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La Crisis Venezolana y sus Lecciones para Panamá.

El análisis del ascenso del chavismo al poder en Venezuela es vital para entender la crisis en la que está sumergido el país en estos momentos. Y son lecciones valiosísimas, no sólo para Panamá, sino para cualquier país/partido/persona que tenga el valor de mirarse en ese espejo.

Revisando la historia unos 40 años hacia atrás, nos situamos en los 80s, cuando Carlos Andrés Perez llega al poder y se encuentra con un país devastado económicamente.

Brevemente podemos comentar que ello se debía principalmente a la inflación descontrolada de casi un 80 %, pérdida de las reservas internacionales y una fuga de capitales continua.

Las tasas de crecimiento económico se deterioraban dado que se dependía solamente de la renta petrolera sin ningún tipo de diversificación; ello a su vez, impactaba sobre las instituciones centralizadas que eran las responsables de las políticas asistencialistas desde el estado. Siendo organizaciones estatales y burocratizadas sin ningún tipo de incentivos para modernizarse (como sucede siempre en el estado), pronto las prácticas corruptas y clientelistas eran moneda común. De hecho, el gobierno de Jaime Lusinchi se vio involucrado en algunos casos de corrupción

Sin embargo, el país, de acuerdo a los organismos internacionales y multilaterales, era considerado un país “rico”, porque gracias a la renta petrolera aun cayendo, durante años había sido el recurso que le permitió a Venezuela gastar más, mucho más para seguir incentivando el consumo y la fiesta, mientras lentamente se iba deteriorando la inversión.

Para esos años, el pensamiento preponderante en Latinoamérica, era el de Raúl Prebisch, de “vivir con lo nuestro”, que significaba en política económica, sustituir importaciones con el producto local, lo cual generó ese enorme casta privilegiada de industriales del sector privado que vivían a expensas de los beneficios que significaba tal política, como los créditos a tasas reducidas, una fuerte protección arancelaria y cerrar el país a la competencia impuesta desde el extranjero, generando al final un sector privado dependiente de la teta del estado.

“El modelo de desarrollo estatista que venía impulsando Venezuela, fiel reflejo del estructuralismo cepaliano de los años cincuenta, había acabado por colapsar. La industrialización sustitutiva orientada solo al mercado interno, que termino siendo estrecho, resulto ineficiente y produjo un Estado que era el mayor protagonista del proceso económico, acosado de deudas y cargado de empresas improductivas.

Retomando a Carlos A Perez, sus primeras iniciativas son tomar medidas que iban a contramano de sus promesas electorales de campaña, lo cual le genera los primeros conflictos con sus electores. Sin embargo, estas medidas eran las correctas para intentar estabilizar la deteriorada situación económica que encuentra: reestructuración del aparato productivo, redefinir el rol del estado en la economía y reestructurar su deuda externa.

Eran medidas dolorosas, pero necesarias para estabilizar la economía, introducir reformas estructurales profundas para reducir el gasto público y abrir la economía para lograr crecimiento económico.

La resistencia a nivel institucional fue enorme, no tenía apoyo político por ser medidas altamente impopulares y comenzó enseguida el desgaste político. Ello derivó en el tristemente conocido “Caracazo” cuya chispa fue el aumento de la gasolina y el transporte público. Los frentes se le abrieron desde varios puntos: trabajadores, sindicatos, todos aquellos que veían como su porción del pastel comenzaba a reducirse y los privilegios que tantos años los habían mantenido ilusoriamente en crecimiento, ahora desaparecían.

La revuelta social fue durísima, se mencionan cifras de alrededor de 400 muertos y más de 2000 heridos. Tan duro fue el Caracazo que dejó la estabilidad política del gobierno de Carlos A Perez en situación casi insostenible de llevar a cabo reforma alguna.

El descontento popular fue el caldo de cultivo para que un teniente (no un general), casi ignoto paracaidista, por fuera del establishment militar, apareciera en el 92 haciendo un intento de asonada que por las cualidades descriptas iba directo al fracaso. Sin embargo, sus actitudes de responsabilidad con los hechos, ir a prisión y tener un lenguaje adecuado a las circunstancias, daban el inicio del Chavismo y su ascenso al poder.

Mientras Chávez agrandaba su figura, el gobierno de Carlos Perez enfrentaba también graves denuncias de corrupción y el reclamo popular por esclarecer los hechos corruptos de los que se le acusaba. La malversación de fondos públicos fue el cargo que dio pie para su suspensión en el cargo y posterior destitución.

