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Trump y Cuba

El liberalismo tienes raíces cristianas, y por lo tanto es universalista, o sea, que aspira a la conversión de toda la humanidad al mismo, porque el liberalismo se nutre de la idea cristiana de que todos los seres humanos tienen un origen común y un destino común porque todos son creación de Dios y serán juzgados de igual manera por Dios. Esa era la innovación más importante del cristianismo con respecto a la religión madre, el judaísmo, con su idea de un destino especial para los judíos y otro para los demás. El cristianismo se vuelve particularista de la mano de Pablo de Tarso. El comunismo surge un poco más tarde, pero también comparte esta idea; en cierto sentido, se presenta como el siguiente paso de la Ilustración después del liberalismo.

Ambas ideologías tienen un origen común: son una secularización de la Idea cristiana, como diría Hegel, pero el Comunismo va más allá. Tras el fin de los Antiguos regímenes teocráticos de Dios y el Rey entre 1789 y 1918, liberales, comunistas y fascistas competirían por definir qué régimen reemplazaría a los antiguos reinos. Los fascistas, que eran una negación radical de las ideas de la Ilustración, serían los primeros en caer, tras la locura de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945 la competencia sería entre los dos herederos autoproclamados de la Ilustración, el liberalismo y el comunismo. Tienen toda razón los que comparan a libertarios con los comunistas: ambos son hijos de la Ilustración, aunque sus caminos sean radicalmente distintos. La guerra fría, de 1947 a 1989 fue una cruzada secular entre los hijos de la Ilustración, como las cruzadas fueron guerras religiosas entre los hijos del judaísmo, la Cristiandad y el Islam.

Hace treinta años Ronald Reagan retó a Gorbachov a demostrar con hechos reales que estaba interesado en acabar con la guerra fría, “señor Gorbachov, derribe este muro. “ Y al final el muro cayó. El gran anfitrión del discurso en Berlín era Helmut Kohl que como una especie de símbolo, murió a los 30 años del hecho. Es el día que Trump se da cuenta, como en algún momento también se dio cuenta Helmut Schmitt en Alemania o Jimmy Carter en los Estados Unidos, que ceder unilateralmente a los comunistas cosas, para lograr la paz, no logra absolutamente nada salvo envalentonarlos más. Obama levantó el embargo unilateralmente. Como liberales podemos sostener que los embargos suelen ser fracasos para lograr cambios políticos porque dan al régimen bloqueado una buena excusa para justificar las consecuencias de estupidez económica y para centralizar el manejo de la economía aún más. Obama tenía razón en levantar el embargo, pero su levantamiento fue visto más por los Castro como una capitulación que como un armisticio. Obama nunca condicióno el fin del embargo. Obama nunca condenó la estupidez bestial que esconde la economía comunista cubana, Obama nunca condicionó la apertura comercial y diplomática al respeto a los derechos humanos, Obama nunca cuestionó la colaboración del gobierno cubano con la loca, incompetente y corrupta dictadura chavista venezolana. EL régimen cubano vio esto como una victoria, no tuvo que hacer ninguna apertura política, siguió apoyando a los chavistas, ni siquiera moderó su retórica.

Trump tiene toda la razón para pedir un acuerdo que no parezca una capitulación a los Castro, donde se puede equivocar es volver a la vieja política del embargo que fracasó por 50 años.

El discurso del 16 de junio recuerda más o menos al discurso de Ronald Reagan en Berlín el 12 de junio de 1987. De seguro los que redactaron leyeron el discurso de Reagan antes. En que incluye una condena de las políticas de distención unilateral y el ofrecimiento público de un trato, mediante un reto público a la otra parte a hacer cambios. Claro que no con el estilo florido y elegante de Ronald Reagan sino con un estilo más Trumpeano, de The Art of the Deal con algo de showbiz citando ejemplos concretos de personas, algo que en nuestra opinión debilitó el discurso. El discurso es más o menos el siguiente. “Esto es lo que quiero de ustedes, esto es lo que les puedo ofrecer, pero ustedes me tienen que dar algo a cambio.” Y hago la oferta de manera pública para que sea imposible aceptar levantar el embargo a cambio de nada substancial. Es casi seguro que Obama si hizo peticiones calladas pero no fueron efectivas por la misma razón. Lo único que logró en público fue una capitulación unilateral.

Trump no parecería un político basado en principios, como sí lo era Reagan pese al último venir de ser actor. Trump es un comerciante, pero tomando una postura que debilita de hecho a su negocio hotelero demuestra que está dispuesto a sacrificar sus intereses comerciales personales por su supervivencia política, sobre todo ahora que el riesgo de un impeachment es mayor que nunca.

Pero esta postura es ética. El hecho de que se quiera negociar un modus vivendi con la dictadura cubana no implica tener que mirar al otro lado mientras se violan los derechos humanos; o no condenar de manera pública la estupidez intelectual y moral del comunismo. En eso Obama se equivocó.

Dicen que Trump solo ha sido consecuente en una sola cosa, en destruir el legado de Obama. El problema es que Obama creó un legado sin tener posturas ideológicas claras. El matrimonio igualitario y la legalización de la mariguana no surgieron de la presidencia de Obama, más bien el evitó meterse en el debate hasta ver una tendencia y apoyarla. La reforma de la Salud de Obama era una aspiración de su propio partido. El acuerdo de París fue un acuerdo multilateral. Un legado que se fundamente en experiencias políticas temporales y encuestas, es fácil de destruir.

Por primera vez el 16 de junio, se vislumbra un Trump un poco menos egocéntrico, pero no mucho, pero mucho más ideologizado. Sabe que si quiere sobrevivir políticamente, ideológicamente le toca tomar ese camino.

About the author

Ricardo Soto

Ricardo Soto Barrios, abogado, especialista en políticas públicas, egresado de la Universidad Santa María la Antigua. Políticamente liberal, ha participado en muchos proyectos donde se analizan las políticas públicas de Panamá desde un punto de vista liberal y se proponen alternativas. Ha trabajado en la Policía Nacional de Panamá, el Ministerio de Gobierno, y AMPYME, además de ejercer la práctica privada.

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