro «La carga del hombre blanco: El fracaso de la ayuda al desarrollo», Easterly argumenta que la ayuda externa a los países pobres no ha sido tan efectiva como se esperaba y que los planes generales de ayuda suelen fracasar.

    Easterly sostiene que la ayuda internacional no es necesariamente contraproducente, pero critica la forma en que se ha implementado y gestionado. Según él, la ayuda debe ser más flexible y responder a las necesidades específicas de los beneficiarios, en lugar de seguir planes generales formulados desde Occidente.

    Easterly ha tenido debates con otros economistas, como Jeffrey Sachs, sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. Sachs ha acusado a Easterly de excesivo pesimismo y de no reconocer los logros de la ayuda internacional, mientras que Easterly ha respondido defendiendo su postura de que la ayuda debe ser más flexible y menos planificada. Incluso ha llegado a sostener que muchas veces la ayuda internacional supone sostener dictadores y tiranos.

    La postura de Easterly respecto a DOGE (la oficina de eficiencia gubernamental a cargo de elon Musk), aunque pueda parecer paradójica viniendo de un crítico acérrimo de la ayuda extranjera tradicional, reside en su preocupación por los métodos empleados. No se trata de una defensa incondicional de U.S.A.I.D., sino de una advertencia sobre los peligros de implementar cambios radicales de manera abrupta, unilateral y, según él, antidemocrática. Easterly ha comparado la estrategia Trump-Musk con la «terapia de choque» impuesta en Rusia tras la caída de la Unión Soviética, un experimento económico que considera un rotundo fracaso con consecuencias devastadoras.

    La principal crítica de Easterly se centra en la ausencia de un proceso democrático y transparente. A pesar de sus reservas sobre la efectividad de ciertas iniciativas de ayuda, Easterly argumenta que reformar o incluso eliminar estas instituciones debe ser un debate público y abierto, basado en la evidencia y la persuasión, no en decretos ejecutivos impuestos desde el poder. La unilateralidad de la acción, impulsada en gran medida por un multimillonario sin mandato popular directo, socava la confianza en el sistema democrático estadounidense y en su compromiso con la ayuda humanitaria a nivel global.

    La preocupación de Easterly no es solo por el proceso, sino también por el impacto potencial. La ayuda exterior estadounidense, aunque a menudo criticada por su ineficiencia y sus motivaciones geopolíticas, desempeña un papel crucial en el apoyo a programas de salud, educación y desarrollo en países de bajos ingresos. Un desmantelamiento repentino y sin una alternativa viable podría tener consecuencias catastróficas, desestabilizando regiones enteras y generando nuevas crisis humanitarias.

    Además, Easterly señala que U.S.A.I.D., a pesar de sus fallos, ha demostrado cierta capacidad para aprender y adaptarse. La agencia ha comenzado a dirigir fondos hacia proyectos con evidencia de eficacia y ha adoptado un enfoque más riguroso en la evaluación de resultados. Ignorar estas mejoras y optar por una demolición indiscriminada, argumenta Easterly, es una pérdida de oportunidades y un retroceso en el progreso alcanzado.

    La controversia Easterly pone de manifiesto la complejidad del debate sobre la ayuda exterior y la importancia de abordarlo con rigor, transparencia y respeto por los procesos democráticos. Cabe recordar que William Easterly es una autoridad académica de peso, uno de los pocos que ha escrito sobre la ayuda internacional. Si bien las críticas a U.S.A.I.D. son legítimas y necesarias, el camino hacia una reforma o una eliminación gradual debe estar pavimentado con un debate informado y participativo, no con decisiones unilaterales impulsadas por agendas personales y motivaciones políticas. El futuro de la ayuda exterior estadounidense, y el impacto que tendrá en los más vulnerables del planeta, depende de ello.

  • Nuestros Gobiernos Pedófilos

    Y retomo el tema sobre ¿qué y para qué son los gobiernos? Una manera de explicar y lograr entendimiento de la pregunta formulada aparece en un lema a la entrada del puerto de Ámsterdam que lee “Comercio y Paz” o, digo yo, “el comercio es paz”. Es así ya que el ser humano es un ser social; vale decir, que vivimos en sociedad con nuestros semejantes a partir del núcleo familiar; de la fecunda y productiva coyunda entre el macho y la hembra que luego del hecho conyugal le corresponde cuidar y educar al producto de su pasión.

    Más allá del núcleo familiar está el prójimo, palabra cuya etimología se refiere a quien está “próximo” o cercano y por ello conoce y los conoces de manera que se pueden y deben ayudar; y así se va extendiendo la relación social hasta que en «última instancia» está el gobierno, cuya función esencial no esta en hacer o patear los balones en el partido de la vida sino de ser árbitro; que jamás debe patear los balones pues al hacerlo deja de ser “arbitro”, a punto que más bien es una relación pedófila.

    Los gobiernos existen para promover una pacífica interacción social; lo cual implica libertad de interacción comercial, que es social y de diálogo cultural, que son cosas que van de la mano. El mal comienza cuando los gobiernos se desvían y en vez de promover una pacífica interacción social, se dedica y acaparan para sí las actividades que son propias de la sociedad; comenzando por la relación macho hembra y la familia. ¿Acaso no se han dado cuenta que en el comunismo tus hijos no son tus hijos sino hijos del estado?

    Más aún, los gobiernos son un mal necesario, que surge a partir de la imperfección humana. Bien podemos decir que dicha “imperfección” es un cáncer que debe ser tratado con la quimioterapia gubernamental; siempre que tengamos claro que la quimio es veneno que en dosis limitada sólo mata las células cancerosas, pero no a todo el organismo. Lastimosamente, los gobiernos, por estar compuestos de seres imperfectos, tienen la tendencia de extralimitarse y llegar al punto de envenenar a todo el cuerpo social.

    Gobernar, ser rey, presidente o cualquier otro puesto de autoridad, es análogo a la relación del padre con sus hijos; es decir, el padre y la madre son los autores que en fértil coyunda traen a la vida a sus crías, esas que deben criar, más que nada con el ejemplo ya que son los autores o los que escribieron el libro de la vida. Tristísimamente, la historia nos muestra que fácilmente las “autoridades” no son sino autores del mal que en vez de actuar como ejemplos actúan como pedófilos que usan a los que están por debajo para satisfacer sus más bajos instintos.

    Por todo lo anterior, el estado; es decir, la comunidad, debe ser culta y entender esta lúgubre realidad, de manera que pueda poner jáquima al corcel del gobierno estatal, que no se desboque. Tristísimamente, en Panamá como en tantas otras comunidades mundiales, particularmente cuando los gobiernos han secuestrado actividades propias de la comunidad, tal como la educación, transporte y mucho más, los mismos se dedican a lavar cerebros y a mantener a la población sin cultura; lo cual vemos en Panamá con el “no a la privatización”, que significa, no hagas nada, que la mafia gubernamental hará por ti.

    Y así, hemos quedado en Panamá sin gobiernos, ya que llamar “gobierno” al desgobierno es absurdo. Desde el instante en que los gobiernos se debocan, dejan de ser gobierno y convierten en metástasis gubernamental.