Cuando en el 93, el presidente provisional llama a elecciones, el chavismo, con gran aceptación popular y generando muchas simpatías, llama a la abstención dado que estaban presos y gana Rafael Caldera, condicionado por la abstención del 52 % de la población y con una presión enorme alentada por el chavismo de “Constituyente ya! ”.

Para el año 1997, Caldera, muy presionado, le da la amnistía a Chávez, que se convierte en líder político, participando en las elecciones con el nombre de Movimiento Quinta República, que ganan en 1998, con una mayoría del 56 %. Comenzaba la revolución.

En 1999 se convoca a una Asamblea Constituyente que une a otros partidos simpatizantes bajo el nombre de Polo Patriótico y que de alguna forma mostraba el rechazo de la población a los viejos partidos tradicionales. Nace la nueva República Bolivariana de Venezuela. Su práctica del Socialismo Siglo XXI vendría después.

Cuando Chávez asume la presidencia, su mayor problema seguía siendo el déficit fiscal, es decir, se seguía gastando más de lo que ingresaba a las arcas públicas, agravado por las bajas del precio del crudo, del cual eran dependientes. Increíblemente, las primera medidas chavistas fueron las que llamaríamos pro-mercado: “Una organización social de la producción, en la que el mercado como mecanismo fundamental de la asignación de recursos y factores, incorpore formas organizativas complementarias de propiedad privada (…) como el cooperativismo y las asociaciones estratégicas de consumidores y productores…” , “…una reorganización profunda de la administración central y descentralizada, combatiendo lo superfluo, lo ineficiente y el excedente en bienes, servicios o personal que fuere necesario (…) independientemente del impacto a los intereses gremiales o sindicales que sean afectados”.

Estas medidas duraron poco, pero lo suficiente para generar cierta estabilidad que tiene la suerte de ser acompañada por un incremento nuevamente en los precios del petróleo, que le hacen olvidar al chavismo la implementación del ajuste en el gasto público y comienza lentamente la transición al objetivo verdadero del chavismo, la práctica del Socialismo del Siglo XXI.

El discurso se orienta fuertemente a profundizar la intervención del estado en la economía, se centra en criticar la desigual distribución de la riqueza, criticar el modelo económico que perseguía el afán de lucro a costa del pueblo venezolano; se hacen fuertes las palabras soberanía, justicia social y la idea nacional que PDVSA (petróleos venezolanos) debe aportar los recursos financieros para apoyar la transformación de la economía.

A pesar de que la conducción chavista se hacía cada vez más autoritaria, el amplio respaldo del pueblo toleraba los llamados “estados de emergencia institucional”, cada vez más necesarios para ampliar el control de las instituciones, y a pesar de que el proceso revolucionario estaba en marcha hacia un autoritarismo, las personas vivían la ficción de los procedimientos democráticos bajo el manto de elecciones de nuevas autoridades, plebiscito constitucional, etc.

Y el cambio que lentamente iba a llevar a Venezuela a la terrible situación que vive hoy, comenzaba a tomar forma, bajo la autocracia chavista, pero con la terrible decisión complaciente y equivocada del mismo pueblo que hoy es aplastado por las botas.

La gran lección que nos dejan como legado y que fuera formulada por Popper: la “tentativa de llevar el cielo a la tierra produce como resultado invariablemente el infierno”.

i) Benavente Urbina Andrés y Cirino Alberto Julio. “La Democracia defraudada, populismo revolucionario en América Latina”. Buenos Aires. Editorial Grito Sagrado. 2005. p. 105.
ii) Arenas Nelly y Gómez Calcaño Luis (2000): “¿Modernización autoritaria o actualización del populismo? La transición política en Venezuela”. Presentado en el simposio “Democracia en las Américas: desafíos, peligros y expectativas para el siglo XXI”. 50 congreso internacional de Americanistas. Varsovia.

About the author

Irene Gimenez

Irene Gimenez, analista internacional. Es abogada con maestría en economía y ciencias políticas. Su especialidad es el análisis económico del derecho. También tiene especializaciones en temas financieros, tecnología y globalización. Su preferencia hoy día es analizar el impacto de los desarrollos bajo tecnología Blockchain y el impacto que ello generará en las próximas décadas.

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